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Jorge González: “ Hay que pensar que nos quedarán muchos veranos más para divertirnos”

Hemos sido testigos de un tiempo en el que han cambiado de forma radical nuestra forma de vivir y trabajar. Por eso he creído que sería bonito despedir esta primera temporada de #UnCaféConPorras con Jorge González, director del Hotel AC Málaga Palacio. Una persona a la que admiro por su entrega, el cuidado que da a los detalles y pertenecer a uno de los sectores que más aporta al PIB español y que, al mismo tiempo, más ha sido castigado por la Covid19.

Desde que lo conozco siempre he visto en él a un hombre atento, amable, trabajador, responsable y buena persona. Gracias Jorge González por abrir las puertas de la que ha sido tu casa en los últimos 110 días. Como siempre, haces que cualquiera se sienta tan cómodo allí como en la propia morada. 

Jorge González: Confinado en el Hotel

P.- ¿Por qué te quedaste aquí durante el confinamiento?
– Yo tengo mi casa en Los Álamos, es un sitio que también hubiera sido una zona de confinamiento estupenda porque allí hay mucho espacio y poca gente; se está muy tranquilo, pero me quedé aquí porque tenía tanta pena y tanta tristeza, era como una necesidad de no dejar solo al Hotel.

P.- ¿Nunca había estado así, no?
– No y puede parecer una tontería. Ha habido más o menos gente pero siempre ha tenido actividad y yo mismo decía “¿Cómo te voy a dejar?”. Ha sido esa fijación con el edificio. Además, yo esperaba que esto en algún momento terminara, no tanto despertarme un día por la mañana y ver que todo ha sido un sueño; no. Pero jamás pensé que esto iba a ser una prórroga tras otra.

P.- ¿Has tenido el síndrome de la cabaña, que le llaman?
– Durante el confinamiento sí que lo he tenido; me he hecho un poco ermitaño. Yo no quería salir para nada. No he ido a la compra; cuando permitieron salir a pasear no lo hice; y tardé un mes y pico en ver a alguien, excepto al Jefe de Mantenimiento del Hotel y alguna que otra persona, a nadie. A final de abril cuando hubo una explosión y la gente se echó a la calle, a mí me entró agobio. Yo veía pasar a las personas por la puerta del Hotel y no tenía ninguna gana ir fuera.

P.- ¿No has salido ni una sola vez en más de dos meses?
– Solo salí un día, además muy temprano por la mañana, para hacerme la prueba en un laboratorio que hay junto al Mercado de Atarazanas. Y mira que me gusta a mí pararme en el Mercado a comprar fruta, pues me vine disparado de vuelta al Hotel. Siempre con doble mascarilla y muy protegido. Me ha dado mucho respeto hasta que al final del confinamiento ya sí empecé a salir.

P.- ¿Cómo te adaptas a esta nueva realidad?
–  Más o menos encajas tu vida pero es complicado. Al final, cuando te planteas abrir el negocio porque esto tiene que ir para adelante, no te queda otra que enfrentarte a lo que es la realidad y convivir con ello. Y sobre todo pensar en la economía, en el país y en todas las personas que están en ERTE. Creo que es cuando piensas esto, cuando se acaba con el síndrome de la cabaña. Una vez que pasa el tiempo, quien diga que la cabeza le sigue funcionando igual yo creo que no es totalmente sincero consigo mismo.

P.- ¿Te ha costado mucho sentarte en un restaurante?
– Muchísimo. La primera vez fue hace 15 días que una amiga y un amigo querían almorzar conmigo y yo no me podía negar. He salido muy poco, he ido a misa, pero todo muy controlado.  

Jorge González: El tañir de las campanas

P.- ¿Dónde han estado tus hermanos?
– En León y en Madrid. Y lo he vivido con mucha preocupación porque han estado muy expuestos con trabajos esenciales, de hecho dos de mis hermanos se han contagiado. Y claro, yo aquí solo, en este contexto; que ha habido incluso quien me ha dicho “Anda, y todo el hotel y la terraza para ti”; sí claro, pero yo no he venido a pasar unos días; así no se disfruta, las condiciones no eran las óptimas.

P.- ¿Hasta qué punto ha sido dura la soledad?
– Muy dura. Emocionalmente complicada. Hay menos actividad, porque aunque estés siempre conectado; hay menos actividad y tu cabeza piensa en más cosas. La cabeza se me iba al futuro y eso pufff, pensar a medio y largo plazo. Y yo tengo una responsabilidad, de mí dependen muchas familias.

P.- Te imagino aquí sentado, solo, en medio del silencio y de pronto las campanas de la Catedral.
– Ha sido muy impactante y muy duro. Ese silencio que como tú dices, ensordece, pero sobre todo entristece. Porque no es un silencio escogido, sino obligado. Y ha sido muy triste.

P.- ¿Cuándo oyes tú sonar las campanas de esta crisis?
– Nosotros estuvimos en Madrid en febrero en un reunión de Comité y mi compañero, el director general de Italia, Iñaki Espinosa, vino a la reunión y nos contó que allí en Milán estaban sufriendo esta situación. Y él nos decía, como síntomas de lo que podía pasar de un día para otro, que las reservas se te caen, y la gente deja de salir. Claro, Italia no es China, es un país vecino. 

P.- Pero aún así podía parecer todo muy lejano. ¿Qué te pone en alerta?
– Para mi el principio del fin lo marcó la suspensión del Festival de Cine. Eran las 3 de la tarde de aquel martes 10 de marzo cuando lo vi en prensa; me dirigí al personal y les dije: “Señores, hay que hacer las maletas porque esto ya es cuestión de tiempo”.

P.- ¿Cómo hicisteis con los huéspedes?
– Nos preparamos para que no vinieran más, que no entrara ninguna persona. Cerramos la terraza. A los clientes que estaban ya hospedados les recomendamos que debían salir lo antes posible por la previsión de cierre de fronteras. Fue todo muy rápido.

P.- El siguiente gran anuncio de cancelación fue el de las procesiones de Semana Santa.
– Sí, la anulación de la Semana Santa ha sido algo muy doloroso. No solo y tanto por el negocio, que también, sino por todo el componente sentimental. 

Jorge González: Nuestros mayores

P.- En aquellos momentos, ¿qué se te pasaba por la cabeza?
– Yo solo me acordaba de mi madre que tiene 85 años y estaba sola en León. Las personas mayores eran las más vulnerables, y además ella acaba de estar en Málaga. Ya era el miedo de si estaba contagiada y el miedo de que iba a tener que estar sola. 

P.- La soledad obligada.
-Sí, ya sabemos lo terrible que es. Por mucho que hayan vivido una guerra, esto ha sido tremendo. Sin que puedan salir, sin que nadie entre; poniéndole una bolsa con comida en la puerta y diciéndole que tiene que desinfectar los productos. Eso una persona mayor no lo puede asimilar, si casi no lo entendemos nosotros…

P.- ¿Hasta qué punto te ha impactado esta crisis?
– Te d
iría que ha sido una bomba emocional en muchos sentidos. Hay mucha gente que se ha ido. En mi caso hay alguien que se ha ido y no te has podido despedir y que a día de hoy no has podido cerrar ese círculo, es muy duro. Y no solo por la perdida, todos tenemos personas con cierta edad en nuestras familias que también te preocupa.

P.- ¿Cómo lo percibías con ella?
– Cuando hablas por teléfono tú notas que hay días que la cabeza está bien pero hay muchos otros en los que no lo está. Y si hablamos del deterioro físico y de lo que teníamos cerca, también ha sido terrible. Si tú tienes que ingresar a una persona de tu círculo cercano, lo dejas en Urgencias, como ha pasado en Madrid, y no solo no lo ves más sino que además no sabes donde está, pues claro, son situaciones emocionales tan fuertes que no se van a recuperar nunca.

P.- ¿En este caso el tiempo no cura las heridas?
– Yo creo que a medida que pasa el tiempo va a ser peor porque ahora vemos las calles con actividad pero no a lo que estábamos acostumbrados. Vemos a gente con miedo, gente con mascarilla, gente también que no lo respeta y no la lleva; pero en el ambiente hay temor a que nos vuelvan a confinar. Ahora nos damos cuenta de la situación de verdad, de lo mal que se ha pasado en los centros de salud, en las urgencias, en las residencias. Está bien evitar el sufrimiento a la gente, pero no a base de ocultar la realidad.

Jorge González: Los tiempos y las heridas

P.- ¿Te creíste lo de que solo serían 15 días?
– Al principio yo tenía claro que esto no iba de dos semanas. En la compañía hacíamos nuestras cábalas y sabíamos que esto iba a durar todo abril pero que en mayo ya retomaríamos actividad, y mira. Abrimos el 1 de julio con 20 trabajadores de 129 que tenemos fijos en plantilla.

P.- Recuerdo que en mayo se anunció que se podía abrir pero sin estar en las zonas comunes.
– Esto ha sido una sucesión de despropósitos. Estamos ante algo desconocido; vale, te lo compro. Pero la lógica tiene que imperar, y la única lógica hasta ahora ha sido que le han dicho a las Comunidades Autónomas “ahí lo tenéis”. Claro, tu abres sin zonas comunes, sin poderte desplazar por el territorio libremente, solo movimientos locales…

P.- ¿Cómo te tomabas todo esto?
– Era una tomadura de pelo. ¿Qué se pretendía, que alguien de Torremolinos quisiera venir a dormir a Málaga? Bueno, puede ser. Pero, ¿alguien se había puesto a pensar, de los responsables políticos que tenemos, de nuestro sector, de los de Turismo, alguien se había parado a pensar sobre lo que es una infraestructura de personal y de servicios en un hotel? Esto no es abro la puerta y entra un cliente bien, entran dos, también. Esto no va así. Tú tienes que tener siempre un mínimo de personas. 

P.- Las famosas fases.
– Eso era como un chiste. Primero solo movimiento local, y después ese movimiento entre comunidades, con las fases: tú pasas, tú no pasas. Eso lo único que nos ha provocado es ansiedad, ahora estoy en la fase dos, ¿qué se puede hacer?, ¿y si volvemos a pasar a la uno? Yo me pregunto cómo las personas hemos sido capaces de afrontar y vivir en esta situación.

P.- ¿Qué hubiera sido lo lógico? 
– Por ejemplo decretar un número de establecimientos determinados para viajes profesionales o gente que viene a trabajar por pertenecer a servicios básicos y con unas instalaciones concretas y una ubicación, nosotros por ejemplo tuvimos así el AC by Marriot de Valladolid.

Jorge González: La gestión de la crisis

P.- ¿Por qué dices que se ha ocultado la realidad?
– Todo esto se ha basado en un aplauso diario, en sacar a sanitarios bailando y en evitar la realidad que estábamos viviendo. Hay un número de personas, todavía no se han puesto de acuerdo para determinarlo,  que se han ido; y lo han hecho a consecuencia de esta situación. El otro día leía un post de una persona amiga que decía “Si nos vuelven a confinar no le eches la culpa al gobierno porque el responsable eres tú”. Pues no.

P.- ¿Cómo que no?
– Que se haga cumplir la ley. Ha habido un decreto de que la mascarilla es obligatoria, y conozco mucha gente que no se la pone y dice que no se la va a poner. Pues todavía no conozco a nadie a quien hayan multado por no llevarla. Nos han vuelto locos. Que si la mascarilla no era necesaria, después que si se manipulaba mal contagiaba… Ha habido demasiada información e información errónea y contradictoria.

Jorge González: Aprender de los errores

P.- Hay quien compara esta crisis con la pandemia de la Gripe Española cuya gran ola fue en el segundo rebrote. 
– Sí que es verdad que hay muchas coincidencias con la Gripe Española pero son dos épocas diferentes; se supone que ahora estamos mas preparados social y sanitariamente para hacer frente a esto. Yo quiero pensar que si hay un rebrote no lleguemos al pico más alto en esa segunda ola.

P.- ¿Estamos concienciados o preparados?
– Creo que todavía queda, sobre todo la población más joven. Los 18 años de ahora son los 14 de hace dos décadas. Está muy bien manifestarse y reivindicar; pero yo que puedo contagiar a mis mayores, a mi gente, no me voy con 300 personas a un botellón ni a una moraga a la playa.

