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Mª Ángeles Cabrera: «La verdad duele por eso el periodismo es solo para valientes»

Verdad y periodismo. Son dos palabras que suelen rondarme la cabeza y vienen muchas de las veces, acompañadas de un tercer acompañante: la subjetividad. ¿Puede ser una noticia realmente objetiva cuando quién la cuenta es un sujeto? Mis compis de clase hicimos hasta una parodia de esta enseñanza que sin duda a todos nos ha calado. Verdad, periodismo y servicio a la sociedad.

Después de haber hablado de orden y organización con Pía Nieto y de organización y emprendimiento con María Zamora, hoy quiero hablaros de verdad y periodismo. Por eso se toma #UnCaféConPorras una mujer y compañera de profesión a la que admiro. Compañera de las buenas. De esas que te asesoran y aconsejan. Que hacen caso a ese dicho de «si no tienes nada bueno que decir, mejor no hables»; y ella siempre destaca algo bueno del otro. De cada persona de la que habla, lo hace con admiración. Reconociendo el talento. Una forma de ver la vida que hoy y siempre necesitamos.

Conocerla fue otro de los grandes regalos que me hicieron mis queridos Antonio Moreno, Encarni Llamas y Ana Medina. Mis tres ases a los que quiero, admiro y respeto; y con quien tengo pendiente una cita. Ya os contaré. Y ya les contaré 😉

Tuve el privilegio de haber compartido aula, aunque en otra época, con ella. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra (Com’94), Mª Ángeles Cabrera lleva 25 años dedicada al periodismo y la investigación. Profesora titular de la Universidad de Málaga y Directora de la Cátedra Estratégica de Interactividad y Diseño de Experiencias.

Curiosa, incansable, realista y trabajadora a quien siempre le faltan horas. Ha sido un honor que haya sacado este ratito conmigo. Gracias Mª Ángeles Cabrera.

En nuestra parte grabada hablamos de la importancia de estudiar filosofía, de tener tiempo para pensar y reflexionar acerca de todo lo que sucede. Tiempo de parar e ir más despacio en la locura de los días frenéticos que vivimos. Equilibrar el juicio crítico con la acción; y sobre todo: aprender a decir las cosas. Que los pequeños detalles importan demasiado; porque no solo marcan la diferencia sino que hacen extremadamente mejor o peor la vida propia y la de los demás. Compartir.

Han sido muchos y talentosos los ya reconocidos profesionales que han pasado por sus clases. Fundadores de agencias de publicidad, de escuelas de diseño, buenos periodistas… En nuestro paseo incluso conseguimos que Mª Ángeles contara una anécdota de otro reconocido alumno que disfrutó de sus lecciones: Manolo Castillo, director de Diario Sur.

Verdad y Periodismo: 25 años después

P. – Acabas de celebrar 25 años desde que te licenciaras en Periodismo, ¿qué ha sido para ti lo mejor y lo peor de estos años?
En todo este tiempo ha habido un gran avance tecnológico con nuevos lenguajes, nuevas narrativas. Se nos ha permitido llevar nuestra comunicación a nivel global. Lo más difícil ha sido la velocidad en la que se han dado esos cambios; lo que ha impedido que podamos reflexionar sobre esos cambios y cómo afectaban no solo a la profesión sino a la sociedad en general.

Para los que investigamos esto ha sido muy cansado, nadie se ha atrevido estar en los último o por miedo o por tiempo. Es más fácil contar la historia que ya pasó que contar lo que está pasando ahora o cómo va a afectar a nuestro futuro. Esto es complejo porque ni puedes parar de estudiar pero a la vez es muy apasionante. Todos los cambios aunque puedan costarnos, son positivos.

P. – Experta en nuevas tecnologías aplicadas al periodismo. ¿Había más mujeres investigadoras?
Es verdad que en este campo me he sentido muy sola como mujer; en los congresos era yo la única entre 200 hombres. Pero he de decir que a pesar de sentirme tan sola, he sido escuchada, valorada, respetada y muy tenida en cuenta. Aunque es cierto que te encuentras con personas (hombres) con ciertos prejuicios y que no tienen un comportamiento correcto y adecuado, y lo notas y  sufres, pero sabes que son personas concretas. Ahora ya hay muchas mujeres y muy reconocidas en este sector, pero cuando yo empecé el panorama era muy muy lejano al actual.

P. – Has realizado estancias en América, Europa Occidental y Oriental; ¿dónde has crecido más como profesional y  como persona?
Va de la mano el crecimiento personal y profesional. En todos los lugares que he visitado he aprendido una barbaridad. Quizás donde más he aprendido ha sido en Israel y Palestina. Allí he convivido con distintas culturas y tradiciones. La diversidad de sus gentes, religiones, por ser tan diferente al mundo Occidental. Ademas, estando allí todo es distinto a lo que te cuentan. Creo que tenemos una idea preconcebida de aquellos lugares en los que nunca hemos estado. Y esas ideas, que al final son prejuicios, vienen de lo que hemos escuchado a través de los propios medios de comunicación. Y después vas a los sitios y descubres a las personas, a los ciudadanos. Se me han caído las escamas de los ojos y he visto realidades que no son lo que nos cuentan en los medios.

Al estar allí no solo conoces más su historia sino que conoces también su riqueza como pueblo. Te planteas muchas cosas que ves ocurre en esos lugares. Descubrir situaciones como esas, en las que descubres que están explotando a esas gentes, pues afecta. Y eso te hace evolucionar como persona y como profesional.

P. – ¿Te emociona?

Me conmueve. Sobre todo sabiendo la cantidad de medios con las que contamos hoy en día. Me duele que no se cuenten las cosas tal y como son. Tenemos herramientas suficientes para conocer la historia, contrastar, investigar; y para ello hay que moverse. Si usamos ese avance tecnológico para convertir el periodismo en profesión aburguesada sin esfuerzo se pierde todo el sentido. Eso no es el periodismo.

Verdad y periodismo: Evolución de la profesión

P. – ¿Qué ha cambiado más: el periodismo o los periodistas?
Ambos han cambiado mucho en el modo en el que se informa y cómo se informa, al igual que la sociedad ha cambiado el modo de consumir la información. Se puede decir que ha cambiado el periodismo como lo ha hecho también la sociedad. Lo que es diferente es el modo de contar las historias, y cómo el público recibe y consume esas historias. Pero en sí el periodismo sigue siendo lo que siempre ha sido: un servicio a la sociedad en la que se cuentan historias verdaderas de la manera más completa y atractiva posible.

P. – ¿Qué aportación han tenido las nuevas tecnologías en el periodismo?
Nos han aportado nuevos modos de contar esas historias, de forma más rápida e interactiva e implicando cada vez más a la audiencia, haciéndola más participativa en el proceso de comunicación con sus comentarios, opiniones, votos…

P. – ¿Entonces cualquiera ahora es periodista?

No, pero la audiencia está mas involucrada en el proceso de información, es más partícipe. La audiencia no tiene el poder de hacer noticias. Sí que puede opinar, aportar datos, comentarios… El periodismo no ha cambiado porque la gente pueda acceder a las mismas herramientas que el periodista para contar historias, ya que no todo el mundo está preparado para contarlas como lo hace el periodista.

Verdad y Periodismo: El valor de la profesión

P. – “Espero que mi hijo no quiera ser periodista”. “No le hemos podido quitar de la cabeza que haga periodismo”. ¿De dónde crees que viene esta reticencia a la profesión?
Somos tan admirados como criticados por lo que hacemos. Nuestra profesión es la más bonita que existe, pero también una de las más incomprendidas.Verdad y periodismo Mª Ángeles Cabrera y Carolina Porras en el Hall de Filosofía y Letras

P. – ¿La verdad duele? 
La verdad duele cuando no se acepta. Cuando se acepta tal como es, incluso cuando es dolorosa, libera; nos permite vivir dignamente. Es necesaria porque la mentira destruye las relaciones, la confianza, la sociedad. Es posible para los valientes, y los periodistas debemos ser siempre valientes para buscar esa verdad y no dejarnos engañar por nada ni por nadie.

P. – ¿Qué habría que mejorar o cambiar: las Facultades de comunicación y periodismo, los periodistas o las empresas / medios de comunicación?
Sin duda las empresas y los medios de comunicación. Y no es por echar balones fuera, es porque al final son quienes deciden qué contenidos damos a la sociedad y cuáles no. Llevamos mucho tiempo formando periodistas en las facultades, pero si luego llegan a sus trabajos y no les dejan publicar lo que descubren, no avanzamos.

P. – No permitas que la realidad te cambie un buen titular…

No estoy de acuerdo con esa afirmación. Se puede hacer un buen titular contando la verdad, sin engañar ni manipular. Que duele la verdad, claro. Como duelen las heridas, pero eso es porque están curando. Es bueno.

P. – ¿Les has preguntado a tus alumnos por qué estudian periodismo?
Sí que lo suelo preguntar. A veces no responden. De alguna manera, aunque sea implícitamente, cuando optan por esta carrera es porque creen que algo pueden cambiar. La ilusión la pierden cuando llegan a trabajar a los medios y tocan techos que no pueden romper. Por eso esta profesión es de valientes, porque los cobardes y los que se esconden sin contar la verdad ni están haciendo periodismo ni son verdaderos periodistas.

Verdad y Periodismo: Transversalidad y Equipos

P.- Desde hace 2 años diriges la Cátedra Estratégica de Interactividad y Diseño de Experiencias en la que trabajas junto a investigadores de Filología, Psicología, Matemáticas, Informática… ¿Cuál es vuestro objetivo? ¿Cómo surge la idea de trabajar diferentes disciplinas?Investigamos líneas estratégicas, no exploradas anteriormente y de manera
interdisciplinar en colaboración con empresas e instituciones. El objetivo es dar soluciones a problemas complejos, exploramos las posibilidades de las nuevas tecnologías y desarrollamos proyectos aplicados a distintas necesidades. La idea es crear equipos de trabajo donde a través de la colaboración y las sinergias surjan innovaciones que ayuden a progresar y redunden en la sociedad.

P. – Los equipos multidisciplinares son la tendencia. ¿Sabemos trabajar en equipo y compartir conocimiento?
Todo hay que aprenderlo. En esta sociedad cada vez más individualista hay que practicar el trabajo en equipo y colaborativo que además está siendo una de las mayores demandas por parte de las empresas a la hora de contratar personas. Los equipos bien coordinados producen más y más rápido que las personas individuales. En el caso de los periodistas les digo a mis alumnos que solos pueden crear unidades de información.

Sin embargo, en equipo serán capaces de generar algo aún más valioso que es el conocimiento. Estamos en las mejores condiciones para pasar de la Sociedad de la Información a la Sociedad del Conocimiento. Esto lo conseguiremos construyendo piezas informativas más completas, contrastadas, contextualizadas, analizadas, interpretadas, visualmente atractivas, interactivas…Verdad y periodismo ocupan el centro de la entrevista de Carolina Porras a Mª Ángeles Cabrera. En la imagen ambas ríen al finalizar el encuentro

P. – ¿Cómo se toma Mª Angeles Cabrera el café?
De la forma más saludable: descafeinado, sin azúcar y con Porras, la mejor compañía.

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Plenitud

Después de mucho tiempo he visto la que todos dicen es la mejor película del año, algunos ya hasta de los últimos tiempos. Sin embargo, cuando terminó me quedé vacía. Con esa sensación de haber perdido más de dos horas de mi vida. ¡Qué regusto tan amargo!

He pensado mucho si contarlo pues sé cuánto esfuerzo y sacrificio supone desarrollar un proyecto cinematográfico.  Llegar a estrenar una película es complejo. Un proceso muy largo; se deben superar muchísimos obstáculos. Entiendo la ilusión de querer contar tu historia y que llegue; que remueva conciencias; que te sume… Pero este cine que hoy nos cuelan desde cada rincón del planeta me supera.

Sigo sin entender porqué  hay un pequeño grupo de personas que “mucho ruido y pocas nueces”. Martilleando el teclado con improperios; creando confusión y malestar; desdibujando nuestra sociedad. ¿De verdad las cosas se solucionan con mentiras, huida y violencia? Algunos eruditos me dirán esa frase que tanto se puso de moda desde 2014: “No has entendido nada”. Será eso. También me resultó  llamativo que sea apta a partir de 16 años, por lo que durante el confinamiento habrá muchísimos adolescenteS que han visto esta peli. Atroz.

La crítica, hoy releída, conociendo a qué hacía referencia es una ofensa en toda regla. No me vi representada en ningún personaje, ni a mí ni a gran parte de las personas que conozco (que no son pocas).

La vida es un camino que uno debe aprender a recorrer aceptando compañía y soledad. Y estas no siempre  vienen cuando a uno le apetece. La vida es ganar y perder. Y tampoco sucede esto cuando uno quiere. Y en este camino uno debe sentir esa grandeza que tenemos todas las personas por el hecho de ser. La dignidad no se compra ni se paga, aunque te hagan creer lo contrario.

Mirando más allá de dónde ven tus ojos se descubre de qué estamos hechos; porque es en lo escondido donde solo tú eres capaz de asimilar que la felicidad es un estado de vivir. Está claro que el camino que recorremos tendrá también miedo y dolor y que al superarlo sin hacer daño a nadie viviremos con plenitud.

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Inés Robledo: “Yo todavía quiero sembrar, ser ese grano de mostaza que de fruto”

Después de este #UnCaféConPorras he descubierto que yo ya conocía a Inés Robledo. Seguramente tú cuando leas esta entrevista descubras en lo que cuenta que hay gran parte de ti en toda la historia, que es la nuestra. Una mujer generosa, amable y con una gracia delicada y muy malagueña. Es un lujo para mí compartir cada pensamiento de nuestra conversación, en la que también la entrevistadora ha sido entrevistada. Gracias Inés Robledo Aguirre, por tanto y por todo.

Inés Robledo: Una vida ligada a los Estudiantes

P.- Cuando te asomas a la ventana y ves la Casa Hermandad de los Estudiantes, ¿qué se te viene a la cabeza?
R.- Supone la historia de mi vida. Yo siempre he dicho que tanto he querido a la Cofradía que me casé con su Hermano Mayor (risas). Son muchos recuerdos, mis hijos ya eran hermanos antes de estar inscritos en el Registro Civil, una cosa de la que presumía mi marido; y fíjate lo que son las cosas; eso también lo hizo mi hijo Pablo con mis nietos. La historia de la Cofradía forma parte de la historia de mi vida.

P.- Aquí estoy dispuesta a escucharla y contarla. ¿Quién es Inés Robledo Aguirre?
R.- He sido una madre de familia normal, una persona que ha llevado una vida social bastante aireada porque mi marido ha actuado en muchos medios y ahora, gracias a ti pues como si fuera un personaje importante. Te agradezco que te hayas acordado de una persona mayor para tus entrevistas.

P.- Y yo te agradezco que me hayas querido atender. Es un lujo estar contigo y siempre con tu sonrisa en la cara.
R.- Mi vida está llena de satisfacciones y de alegría. Yo siempre les digo a mis hijos que papá nos ayuda desde el Cielo; pero también es importante el esfuerzo; yo lo sigo haciendo, y también aprendo, leo y me actualizo. Cuento con la suerte de tener a mis hijos que todos son buenos, a cual mejores. Y 17 nietos que la verdad le doy muchas gracias a Dios porque sé que me adoran.

P.- Algo tendrá el agua bendita para que la bendigan…
R.- Yo siempre fui una persona espabilailla, observadora, muy habladora, excesivamente habladora, a veces me arrepiento, pero con muchas inquietudes. Quizás no las manifesté ni las desarrollé pero sí con el paso de los años… Y tuve la suerte de tener un marido que era un hombre muy formado, muy preparado y muy ameno en sus conversaciones; era una historia completa. Yo aprendía mucho de él pero siembre bajo su amparo.

P.- Camarera de Honor de la Cofradía de los Estudiantes, esposa de Manuel Atencia, madre de Pablo Atencia. No cabe duda de que la historia de la Cofradía de Estudiantes forma parte de tu vida, de tu historia.
R.- Mi hijo Pablo dice con orgullo que pertenece a una quinta generación de los Atencia de Hermano Mayor de las Cofradías de Málaga, y de seguir con la trayectoria de su padre: que antes de inscribir a sus hijos en el Registro Civil ya los había hecho hermanos de la Cofradía. Pablo desde chavea estaba de Albacea en Estudiantes, siempre ha sido un niño muy activo y muy trabajador; y estamos hablando de cuando se montaban los tronos en los toldos. Mi hijo Manolo también fue Teniente Hermano Mayor…, sí, en mi familia todos han sido muy hechos a la Cofradía.

P.- ¿Cómo se vivió en tu casa la incorporación de la mujer al cortejo procesional?
R.- Uy, aquello fue un éxito y emocionante. Mis hijas Lala y Solete salieron como nazarenas y con el tiempo, el número de mujeres que llegaba a la Cofradía era muy elevado.

P.- ¿Qué recuerdos tienes de aquellos inicios?
R.- Guardo muchos momentos en mi memoria. Cuando al principio los tronos salían de unos almacenes en el Polígono el Viso, donde estaban custodiados junto a los pobres y escasos enseres. Recuerdo ese traslado de noche para que se pudiera acceder a la Plaza de la Constitución, a la calle Rodríguez Rubí, donde la Escuela Pública, sin molestar demasiado al tráfico. Allí es donde se ubicaban los toldos. ¿Tú recuerdas los tinglaos? 

P.- Los recuerdo, y el de muchas otras Cofradías; y en parte me gustaban porque pensando ahora en ellos me representa la fragilidad del mundo.
R.- Sí, es verdad que aunque era muy sacrificado tenía su encanto; esa sencillez y el esfuerzo que suponía montar los tronos allí; una semana antes a disposición del pueblo; y después había que desmontarlo… Todo el mundo quería dar un paso adelante y de pronto te encuentras con una Casa Hermandad que es una maravilla. 

Inés Robledo: Camarera de la Virgen

P.- ¿Cuándo empiezas a formar parte de la Cofradía?
R.- Al principio lo hacía en la distancia con mis hermanas y mis primas. Íbamos a la salida y al encierro en Semana Santa; pero participaba poco. Sin embargo ya cuando me casé con Manolo empecé a implicarme un poco más aprendiendo de la Camarera Mayor, Doña Carmen Molina, que era una señora que se preocupaba de cuidar la ropa y vestir a la Virgen.

P.- ¿Cómo es ese momento de vestir a la Virgen?
R.- Es un momento maravilloso. Se le quita su traje de hebrea y se le ponen “los lujos”, por así decirlo, para procesionar. Los hombres no entran en la sala por respeto y pudor para con la Virgen. Tiene su protocolo y su sencillez. Se reza o se canta. Doña Carmen lo hacía de una manera sencilla. Recuerdo de esta época que íbamos un grupito de mujeres mientras los maridos estaban en la Junta y lo que hacíamos era mirar, si acaso darle un alfiler. Y fíjate entonces no se rezaba ni se cantaba.

P.- ¿Se ha mantenido estos 75 años la costumbre de las Camareras?
R.- No, hubo un tiempo que se perdió la costumbre de vestir a la Virgen, y pedí recuperarlo. Hablé con María Victoria Ramos y presentamos esta iniciativa a la Junta. Recuerdo acudir a Mena y Expiración para ver cómo vestían a su Titular y fui tomando ideas y añadiendo variaciones para nuestra Virgen de Gracia y Esperanza con más alegría y participación ya que tenemos la suerte de tener un salón de actos tan luminoso y bonito.

P.- Esta recuperación de vestir a la Virgen, ¿tuvo acogida?
R.- El primer año éramos pocas, el segundo fuimos más y el tercero ya estábamos desbordadas. Al comienzo se hacía una oración; poníamos una bandeja con papelitos con diferentes peticiones, oraciones y acción de gracias que se enganchan al interior del manto de la Virgen. También se reza el Rosario. Llamábamos a las Camareras para que cada una pudiera aportar; venían las niñas, era y es un momento precioso; porque me consta que esto se sigue haciendo así. Cada año hemos estado muchas mujeres y siempre me pedían que las avisara porque realmente es un momento muy especial. 

P.- Muy bonito y emocionante.
R.- Sí, es un acto mariano precioso. Siempre en sábado por la mañana con la luz entrando por los ventanales, tan positivo y tan alegre. Y ya con el tiempo asumí que debía dejar paso a la savia nueva; aunque seguía estando al pie del cañón, pero en un segundo plano. 