P.- Pero ahora dile a uno con 18 años lo que tiene que hacer…
– Miguel Ángel Revilla va echándole la bronca a la gente que va sin mascarilla por la calle. Pero a los jóvenes por una copa le da igual que pueda contagiar a su padre o a su abuela. Afortunadamente no son todos.

Jorge González: Conspiranoia

P.- ¿Qué es lo más curioso que has oído acerca de este virus?
– Leía una pintada en la pared que decía “Covid19 la Conspiración de la ONU”. Y yo me reía con eso y con todas esas teorías conspiranoicas. Igual que me he reído con las profecías de Nostradamus. ¿Cómo no me voy a reír?

P.- Todavia seguimos sin saber de donde salió esto.
-Sí que es verdad que todavía no tenemos una teoría cierta, pero lo que tenemos que tener en cuenta es que en el siglo XXI se manipula mucho genéticamente en laboratorios, y que se ha podido complicar lo que sea y no se haya sabido controlar y que la población tampoco estaba preparada, pero de ahí a decir que el virus no existe…

P.- Han sido muchos fallecidos para decir que no existe la Covid19.
– Yo no solo hablo de las víctimas que han fallecido, también de las personas que han estado enfermas; y todas ellas tienen nombre y apellidos. Hace unos días me decía una persona que ella no se iba a poner mascarilla porque todo era mentira y que ella no conocía a nadie que se hubiera puesto malo. Pues no señor, que no los conozcan no significan que los más de 40.000 fallecidos y los contagiados no existan.

P.- Contar la realidad aunque duela.
–  Claro. Por eso es tan importante la concienciación social y explicar y conocer bien cómo deben ser nuestros movimientos. Tenemos que tener claro que durante un verano o un año nos tenemos que divertir menos o mover menos, pues qué le vamos a hacer. Hay que pensar que nos quedarán muchos veranos más para divertirnos.

Jorge González: Turismo Nacional

P.- ¿Qué fue lo que más te chocó en la gestión que afectaba al turismo?
– Yo solo pensaba en ese “este año no vamos a tener turismo internacional pero lo vamos a tener nacional” y, madre mía. Es que hemos pasado de un confinamiento en el que no se podía hacer nada al “Venga, vete, viaja”. Vale, sí, pero con responsabilidad.

P.- ¿Crees que se ha podido dar un mensaje contradictorio?
– Es complejo. Fíjate que lo digo yo que me dedico a esto, hay que ser más cautelosos. Hay muchísimos españoles que están en un ERTE, ¿cómo le vamos a pedir a estas personas que viajen si no saben cuál va a ser su futuro? En un ERTE tienes que estar preparado para cuando tu empresa te necesite, no son vacaciones.

P.- ¿Cómo se puede fomentar entre gente que no sabe si su empresa cierra o no o si le llaman para trabajar que se vaya de viaje?
– Eso mismo me pregunto yo. Y a esto se suma lo que contaba Jorge Cadaval el otro día del AVE.  Te hacen pasar miles de controles para acceder al tren y después en el vagón uno sentado pegado al otro. No se entienden tantas cosas… Hay miedo a viajar.

P.- Y si a eso se le suma la incertidumbre laboral.
– Ocho veces se han levantado de la mesa patronal y agentes sociales sin llegar a acuerdo. Hasta este sábado no sabíamos si el día uno de julio teníamos que reincorporar a todo el personal o no. Todo esto requiere de un gran pacto en el que nuestros políticos estén a la altura. Aquí pedimos esfuerzo económico a la población.

P.- ¿Se ha dicho claramente lo que es un ERTE?
– No del todo. Estar en un ERTE no es que estés cobrando el 70 por ciento de tu sueldo, no es así. Resulta que en tu sueldo tienes una serie de complementos que con el ERTE no los tienes, además de lo que se ha tardado en cobrar. Nosotros adelantamos una nómina a toda la plantilla para que nuestros trabajadores tuvieran liquidez; y hoy hemos pagado la extra por productividad; pero cuando estás en ERTE tampoco produces, no generas esa parte de la extra. Es un sacrificio muy grande.

Jorge González: Sacrificio y Empresa

P.- ¿A quién hay que tocarle el sueldo?
– Por supuesto que a los sanitarios hay que subirles el sueldo lo que haga falta y a todos aquellos que han estado en primera línea.  Pero el sacrificio se nos pide y lo hacemos los de siempre, los que trabajamos en la empresa privada.

P.- ¿Hay intocables en nuestro país?
– Por supuesto que sí. El otro día que estuve con representantes del sector turismo yo les decía que ellos para cuándo, los funcionarios. ¿En qué han estado trabajando? Muchos decían teletrabajar a mirar una hora el correo, no digo que todo sea así; pero gran parte de la actividad del funcionario ha estado parada.

P.- ¿Qué ha sido lo peor?
– Lo que es un insulto es que en medio de todo esto un ministro te anuncie una subida salarial. Es verdad que el fin de semana los negocios de restauración se ve con cierto ambiente porque además la gente quiere salir; pero ahora hay solo un 40% de locales abiertos, ¿cómo estará cuando todo abra? Y en hoteles la realidad es que los políticos toman datos de los establecimientos de menos de 50 habitaciones y por eso dicen que la ocupación está en el 75%. En Málaga hay un 24% de ocupación en julio; y un 40% en agosto; esa sí es la realidad.

P.- ¿Crees que los ERTEs han sido un error?
– Yo creo que a la gente que trabaja le pagas la nómina y los seguros sociales. Y del que no trabaja se tiene que hacer cargo el Estado. Esta crisis no es porque el empresario lo haya hecho mal. El empresario no quiere hacer nada raro, solo quiere que la gente vuelva a retomar la actividad. Ahora resulta que sale más barato el que no trabaja que el que trabaja y desencadena en lo que hemos presenciado en Marbella: la primera víctima que ha sido la del Hotel Don Carlos. Si conoces la situación se podría haber evitado.

P.- ¿Cómo lo has vivido?
– Me produce pavor cuando oigo gente que dice “no, es que el del Hotel Don Carlos quería esclavizar a sus trabajadores”. Esa palabra es muy dura, yo conozco a compañeros del Hotel Don Carlos y estaban trabajando de maravilla y muy contentos. No se trata de esclavizar, son realistas con la situación que hay: nosotros quitamos a toda la plantilla, les pagamos y ya dentro de un año vemos como está la situación en el país. Pero están demonizando al empresario: “Es que los empresarios están ganando mucho dinero”, pues adelante; a usted nadie le impide montar una empresa.

P.- Sabiendo que el turismo representa un gran porcentaje del PIB, ¿qué ayudas concretas se han anunciado?
– Que yo sepa, ninguna. Dijo el presidente que iba a destinar 5.000 millones para fomentar el turismo, pero no sé en qué de forma específica. Yo lo único que tengo claro es lo que tengo reservado, lo que voy a ingresar y la gente que tengo en el ERTE, que son 109 personas, sin contar con todo el personal que se contrataban en estas fechas que eran otros 30 trabajadores.

P.- ¿Qué es lo que más te preocupa?
– Tener que incorporar a toda la plantilla sin actividad. Yo no puedo tener 15 camareros para 5 clientes. No puedo. Se ha conseguido ampliar ERTE hasta septiembre, pero eso está a la vuelta de la esquina. ¿Y qué pasa por no contar las cosas tal como son?  Yo he llamado a la gente de mi equipo y hay quien me ha dicho: “Que se incorpore otro que le haga más falta, yo ya me incorporo en septiembre”; y esto no es así. Esto lo levantamos entre todos. El primero que quiere volver soy yo.

Jorge González: Todo saldrá bien

P.- ¿Qué piensas cuando dicen que vamos a salir más reforzados de esta crisis?
– Que me lo creo a medias. No podemos salir más reforzados cuando ha habido más de 40.000 víctimas. No solo se ha quedado mucha gente por el camino, también empresas, personas que van a tener que trabajar muchísimo. Se habla de que la recuperación empezará en 2022; y después de la crisis de 2008 tan dura, y de la que salimos a flote por el turismo internacional. Recuerdo aquellas primeras navidades tristísimas, muchas tiendas cerradas. Sin embargo ahora es todo mucho más duro.

P.- ¿Qué has valorado más durante el confinamiento?
– Le he dado valor a las cosas que antes no hacía. Antes me quedaba en casa viendo la tele, pero ahora no. Por ejemplo, yo nunca le había dado importancia a la Noche de San Juan y este año sin embargo he sentido la necesidad de pasear por la playa y mojarme los pies. Una sensación de valorar y de vivir de forma más intensa. 

P.- ¿Hay algo que haces ahora que antes te costaba?
– Yo le dedico mucho tiempo al trabajo y he estado siempre muy rodeado de gente. Por eso hacer actividades acompañado me daba mucha pereza y lo evitaba. Pero ahora lo poco que estoy haciendo es con mucha alegría. He ido a Sevilla y he salido un par de veces a almorzar. Y lo he hecho con muy buena disposición. Si tuviéramos ya la vacuna o un tratamiento efectivo, te digo que en casa a dormir y poquito. Y hablando de dormir, ahora mucho mejor. Llevo varios años durmiendo regular y, aunque sigo necesitando medicación, mi cabeza ya resetea. Estoy más tranquilo y eso también se me nota en la expresión.

P.- ¿Has practicado mucho deporte estando confinado?
– Nada, yo hacía más deporte cuando trabajaba que estando encerrado. De hecho no entendía toda esta moda de gente que se sumó a hacer deporte. Fíjate, ahora se ha calmado todo y ya están haciendo deporte los que siempre lo han practicado.

Jorge González: Cultura e Historia

P.- Lo que sí hemos demostrado también es que somos solidarios.
– Muchísimo. Yo creo que las personas y las empresas tenemos una responsabilidad y ser solidario debería ser obligatorio. Todas las personas deberían poder dedicar un poco de su tiempo libre para la solidaridad. Esto también es mucho filosofía Marriot. No solo se trata de dedicar el 2% de la compañía a causas sociales (2 millones de euros), sino que también la gente que trabajamos en la compañía dediquemos ese tiempo como voluntario. Y esto se hace también en muchas compañías, como La Caixa y su obra social.

P.- ¿Se es social siempre de la misma manera?
– Yo no he sido de grandes multitudes, pero hay muchas maneras de ser sociable. Yo acompaño y voy con personas que necesitan esa compañía. Y además soy muy local. Tenemos que ser capaces de entendernos y conocernos los propios españoles. Y para eso viajar por tu propio país es lo mejor. Igual has pasado el fin de semana en Londres pero después no conoces Cuenca, o Logroño, o Soria. Gente que no se ha montado en el AVE Madrid Málaga pero sí ha volado a Amsterdam. Tenemos un gran país con una riqueza cultural muy importante.

P.- ¿Nos lo podemos cargar por desconocerlo?
– Sí, bastante y nos podemos arrepentir por privar al futuro de una buena herencia. ¿Por qué hay gente que detesta la Semana Santa? Pues porque no la conoce. Pero es que nos queremos cargar nuestra historia y nuestra monarquía. Siempre se escoge un momento crítico para hacerlo. Es responsabilidad de los españoles evitarlo. El país no es solo fútbol, cuando no había test para los sanitarios sí había para los futbolistas. Eso no es así, pero se respeta. Pues igual con nuestras fiestas populares.

P.- Ahora que hablas de fiestas populares, también nos hemos quedado sin Feria de Málaga.
– Sí, hay que prepararse para la que viene con muchas más ganas. Si está la feria anulada, está anulada. Hay que trabajar y hacer bien los deberes para que el año que viene no se cancele. Por eso es tan importante no hacer sucedáneos de Feria porque unas Fallas, unos Sanfermines, una Feria te lo pueden quitar una vez, pero dos… Me daban mucha pena los de las atracciones porque yo tengo 10 clientes pero ellos no tienen nada. Ojalá puedan habilitar zonas repartidas, pero es importante que no montemos la Feria por nuestra cuenta y no juntemos a 200 -300 personas en un local. 

Jorge González: Amor por Málaga

P.- Llegas a Málaga hace 15 años para dirigir esta Hotel y, ¿qué piensas?
– Recuerdo que estaba super contento. Y era muy distinto a ahora. He vivido la remodelación del Paseo del Parque, los Museos, la peatonalización del entorno de la Catedral, la recuperación de la Aduana, el Teatro Romano… Son muchos cambios. Málaga va a ser como esa situación en la que se te parte una pierna y tienes que estar en recuperación un tiempo y después vuelves a tope. Pues a Málaga le va a pasar eso, que cuando esté recuperada va a ser un torpedo de ciudad. Un auténtico torpedo.

P.- Torpedorr, como diría Chiquito de la Calzada.
– (Risas) Ay, Chiquito…, si hubiera vivido esto la de chistes que habría hecho. Ahora, también te digo que de estar vivo él no habría estado confinado, con lo que le gustaba a Chiquito la calle (risas) y el centro de Málaga, que le gustaba mucho.

P.- Tenemos sentido del humor en España.
– Muchísimo. Eso nos salva. Cómo en una situación tan dramática se ha sabido sacar ese arte y ese ingenio. A veces ha podido ser desmesurado pero no cabe duda que es bueno tener sentido del humor y el español lo ha demostrado con creces.

P.- Y volviendo a lo local, dices que Málaga es un cañón de ciudad, pero os lo oigo sobre todo a los que no sois de Málaga, ¿qué nos pasa a los malaguitas?
– Bueno, el malaquita se fustiga. Yo reconozco que en momentos he podido padecerlo; pero esa turismofobia que ha manifestado el malagueño, pues mira ahora…, con esta situación muchos malagueños se van a dar cuenta del potencial que tiene su ciudad.

P.- Los malagueños que hemos vivido fuera la valoramos muchísimo.
– Sí, se nota. Los malagueños que viven o han vivido fuera están deseando volver. Cuando vives aquí pues no lo valoras. Una ciudad que no es agradable para visitar, para vivir, que no esté bien comunicada no tiene los datos que tiene Málaga, con estos índices de turismo, de población flotante y de gente que no somos de Málaga y trabajamos y vivimos aquí. Ahora toca hacer balance para valorar en positivo Málaga.

Jorge González: Yo soy de pueblo

P.- ¿Cómo recuerdas tu infancia?
– La recuerdo con vivir el día a día, sobre todo ahora este verano de “no puedo hacer esto”; recuerdo que en nuestras vacaciones se hacía lo que se podía. A veces era posible la playa y cuando no, al pueblo.

P.-  Han aumentado mucho las reservas en los pueblos.
– Sí, muchísimo. Y a mí me ha hecho mucha gracia. Me he acordado de aquellos días en los que yo iba al pueblo. Es uno muy chiquito cerca de León, en el que yo pasaba largas temporadas y que ahora tendrá 40 personas, pero en mi época había 100, había ambiente (risas). 

P.- Pero te lo pasabas bien, seguro.
– Sí, tú ibas al pueblo y la primera semana bien, ay que bonitas las vacas que pasan por el pueblo; pero ya la segunda semana estabas harto de ver animalitos.

P.- Los urbanitas tenemos una estampa  idílica de los pueblos.
– Y falsa (risas), esa imagen de que el vecino del pueblo te abre la puerta y te da un vaso de leche eso es de anuncio de televisión; porque la gente en el pueblo es muy desconfiada y tiene muy mala leche (risas). Yo siempre digo que soy muy de pueblo por eso (risas).

P.- ¿Cómo llegas a ser director de Hotel?
– Estaba en el lugar adecuado en el momento preciso. Fue un reto y me dije “si sale bien, bien; y si no, pues nada”. Vine para un rato y ya llevo más de 20 años.

P.- ¿Cómo formas parte de la empresa AC?
– Yo he estado muy vinculado siempre a la familia Catalá. He convivido con parte de los hijos de Antonio Catalá, es como mi padre. Carlos Catalá que es el Vicepresidente de la compañía, es mi hermano. Yo no he visto ni voy a ver otras opciones porque tengo esa lealtad como de familia italiana de núcleo cerrado en la que no cabe más que defender lo nuestro Ni nos vamos ni nos invitan a irnos. Mientras dure esto será mi vida. 

P.- ¿Dónde estuviste antes de llegar a Málaga?
– Empecé en La Línea, Valencia, en Asturias, en Galicia, también en León.

P.- ¿Cómo fue volver a casa?
– Ya llevaba 10 años trabajando fuera y fui a León para la apertura y me dije: “Me voy a quedar unos días en el Hotel para ver qué tal va y hasta que empiece  funcionar”, y al final pasó más de un año y realmente nunca volví a mi casa (risas). Fue super curioso y estaba a tres calles de mi casa. Era un vínculo que también me pasó en Málaga. Mi primera casa era en Calle Carreterías, y yo vivía aquí (risas). Surrealista. 

P.- A ti te gusta tu profesión.
– Muchísimo. De hecho teníamos un proyecto ahora en la Avenida de la Constitución en Sevilla. Por eso digo que a mí las Catedrales me persiguen porque tiene una terraza que es el doble que esta del AC Málaga Palacio, y con unas vistas impresionantes a la Catedral y la Giralda. La apertura iba a ser en mayo, pero bueno, lo hemos tenido que pausar.

Jorge González: La ambición de vivir

P.- ¿Qué claves darías a quien se quiera dedicar a este mundo?
– La responsabilidad. Ese es el mandatori. La realidad es que cuando todos se divierten nosotros trabajamos. Nuestra época de mayor actividad es el verano, la Navidad, la primavera, los fines de semana, la Semana Santa. Es una profesión muy bonita pero no todo el mundo está dispuesto.

P.- ¿Te has encontrado con gente que no sabía a lo que venía?
– Por desgracia, sí. Y que además demoniza al empresario. No todos pueden ser empresarios. La vida es como un juego de ajedrez y los que somos peones también tenemos protagonismo. Hay que pensar, porque es así, que en la vida hay tiempo para todo. 

P.- ¿Te has planteado esto durante el confinamiento?
– Sí, cuando ves a tanta gente que se va y además joven, he pensado en eso. Yo que he entregado mi vida al trabajo, pienso que no me he perdido nada.

P.- ¿Hay un Jorge antes y otro después del confinamiento?
– Yo creo que no, lo que pensaba antes lo pienso ahora. He respetado siempre las opiniones de la gente y a las personas, y lo voy a seguir haciendo. No he cambiado, bueno sí; después de este golpe al turismo me he dado cuenta de que hay que ahorrar, que no ahorraba nada, creo que es lo único (risas).

P.- Si hay algo que admiro de ti es que consigues estar atento a todo y a todos, ¿cómo lo haces?
– Lo intento, pero no siempre se consigue porque si no sería de estos perfectos repelentes. Tienes que agradar y hacer agradable la vida a los demás. Yo soy feliz y me encanta cuando la gente disfruta. Me gusta ver a la gente bien y feliz. Es mi parcela y la disfruto. No tengo grandes ambiciones y por eso me llenan las cosas. Mi ambición es vivir y creo es la que debiéramos tener todos.

P.- ¿Cómo se toma el café Jorge González?
– Un mitad. Y además cuando voy a Madrid lo pido así “un mitad”, y me encanta la cara que se le queda al camarero (risas). Me río mucho, porque mi jefe directo, Carlos Catalá, es muy malaquita y siempre que voy hago lo mismo; y él va detrás traduciendo. Me divierto mucho con eso.

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Vanessa Jiménez: «No hay mejor forma de llegar a las personas que siendo tú, siendo humilde.”

Hace más de un año empecé a conocer de oídas a una mujer a quien quería mirar a los ojos y comprobar que, efectivamente, tenía una gran historia que contar. Cuando la conocí las expectativas se superaron y es un orgullo para mí haber hablado sin prisa y sin pausa con una gitana como ella. Serena y franca, con una enorme verdad y muchísimos valores que espero haber podido transmitir en esta entrevista. Gracias, Vanessa Jiménez. Por muchas cosas, pero sobre todo, por luchar con tanto amor por Dosta y por hacer de nuestra Málaga una ciudad mejor. Prometo cada año alzar mis ojos por ti al menos dos veces: el 3 de junio y el 12 de julio. Sastipen Talí.

Vanessa Jiménez: La necesidad de decir ‘Dosta’

P.- ¿Cómo surge decir ‘Basta’?
– El nombre de la Asociación surge de esa necesidad real de tantísimas niñas y mujeres no tan niñas que no llegan a cursar ni a terminar ningún estudio superior ni tan si quiera obligatorio. Y ahí buscábamos un nombre gitano, que es Dosta, precisamente para eso, para concienciar a niñas de que ya basta.

P.- ¿Por qué dejáis de estudiar a los 12 años las niñas gitanas?
– Ayer precisamente estuve escuchando un debate que dieron varias plataformas gitanas que hay aquí en España compuesto por científicos e investigadores de la comunidad gitana. Son tres factores fundamentalmente: el bajo nivel educativo de los padres, los centros escolares y el entorno social. 

P.- ¿En qué medida influye el nivel educativo de los padres?
– El bajo nivel educativo de los padres afecta bastante. Cuando llegamos a la ESO los temarios se complican muchísimo. Tú llegas a casa y si no tienes dinero para acudir a centros extraescolares que puedan guiarte en esas materias en las que vas mal, dependes de tus padres que te puedan echar una mano o de tu entorno social que te pueda ayudar. El factor ese de que los padres apenas tienen ese mínimo nivel de estudios hace que los niños también se desmotiven porque lo ven todo mucho más difícil.

P. – ¿Y los centros escolares?
– Me refiero sobre todo a esos centros escolares a los que la mayoría de los colectivos gitanos pueden acudir, los colegios guetos que tienen un nivel más inferior que otros públicos o concertados.

 P. – Y el entorno social, ¿cómo afecta?
– Cuando se casa tu prima más cercana, y la otra también y la otra, pues una misma se ve como la diferente y piensa «yo no quiero ser la diferente». Todo eso son un cúmulo de situaciones y de factores que afectan y que hacen que los niños en esa edad abandonen sus estudios, no solo la edad es más complicada, también las materias más difíciles.

P.- ¿Los padres confían en que sirve de algo estudiar?
– Cada vez más. Nosotros de hecho una de las cosas buenas que nos ha traído la Covid19 ha sido darnos cuenta de lo importante que es una buena educación, unos estudios superiores que te den una salida laboral mejor. Durante todo este tiempo de confinamiento quien lo ha pasado peor es todas esas personas que dependen de trabajos precarios; y el porcentaje más alto lo vemos en la comunidad gitana.

P.- ¿Cómo se ha vivido la teleformación en el colectivo gitano?
– En este tiempo de confinamiento nos hemos encontrado con una enorme analfabetización digital en el pueblo gitano. Los que tienen herramientas necesaria no son suficientes. La mayoría de familias gitanas tenemos bastantes hijos, si yo tengo 4 pequeños en casa y solo un ordenador, yo puedo cubrir la necesidad básica pero no la suficiente para todos los miembros de la familia y si todos a las 10 de la mañana tienen clase online, cómo conecto a los niños a un ordenador. 

P.- ¿Ha sido un cuarto factor para dejar los estudios?
– Sí. Ahí hemos pegado un bajón enorme. Porque a esto le añadimos padres y madres que no entienden de informática y no saben usar zoom o skype o las diferentes formas de dar clase. Y muchísimas familias gitanas que no tienen ni tan siquiera internet, todo ello ha supuesto una brecha educativa enorme.

Vanessa Jiménez: Valores gitanos

P.- ¿Los gitanos vais siempre con gitanos?
– Hay gitanos por todas partes y aunque no nos conocemos todos, sí que somos muy unidos. A mí me gustaría destacar esto tan necesario para que la sociedad mayoritaria lo vea, esa unión, prestar ayuda. De hecho, lo que peor hemos llevado durante este tiempo ha sido precisamente eso, no poder ayudar a nuestras familias. Saber que a tu prima o a tu tía le hacía falta una bolsa de comida y no poder llevársela tú porque teníamos que estar confinados. Con Dosta hemos estado ayudando y hemos visto cómo había familias que ni si quiera sabían sacar dinero de un cajero. Todos esos problemitas que hemos ido viendo durante el confinamiento ha supuesto un dolor inmenso. Esa unión y ayuda mutua que tenemos, no ha podido estar tan presente por estas circunstancias que hemos vivido.