Inés Robledo: La familia y el periódico

P.- ¿Qué te ha traído a ti este tiempo de confinamiento?
R.- En este encierro forzado que tenemos nos reunimos todos para rezar el Rosario. En estos tiempos en el que la gente vive tan de espaldas a Dios; algunas, porque hay mucha gente buena y piadosa y rezadora;  una de mis nietas que tiene 21 años me dijo: “Abuela, y si este Lunes Santo que lo vamos a pasar tan triste por no salir, nos reuniéramos la familia a las 8 para rezar el Rosario”. Levanté la vista al cielo y dije “Señor, no merezco yo tanto mimo” y desde entonces nos reunimos la familia todas las tardes.

P.- ¿Cómo te manejas con las nuevas tecnologías?
R.- Me manejo muy bien con el móvil y la Tablet. Uso internet y las redes sociales, sobre todo Facebook en donde hablo con muchas amigas, veo cosas bonitas y formativas. Después hay cosas como skype o zoom que sí que me las tienen que organizar y echar una mano. 

P.- ¿Cómo comenzaste a escribir en el periódico?
R.- Cuando murió mi marido sentí deseos de escribir en el periódico un artículo ponderando sus virtudes y esa inquietud de querer manifestarme como yo era. Fue gracias a tres personas que me ayudaron y empecé a ser colaboradora de Diario Sur. Para mí fue un orgullo, pero sobre todo fue una satisfacción porque no sé por qué caí en gracia y en esos artículos que escribo mensualmente en el que escribo de contenido muy variado: desde información y temas actuales, hasta sentimientos. 

P.- ¿Hay algún momento especial para ti en tus artículos?
R.- Hay una época en la que me gusta escribir sobre la espera a la Semana Santa. Soy de los Estudiantes, Camarera de Honor, y comento historias, anécdotas o incidencias de mis hijos, de mis nietos, de mi marido que fue co-fundador de la Cofradía. Todo eso me va dando un estímulo para explicárselo a gente que ignora o sabe pero no le importa recordar los orígenes de la Cofradía de los Estudiantes. 

P.- Tus columnas invitan a reflexionar más allá de donde ven los ojos. ¿Somos capaces de ver con el corazón?
R.- Eso me gustaría, que el corazón mandara en la mente de las personas. Suelo ser optimista. Confronto el pasotismo, el desapego a lo espiritual, a lo profundo. Me quedo con lo positivo porque en estos días que se reciben tantos whatsapp se ha despertado un amor importante; a darle al corazón todo lo que un corazón puede dar. 

P.- ¿Cómo?
R.- Exprimirlo y estrujarlo para que cada uno pueda dar lo mejor que tiene cada persona. Eso ayuda mucho al que lo lee y también al que lo escribe. Todo eso son pensamientos profundos que ya estaban antes pero había personas que incluso se pensaban desfasadas o antiguas porque no se atrevían a expresarlo. Hoy  con toda esta situación del coronavirus se ha perdido el pudor. Y lo veo como un don de Dios, que dentro de la desgracia que no debemos olvidar, sí destacar que nuestro corazón se está extendiendo y esparciendo por muchísimos hogares.

P. – ¿Y también con la propia pareja?
R. – Hay un chiste muy gracioso de uno que decía “Oye, pues mi mujer es simpática” (risas). Eso dice mucho de las prisas, de que los matrimonios aunque se quieran, no pasaban tiempo juntos: él trabaja, ella trabaja, los niños, la casa… A mí este chiste me hizo mucha gracia porque es un leve comentario pero tiene su profundidad. Matrimonios que apenas se comunican y en el que ambos están estresados, y cuando están los dos en casa con ese estrés pues ya cada uno por su lado…

Inés Robledo: La Cultura y las tradiciones malagueñas

P.- ¿Somos conscientes los malagueños de la riqueza de nuestras tradiciones?
R.- Yo he tenido la suerte de vivir en un mundo cultural, no por mi parte, sino por lo que me ha rodeado. Siempre me ha gustado tener la mente abierta y oír a personas de valía porque me han ayudado a pensar. 

P.- Pero también es necesario el cambio, incluso con nuestra cultura y tradiciones.
– Sí, yo he vivido muchos cambios en diferentes ámbitos; pero hablando de cultura, fíjate qué curioso que siempre he vivido frente a la Casa de la Cultura. Estamos hablando de esa época cuando el Teatro Romano estaba cubierto por este edificio. ¡Qué paradoja!, la Casa de la Cultura ocultando la cultura y la historia de los malagueños. Y llega una persona con espíritu renovador que dice hay que devolver a Málaga esas ruinas romanas, lo que fuimos. Recordando todo lo que es Málaga, un esquema de nuestras tradiciones y grandeza. Ver la Aduana recuperada y junto a nuestra casa, esos jardínes que además tengan el nombre de mi marido…

P.- Los Jardínes de Manuel Atencia. ¿Cómo recuerdas el nombramiento?
R.- De infarto y de los nervios. Yo recuerdo que le decía a mis niñas que yo una pastilla no me tomaba, que mejor una tortilla (risas). Fue tan bonito. Que hubiera unanimidad, que todos los partidos del Ayuntamiento lo aprobaran y estuvieran de acuerdo. Paco de la Torre acertó con el sitio: junto a la Cofradía de los Estudiantes y donde mis hijos han jugado de niños. Era y sigue siendo muy emocionante para mi familia y para mí.

P.- Qué bonito saberse querido, ¿verdad?
R.- Sí. He tenido una vida llena de afectos, de cariños y bendiciones. Sin duda, uno de los momentos más emocionantes vino de parte de la Cofradía. En el año 2005 Manolo estaba ya muy malito. La semana previa a la Semana Santa en Junta alguien propuso que antes de encerrar al Cristo en la Casa Hermandad, traerlo aquí a nuestra casa para saludar a Manolo; y me llamaron para decírmelo. Aquello para mí, imagínate: el detalle, la emoción… Yo se lo dije a mis hijos pero Pablo no lo veía: él entonces era Hermano Mayor, y parecía que él podría haber tenido parte. Pero no fue así, y nosotros vivimos a los pies de la hermandad así que entre todos lo convencimos y al ser una iniciativa de la Junta, pues se llevó adelante.

P.- Déjame revivirla contigo, Inés.
R.- Ya sabes, bien entrada la noche, cuando llega la hora del encierro la multitud hace un corrillo para ver guardarse a nuestros Titulares, los puestecillos vendiendo lo propio, la policía dirigiendo. Pero aquel Lunes Santo no.

Yo miraba desde el balcón esperando el momento y de pronto veo cómo el Señor pasa de largo la Casa Hermandad, cómo la gente se iba abriendo para dejarle paso; con esa vista 15 años más joven que ahora lo observaba emocionada. Cristo venía andando despacito en silencio, sin ni si quiera los tambores, y se paró delante del Albéniz;  y juntos la calle y nosotros rezamos un Padrenuestro, el Avemaría y Gloria… Yo le decía “Manolo, ha venido el Señor a verte” pero el pobre ya no se enteraba de mucho, no me entendía. Él me cogía la mano. Y solo 10 días después de aquello falleció Manolo.

P.- Hay muchas personas buenas con iniciativas como esta y poco se cuenta.
R.- Sí, lo que se habla del mundo Cofrade está muy ligado a ciertas menudencias pero la verdad es que no es así y que hay gente muy bonita y buena. Esta vivencia fue una cosa preciosa, vinieron todas mis hermanas; mis hijas y mis nietas se salieron de la procesión para vivir, sin duda un momento que jamás olvidaré y del que estoy muy agradecida. Estoy segura que los allí presentes al leerlo, lo revivirán.

P.- ¿Sabemos transmitir nuestras tradiciones y riqueza cultural a la savia nueva?
R. – Hace falta más gente que se implique en darse a los demás, pero eso te lleva tiempo de estudio y de dedicación. Pero vamos a ser optimistas, porque saliendo de un grupo de personas de poco estilo, sí que es verdad que hay muchas otras que tienen afán de conocer y de saber.

P.- ¿Y eso se transmite con el ejemplo?
R.- Siempre. Y es importante que se fomente lo recibido de tus padres, del entorno, de las inquietudes que se haya tenido de joven y no tirar la toalla. Eso es lo que yo pretendo. He vivido muchos años y procurando ser siempre yo la misma.

P.- ¿Qué opinas del papel de la mujer actual?
R.- Ahora se habla mucho de feminismo y de que la mujer ha estado postergada y yo creo que eso es una antigualla. Mira por ejemplo a mi cuñada Mª Victoria Atencia, una mujer con una gran sabiduría, con grandes premios y esa poesía suya, que destaca su trayectoria profesional. Y mujeres como tú, que tienes tu marido y tus hijos y que trabajas; que te robas tiempo para compartir tus pensamientos y regalarnos estas entrevistas… La mujer que ha valido siempre se ha destacado. 

P.- Para mí tu destacas en muchos aspectos, pero sin duda me encanta tu ahínco por querer recuperar la Capilla del Puerto. ¿Qué sabemos de su historia?
R.- Se inauguró en 1732 en el Puerto, en el dique de levante y rodeada por el agua. Allí estaba entronizada la Virgen del Carmen y los marineros, tan devotos de Ella, cuando iban a salir a faenar oían misa, recibían la bendición del sacerdote y se echaban a la mar. 

P.- ¿Por qué se traslada al Paseo Marítimo?
R.- Con el paso de los años y la cercanía al mar, las piedras que revestían la Capilla se estaban deteriorando. Entonces, al arquitecto diocesano; que más tarde descubrí que fue tío de mi marido; Enrique Atencia, le dejaron encargado que debía trasladar la Capilla del Puerto al Paseo Marítimo. 

P.- Me imagino que sería una auténtico reto.
R.- Así debió ser. Él vio que tenía que ser un trabajo meticuloso que requería traslado piedra a piedra. Y así lo hicieron. Con el tiempo y la apertura del puerto a la ciudad, lo bajaron al Muelle Uno. 

P.- ¿Cómo comenzaste con este proyecto para recuperarla?
R.- Un día paseando con mis hijos por el Muelle Uno me paré frente a la Capilla y pensé que aquello tan bonito y tantísimos años allí cerrado no podía ser. Así que empecé a hablar con unos y otros. Busqué en internet y leí mucho. Y también usé mis artículos para escribir sobre este tema, recuperar la Capilla del Puerto.

P.- ¿Cuál fue la reacción?
R.- Mucha gente me llamó para felicitarme, y yo me sentí sorprendida. Porque aunque yo lo escribiera con mucho entusiasmo, tampoco pensé tuviera tanto eco. Así que intentamos hablar con el presidente del Puerto, pero por las circunstancias que fueran no nos quiso atender, ya no sé si algo tendría que ver la ideología o la religiosidad.

P.- Y aparece María Luz Aguilar-Galindo.
R.-  Una periodista encantadora. La conocí en una conferencia mariana muy bonita que ella estaba dando por iniciativa de los submarinistas en el Ayuntamiento de Málaga. Y allí mismo le conté mis inquietudes con la Capilla del Puerto, le di el artículo que escribí sobre la Capilla y ella no dudó: “Cuenta conmigo”.

P.- La importancia de ayudarse.
R.- Sí, todo necesita colaboración de varias personas. Se sumó otro señor que conocí, Rafael Vidal, y entre los tres hicimos equipo y empezamos a movernos. Pasó que tuvimos la suerte del cambio de gobierno en la Junta de Andalucía y el presidente nos recibió.

P.- ¿Cómo resultó aquello?
R.- Fue muy amable y nos dio todas las facilidades. Nos aseguró que lo estudiaría y que necesitaba tiempo para aterrizar y enterarse de en qué consistía la Capilla, que si aquello era para culto. 

P.- ¿Y qué le dijiste?
R.- Que para culto ya estaban las Parroquias que es donde están dedicados los sacerdotes. Nosotros lo que solicitamos es autorización para que un día se abra y que el guarda de seguridad del Puerto pueda custodiar aquello. Y ahí estamos. Ya se ha hecho un proyecto de la Capilla porque está muy deteriorada y los techos resquebrajados, pero ha habido entusiasmo. Aunque claro, las cosas de palacio, van despacio.

P.- ¿En qué fase está ahora?
R.- Ahora estamos con la burocracia; ya que para la rehabilitación necesitamos permisos de Obras Menores del Ayuntamiento. Y cuando parece que estaba todo tan adelantado, ha surgido este parón del coronavirus. Ahora es el momento de otras cosas más importantes, que pase todo esto del virus.

P.- ¿Qué significa la Capilla del Puerto para ti?
R.- Para mí ha sido un acicate maravilloso. Es cierto que han sido muchas personas las interesadas en que esa capilla de nuevo se abra, no para culto de Iglesia sino como Capilla para venerar a la Virgen del Carmen. 

P.- Y hay ciertas cosas que te llevan a que seas tú la que se encargue de esto, como descubrir que Enrique Atencia, tío de tu marido, fuera el encargado de salvar del mar a la Capilla. No es casualidad, como decía Antonio Moreno
R.- No lo es, yo lo atribuyo a la Divina Providencia. Y ahí seguimos esperando; muchas veces pienso si podré ver la Capilla abierta algún día.  Me veo mayor y más limitada, pero bueno. Esos pensamientos los tengo en momento de decaimiento. El proyecto está bastante conseguido.

Inés Robledo: Juventud, Divino Tesoro

P.- ¿Crees que la juventud se mantiene en el tiempo?
R.-. Al hablar de juventud me acuerdo de esa persona con mucha gracia que decía que la juventud se cura con la vejez. Y no estoy de acuerdo, quitao de que, claro está, juventud, divino tesoro; pero las personas mayores también tenemos que sentirnos jóvenes. Habrá quien no lo entienda o menosprecie; pero tú te tienes que superar y compenetrarte con la juventud, entenderlos y no castigarlos siempre.

P.- ¿Por qué?
R.- Porque es verdad que hay una juventud pasota, masoquista, sin valores y sin formación. Eso no se puede evitar porque quizá haya habido esa falta de valores en los padres. Ese afán de que mis hijos tengan lo que yo no he tenido ha perjudicado mucho. El que se ha criado con austeridad, a pesar de tener grandes fastuosidades cerca, han demostrado ser grandes personas; y sin embargo otros que se han empeñado en que sus hijos sean lo que yo no he sido, no tanto en ser sino en cosas pues ha perjudicado; pero son los menos. Lo cierto es que la mayoría de la juventud tiene un campo de acción y unos afanes maravillosos y hay que tener confianza en ella.

P.- ¿Cómo se mantiene el espíritu joven?
R.- Hay que mirar alrededor y tener los ojos bien abiertos. La gracia de Dios que me ha dado capacidad para adaptarme a lo bueno y a lo menos bueno. Mi matrimonio, el nacimiento de mis hijos. Esforzarme y no perder el tiempo, que muchas veces se pierde sin darse cuenta. Yo todavía quiero sembrar, ser ese grano de mostaza que de fruto.

P.- ¿Cómo se toma el café Inés Robledo?
R.-  Yo tomo el café descafeinado de máquina, un mitad.

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Te quiero, mamá

Primer domingo de mayo. ¡Felicidades, mamá! Me hubiera gustado estar ahora en casa para darte un abrazo. De los míos, ya sabes. Que papá preparara el café, mientras reunidos en la cocina, habláramos de cómo iba la cosa: ese «qué tal el trabajo» y el cariñoso «te veo muy bien, Carito».

Y tu mirada, mamá. Esos ojos verdes casi transparentes llenos de ternura y amor. Con una preocupación que revela tu extraordinaria sabiduría e imaginación. La viveza de tus expresiones. La dulzura de tus palabras y lo divertido de tus ocurrencias. Se me hace raro no tocar tus manos, preciosas y suaves. Y ese brillo en tu pelo que solo tú sabes peinar.

Este Día de la Madre es distinto. Pienso en tantas mujeres… Ser madre es la entrega silenciosa y alegre; sabiendo dar ejemplo de generosidad, empatía, amor y talento. Con la humildad suficiente para aprender y pedir consejo, y el propósito de mantenerse firme aunque nos cueste.

Hoy es el Día de la Madre, y tengo presente a muchas mujeres que sin haber cobijado vida en su seno demuestran cada día su maternidad. Hoy, 3 de mayo, me acuerdo especialmente de mi hermana, mi Nani, un día como hoy hace 21 años abrazaste a tu hijo por primera vez. Tempus fugit. Demasiado deprisa. Porque nos hemos plantado en 2020 en un abrir y cerrar de ojos.

Nadie imaginó una primavera como esta. Vaya un mes de mayo, como decía la copla. El mes dedicado a nuestra Madre, a las flores y la alegría. Abril se nos ha escapado. Nadie lo ha robado como acusaba el genio ubetense. Lo hemos vivido de otra forma. Paramos en seco y dejamos de vivir nuestra vida tal y como veníamos haciendo.

Habrá merecido la pena si cuando todo esto acabe, no olvidemos todo lo que hemos conseguido. Cuando ese aplauso en los balcones, ahora trasladado a las calles, permita que sanitarios, maestros, cuidadores, farmacéuticos, policía y agricultores ocupen un lugar preferente en nuestra sociedad.

Debemos entender y asumir que reconocer a aquellos cuya labor es más importante para la salud, la seguridad y el sustento de todos no me denigra ni a mí ni a nadie. Al contrario. Nos pone en un primer lugar;  porque el esfuerzo y el sacrificio enriquecen la sociedad y las personas.

Hemos visto a niños felices pasar tiempo con sus padres, recibiendo en casa a la abuela, el tío o la prima que estaba sola en la ciudad. Se ha visto que la familia es el primer y gran valor en el que siempre encontraremos abrigo. La ideología empezó a desvanecerse y fuimos todos a una. Se ha demostrado cuánto abundan las personas generosas y solidarias. Y por supuesto, la mayor de nuestra riqueza: los mayores. Ellos son nuestra historia viva a la que debemos oír, respetar y cuidar.

51 días confinados cumpliendo las nuevas reglas de un juego que ni yo misma entiendo.  Mañana saldré a la calle con mascarilla, que antes no era importante y ya es obligatorio aunque no haya stock para todos. A ver si nos aclaramos. Tengo un lío importante.

Lo único que tengo claro es que un abrazo sincero no sale de un código binario ni del codo, sino del corazón. Como estas palabras que brotan sin control. Y por si no ha quedado ya cristalino: Te quiero, mamá.

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Es otra historia

Esteban se despertó sobresaltado y sudando. Peinaba canas a sus 38 años. Joven, demasiado joven para contar el día 49 sin salir de casa. Halos de luces  naranjas se colaban por las rendijas de la persiana. Pero aún era de noche. Otra más que pasaba a duermevela. Echaba de menos a su mujer. Ya apenas percibía su olor natural en la almohada. Se abrazó a ella y sollozó. Ese cojín no suplía su cuerpo ni calor, pero servía para ahogar el lamento. Los hombres también lloran. Y pensando en su hijo, en no despertarlo y en lo que les quedaba por vivir juntos, enjugó el llanto; pulgar e índice presionaron sus ojos como queriendo volver a guardar dentro sus lágrimas, esas gotas saladas cargadas de desolación e impotencia.

–  Manolo, ¿has escuchado lo que ha dicho Juanma Moreno?
– Esteban, no queríamos creerlo pero la cosa al final es seria. Vete a casa y no salgas. Yo cierro y después hablamos porque lo que se nos viene encima es menuo.
– Ya sabes que cuentas conmigo, eres mi jefe desde hace muchos años.
– Y tu amigo, no lo olvides. Tocará cerrar el bar, pero lo volveremos a abrir y quiero que de nuevo, juntos.

Aquel 12 de marzo Esteban llegó a casa pronto, sí, y preocupado. Amalia no necesitó escucharlo para saber que su voz se entrecortaría.

– Manolo cierra el bar.

Ella solo pudo abrazarlo. Y así se quedaron en mitad de la cocina fundidos en uno y con los ojos cerrados. Amalia quería congelar el tiempo.

Ella llevaba mucho en paro, pero no parada. Estudiaba y leía, de todo, pero en especial de diabetes. Y mientras, buscaba trabajo aquí y allá. Se iba ganando la vida como podía. Amalia era primorosa y atenta. Quizás tuvo mala suerte. O no.

Hacía casi medio año que sus días pasaban en el pueblo de su madre, que en paz descanse. Allí seguía viviendo la mayor de las hermanas Parejo: su tía Juana; una mujer octogenaria, risueña y divertida. Nunca quiso casarse ni tener hijos. Se dedicó a coser y dar clases de costura en el pueblo. Y así vivía feliz. Con alegría y dedicada a la hebra. Algunos la miraban con recelo, a medio camino entre el menosprecio y la envidia. A tía Juana le daba igual. Ella siempre repetía lo mismo: «En los pueblos ya se sabe; pero que cada uno se mire a sí mismo y después me lo cuente».