P.- Hablas de los valores de los gitanos de los cuales los payos debemos aprender mucho, yo te quiero destacar el valor que se le da no solo a la familia, sino a los padres. Ese respeto a los padres sobre todas las cosas. ¿Cómo mantenéis ese respeto aunque el entorno muestre lo contrario?
– Yo creo que lo llevamos en nuestro genes. Si leemos un poco atrás la historia del pueblo gitano, nosotros llevamos 500 años de sufrimiento, de ese intento de exterminio en España en la llamada Gran Redada de 1749 cuando intentaron fulminar a todos los gitanos. Y pudimos salir adelante. Y lo hicimos precisamente por todos esos valores: unión, respeto, familia, de cómo los chiquitos se resguardaban en los grandes para poder salir de aquel exterminio.

P.- ¿Has pensado en ello estos meses encerrados?
– Sí. De todo este tiempo de confinamiento yo me quedo con una frase del pueblo gitano: Sastipen Talí (Salud y Libertad). Los gitanos viejos cuando se despiden, lo dicen por haber intentado borrarnos del mapa. Nosotros no hacemos nada, no hemos hecho nada a nadie, simplemente somos gitanos. Dábamos esos valores: salud y libertad. Y creo que ahora más que nunca son tan necesarios.

P.- ¿De dónde puede venir esa creencia de que los gitanos no sabéis acatar normas, cuando esto se ve que no es así?
– Viene de esa historia que te cuento de querer acabar con nuestro pueblo. Cuando nos decían ‘Venid por aquí’ y nosotros íbamos, era para atacarnos. El gitano se ha sentido muy atacado, pero hoy ya no. Yo no me siento atacada, yo no sé lo que es el racismo. Crecí en un pueblo pequeñito, en Carcabuey, (Córdoba) con muchísimos amigos payos y payas; y he tenido la gran suerte de no sufrir ese racismo. 

P.- Pero sí sabes de gente que lo padece.
– Sí, que lo ha sufrido y que lo sufre. Personas a las que por el simple hecho de ser gitana la tachan y le dicen cosas como ‘No vas a llegar a ser nada en tu vida, por la forma de vestir te van a mirar cuando entres en un sitio te van a mirar porque seguro que vas a robar’ Eso lo he visto cómo se lo hacen a otras personas gitanas; y me duele, porque aunque yo no sufra el racismo, soy gitana.

P.- El poder de las palabras. Cómo las palabras provocan pensamientos y los pensamientos, realidades.
– Sí, totalmente. Y esos prejuicios son dolorosos. Tú eres gitana y ya sabemos donde vas a acabar. Esto también pasa en el colegio, el efecto pigmalión, con esos profesores que piensan que el alumno gitano, por el hecho de serlo, ya no va a llegar lejos en los estudios e inconscientemente le presta menos atención de la que se debiera y se le ofrece menos herramientas de las que disponemos. Eso sigue pasando en niños y en grandes.

P.- ¿Os habéis tenido que imponer para que no se os pisotee?
– Exactamente. Ha sido ese movimiento y ese cambio lo que ha propiciado mucho de lo que somos.

P.- Desde que naces y hasta ahora, ¿cómo has visto evolucionar el papel de la mujer gitana?
– Muchísimo. Cuando era pequeña recuerdo a mi hermano que era el que estudiaba, y recuerdo también cómo mi hermana mayor tuvo que abandonar los estudios para poder encargarse de nosotras. Él sí pudo estudiar, independizarse y venirse aquí a Málaga a cursar su carrera de ingeniero. Mi hermana dejó los estudios como muchas mujeres gitanas que tienen ahora 40 años y de ahí para arriba. Ahora miramos y vemos cómo son muchísimas las mujeres gitanas que sí han conseguido un cambio. Y si no lo pueden conseguir con 18 años, mírame a mí; lo hice con 30. Vemos que hay salida.

P.- ¿Por qué os mudasteis a Mallorca?
– Por trabajo. Mis padres eran vendedores ambulantes, después él se dedicó a la construcción en Mallorca y mi madre limpiando platos en un restaurante chino. Fuimos allí sobre todo para costear la carrera de mi hermano. Mis padres tenían muy claro que su hijo estudiara. Y ellos buscaban cómo conseguir ese dinero para que él no dejara la carrera. Nos mudamos a Mallorca y a raíz de ahí abandoné los estudios.

P.- Esto suele ser habitual en los gitanos, ¿no?
– Sí, eso es otra cosa que también les pasa a gran parte de la infancia gitana. Si los padres dependen de un trabajo tienen que ir para un lado o para otro. Yo ayudaba a mis padres con el mercadillo, desde pequeñita ya estaba trabajando. Teníamos una finca de aceitunas y también les echaba una mano. Cuando fui más grande mis padres me ayudaron y montamos una zapatería en la Avenida La Luz. Me casé muy jovencita, y fui madre. A los 25 otra vez madre, y a los 30 vino mi tercer hijo, año en el que decidí darle un cambio a mi vida y empecé a estudiar.

Vanessa Jiménez: El cáncer como trampolín

P.- Dices que un evento traumático a tus 30 años te dio el empuje necesario para cambiar. ¿Qué fue?
– Fue una etapa mala. Me detectaron un cáncer de colon y ahí pensé que eso no podía haber llegado a mi vida para dejarme en el mismo sitio. Lo usé como un trampolín. Tuve la suerte de que gracias a Dios me operaron y no tuvieron que darme tratamiento. Fue un trago amargo, porque todos sabemos un cáncer los problemas psicológicos que pueden acarrear, y también físicos pero tuve la suerte de que no me dieran quimio ni radioterapia y lo usé para lanzarme a aquellas metas que desde pequeñita me quise marcar pero que por circunstancias no había podido llevar a cabo.

P.- Una mujer joven y sana que no pertenece a población de riesgo de cáncer de colón. ¿Cómo te das cuenta que tienes cáncer?
– Yo estaba embarazada del pequeño cuando empecé a sentirme mal. Pero me decían durante el embarazo que era cólico nefrítico. No fue hasta que di a luz cuando empecé a perder bastante peso y sentirme peor. Acudí a urgencias pero como bien has dicho, yo no era población de riesgo, yo soy ese uno por ciento de los casos. No me prestaron la atención que deberían haberme dado.

P.- ¿Y qué hiciste?
– Nos fuimos al privado y ya allí me hicieron las pruebas. Se lo comunicaron a mi madre y a mi marido, pero a mí no me dijeron nada. Mi madre siempre me decía que si por ella hubiera sido, yo salgo de la operación sin enterarme de que tengo cáncer, “de esa palabrita” como dice ella. 

P.- ¿Lloraste?
– Lloré un día. Al segundo, me levanté. 

P. ¿Quién te operó?
– El Dr. Santiago Mera Velasco. Un hombre encantador, me llevo muy bien con él y con su sobrina, Alejandra, que es mi amiga. ¿Qué te puedo decir de él si es lo mejor?

P.- Sería como volver a nacer, y además con tu hijo tan pequeño…
– Yo fui a operarme y me dejé a mi hijo en casa con un añito. Solo le pedía a Dios volver a mi casa. Volver por ellos, porque cuando eres madre de tres hijos y te ves en esa situación lo único que quieres es tener salud por ellos.

P.- ¿Hasta qué punto es importante la Fe para ti?
– Muchísimo. Yo siempre que hablo de mi enfermedad siempre digo que primero le agradezco a Dios y después a Santiago (risas), él ya sabe que yo digo esto. Sinceramente lo digo. Sin Dios yo no estaría donde estoy hoy. Me ha dado bastantes señales de lo grande que es y de lo que me quiere. Yo digo que Dios me quiere porque fue todo muy deprisa para bien.

P.- ¿Cómo de rápido?
– Un mes, siempre digo que para mí mayo es un mes malísimo. Me diagnostican un 2 de mayo y el 16 de ese mes empezamos con las pruebas. El Dr. Franquelo, quien me estaba viendo, me dice que el cáncer en cuestión de pocos meses podía haber hecho metástasis. A la semana siguiente conozco al Dr. Santiago Mera Velasco y el 3 de junio me operan.

P.- Acabas de cumplir 4 años desde que te operaste.
– Sí, y gracias a Dios está todo perfecto. No me han tenido que hacer ni si quiera un TAC. Ya a esperar al año que viene que se cumplen 5 años y comprobar si estoy limpia del todo. Hacer borrón y cuenta nueva pero sin olvidar nunca. 

P.- ¿Cómo era tu vida hasta que te diagnostican el cáncer de colon, tenías mucho estrés?
– Mi vida era una vida normal y sana. Nunca he sido de comer grasas y practicaba deporte. Y estrés, no mucho; el que te puede causar ser madre de tres hijos. Yo trabajaba en el mercadillo hasta un año antes de quedarme embarazada; y mi marido, que es ingeniero, trabajaba en el PTA. La alimentación y el estrés influyen, claro; pero existen casos que se salen de esa línea y que también hay que mirar. Si tu vas al hospital mal, aunque no seas población de riesgo, esas pruebas te las tienen que hacer.

P.- Me hablas de educación y sanidad, pilares de cualquier estado del bienestar. ¿Dónde crees que estaría la clave para fortalecerlas?
– En la detección temprana y la prevención. Por ejemplo, en sanidad el cribado en el cáncer de colon es a partir de los 50 años. Yo iba sangrando, con muchos dolores y perdida de peso; pero me descartaron sin pruebas. Y en Educación nos queda mucho por hacer. Lo más importante es que no recorten más; y desmontar los prejuicios de la sociedad con el colectivo gitano.

Vanessa Jiménez: Racismo

P.- Recuerdo un tiempo en el que se cambió el discurso y se hablaba de los gitanos destacando sus logros, su integración. ¿Crees que sigue siendo así?
– Nosotros empezamos a tener referentes gitanos desde hace relativamente poco tiempo, 50 ó 60 años, 80 años como mucho, no más. Como el primer eurodiputado gitano, Juan de Dios Ramírez. Sin embargo a raíz de esta crisis del coronavirus si se está percibiendo que se está destacando un sentimiento hacia los gitanos que como hace años que no veíamos: el racismo.

P.- A este respecto vi en tus redes que destacaste un hecho hace no mucho.
– Sí, salió en el programa de Ana Rosa Quintana a raíz de un comentario que se hizo por la muerte de un gitano. ¿Qué hubiera pasado si el supuesto fuera otro? ¿Y si hubiera dicho ‘Pobrecito este hombre que ha violado a esta mujer’? ¿Cómo se tomaría? Pues esto mismo se dijo del asesino y no del que murió: pobrecito el hombre que ha matado que se ha buscado la ruina; pero no pobrecito ese hombre que han enterrado que ha dejado 4 niños y una viuda.

P.- ¿Crees que puede volver con más fuerza el racismo hacia los gitanos?
– Mucho me temo que con todo este tema de ayudas sociales, y del Ingreso Mínimo Vital se vuelva la mirada hacia nuestra comunidad. Con lo mucho que han sufrido los gitanos, que la gran mayoría depende de un mercadillo y la falta de ingresos y de dinero que han tenido, muchos dependerán de ayudas sociales. Pero creo que deberían mirarnos no solo por la ayuda que podamos o no recibir, sino también por todo lo bueno que también aportamos y lo que estamos consiguiendo por esta transformación social, luchando por mejorar nuestro pueblo.

P.- Tú sueles decir que estás rodeada de ingenieros.
– Sí (risas), lo digo con todo el orgullo del mundo, y son todos gitanos.

Vanessa Jiménez: Asociación Dosta

P.- ¿Cómo se te ocurre fundar Dosta?
– Si te digo que yo no quería montar una asociación, no me crees (risas).  Yo quería estudiar mi carrera, conseguir un trabajo y ayudar de una forma más estable con la economía de mi casa. Y me vino una niña a preguntarme cómo lo había hecho y con dudas. ‘Si tú has podido, igual yo también’. Así que le dije que se viniera a mi casa y así le echaba una mano. Y luego viene otra, y después te llama otra. El boca a boca hace que yo no pueda atender toda esta demanda. En mi salón he tenido hasta 4 niñas a la vez, con dos profesores, y mis tres niños. Y ahí aparecen mis ingenieros, mi marido y mi hermano.