Desde que a finales de agosto tía Juana se cayera en el baño, empezó a sentirse impedida. Estaba sola y el intento de traerla a la ciudad quedó en eso. De modo que Amalia cada mañana, después de dejar al pequeño Miguel Ángel en el colegio, se iba al pueblo a cuidar de tía Juana hasta que le hacía el relevo una señora que aceptó lo mucho o poco que este joven matrimonio podía permitirse pagar por cuidarla durante las noches.

Cuando Amalia regresaba ya eran las 6 de la tarde. Al menos tenía 3 horas para estar con su hijo de 5 años. Un crío despierto y muy cariñoso que siendo un bebé de 19 meses fue diagnosticado con diabetes (cuando todavía lo de los parches no estaba a la orden del día). Qué dolor pincharlo tan a menudo y tan pequeñito; y siempre atentos a los marcadores. ¡Cuántas noches salieron corriendo al hospital! Al menos en la ciudad lo tenían cerca.

Pero ahora, ¿qué iba a pasar ahora? Solo eran dos semanas. Eso decían. Irse todos al pueblo ponía en peligro la salud de tía Juana y la de Miguel Ángel. No sería la primera vez que el niño sufría una crisis en casa de tía Juana y revivir eso en estas circunstancias no parecía lo más acertado. Así que recordando aquella frase que tan poco le gustaba, encontró la dura respuesta: «Divide y vencerás».

– Mi amor, tía Juana – dijo Amalia con un nudo en la garganta.

Seguían los dos abrazados. En silencio y casi llorando. Esteban  no necesitaba más explicaciones. Sabía que esto era casi una despedida. Amalia era incapaz de abandonar a su tía. Y Esteban, con el cierre del bar, se podía encargar del niño mientras su mujer cuidaba a la tía.

Este coronavirus destruyó empleo, cerró negocios, aisló familias y trajo dolor y llanto. Pero si vemos más allá de donde llegan nuestros ojos; así fue como esta familia se hizo grande en el tiempo y en la distancia. Casi 50 días sin tocarse y con un corazón que se iba fortaleciendo y rompiendo en mil pedazos a la vez. Aquel 12 de marzo fue la última vez que Esteban vio su vida tal y como la conocía.

Y en cuanto a Manolo, esa es otra historia, que si quieres te cuento otra tarde.

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Nueva Normalidad

Hay días que me levanto y lo mejor que pudiera hacer es volver a acostarme. Hoy ha sido uno de esos. Y aunque empiezo la jornada dedicando unos minutos de meditación, me queda un rescoldo que a veces se manifiesta con un tono inadecuado o con una tristeza impropia en mí. A veces este malestar me ahoga hasta la respiración.

Será el encierro y ver cómo evolucionan las cosas. Veo tanta indignación alrededor que duele. Pero sigo pensando que las personas no buscan dañarse unas a otras. Solo buscan hacer el bien de la única forma que saben. Ya hablaba con Antonio Moreno en #UnCaféConPorras sobre buscar lo bueno y la libertad.  Y sí, erramos en ello más de lo que quisiéramos. No os digo ya nuestros dirigentes.

La ignorancia es muy peligrosa. Prefiero a un tonto confeso que a un ignorante que desconoce tal cualidad. Porque al final este último se cree tan capaz que no admite consejos ni rectificaciones.

El olor a lejía me perturba. Dicen que si haces algo más de 21 días ya lo incorporas a tu vida sin más esfuerzo. Los coachers me tienen frita. Son ya 48 días oliendo a lejía y yo sigo sin acostumbrarme. Así que amigos, no. Si pensamos que la costumbre hará de esto que se nos plantea una nueva normalidad, vamos apañaos. Yo he ido andando por la calle abrazada a mis amigas, me he echado a los brazos de mis padres, doy besos de abuela y achuchones de niña pequeña. He sido de multitudes: desde estar en encierros procesionales embarazada de 8 meses hasta asistir a todos esos saraos de los de “cuanta más gente, mejor”.

Y ahora, como si me encontrara frente a una senda que se abre ante mí sin saber si debo encaminar ya o esperar. Pero, ¿a qué? Cada día me repito ese «No temáis». Y el escenario entonces se dibuja soleado. No debemos tener miedo pero seamos cautos. Sonriamos que lo que tenga que ser será; y si se prolonga en el tiempo:  agua y menta, porque la nueva normalidad nunca será normal para nosotros.

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No lo permitas

Último lunes de abril. Día 45. Seguimos en este secuestro. Observando cómo pasan los días. Escapando de la realidad que te quieren hacer creer. Colapsando nuestras conversaciones gracias a un circo lleno de portavoces para que solo hablemos de gestión política, de bulos, de censura y de ejemplaridad.

Ahora parece que desandamos el camino. Eso que hemos construido con el cierre de nuestras empresas, con la pérdida del empleo y con la cancelación de nuestros servicios. ¿O es que acaso no fue necesario nunca el encierro? España, tierra de cobayas.

Y en medio de toda esta puesta en escena de cifras, RDL y BOE al filo de la medianoche, yo pienso en las personas y sus historias. Aquellos que ya eran vulnerables antes del 12 de marzo, en cómo están nuestros profesionales sanitarios; en las familias y su economía; y cómo se encuentran nuestros mayores, si podrán salir más pronto que tarde a caminar. Ellos que nos lo han dado todo. Que nos lo siguen dando. Ahora que viven pausados y limitados. Sin ruidos en la casa ni chocolate en la despensa. Nadie irá a visitarlos. No por ahora.

También pienso en aquellos, que temerosos, no dejan de sentirse los malos de la película. Porque nos siguen vendiendo que estamos confinados por  la salud de los más vulnerables. Pero, ¿quién no está vulnerado con este encierro?

Menudo cinismo. Sí. Mi reflexión demuestra que estoy cansada. No pido entender. Eso no es posible. Me desconcierta pensar una cosa y la contraria a la vez. Respirar este aire raro. Ir en coche y no sentir esa libertad mental de bajar la ventanilla para que el aire despeine mi flequillo. Querer salir y volver a la vida, y a la vez solo anhelar encerrarme en casa con los ojos apretados esperando que todo sea un mal sueño.

Pero no. Los abro y todo y nada es igual. Ni si quiera las personas. No hay mejor opio que el odio. La gente enfrentada. Así es como nos quieren. Demostrando que hay quien en medio de todo esto renuncia a tu amistad por disentir de tu opinión o no tolerar la indignación del semejante. Ese no saber vestirse con la piel del otro. Pero aquí no pasa nada. Sigamos buscando la pandereta y la flauta. (Ay amigos, las tiendas de instrumentos, como la carrera científica, no es actividad esencial. Pero el pelotazo del ladrillo, por supuesto. Aquí suma y sigue. Castrojos.)

Hoy por fin no ha habido chufla en los balcones. Ya era hora. Son tan sensatos y buena gente nuestros sanitarios que lo han pedido cuando se abría la veda. Como borregos a la calle porque lo manda nuestro Presidente. O su comité de expertos. O el tal Ivan o quizá ha sido Oliver. Supercampeones. Chuta gol que nos la están colando por todos lados.

Yo hoy he salido pero no a pasear. Es deprimente ver los colores sin luz y tristes. España está de luto (aunque no lo declaren de forma oficial) y su pueblo lo sabe. Seguiré con mis crespón negro recordando que esta vida se nos dio para no tener miedo, para amar, para tender las manos, para sonreír y acompañar. Para no estar solo ni abandonar a nadie en el camino. Así que no lo permitas. No lo hagamos.

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Cielo y Libertad

Cuando ella salió a mi encuentro en el exterior de la casa solo pudo mirar al cielo. Permaneció unos segundos quieta y sonriendo. La miré de esa forma que miran las madres a sus hijos mientras duermen. Esa mirada relajada y tierna que tiene mucho de amor y algo de incertidumbre. El paso del tiempo, hacer de ella una buena persona que sepa ser feliz, que el dolor no le duela tanto; capaz de ver lo tanto bueno que tiene su vida. Y me doy cuenta en pocos segundos de que esta pequeña que está a punto de cumplir cinco años ha crecido mucho más de lo que esperaba en los últimos 35 días.

Y allí en nuestra terraza, ella y yo. En medio de toda esta tormenta que nos azota desde hace semanas el sonido del silencio ensordece. Estoy muda desde hace días. Cómo hablar mientras hay decenas de miles  que lloran sus muertos; otros muchos más que en la noche no duermen pensando cómo pagar a sus trabajadores; en aquellos que trabajando y cumpliendo sus obligaciones no tienen el respaldo de su empresa; y cómo es posible no pensar en todos esos grandes que los mandan a batallar contra el virus con una bolsa de basura…

Mi aplauso sanitario no sale a los balcones. No puedo festejar nada en medio de esta tragedia. Por desgracia los aplausos no se convierten en test, ni mascarillas, ni en pantallas protectoras. Yo sigo pidiendo para que llegue ese material que proteja a quien nos cuida en primera línea; para que todas las personas puedan ser atendidas sin importar la edad, ya ocupen un ministerio o una habitación de una residencia.

En ese silencio mágico que nos envuelve a madre e hija mirando el cielo me hago cargo de la fragilidad humana. De la incapacidad para tomar decisiones correctas. Falta humildad, coherencia y valentía.

Nos hacen vivir acobardados. Sin salud. Coartando tu capacidad laboral y obligándote a pagar sin cobrar. Si nos prohiben velar a nuestros muertos, nos falta libertad. Si te dicen cómo pensar ya sabes que te falta libertad. Cuando te digan que eres un lince sin haber leído ni estudiado, créeme, no hay libertad. Porque sin formación ni información que quede claro: no hay libertad. La verdad nos hace libres hoy y siempre, pero es ahora cuando somos prisioneros en demasiados aspectos.

Y mientras mi hija miraba el cielo en silencio y yo la observaba a ella sucedió que sus palabras lo llenaron todo de sentido:

– El cielo está precioso, mamá. Vamos a rezar.

Y así que cada uno haga como crea, que el cielo que cada día se llena de personas seguro muy bonitas, seguirá teniendo a quien cada atardecer alce la mirada pensando en vosotros y en todas nuestras familias. Para que descanséis en plenitud y todos vivamos libres y en paz.

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Dormir de prestado

Nos toca vivir unos días que nunca pensamos nos sucedieran. Hemos visto películas terroríficas y dramáticas; y aunque muchas se han basado en historias reales nos creímos inmunes al dolor. Veíamos lejano el sufrimiento. Para otros la carestía, la enfermedad y la soledad.

Nuestras necesidades mundanas quedaban resueltas a golpe de click o enlazando préstamos y microcréditos que ya pagaríamos con la extra de Navidad. Mirando el reloj a cada rato, porque no llegaba o ya había llegado.  Los días pasaban planificando el siguiente fin de semana, el próximo puente, la inminente escapada. Maletas y ropa bien doblada. La casa, poco habitada. La calle, explorada.

Hoy vivimos encerrados sin apenas percatarnos de que durante mucho tiempo ya estuvimos presos y agobiados. Transformando aquello en nuestro hoy anhelo diario. Deseando que las prisas y el estrés vuelvan a entrar en escenario. Que no paremos por casa, que seamos confiados y dejemos de estar confinados. El sueño se perturba. La noche da paso al llanto. España lamenta la muerte de más de 14.000 paisanos. De todas las edades, de todos los estratos. La muerte no distingue si eres feo, alto o bajo. Y el dolor no se apacigua. No disminuye, al contrario. Sin embargo te consuela ese abrazo imaginario que recibes cada instante con solo alzar la mirada al cielo, aunque esté nublado.

Hoy considero una vez más la suerte de un nuevo día regalado. Solo me sale dar gracias; porque en esta vida, al igual que vivo, también duermo de prestado. Y hoy de nuevo en mi cama, esa que hace 17 días había abandonado. Mi camita de oro, como decía mi abuela. Un beso al cielo, por ti y por todos los que desde ahí arriba nos seguís meciendo y arropando.

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Benditas Palmas

Cada Domingo de Ramos me levantaba temprano, y desde los últimos 4 años, los peques y yo salíamos pronto de casa para llegar a la Bendición de las Palmas para después reunirnos con mis padres y hermanas. Un Domingo que aunque se me solía quedar algo cojo, me resultaba el más entrañable de la semana. Los PorFlor juntos y mi marcha favorita como banda sonora.

Por supuesto que había que estrenar algo para que no se nos cayeran las manos. Unos calcetines, unos pendientes, un bolso. En el mejor de los casos, el conjunto completo. Hoy hemos estrenado algo mucho más duradero: la perspectiva. Hemos mirado por la ventana y visto distinto. ¿Quién no ha pensado cómo hubiera sido este Domingo de Ramos sin este confinamiento? 23 días. Hoy el sol brillaba en nuestro cielo malagueño, pero para 12 418 familias, el firmamento gris pesaba sobre los hombros.

Seguimos confinados y aislados. Pensando en lo afortunados que somos, pero lo terrible de esta situación, con la alta exposición de nuestros sanitarios, los que nos cuidan; empatizando con aquellos que no han podido enterrar a sus familiares fallecidos y en aquellos que quedan huérfanos o viudos. Y los primeros, aquellos que se derrumban en sus casas, al calor de la intimidad, deseando despertar de este mal sueño. Nerviosos y estresados por no llevar el contagio a la familia; con el peso de la responsabilidad en sus espaldas rotas de cansancio, dolor e impotencia.

Nuestros aplausos no abrazan, la música no alivia la pesada carga y la alegría entre vecinos no llega en forma de protocolos eficaces para protegerles frente al virus. Sin embargo, ese aplauso es liberador para todos aquellos que solo deben quedarse en casa. Palmas con palmas. Benditas palmas que en este Domingo de Ramos den paso y bienvenida al amor sanador, la paciencia y el entendimiento de que en lo peor, siempre sale lo mejor.

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Antonio Moreno: “Los periodistas debemos contar historias de héroes para que los jóvenes se animen a imitarlos”

Antonio Moreno es de esas personas que me ha regalado la vida. Cuando lo conocí no existía Twitter ni Facebook. El ruidoso módem había dado paso a un nuevo aparato: el Wi-Fi; pero aún la conectividad era muy limitada.

Antonio Moreno Ruiz, casado con 7 hijos y periodista. Trabaja en la Delegación de Medios Diocesanos de Málaga y hasta el 13 de marzo iba al trabajo en bicicleta. En su timeline de Twitter nos cuenta historias de Santos, Hilos del Evangelio y mensajes con buenas noticias para dar luz en la oscuridad. Acaba de publicar en un libro los mejores 40 Hilos de su Twitter: La Caja de los Hilos (se puede comprar aquí y te llega a casa sin problema). Se trata de una evangelización rompedora que le ha valido para ganar el Bravo por Nuevas Tecnologías. Este malagueño oriundo de Alhama de Granada se hace y se deja querer. Gracias Antonio, porque quien tiene un amigo tiene un tesoro y tú me haces un poco más rica. Espero disfrutéis de este #UnCaféConPorras confinado. ¡Feliz Semana Santa!

Antonio Moreno: Los Hilos de Twitter

P.- ¿Qué es Twitter?
– Para mí es la red social en la que ocurren las cosas importantes. No es la que tiene el mayor número de seguidores ni la que está más de moda ni en la que están los jóvenes; pero cuando por ejemplo hay un Consejo de Ministros Extraordinario donde primero se informa es en Twitter. Las noticias de última hora se dicen en Twitter.

P.- ¿Entonces es el más periodístico?
– Sí, es muy periodístico, esta hecho para nosotros los periodistas. Por eso creo que encontré esa conexión con esta red social porque encaja mucho mejor con mi profesión como periodista.

P.- ¿Cómo descubres esta red social?
– Mi jefe Rafa (Rafael Pérez Pallarés) un día nos recomendó  a toda la Redacción que debíamos tener Twitter. Aunque fuera simplemente por aplicar en la firma nuestro usuario y dar esa opción de interacción con el lector. Entonces lo abrí por obligación, porque me lo mandó mi jefe, lo hice.

P.- Pero a ti no te apetecía mucho.
– Yo era bastante contrario a las redes sociales, me parecían un poco rollo. Pero sobre todo por la falta de tiempo. Al principio me daba pereza meterme en un programa nuevo, ver cómo funciona, empezar a tocarlo y hasta que ya lo descubres…

P.- Y menudo descubrimiento. Te ha dado hasta para sacar un libro.
– Cuando le firmé el libro a Rafa le puse la fecha en la que él me dijo que me abriera mi cuenta (enero de 2012) y le escribí “Antonio, sácate un twitter” y le pongo al final: “Gracias”. Porque con el paso de los años, ese «ábrete un twitter» ha dado resultado. Casi sin querer, ha dado un resultado muy bueno.

P.- ¿Cuál fue tu primera sensación al entrar en Twitter?
– Creo que me pasó como a todo el mundo: me sentí como un pulpo en un garaje porque no sabía como funcionaba ni cómo meterle mano. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que era el sueño que cualquier estudiante de periodismo hubiéramos querido tener cuando estábamos en la facultad.

P.- ¿Cómo era Antonio Moreno en la facultad?
– Yo ya me había buscado un sitio donde hacer prácticas. Era un periódico deportivo, y fíjate que el deporte nunca había sido mi fuerte a pesar de que yo había estado jugando al rugby en un equipo juvenil hasta que empecé la universidad. Empecé allí porque me daban la oportunidad de poder contar mis cosas y verlas impresas en un papel y ver mi firma; que la gente pudiera leerme. Eso es lo que quiere todo el mundo cuando estudia periodismo.

P.- ¿También tocaste televisión y radio?
– Sí. Estuve yendo un tiempo a Pizarra a la tele y a la radio local. De donde me llamaban, allá iba. Estuve también en una agencia de noticias, siempre haciendo y enviando fax para que sacaran tus textos; hacías lo que fuera.

P.- ¿Qué tiene Twitter para un periodista en ciernes?
– Que de una forma super económica tienes un periódico, una radio, una televisión, una emisora multimedia, eres cámara, eres fotógrafo… Todos los distintos palos que puede tocar un periodista, columnas de opinión, lo que quieras; y no solo para tu barrio, tu pueblo, tu ciudad; sino que la audiencia es global. 

P.- Y tú viste enseguida el potencial de esta red social. 
– La fui viendo poco a poco, y que efectivamente cubría parte de mis emociones y mis deseos de poder comunicar. Que al fin y al cabo cuando uno entra en la facultad de periodismo y se decide a hacer esta carrera lo que quiere es contar lo que siente, lo que vive, contar historias; y es lo que yo sigo haciendo desde entonces en Twitter.

P.- Aquella actualización de Twitter que trajo la inclusión de los Hilos marcaría un antes y un después para ti. ¿Pensabas que daría tanto de sí?
– Yo soy muy curioso y me preguntaba que aquella nuevas funciones de Twitter para qué se podrían usar. A mí me inspiro el Hilo de Manuel Bartual, aquella historia misteriosa, que se hizo viral. Y pensé que cómo podríamos hacer esto para anunciar el Evangelio y contar cosas desde nuestra Fe.

P.- Pero la extensión era muy limitada. 140 caracteres.
– Eso es, pero con la actualización esa limitación se duplica y son ya 280 caracteres.  Eso daba unas posibilidades narrativas muy superiores. Eso fue una bocanada de aire para contar muchas cosas en un hilo.

P.- ¿Hasta cuándo no lo materializas?
– Surgió en clase de Nuevo Testamento y era Navidad. El profesor, Gabriel Leal, nos estaba explicando los evangelios que narran el nacimiento y la infancia de Jesús, que son los Evangelios de Lucas y Mateo. Nos estaba contando que los evangelistas no eran como nosotros los periodistas que contamos las cosas de forma objetiva, sino que los evangelistas son catequistas, y las estaban contando a una comunidad concreta y usaban las reglas de juego y el mapa mental de las personas a las que se dirigían. 

P.- Por ejemplo. 
– No es igual cómo lo explica Mateo a su comunidad, que era de origen hebreo que conocen todos los profetas y lo explica de forma mucho más fácil que como lo explica Lucas. Yo escuchaba eso por un lado y a la vez de fondo escuchaba la música de Calle Larios a cuenta de la iluminación de las calles. ¿Cómo podía trasladar el mensaje de Jesús a este tipo de gente? Los periodistas de hoy con el lenguaje de hoy al público de hoy.