P.- ¿Ellos son los que te animan a que Dosta sea una realidad?
– Sí, ellos me decían que tenía que ayudar a toda esta gente y hacerlo bien.  Y yo no quería principalmente porque siempre he sido una persona muy tímida y hablar en público me provocaba rechazo. Pero al sentir que tenía la ayuda y el apoyo de ellos, me vi con el compromiso hecho y la fuerza suficiente. Echamos el papeleo, que no es nada fácil, y arrancamos los tres solitos.

P.- Y fue para arriba como la espuma.
– Sí, fíjate. Aún no estaba la Asociación montada cuando ya tuvimos nuestros dos primeros éxitos con el aprobado de dos niñas. Para el curso siguiente (este que acaba) teníamos un listado de 20 personas que querían empezar con nosotros.

P.- Y solo en el primer año.
– Sí, ahora en mayo acabamos de cumplir nuestro primer año.

P.- ¿Cuántas tienes para el año que viene?
– En nuestras bases de datos como usuarios de personas a las que estamos ayudando son unas 40 personas; y aún no hemos metido a las nuevas. Tenemos que esperar los resultados de las que se nos han presentado este año que son 8 que se han examinado de ESO y Grado Medio. Y en septiembre se nos presentan en total 15 niñas, de las que 4 son gitanas y también un niño. Esperamos que a pesar de la lata que nos ha dado el coronavirus, que los resultados también sean buenos.

P.- ¿Dosta se dirige solo a los gitanos?
– Para nada, sí que tiene el lema de ‘Asociación con Alma gitana’ porque surge de mis adentros, de esa realidad que yo veo en la calle. Hay quien viene y me dice que si por no ser gitana me tienen que pagar. ¡Y por supuesto que no! No les cobramos un duro a nadie. Me parece injusto cobrarle a quien no es gitana. No quiero que ninguna de esas niñas caigan en la trampa que a mí me hicieron caer alguna vez. Queremos ayudar con todo lo que tenemos y desde el corazón. Mientras ellas le pongan ganas, a mí me da igual dedicarles todo el tiempo del mundo.

P.¿ Cómo llegan a vosotros?
– Las personas que llegan a nosotros lo hacen a través de las redes sociales. Tenemos dos niñas que no están en exclusión social; de hecho son dos niñas que están acomodadas pero que necesitaban que les echáramos una mano en los estudios. Una de ellas, Jenny, quiere ser taxista y para que le den la licencia necesita la ESO. Ella no es gitana, por ejemplo.

P.- ¿Cuál es el lema de Dosta?
– Que todo se puede conseguir, siempre y cuando le pongas empeño. Si lo crees, lo puedes conseguir; y para eso estamos nosotros aquí, para hacérselo creer. Les metemos un chute de motivación enorme.

P.- ¿Qué es lo más bonito que te han dicho?
– Una vez una madre me pidió por favor que ayudara a su niña que tenía graves problemas psicológicos. Esa niña no se presenta este, va el año que viene; pero recuerdo esa madre cuando me cogió y me dijo ‘No sabes lo contenta que estoy de que mi hija te haya conocido’. Con esa niña, que está ahora trabajando en los cines del Málaga Nostrum, recuerdo que perdíamos llorando una hora, de 10:30 de la mañana a 11:30. Yo hablaba mucho con ella, no era consejo sino mi punto de vista o lo que yo creo que haría.

P.- Es bonito ver que ayudas a tanta gente.
– Sí. Tengo muchos momentos bonitos. Como esa madre que vino ilusionada a decirme que estaba pudiendo ayudar a sus hijos a hacer sus tareas. Eso no se paga con dinero. Es lo que me llevo de mis alumnas además de todo el cariño que sé que me tienen.

P.- Y la palabra gratificante de una madre tiene mucho valor.
– Muchísimo. Es que la mayoría de niñas gitanas con las que trabajamos tienen problemas. Hay una muchacha que es muy competente y doy fe de que esa niña va a llegar muy lejos. Esa niña perdió a su madre hace tres años y me llamó diciéndome que necesitaba estudiar. Me vi reflejada en ella por ver en los estudios una vía de escape ‘Si no me meto aquí, pierdo la cabeza’. Esa niña es admirable ver cómo te habla, cómo quiere estar ahí contigo porque se siente cómoda, feliz; siente que puede crecer como persona a tu lado.

P.- Tú eres su referente.
– Pero yo les digo que no. Que yo soy una más, como ellas. Tengo otra niña en el Molinillo que se examina ahora. Su madre vino a verme para darme las gracias por haber hecho posible que su hija echara los papeles para examinarse. Solo eso ya es un logro. Y estamos trabajando con niñas de Álora y Pizarra consiguiendo que se sienten dos horas diariamente en un instituto con la intención de examinarse y superar la prueba. Estoy muy orgullosa.

P.- Veo que algunas de tus luces son la humildad y la constancia. ¿Nos sobra soberbia y falta de voluntad?
– Nos falta humildad. Yo tengo muy claro que si tú te diriges a un grupo de niñas como con las que yo trabajo, con tantos problemas, diciendo yo soy o o yo sé; no consigues ningún cambio social con ellas. No hay mejor forma de llegar a las personas que siendo tú, siendo humilde. Intentar provocar con las niñas ese tú a tú.

P.- Y ellas conectan muy bien contigo.
– Sí, porque yo he vivido los mismos caminos por los que ellas han pasado o están pasando. Yo sé lo que es estar en el mercadillo, tener que llegar a casa y bañar a mis hermanos, etc.  Sí lo sé. Intento estar siempre al mismo nivel que ellas. Yo no me considero por arriba de nadie, pero tampoco por abajo. 

P.- Cuando nos conocimos estuvimos hablando de Dorantes y del uso de Orobroy para vuestro video de presentación. ¿Cómo va la cosa?
– Con él personalmente no he hablado. Pero contacté con él a través de Messenger y me pasó con su equipo discográfico y ya hicimos la petición formal. Me dijeron que sí podía usarla con la condición de que mencionara la autoría. Así que estamos pendiente de recibir el video y lanzarlo para que todo el mundo lo vea.

P.- Me alegro mucho. Siempre pasan cosas buenas, solo hay que atreverse.
– Yo no me lo podía creer cuando abrí la carta. No me puedo quejar. Me pasan muchas cosas buenas. 

P.- ¿Cómo te gustaría ver Dosta en 5 años?
– Con un sitio fijo para la Asociación. De que aprueben las niñas ya me encargo yo, así que en 5 años las veo a todas muy formadas. Muchas lo están; por eso hemos empezado a gestionar que algunas de ellas den charlas para que sean ejemplo para otras niñas. Que salgan esas voces que demuestren a esas niñas que se puede conseguir. Me conformo con conseguir lo antes posible un local donde poder atender a las niñas.

P. – ¿Cómo van esas gestiones?
– Al no tener aún 2 años de antigüedad no podemos optar a un local municipal. Gracias a Dios tenemos abiertas las puertas de la Universidad de Ciencias, y también dependemos ahora del Consejo Escolar, aunque nos caduca ahora la concesión. Diferentes colegios que nos ceden un espacio. Es muy complicado no tener un espacio propio, sobre todo para las que se presentan a la Universidad para dar ese empujón. Pero mientras les dure la motivación, hasta debajo de un árbol se aprende.

P.- ¿Qué fecha para ti es la más señalada para Dosta?
– El día que la inauguré en La Térmica, el 12 de julio. Fue un día redondo, la presentación fue muy bonita y también vino el alcalde, que me hizo una ilusión enorme. Y fue antesala del premio que recibimos una semana después. Pero sobre todo el 12 de julio fue importante porque horas antes del acto me enteré del aprobado de las niñas. Escucharlas reír y llorar de emoción, me puse a saltar en la Diputación cuando me llamaron para contármelo. Ellas me hicieron conscientes de ver que el esfuerzo había tenido sus frutos. Lo han conseguido ellas, el esfuerzo es suyo pero yo estoy ahí. Aunque tú sabes que para mí la fecha clave es el 3 de junio, que fue cuando empecé a vivir de nuevo.

Vanessa Jiménez: Que lo bueno pese

P- Dices que mayo para ti es un mes muy malo, pero por todo lo que me has contado veo que ha sido como tu regeneración.
– Sí, la verdad que sí. Pero es inevitable. Siempre dicen que lo malo pesa más que lo bueno. Es algo que tenemos que intentar cambiar, pero no lo puedo evitar. Cada vez que llega mayo pienso ‘Ay, este mes estaba malita’. Pero es lo que tú dices: en mayo también aprobé mi acceso a la Universidad, me dieron mi nota.

P.- ¿Por qué crees que cuesta tanto quitarse ese regusto amargo de las cosas malas que nos ocurren?
– El dolor de una madre, de ver a mis padres sufrir por mí…, es complicado no acordarme de esos momentos. Pero también tienes razón en lo que dices, que debería empezar a mirar mayo como un cambio radical para bien en mi vida.

P.- ¿Qué piensas cuando se dice que el colectivo gitano es machista?
– Dentro de la cultura gitana esa imagen de machismo no la vemos cierta. Somos uno. La gitana y el gitano van de la mano. Donde va uno, va el otro; lo que le duele a uno le duele al otro. Y la gran mayoría de los hogares gitanos somos así. Tenemos un valor y eso es así en todos los hogares y es el respeto. Nos respetamos mucho. La gitana respeta mucho al gitano y el gitano respeta mucho a la gitana, pero bueno, también hay de todo.

P.- A ti te ha ayudado mucho tu marido. Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, pero también detrás de una gran mujer hay un gran hombre.
– No está detrás, está a mi lado. Yo sin él estoy coja. Sé que decir esto es contrario a lo que defienden muchas feministas, pero digo la verdad. A mí me complementa igual que le complemento yo a él. Así es.

P.- ¿Cómo se toma el café Vanessa Jiménez?
– Con leche y dos cucharaditas de azúcar, que yo soy muy dulce (risas).

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Plenitud

Después de mucho tiempo he visto la que todos dicen es la mejor película del año, algunos ya hasta de los últimos tiempos. Sin embargo, cuando terminó me quedé vacía. Con esa sensación de haber perdido más de dos horas de mi vida. ¡Qué regusto tan amargo!

He pensado mucho si contarlo pues sé cuánto esfuerzo y sacrificio supone desarrollar un proyecto cinematográfico.  Llegar a estrenar una película es complejo. Un proceso muy largo; se deben superar muchísimos obstáculos. Entiendo la ilusión de querer contar tu historia y que llegue; que remueva conciencias; que te sume… Pero este cine que hoy nos cuelan desde cada rincón del planeta me supera.

Sigo sin entender porqué  hay un pequeño grupo de personas que “mucho ruido y pocas nueces”. Martilleando el teclado con improperios; creando confusión y malestar; desdibujando nuestra sociedad. ¿De verdad las cosas se solucionan con mentiras, huida y violencia? Algunos eruditos me dirán esa frase que tanto se puso de moda desde 2014: “No has entendido nada”. Será eso. También me resultó  llamativo que sea apta a partir de 16 años, por lo que durante el confinamiento habrá muchísimos adolescenteS que han visto esta peli. Atroz.

La crítica, hoy releída, conociendo a qué hacía referencia es una ofensa en toda regla. No me vi representada en ningún personaje, ni a mí ni a gran parte de las personas que conozco (que no son pocas).

La vida es un camino que uno debe aprender a recorrer aceptando compañía y soledad. Y estas no siempre  vienen cuando a uno le apetece. La vida es ganar y perder. Y tampoco sucede esto cuando uno quiere. Y en este camino uno debe sentir esa grandeza que tenemos todas las personas por el hecho de ser. La dignidad no se compra ni se paga, aunque te hagan creer lo contrario.

Mirando más allá de dónde ven tus ojos se descubre de qué estamos hechos; porque es en lo escondido donde solo tú eres capaz de asimilar que la felicidad es un estado de vivir. Está claro que el camino que recorremos tendrá también miedo y dolor y que al superarlo sin hacer daño a nadie viviremos con plenitud.