P.- Así nacen los hilos del Evangelio.
– Efectivamente. Así surge contar con un lenguaje periodístico es primer hilo, el #HilodeNavidad Yo lo hice más bien como una gracia, como algo curioso para mis amigos. Lo tenía ya escrito y a medida que avanzaba la Nochebuena lo iba publicando. Pero esa noche aquello empezó a hacerse viral hasta tal punto que el teléfono murió y tuve que eliminar la aplicación de Twitter. Lo achaqué a que quizá el móvil no era muy bueno.

P.- Pero no era tu móvil, ¡era la repercusión del hilo!
– Por la mañana me llaman del periódico “Antonio, ¿qué has hecho, ¿qué has liado que está todo el mundo hablando de ti?” Y yo pensando “¿qué he hecho de qué?” Y sí, el Hilo gustó, tuvo mucho éxito y eso había que seguirlo con más hilos: montamos la matanza de los Inocentes, de la Semana Santa y ya se convirtió en una forma bonita de contar el Evangelio de siempre de la forma en la que lo entiende la gente de hoy.

Antonio Moreno: Los Hilos de la Vida

P.- ¿Por qué decidiste hacer periodismo?
– Fue un cúmulo de circunstancias. La verdad es que yo siempre había querido desarrollar una carrera científica. Me apasionaban las matemáticas, la biología, la química; me encantaban y además sacaba unas notas buenísimas. Y llegué al instituto y en uno de los primeros cursos tuve un profesor… No le voy a echar la culpa a él, pero digamos que no conectamos.

P.- ¿Qué pasó?
– Fue mi primer suspenso. Yo había sido siempre un estudiante bastante bueno y aquel suspenso me marcó y yo me dije: “No, yo ya no quiero saber más nada de las matemáticas”. Así que dejé absolutamente la idea de las carreras científicas y me pasé a letras, y fíjate; además la gente me decía “Oye, tu tienes buena faceta como comunicador”. Pero la Universidad de Málaga en aquella época no ofertaba Periodismo.

P.- ¿Estudiar fuera no era posible?
– Mi familia no se lo podía permitir, por lo que yo deseché esa idea. Y me fijé en Derecho. Pero cuál fue mi sorpresa cuando estaba en lo que es ahora 2º de Bachillerato, leyendo el periódico y veo una noticia que en Málaga se iba a abrir la primera Facultad de Periodismo; así que sí, yo pertenezco a la primera promoción de Periodismo de la UMA. 

P.- ¿Casualidades de la vida?
– Casualidad puede decir quien no tenga Fe. Yo que sí la tengo lo analizo desde la perspectiva de la Voluntad de Dios. Y yo pienso que el Señor me ha ido llevando por este camino. Él quería para mí esto y yo me he dejado llevar. Yo quería hacer algo, y en la vida te pasan cosas; se te cierra una puerta y se te abre una ventana y tiras por la ventana. Y luego se te cierra otra puerta, y así sucesivamente.
Ahora que ha pasado un tiempo, analizo y veo que Dios me quería periodista y aquí estoy intentado contar su Buena Noticia, la mejor de las noticias que es el Evangelio, también a través de los nuevos medios como es en este caso Twitter.

P.- Dices que te dejas llevar por la voluntad de Dios, ¿cómo escuchar la voz de Dios?
– Nadie nos ha enseñado. Es muy difícil que alguien te diga: “No, tu haz lo que te diga Dios”. El otro día hablaba yo con mis hijos en nuestra catequesis familiar de la voluntad de Dios. ¿Cómo saber? El ser humano es el único ser cuya libertad depende de otra persona. Ser completamente libre es hacer lo que uno quiere; pero el cristiano descubre un misterio escondido en lo profundo de la sabiduría humana que la auténtica libertad no está en hacer lo que tú quieres sino lo que Dios quiere.

P.- ¿Cómo entra en juego aquí el pecado?
– El pecado original nos marca de tal manera que nosotros creyendo que hacemos el bien, hacemos el mal. Y creyendo que somos libres y que hacemos cosas buenas para nosotros, que es lo que buscamos cuando somos libres para con nosotros, pues estamos haciéndonos un mal y nos perjudicamos.

P.- De ahí aquello de la “Verdad os hará libres”.
– Exacto. El cristiano tiene que buscar cuál es la voluntad de Dios en su vida. Eso es muy difícil porque hay que conocerse uno muy bien, hay que reconocer ese fallo que tiene uno de fabrica, como los carros de los supermercados que tienen siempre una rueda que te arriman a la estantería, pues a nosotros nos pasa igual con el pecado; que tendemos a ir hacia él. Por eso debemos ser cautos, saber qué rueda nos falla y lo que nosotros queremos y nos separa de lo que Dios nos tiene preparado. 

P.- ¿Qué papel juega aquí la Iglesia?
– Todo. No se puede ser cristiano por libre: “Yo soy cristiano en mi casa”. No, hay que ser cristiano en la Iglesia que explica lo que dice la mano de Dios. Tu coges la Biblia y hay un lío de nombres y de hechos… Y la Iglesia te lo explica y aconseja. Yo me dejo llevar mucho por la Iglesia que la considero una madre buena que me quiere mucho.

P.- Ahora que no se pueden vivir los Sacramentos como estábamos acostumbrados, ¿qué se te viene a la cabeza?
– Yo ahora sobre todo me he acordado mucho de los hermanos nuestros que no pueden celebrar la Eucaristía regularmente. Por ejemplo, en el Amazonas. En el último Sínodo de la Amazonia el Papa llamaba la atención de esto. Comunidades que están en unos lugares tan apartados que no pueden celebrar los Sacramentos. Y cuánto bien hacen las emisoras de radio allí en la selva. También me he acordado mucho de los perseguidos, aquellos que viven en países donde hay una mayoría que extiende y practica esa persecución hacia la Iglesia donde si te ven que te metes en una iglesia, te ponen una cruz y estás maldito y te juegas hasta la vida. Me he acordado mucho de ellos. 

P.- Parece casi imposible llevar la Eucaristía al Amazonas.
– Así es. Es imposible que una persona sola pueda atender a esa población tan enorme y además en mitad de la selva que te tienes que desplazar en cayuco o esa rareza de hacerlo en todoterreno. Recuerdo a Juan de Jesús Báez, un misionero malagueño que estaba en Venezuela y ya está de vuelta aquí en Málaga y me viene a la mente la ilusión con la que contaba las celebraciones de las Eucaristías desde un pequeño estudio de radio con su cáliz y patena frente al micrófono ante una audiencia para una extensión de territorio casi como media Andalucía. Qué bien le hacían que llegara la misa por radio.

P.- Ahora que solo es posible escuchar misa por radio o TV, se vive lo que contaba el Hermano Báez.
– Me he acordado mucho de ello porque pienso que cuánto echo de menos ahora celebrar la Eucaristía. Hemos sido muy necios cuando nos hemos quejado de qué larga la misa, o este cura qué pesado es… Y ahora echo de menos celebrarla; y todos esos detalles pasan inadvertidos. Por eso qué importante es usar los medios de comunicación para llegar, aunque nunca los medios van a sustituir el contacto personal pues recordemos que los Cristianos somos antes que nada una comunidad, pero en persona.

P.- ¿Crees que esta crisis sanitaria está dejando una mayor tolerancia al cristianismo en nuestro país?
– Sí. Cuando nos quitan todo lo que nos han quitado de poder salir, de hacer una excursión, de poder encontrarnos con amigos, uno se encuentra ante la pregunta de “yo para qué vivo, para qué sirvo”. Este tiempo de confinamiento nos va a servir para volver a encontrar nuestras raíces, para plantear el sentido de la vida y de este mundo. Hay mucha gente que está volviendo a recuperar ese contacto con Dios.

P.- ¿Qué lo hace posible?
– El miedo, la incertidumbre, la soledad…, son momentos en los que uno se agarra a lo que siente y todos tenemos en el corazón escrito el Nombre de Dios. Por eso en el fondo cuando uno tiene una dificultad, un problema, un riesgo o piensa que le puede pasar algo malo, hasta el más ateo instintivamente se dice “señor, quien seas, ayúdame”. Hay un sentimiento natural que lo tenemos y que nos hace ir hacia Dios.

P.- ¿Cómo has notado tú este cambio?
– Lo noto incluso en el lenguaje de la calle: que Dios te bendiga, vaya usted con Dios. Esas expresiones estaban un poco perdidas y hoy se han vuelto a recuperar. Incluso también en las audiencias televisivas (de la misa, en las retransmisiones religiosas, de oraciones) que han presentado cifras máximas. Además la ayuda material que está dando la Iglesia Católica está haciendo que muchos también reconozcan cuánto hace para los más necesitados; acogiendo a personas sin hogar, atender a los enfermos, reconvertir un edificio de la diócesis en hospital, etc. Miles y miles de iniciativas que se están conociendo y valorando.

P.- ¿Y esto llega también a quien no pertenece a la Iglesia?
– Por supuesto. Fíjate, yo estaba tuiteando sobre la oración del Papa del viernes 27 de marzo, y hubo varios tuiteros, pues los típicos “el Papa menos rezar y más ayudar” y les digo: “Es que lo está haciendo”. Y les puse enlaces a noticias en las que se habla de todo lo que está haciendo la Iglesia con los más necesitados en este tiempo; y tuve una experiencia magnífica: luego todos decían “vaya, pues yo no lo sabía” o “Mira, yo soy ateo pero me quito el sombrero ante la gente que ayuda y ole por la Iglesia”. Es entonces una oportunidad para que la gente se de cuenta.

P.- ¿Por qué la Iglesia es tan criticada?
– Muchos de los que critican a la Iglesia es por falta de información, o de información correcta y veraz. Por eso es importante la labor del periodista, para que se sepa bien la labor que hace la Iglesia y como está al servicio de la sociedad.

Antonio Moreno: Los Hilos de la Bondad

P.-  Muchos periodistas se enfrentan, ahora más que nunca, a contar trágicos sucesos, daño moral, destrucción. ¿Qué se te pasa por la cabeza cuando ves así a tus compañeros?
– Lo primero que pienso es la precariedad laboral que hay. Muchas veces el periodista no es libre para hacer un trabajo en condiciones; y para sobrevivir tiene que recurrir a la prensa amarillista, la crónica negra, contar cosas tremendas. La naturaleza humana es así, nos gusta ese tipo de información y muchos periodistas no tienen más remedio. Yo jamás podré criticar al periodista que hace eso.

P.- ¿Y al medio de comunicación?
– El medio de comunicación es un servicio público, aunque sean empresas privadas, deben cumplir con ello. Y sí es criticable que un medio de comunicación haga negocio con lo peor de la condición humana. 

P.- ¿Te duele verlo?
– Sí, muchísimo. Los medios de comunicación tienen un componente educativo y una responsabilidad social con las nuevas generaciones que vemos que no están haciendo nada bien. Están transmitiendo un tipo de sociedad que no es la sociedad a la que nuestros hijos y nuestros jóvenes tendrían que aspirar. Ellos deben tener como referencia algo mejor. Por eso critico a los medios de comunicación.

P.- Tú trabajas para la Diócesis de Málaga. ¿Cómo es la labor del periodista ahí?
– Yo tengo la suerte de trabajar para una institución, no en un medio. Contamos las noticias que hace la Iglesia de Málaga por los demás. Soy un privilegiado porque sí que tengo esa libertad de contar noticias llenas de ilusión, de esperanza y de alegría.

P.- ¿Nos falta conocer más buenas noticias?
– Acabo de leer a Gustavo Entrala (un gurú de la comunicación cuya empresa fue la que desarrollo la cuenta de Twitter del Papa Benedicto XVI, el primer Papa tuitero) y decía eso, que la mejor idea para una empresa ahora sería un medio de comunicación que se llamara La Otra Curva y que contara cada día una buena noticia: La solidaridad de la gente, de los trabajadores de sanidad, de seguridad. Él lo proponía como idea de negocio. Pero yo creo que efectivamente deberíamos hacer todos un esfuerzo y contar cosas buenas.

P.- ¿Y dejar de contar lo que está pasando, la tragedia que supone el coronavirus?
– No, contar cosas buenas no significa dejar de ser rigurosos y no contar las cifras y todo lo que sucede; pero el ser humano es eso: es un ser humano. No somos robots, no somos piedras. El sentimiento de las personas, en momentos críticos como estos, los periodistas tenemos esa obligación de animar a la gente, no con vanas esperanzas tipo “Vamos a salir de esta”; no. Va a ser duro, y todavía lo que nos queda. 

P.- Se trata más bien de dar aliento. ¿Cuesta eso trabajo?
– Sí, se trata de hacer un esfuerzo por buscar las cosas buenas, sacar los sentimientos buenos de las personas, eso es lo que llama a los jóvenes. Todos cuando hemos sido jóvenes hemos querido imitar a los héroes de la televisión: superman, los vaqueros… Hoy en día nuestros super héroes son estos hombres y mujeres que están dando su vida por los demás. 

P.- ¿Qué deseos tienes para ellos después de esto?
– Que de aquí salga una generación de jóvenes solidarios que piensen en los demás, en hacer más por lo demás que estar pendientes de sí mismos, de sus musculitos; y que se fijen en los verdaderos héroes. Yo creo que los periodistas debemos contar historias de héroes para que los jóvenes se animen a imitarlos.

P.- Me gusta mucho esa frase que dijo una vez el Papa Francisco de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque creciendo. ¿Crees que la crisis del coronavirus está dejando ver los bosques de este mundo?
– Sí, eso es una cosa buena. Yo creo que de todo esto que estamos viviendo vamos a sacar muchas enseñanzas positivas. Es verdad que tantas veces lo negativo copa todas las portadas que estamos teniendo ahora la oportunidad de asistir a hechos heroicos y situaciones donde somos mejores.

Antonio Moreno: Los Hilos del Amor

P.- Eres el primero en publicar un libro de Hilos de Twitter, “La Caja de los Hilos”, gracias a los cuales ganas el Premio Bravo. ¿Todo esto para ti qué significa?
– Estoy muy agradecido y contento porque es un reconocimiento por parte de mis compañeros y son los que más entienden del tema. Pero paso un poco en el sentido de que no me lo planteo como mérito propio, mi único mérito es haberme puesto al servicio de lo que me venía dado. 

P.- ¿Pero sirve como refuerzo de que esto era lo correcto para ti?
– Sí, me indica que esta es una vía válida para llegar a los hombres y mujeres de hoy. Lo cual es muy agradable porque hoy uno se mete en twitter y va a pecho descubierto porque los palos pueden venirte por cualquier lado, porque eso lo pensé también cuando publiqué el primer hilo a ver si se iban a ofender desde la propia Iglesia. Y esto es un respaldo de que lo estoy haciendo bien y este es el camino, efectivamente.

P.-  ¿Cómo surge publicar los hilos en un libro?
– Se me ocurre lo del libro porque a cuento del premio entiendo que eso que yo he escrito tiene un valor. Así que recopilé cuántos hilos había escrito. Fui a mi web donde también los publico para aquellos que no tengan Twitter, y  tenía bastante. Pasarlo a papel fue también por petición popular, para esas personas que no tienen acceso a internet o para aquellos que lo quieren conservar. 

P.- Veo la portada y es especialmente bonita. ¿Sabemos tejer nuestra vida con amor?
– Eso sería lo bueno, pero se nos mete muchas veces el hilo malo. El diseño de la ilustradora, Pati Gómez, es magnífico. En 24 horas tenía ya el dibujo. Vemos a María tejiendo con los hilos que Jesús le va dando. El hilo bueno, el hilo del amor que es Jesús deberíamos meterlo más en nuestra vida para que tenga más sabor a Jesús. Eso es la Santidad, coger el hilo del amor y que todo lo que hagamos en nuestra vida tenga esa puntada, ese trocito de evangelio.

P.- Defiendes que las redes sociales es la mejor manera de evangelizar. ¿Eso está al alcance de todos? Es decir, ¿cómo puede el “cristiano raso” hacer esto?
– El Papa Francisco recuerda mucho una frase de San Francisco de Asís que dice: «Hay que evangelizar siempre en todo momento y si hiciera falta, incluso con palabras». Las palabras y comerle el tarro a la gente no sirve. Lo que funciona es que la gente vea en tu forma de vivir que estás siendo luz. El Evangelio nos dice que tenemos que ser la luz y la sal, una pequeña bombilla que sea capaz de iluminar toda la habitación, esa pizca de sal que sea capaz de darle sabor a todo el guiso. Basta con una pequeña presencia de luz.

P.- Y eso llevado a la realidad…
– Pues ese matrimonio a los que se les ve unidos, que llevan toda su vida juntos, eso esta siendo una luz quizá para todo su bloque. O esa pareja que llevan 15 años casados, cuando hoy los matrimonios no duran más de ocho, y tú los ves que se quieren, que se aman; los escuchas pelearse pero se perdonan y los ves salir del brazo, eso es un testimonio; no hace falta hacer grandes cosas.

P.- Ahora estamos viendo mucha luz.
– Sí, con el coronavirus lo vemos. Tantas y tantas personas que salen a trabajar jugándose el tipo; o el que sale con alegría y sale contento y cuando compra el pan sonríe y da ánimos a la panadera y da ilusión al de al lado, esas personas están siendo evangelio vivo, no hace falta más. La gente ya sabe si somos o no somos cristianos, más o menos se ve.

P.- Pero, no siempre se ha sido coherente.
– Hemos sido muy escandalosos cuando hemos predicado una cosa y hemos hecho justamente la contraria; y de esta forma hemos expulsado a montones de gente de la Iglesia. Por eso hay que vivir como se piensa; siendo compasivo y misericordioso, perdonando a quien nos ha hecho algo mal. Lo más importante es el testimonio que se da con la vida.

P.- ¿Tienes la sensación de haber hecho la vida en Twitter más bonita?
– Trato de hacerlo. No es tanto lo que digas de la Virgen o Los Santos; sino cómo tratas a otro. Si tienes un lenguaje agresivo, o no respetas… Si cuando te viene alguien diciendo una barbaridad y t le das la cultura del zasca que tanto se lleva, pues todo lo que has hecho antes es para nada. Y yo intento que mi presencia sea como la de Jesús, de diálogo, de respeto. Recordemos que Jesús a quien regañaba era a los fariseos, a los que más sabían. Y a los romanos, a la samaritana, los trataba con mucho respeto, abriéndose al diálogo.

Antonio Moreno: Los Hilos de la Palabra

P.- ¿Hasta qué punto es importante el diálogo?
– Los cristianos debemos abrirnos al diálogo porque solo así llegaremos a la verdad. La verdad no la tenemos ni tú ni yo, nos trasciende. La verdad la tenemos que encontrar entre todos porque la verdad es Jesucristo. Si yo me creo en posesión de la verdad ya le estoy quitando a Cristo su Gloria. Por eso es muy importante ser humilde y abrirse al otro; en el otro reconocemos la verdad. Eso lo dice la Iglesia, el Concilio Vaticano II, que debemos abrirnos al diálogo para aprender todo lo que el mundo de hoy nos tiene que enseñar.

P.- ¿Reconciliarnos con nosotros y reconciliarse con los demás?
– Este mundo de verdad necesita gestos de compasión y de solidaridad. Vivimos en un mundo ultra egoísta donde cada uno pensamos en nosotros, en el bienestar propio, que no me molesten y esto no es así. Hay mucha gente que lo está pasando muy mal. Este tiempo de coronavirus nos va a servir para darnos cuenta de lo privilegiado que hemos sido durante mucho tiempo y cómo muchas veces hemos estado siendo muy egoístas. Debemos pedir más perdón porque hemos sido y somos muy egoístas. Con las personas y con la naturaleza.

P.- ¿Estás muy sensibilizado con el medioambiente?
– Ahora sí, y fíjate que yo antes me reía de todo eso; pero no. El Papa ha sido una voz profética porque decía “si no respetas la naturaleza ésta se puede volver contra nosotros” y mira, ahora se ha rebelado con el coronavirus. Nosotros que nos creíamos los dueños del planeta y de pronto llega un bichito de 200 nanómetros y nos tiene así.

P.- Una cuaresma en cuarentena. ¿Con qué te quedas?
– Te planteas muchas cosas y sabemos que no la vamos a olvidar nunca.  Te quedas con aquello que nos dijeron el miércoles de ceniza: polvo eres y en polvo te convertirás, el ayuno como nunca antes lo habíamos entendido. Pasar dificultades… Y me quedo con lo que nos recomendó nuestro Obispo: Dios es lo importante; todo esto nos debe llevar a poner nuestro centro en Dios, solo Dios basta. 

P.- ¿Cómo se toma el café Antonio Moreno?
– Siempre he sido muy cafetero, pero me provocaba pulsaciones muy altas y problemas de estómago. Me recomendaron descafeinado, cosa que yo decía que en la vida, y ya estoy acostumbrado. Café descafeinado y con sacarina líquida.

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