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Inés Robledo: “Yo todavía quiero sembrar, ser ese grano de mostaza que de fruto”

Después de este #UnCaféConPorras he descubierto que yo ya conocía a Inés Robledo. Seguramente tú cuando leas esta entrevista descubras en lo que cuenta que hay gran parte de ti en toda la historia, que es la nuestra. Una mujer generosa, amable y con una gracia delicada y muy malagueña. Es un lujo para mí compartir cada pensamiento de nuestra conversación, en la que también la entrevistadora ha sido entrevistada. Gracias Inés Robledo Aguirre, por tanto y por todo.

Inés Robledo: Una vida ligada a los Estudiantes

P.- Cuando te asomas a la ventana y ves la Casa Hermandad de los Estudiantes, ¿qué se te viene a la cabeza?
R.- Supone la historia de mi vida. Yo siempre he dicho que tanto he querido a la Cofradía que me casé con su Hermano Mayor (risas). Son muchos recuerdos, mis hijos ya eran hermanos antes de estar inscritos en el Registro Civil, una cosa de la que presumía mi marido; y fíjate lo que son las cosas; eso también lo hizo mi hijo Pablo con mis nietos. La historia de la Cofradía forma parte de la historia de mi vida.

P.- Aquí estoy dispuesta a escucharla y contarla. ¿Quién es Inés Robledo Aguirre?
R.- He sido una madre de familia normal, una persona que ha llevado una vida social bastante aireada porque mi marido ha actuado en muchos medios y ahora, gracias a ti pues como si fuera un personaje importante. Te agradezco que te hayas acordado de una persona mayor para tus entrevistas.

P.- Y yo te agradezco que me hayas querido atender. Es un lujo estar contigo y siempre con tu sonrisa en la cara.
R.- Mi vida está llena de satisfacciones y de alegría. Yo siempre les digo a mis hijos que papá nos ayuda desde el Cielo; pero también es importante el esfuerzo; yo lo sigo haciendo, y también aprendo, leo y me actualizo. Cuento con la suerte de tener a mis hijos que todos son buenos, a cual mejores. Y 17 nietos que la verdad le doy muchas gracias a Dios porque sé que me adoran.

P.- Algo tendrá el agua bendita para que la bendigan…
R.- Yo siempre fui una persona espabilailla, observadora, muy habladora, excesivamente habladora, a veces me arrepiento, pero con muchas inquietudes. Quizás no las manifesté ni las desarrollé pero sí con el paso de los años… Y tuve la suerte de tener un marido que era un hombre muy formado, muy preparado y muy ameno en sus conversaciones; era una historia completa. Yo aprendía mucho de él pero siembre bajo su amparo.

P.- Camarera de Honor de la Cofradía de los Estudiantes, esposa de Manuel Atencia, madre de Pablo Atencia. No cabe duda de que la historia de la Cofradía de Estudiantes forma parte de tu vida, de tu historia.
R.- Mi hijo Pablo dice con orgullo que pertenece a una quinta generación de los Atencia de Hermano Mayor de las Cofradías de Málaga, y de seguir con la trayectoria de su padre: que antes de inscribir a sus hijos en el Registro Civil ya los había hecho hermanos de la Cofradía. Pablo desde chavea estaba de Albacea en Estudiantes, siempre ha sido un niño muy activo y muy trabajador; y estamos hablando de cuando se montaban los tronos en los toldos. Mi hijo Manolo también fue Teniente Hermano Mayor…, sí, en mi familia todos han sido muy hechos a la Cofradía.

P.- ¿Cómo se vivió en tu casa la incorporación de la mujer al cortejo procesional?
R.- Uy, aquello fue un éxito y emocionante. Mis hijas Lala y Solete salieron como nazarenas y con el tiempo, el número de mujeres que llegaba a la Cofradía era muy elevado.

P.- ¿Qué recuerdos tienes de aquellos inicios?
R.- Guardo muchos momentos en mi memoria. Cuando al principio los tronos salían de unos almacenes en el Polígono el Viso, donde estaban custodiados junto a los pobres y escasos enseres. Recuerdo ese traslado de noche para que se pudiera acceder a la Plaza de la Constitución, a la calle Rodríguez Rubí, donde la Escuela Pública, sin molestar demasiado al tráfico. Allí es donde se ubicaban los toldos. ¿Tú recuerdas los tinglaos? 

P.- Los recuerdo, y el de muchas otras Cofradías; y en parte me gustaban porque pensando ahora en ellos me representa la fragilidad del mundo.
R.- Sí, es verdad que aunque era muy sacrificado tenía su encanto; esa sencillez y el esfuerzo que suponía montar los tronos allí; una semana antes a disposición del pueblo; y después había que desmontarlo… Todo el mundo quería dar un paso adelante y de pronto te encuentras con una Casa Hermandad que es una maravilla. 

Inés Robledo: Camarera de la Virgen

P.- ¿Cuándo empiezas a formar parte de la Cofradía?
R.- Al principio lo hacía en la distancia con mis hermanas y mis primas. Íbamos a la salida y al encierro en Semana Santa; pero participaba poco. Sin embargo ya cuando me casé con Manolo empecé a implicarme un poco más aprendiendo de la Camarera Mayor, Doña Carmen Molina, que era una señora que se preocupaba de cuidar la ropa y vestir a la Virgen.

P.- ¿Cómo es ese momento de vestir a la Virgen?
R.- Es un momento maravilloso. Se le quita su traje de hebrea y se le ponen “los lujos”, por así decirlo, para procesionar. Los hombres no entran en la sala por respeto y pudor para con la Virgen. Tiene su protocolo y su sencillez. Se reza o se canta. Doña Carmen lo hacía de una manera sencilla. Recuerdo de esta época que íbamos un grupito de mujeres mientras los maridos estaban en la Junta y lo que hacíamos era mirar, si acaso darle un alfiler. Y fíjate entonces no se rezaba ni se cantaba.

P.- ¿Se ha mantenido estos 75 años la costumbre de las Camareras?
R.- No, hubo un tiempo que se perdió la costumbre de vestir a la Virgen, y pedí recuperarlo. Hablé con María Victoria Ramos y presentamos esta iniciativa a la Junta. Recuerdo acudir a Mena y Expiración para ver cómo vestían a su Titular y fui tomando ideas y añadiendo variaciones para nuestra Virgen de Gracia y Esperanza con más alegría y participación ya que tenemos la suerte de tener un salón de actos tan luminoso y bonito.

P.- Esta recuperación de vestir a la Virgen, ¿tuvo acogida?
R.- El primer año éramos pocas, el segundo fuimos más y el tercero ya estábamos desbordadas. Al comienzo se hacía una oración; poníamos una bandeja con papelitos con diferentes peticiones, oraciones y acción de gracias que se enganchan al interior del manto de la Virgen. También se reza el Rosario. Llamábamos a las Camareras para que cada una pudiera aportar; venían las niñas, era y es un momento precioso; porque me consta que esto se sigue haciendo así. Cada año hemos estado muchas mujeres y siempre me pedían que las avisara porque realmente es un momento muy especial. 

P.- Muy bonito y emocionante.
R.- Sí, es un acto mariano precioso. Siempre en sábado por la mañana con la luz entrando por los ventanales, tan positivo y tan alegre. Y ya con el tiempo asumí que debía dejar paso a la savia nueva; aunque seguía estando al pie del cañón, pero en un segundo plano. 

Inés Robledo: La familia y el periódico

P.- ¿Qué te ha traído a ti este tiempo de confinamiento?
R.- En este encierro forzado que tenemos nos reunimos todos para rezar el Rosario. En estos tiempos en el que la gente vive tan de espaldas a Dios; algunas, porque hay mucha gente buena y piadosa y rezadora;  una de mis nietas que tiene 21 años me dijo: “Abuela, y si este Lunes Santo que lo vamos a pasar tan triste por no salir, nos reuniéramos la familia a las 8 para rezar el Rosario”. Levanté la vista al cielo y dije “Señor, no merezco yo tanto mimo” y desde entonces nos reunimos la familia todas las tardes.

P.- ¿Cómo te manejas con las nuevas tecnologías?
R.- Me manejo muy bien con el móvil y la Tablet. Uso internet y las redes sociales, sobre todo Facebook en donde hablo con muchas amigas, veo cosas bonitas y formativas. Después hay cosas como skype o zoom que sí que me las tienen que organizar y echar una mano. 

P.- ¿Cómo comenzaste a escribir en el periódico?
R.- Cuando murió mi marido sentí deseos de escribir en el periódico un artículo ponderando sus virtudes y esa inquietud de querer manifestarme como yo era. Fue gracias a tres personas que me ayudaron y empecé a ser colaboradora de Diario Sur. Para mí fue un orgullo, pero sobre todo fue una satisfacción porque no sé por qué caí en gracia y en esos artículos que escribo mensualmente en el que escribo de contenido muy variado: desde información y temas actuales, hasta sentimientos. 

P.- ¿Hay algún momento especial para ti en tus artículos?
R.- Hay una época en la que me gusta escribir sobre la espera a la Semana Santa. Soy de los Estudiantes, Camarera de Honor, y comento historias, anécdotas o incidencias de mis hijos, de mis nietos, de mi marido que fue co-fundador de la Cofradía. Todo eso me va dando un estímulo para explicárselo a gente que ignora o sabe pero no le importa recordar los orígenes de la Cofradía de los Estudiantes. 

P.- Tus columnas invitan a reflexionar más allá de donde ven los ojos. ¿Somos capaces de ver con el corazón?
R.- Eso me gustaría, que el corazón mandara en la mente de las personas. Suelo ser optimista. Confronto el pasotismo, el desapego a lo espiritual, a lo profundo. Me quedo con lo positivo porque en estos días que se reciben tantos whatsapp se ha despertado un amor importante; a darle al corazón todo lo que un corazón puede dar. 

P.- ¿Cómo?
R.- Exprimirlo y estrujarlo para que cada uno pueda dar lo mejor que tiene cada persona. Eso ayuda mucho al que lo lee y también al que lo escribe. Todo eso son pensamientos profundos que ya estaban antes pero había personas que incluso se pensaban desfasadas o antiguas porque no se atrevían a expresarlo. Hoy  con toda esta situación del coronavirus se ha perdido el pudor. Y lo veo como un don de Dios, que dentro de la desgracia que no debemos olvidar, sí destacar que nuestro corazón se está extendiendo y esparciendo por muchísimos hogares.

P. – ¿Y también con la propia pareja?
R. – Hay un chiste muy gracioso de uno que decía “Oye, pues mi mujer es simpática” (risas). Eso dice mucho de las prisas, de que los matrimonios aunque se quieran, no pasaban tiempo juntos: él trabaja, ella trabaja, los niños, la casa… A mí este chiste me hizo mucha gracia porque es un leve comentario pero tiene su profundidad. Matrimonios que apenas se comunican y en el que ambos están estresados, y cuando están los dos en casa con ese estrés pues ya cada uno por su lado…

Inés Robledo: La Cultura y las tradiciones malagueñas

P.- ¿Somos conscientes los malagueños de la riqueza de nuestras tradiciones?
R.- Yo he tenido la suerte de vivir en un mundo cultural, no por mi parte, sino por lo que me ha rodeado. Siempre me ha gustado tener la mente abierta y oír a personas de valía porque me han ayudado a pensar. 

P.- Pero también es necesario el cambio, incluso con nuestra cultura y tradiciones.
– Sí, yo he vivido muchos cambios en diferentes ámbitos; pero hablando de cultura, fíjate qué curioso que siempre he vivido frente a la Casa de la Cultura. Estamos hablando de esa época cuando el Teatro Romano estaba cubierto por este edificio. ¡Qué paradoja!, la Casa de la Cultura ocultando la cultura y la historia de los malagueños. Y llega una persona con espíritu renovador que dice hay que devolver a Málaga esas ruinas romanas, lo que fuimos. Recordando todo lo que es Málaga, un esquema de nuestras tradiciones y grandeza. Ver la Aduana recuperada y junto a nuestra casa, esos jardínes que además tengan el nombre de mi marido…

P.- Los Jardínes de Manuel Atencia. ¿Cómo recuerdas el nombramiento?
R.- De infarto y de los nervios. Yo recuerdo que le decía a mis niñas que yo una pastilla no me tomaba, que mejor una tortilla (risas). Fue tan bonito. Que hubiera unanimidad, que todos los partidos del Ayuntamiento lo aprobaran y estuvieran de acuerdo. Paco de la Torre acertó con el sitio: junto a la Cofradía de los Estudiantes y donde mis hijos han jugado de niños. Era y sigue siendo muy emocionante para mi familia y para mí.

P.- Qué bonito saberse querido, ¿verdad?
R.- Sí. He tenido una vida llena de afectos, de cariños y bendiciones. Sin duda, uno de los momentos más emocionantes vino de parte de la Cofradía. En el año 2005 Manolo estaba ya muy malito. La semana previa a la Semana Santa en Junta alguien propuso que antes de encerrar al Cristo en la Casa Hermandad, traerlo aquí a nuestra casa para saludar a Manolo; y me llamaron para decírmelo. Aquello para mí, imagínate: el detalle, la emoción… Yo se lo dije a mis hijos pero Pablo no lo veía: él entonces era Hermano Mayor, y parecía que él podría haber tenido parte. Pero no fue así, y nosotros vivimos a los pies de la hermandad así que entre todos lo convencimos y al ser una iniciativa de la Junta, pues se llevó adelante.

P.- Déjame revivirla contigo, Inés.
R.- Ya sabes, bien entrada la noche, cuando llega la hora del encierro la multitud hace un corrillo para ver guardarse a nuestros Titulares, los puestecillos vendiendo lo propio, la policía dirigiendo. Pero aquel Lunes Santo no.

Yo miraba desde el balcón esperando el momento y de pronto veo cómo el Señor pasa de largo la Casa Hermandad, cómo la gente se iba abriendo para dejarle paso; con esa vista 15 años más joven que ahora lo observaba emocionada. Cristo venía andando despacito en silencio, sin ni si quiera los tambores, y se paró delante del Albéniz;  y juntos la calle y nosotros rezamos un Padrenuestro, el Avemaría y Gloria… Yo le decía “Manolo, ha venido el Señor a verte” pero el pobre ya no se enteraba de mucho, no me entendía. Él me cogía la mano. Y solo 10 días después de aquello falleció Manolo.

P.- Hay muchas personas buenas con iniciativas como esta y poco se cuenta.
R.- Sí, lo que se habla del mundo Cofrade está muy ligado a ciertas menudencias pero la verdad es que no es así y que hay gente muy bonita y buena. Esta vivencia fue una cosa preciosa, vinieron todas mis hermanas; mis hijas y mis nietas se salieron de la procesión para vivir, sin duda un momento que jamás olvidaré y del que estoy muy agradecida. Estoy segura que los allí presentes al leerlo, lo revivirán.

P.- ¿Sabemos transmitir nuestras tradiciones y riqueza cultural a la savia nueva?
R. – Hace falta más gente que se implique en darse a los demás, pero eso te lleva tiempo de estudio y de dedicación. Pero vamos a ser optimistas, porque saliendo de un grupo de personas de poco estilo, sí que es verdad que hay muchas otras que tienen afán de conocer y de saber.

P.- ¿Y eso se transmite con el ejemplo?
R.- Siempre. Y es importante que se fomente lo recibido de tus padres, del entorno, de las inquietudes que se haya tenido de joven y no tirar la toalla. Eso es lo que yo pretendo. He vivido muchos años y procurando ser siempre yo la misma.

P.- ¿Qué opinas del papel de la mujer actual?
R.- Ahora se habla mucho de feminismo y de que la mujer ha estado postergada y yo creo que eso es una antigualla. Mira por ejemplo a mi cuñada Mª Victoria Atencia, una mujer con una gran sabiduría, con grandes premios y esa poesía suya, que destaca su trayectoria profesional. Y mujeres como tú, que tienes tu marido y tus hijos y que trabajas; que te robas tiempo para compartir tus pensamientos y regalarnos estas entrevistas… La mujer que ha valido siempre se ha destacado. 

P.- Para mí tu destacas en muchos aspectos, pero sin duda me encanta tu ahínco por querer recuperar la Capilla del Puerto. ¿Qué sabemos de su historia?
R.- Se inauguró en 1732 en el Puerto, en el dique de levante y rodeada por el agua. Allí estaba entronizada la Virgen del Carmen y los marineros, tan devotos de Ella, cuando iban a salir a faenar oían misa, recibían la bendición del sacerdote y se echaban a la mar. 

P.- ¿Por qué se traslada al Paseo Marítimo?
R.- Con el paso de los años y la cercanía al mar, las piedras que revestían la Capilla se estaban deteriorando. Entonces, al arquitecto diocesano; que más tarde descubrí que fue tío de mi marido; Enrique Atencia, le dejaron encargado que debía trasladar la Capilla del Puerto al Paseo Marítimo. 

P.- Me imagino que sería una auténtico reto.
R.- Así debió ser. Él vio que tenía que ser un trabajo meticuloso que requería traslado piedra a piedra. Y así lo hicieron. Con el tiempo y la apertura del puerto a la ciudad, lo bajaron al Muelle Uno. 

P.- ¿Cómo comenzaste con este proyecto para recuperarla?
R.- Un día paseando con mis hijos por el Muelle Uno me paré frente a la Capilla y pensé que aquello tan bonito y tantísimos años allí cerrado no podía ser. Así que empecé a hablar con unos y otros. Busqué en internet y leí mucho. Y también usé mis artículos para escribir sobre este tema, recuperar la Capilla del Puerto.

P.- ¿Cuál fue la reacción?
R.- Mucha gente me llamó para felicitarme, y yo me sentí sorprendida. Porque aunque yo lo escribiera con mucho entusiasmo, tampoco pensé tuviera tanto eco. Así que intentamos hablar con el presidente del Puerto, pero por las circunstancias que fueran no nos quiso atender, ya no sé si algo tendría que ver la ideología o la religiosidad.

P.- Y aparece María Luz Aguilar-Galindo.
R.-  Una periodista encantadora. La conocí en una conferencia mariana muy bonita que ella estaba dando por iniciativa de los submarinistas en el Ayuntamiento de Málaga. Y allí mismo le conté mis inquietudes con la Capilla del Puerto, le di el artículo que escribí sobre la Capilla y ella no dudó: “Cuenta conmigo”.

P.- La importancia de ayudarse.
R.- Sí, todo necesita colaboración de varias personas. Se sumó otro señor que conocí, Rafael Vidal, y entre los tres hicimos equipo y empezamos a movernos. Pasó que tuvimos la suerte del cambio de gobierno en la Junta de Andalucía y el presidente nos recibió.

P.- ¿Cómo resultó aquello?
R.- Fue muy amable y nos dio todas las facilidades. Nos aseguró que lo estudiaría y que necesitaba tiempo para aterrizar y enterarse de en qué consistía la Capilla, que si aquello era para culto. 

P.- ¿Y qué le dijiste?
R.- Que para culto ya estaban las Parroquias que es donde están dedicados los sacerdotes. Nosotros lo que solicitamos es autorización para que un día se abra y que el guarda de seguridad del Puerto pueda custodiar aquello. Y ahí estamos. Ya se ha hecho un proyecto de la Capilla porque está muy deteriorada y los techos resquebrajados, pero ha habido entusiasmo. Aunque claro, las cosas de palacio, van despacio.

P.- ¿En qué fase está ahora?
R.- Ahora estamos con la burocracia; ya que para la rehabilitación necesitamos permisos de Obras Menores del Ayuntamiento. Y cuando parece que estaba todo tan adelantado, ha surgido este parón del coronavirus. Ahora es el momento de otras cosas más importantes, que pase todo esto del virus.

P.- ¿Qué significa la Capilla del Puerto para ti?
R.- Para mí ha sido un acicate maravilloso. Es cierto que han sido muchas personas las interesadas en que esa capilla de nuevo se abra, no para culto de Iglesia sino como Capilla para venerar a la Virgen del Carmen. 

P.- Y hay ciertas cosas que te llevan a que seas tú la que se encargue de esto, como descubrir que Enrique Atencia, tío de tu marido, fuera el encargado de salvar del mar a la Capilla. No es casualidad, como decía Antonio Moreno
R.- No lo es, yo lo atribuyo a la Divina Providencia. Y ahí seguimos esperando; muchas veces pienso si podré ver la Capilla abierta algún día.  Me veo mayor y más limitada, pero bueno. Esos pensamientos los tengo en momento de decaimiento. El proyecto está bastante conseguido.

Inés Robledo: Juventud, Divino Tesoro

P.- ¿Crees que la juventud se mantiene en el tiempo?
R.-. Al hablar de juventud me acuerdo de esa persona con mucha gracia que decía que la juventud se cura con la vejez. Y no estoy de acuerdo, quitao de que, claro está, juventud, divino tesoro; pero las personas mayores también tenemos que sentirnos jóvenes. Habrá quien no lo entienda o menosprecie; pero tú te tienes que superar y compenetrarte con la juventud, entenderlos y no castigarlos siempre.

P.- ¿Por qué?
R.- Porque es verdad que hay una juventud pasota, masoquista, sin valores y sin formación. Eso no se puede evitar porque quizá haya habido esa falta de valores en los padres. Ese afán de que mis hijos tengan lo que yo no he tenido ha perjudicado mucho. El que se ha criado con austeridad, a pesar de tener grandes fastuosidades cerca, han demostrado ser grandes personas; y sin embargo otros que se han empeñado en que sus hijos sean lo que yo no he sido, no tanto en ser sino en cosas pues ha perjudicado; pero son los menos. Lo cierto es que la mayoría de la juventud tiene un campo de acción y unos afanes maravillosos y hay que tener confianza en ella.

P.- ¿Cómo se mantiene el espíritu joven?
R.- Hay que mirar alrededor y tener los ojos bien abiertos. La gracia de Dios que me ha dado capacidad para adaptarme a lo bueno y a lo menos bueno. Mi matrimonio, el nacimiento de mis hijos. Esforzarme y no perder el tiempo, que muchas veces se pierde sin darse cuenta. Yo todavía quiero sembrar, ser ese grano de mostaza que de fruto.

P.- ¿Cómo se toma el café Inés Robledo?
R.-  Yo tomo el café descafeinado de máquina, un mitad.

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Te quiero, mamá

Primer domingo de mayo. ¡Felicidades, mamá! Me hubiera gustado estar ahora en casa para darte un abrazo. De los míos, ya sabes. Que papá preparara el café, mientras reunidos en la cocina, habláramos de cómo iba la cosa: ese «qué tal el trabajo» y el cariñoso «te veo muy bien, Carito».

Y tu mirada, mamá. Esos ojos verdes casi transparentes llenos de ternura y amor. Con una preocupación que revela tu extraordinaria sabiduría e imaginación. La viveza de tus expresiones. La dulzura de tus palabras y lo divertido de tus ocurrencias. Se me hace raro no tocar tus manos, preciosas y suaves. Y ese brillo en tu pelo que solo tú sabes peinar.

Este Día de la Madre es distinto. Pienso en tantas mujeres… Ser madre es la entrega silenciosa y alegre; sabiendo dar ejemplo de generosidad, empatía, amor y talento. Con la humildad suficiente para aprender y pedir consejo, y el propósito de mantenerse firme aunque nos cueste.

Hoy es el Día de la Madre, y tengo presente a muchas mujeres que sin haber cobijado vida en su seno demuestran cada día su maternidad. Hoy, 3 de mayo, me acuerdo especialmente de mi hermana, mi Nani, un día como hoy hace 21 años abrazaste a tu hijo por primera vez. Tempus fugit. Demasiado deprisa. Porque nos hemos plantado en 2020 en un abrir y cerrar de ojos.

Nadie imaginó una primavera como esta. Vaya un mes de mayo, como decía la copla. El mes dedicado a nuestra Madre, a las flores y la alegría. Abril se nos ha escapado. Nadie lo ha robado como acusaba el genio ubetense. Lo hemos vivido de otra forma. Paramos en seco y dejamos de vivir nuestra vida tal y como veníamos haciendo.

Habrá merecido la pena si cuando todo esto acabe, no olvidemos todo lo que hemos conseguido. Cuando ese aplauso en los balcones, ahora trasladado a las calles, permita que sanitarios, maestros, cuidadores, farmacéuticos, policía y agricultores ocupen un lugar preferente en nuestra sociedad.

Debemos entender y asumir que reconocer a aquellos cuya labor es más importante para la salud, la seguridad y el sustento de todos no me denigra ni a mí ni a nadie. Al contrario. Nos pone en un primer lugar;  porque el esfuerzo y el sacrificio enriquecen la sociedad y las personas.

Hemos visto a niños felices pasar tiempo con sus padres, recibiendo en casa a la abuela, el tío o la prima que estaba sola en la ciudad. Se ha visto que la familia es el primer y gran valor en el que siempre encontraremos abrigo. La ideología empezó a desvanecerse y fuimos todos a una. Se ha demostrado cuánto abundan las personas generosas y solidarias. Y por supuesto, la mayor de nuestra riqueza: los mayores. Ellos son nuestra historia viva a la que debemos oír, respetar y cuidar.

51 días confinados cumpliendo las nuevas reglas de un juego que ni yo misma entiendo.  Mañana saldré a la calle con mascarilla, que antes no era importante y ya es obligatorio aunque no haya stock para todos. A ver si nos aclaramos. Tengo un lío importante.

Lo único que tengo claro es que un abrazo sincero no sale de un código binario ni del codo, sino del corazón. Como estas palabras que brotan sin control. Y por si no ha quedado ya cristalino: Te quiero, mamá.

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Es otra historia

Esteban se despertó sobresaltado y sudando. Peinaba canas a sus 38 años. Joven, demasiado joven para contar el día 49 sin salir de casa. Halos de luces  naranjas se colaban por las rendijas de la persiana. Pero aún era de noche. Otra más que pasaba a duermevela. Echaba de menos a su mujer. Ya apenas percibía su olor natural en la almohada. Se abrazó a ella y sollozó. Ese cojín no suplía su cuerpo ni calor, pero servía para ahogar el lamento. Los hombres también lloran. Y pensando en su hijo, en no despertarlo y en lo que les quedaba por vivir juntos, enjugó el llanto; pulgar e índice presionaron sus ojos como queriendo volver a guardar dentro sus lágrimas, esas gotas saladas cargadas de desolación e impotencia.

–  Manolo, ¿has escuchado lo que ha dicho Juanma Moreno?
– Esteban, no queríamos creerlo pero la cosa al final es seria. Vete a casa y no salgas. Yo cierro y después hablamos porque lo que se nos viene encima es menuo.
– Ya sabes que cuentas conmigo, eres mi jefe desde hace muchos años.
– Y tu amigo, no lo olvides. Tocará cerrar el bar, pero lo volveremos a abrir y quiero que de nuevo, juntos.

Aquel 12 de marzo Esteban llegó a casa pronto, sí, y preocupado. Amalia no necesitó escucharlo para saber que su voz se entrecortaría.

– Manolo cierra el bar.

Ella solo pudo abrazarlo. Y así se quedaron en mitad de la cocina fundidos en uno y con los ojos cerrados. Amalia quería congelar el tiempo.

Ella llevaba mucho en paro, pero no parada. Estudiaba y leía, de todo, pero en especial de diabetes. Y mientras, buscaba trabajo aquí y allá. Se iba ganando la vida como podía. Amalia era primorosa y atenta. Quizás tuvo mala suerte. O no.

Hacía casi medio año que sus días pasaban en el pueblo de su madre, que en paz descanse. Allí seguía viviendo la mayor de las hermanas Parejo: su tía Juana; una mujer octogenaria, risueña y divertida. Nunca quiso casarse ni tener hijos. Se dedicó a coser y dar clases de costura en el pueblo. Y así vivía feliz. Con alegría y dedicada a la hebra. Algunos la miraban con recelo, a medio camino entre el menosprecio y la envidia. A tía Juana le daba igual. Ella siempre repetía lo mismo: «En los pueblos ya se sabe; pero que cada uno se mire a sí mismo y después me lo cuente».

Desde que a finales de agosto tía Juana se cayera en el baño, empezó a sentirse impedida. Estaba sola y el intento de traerla a la ciudad quedó en eso. De modo que Amalia cada mañana, después de dejar al pequeño Miguel Ángel en el colegio, se iba al pueblo a cuidar de tía Juana hasta que le hacía el relevo una señora que aceptó lo mucho o poco que este joven matrimonio podía permitirse pagar por cuidarla durante las noches.

Cuando Amalia regresaba ya eran las 6 de la tarde. Al menos tenía 3 horas para estar con su hijo de 5 años. Un crío despierto y muy cariñoso que siendo un bebé de 19 meses fue diagnosticado con diabetes (cuando todavía lo de los parches no estaba a la orden del día). Qué dolor pincharlo tan a menudo y tan pequeñito; y siempre atentos a los marcadores. ¡Cuántas noches salieron corriendo al hospital! Al menos en la ciudad lo tenían cerca.

Pero ahora, ¿qué iba a pasar ahora? Solo eran dos semanas. Eso decían. Irse todos al pueblo ponía en peligro la salud de tía Juana y la de Miguel Ángel. No sería la primera vez que el niño sufría una crisis en casa de tía Juana y revivir eso en estas circunstancias no parecía lo más acertado. Así que recordando aquella frase que tan poco le gustaba, encontró la dura respuesta: «Divide y vencerás».

– Mi amor, tía Juana – dijo Amalia con un nudo en la garganta.

Seguían los dos abrazados. En silencio y casi llorando. Esteban  no necesitaba más explicaciones. Sabía que esto era casi una despedida. Amalia era incapaz de abandonar a su tía. Y Esteban, con el cierre del bar, se podía encargar del niño mientras su mujer cuidaba a la tía.

Este coronavirus destruyó empleo, cerró negocios, aisló familias y trajo dolor y llanto. Pero si vemos más allá de donde llegan nuestros ojos; así fue como esta familia se hizo grande en el tiempo y en la distancia. Casi 50 días sin tocarse y con un corazón que se iba fortaleciendo y rompiendo en mil pedazos a la vez. Aquel 12 de marzo fue la última vez que Esteban vio su vida tal y como la conocía.

Y en cuanto a Manolo, esa es otra historia, que si quieres te cuento otra tarde.

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Nueva Normalidad

Hay días que me levanto y lo mejor que pudiera hacer es volver a acostarme. Hoy ha sido uno de esos. Y aunque empiezo la jornada dedicando unos minutos de meditación, me queda un rescoldo que a veces se manifiesta con un tono inadecuado o con una tristeza impropia en mí. A veces este malestar me ahoga hasta la respiración.

Será el encierro y ver cómo evolucionan las cosas. Veo tanta indignación alrededor que duele. Pero sigo pensando que las personas no buscan dañarse unas a otras. Solo buscan hacer el bien de la única forma que saben. Ya hablaba con Antonio Moreno en #UnCaféConPorras sobre buscar lo bueno y la libertad.  Y sí, erramos en ello más de lo que quisiéramos. No os digo ya nuestros dirigentes.

La ignorancia es muy peligrosa. Prefiero a un tonto confeso que a un ignorante que desconoce tal cualidad. Porque al final este último se cree tan capaz que no admite consejos ni rectificaciones.

El olor a lejía me perturba. Dicen que si haces algo más de 21 días ya lo incorporas a tu vida sin más esfuerzo. Los coachers me tienen frita. Son ya 48 días oliendo a lejía y yo sigo sin acostumbrarme. Así que amigos, no. Si pensamos que la costumbre hará de esto que se nos plantea una nueva normalidad, vamos apañaos. Yo he ido andando por la calle abrazada a mis amigas, me he echado a los brazos de mis padres, doy besos de abuela y achuchones de niña pequeña. He sido de multitudes: desde estar en encierros procesionales embarazada de 8 meses hasta asistir a todos esos saraos de los de “cuanta más gente, mejor”.

Y ahora, como si me encontrara frente a una senda que se abre ante mí sin saber si debo encaminar ya o esperar. Pero, ¿a qué? Cada día me repito ese «No temáis». Y el escenario entonces se dibuja soleado. No debemos tener miedo pero seamos cautos. Sonriamos que lo que tenga que ser será; y si se prolonga en el tiempo:  agua y menta, porque la nueva normalidad nunca será normal para nosotros.

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No lo permitas

Último lunes de abril. Día 45. Seguimos en este secuestro. Observando cómo pasan los días. Escapando de la realidad que te quieren hacer creer. Colapsando nuestras conversaciones gracias a un circo lleno de portavoces para que solo hablemos de gestión política, de bulos, de censura y de ejemplaridad.

Ahora parece que desandamos el camino. Eso que hemos construido con el cierre de nuestras empresas, con la pérdida del empleo y con la cancelación de nuestros servicios. ¿O es que acaso no fue necesario nunca el encierro? España, tierra de cobayas.

Y en medio de toda esta puesta en escena de cifras, RDL y BOE al filo de la medianoche, yo pienso en las personas y sus historias. Aquellos que ya eran vulnerables antes del 12 de marzo, en cómo están nuestros profesionales sanitarios; en las familias y su economía; y cómo se encuentran nuestros mayores, si podrán salir más pronto que tarde a caminar. Ellos que nos lo han dado todo. Que nos lo siguen dando. Ahora que viven pausados y limitados. Sin ruidos en la casa ni chocolate en la despensa. Nadie irá a visitarlos. No por ahora.

También pienso en aquellos, que temerosos, no dejan de sentirse los malos de la película. Porque nos siguen vendiendo que estamos confinados por  la salud de los más vulnerables. Pero, ¿quién no está vulnerado con este encierro?

Menudo cinismo. Sí. Mi reflexión demuestra que estoy cansada. No pido entender. Eso no es posible. Me desconcierta pensar una cosa y la contraria a la vez. Respirar este aire raro. Ir en coche y no sentir esa libertad mental de bajar la ventanilla para que el aire despeine mi flequillo. Querer salir y volver a la vida, y a la vez solo anhelar encerrarme en casa con los ojos apretados esperando que todo sea un mal sueño.

Pero no. Los abro y todo y nada es igual. Ni si quiera las personas. No hay mejor opio que el odio. La gente enfrentada. Así es como nos quieren. Demostrando que hay quien en medio de todo esto renuncia a tu amistad por disentir de tu opinión o no tolerar la indignación del semejante. Ese no saber vestirse con la piel del otro. Pero aquí no pasa nada. Sigamos buscando la pandereta y la flauta. (Ay amigos, las tiendas de instrumentos, como la carrera científica, no es actividad esencial. Pero el pelotazo del ladrillo, por supuesto. Aquí suma y sigue. Castrojos.)

Hoy por fin no ha habido chufla en los balcones. Ya era hora. Son tan sensatos y buena gente nuestros sanitarios que lo han pedido cuando se abría la veda. Como borregos a la calle porque lo manda nuestro Presidente. O su comité de expertos. O el tal Ivan o quizá ha sido Oliver. Supercampeones. Chuta gol que nos la están colando por todos lados.

Yo hoy he salido pero no a pasear. Es deprimente ver los colores sin luz y tristes. España está de luto (aunque no lo declaren de forma oficial) y su pueblo lo sabe. Seguiré con mis crespón negro recordando que esta vida se nos dio para no tener miedo, para amar, para tender las manos, para sonreír y acompañar. Para no estar solo ni abandonar a nadie en el camino. Así que no lo permitas. No lo hagamos.

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Cielo y Libertad

Cuando ella salió a mi encuentro en el exterior de la casa solo pudo mirar al cielo. Permaneció unos segundos quieta y sonriendo. La miré de esa forma que miran las madres a sus hijos mientras duermen. Esa mirada relajada y tierna que tiene mucho de amor y algo de incertidumbre. El paso del tiempo, hacer de ella una buena persona que sepa ser feliz, que el dolor no le duela tanto; capaz de ver lo tanto bueno que tiene su vida. Y me doy cuenta en pocos segundos de que esta pequeña que está a punto de cumplir cinco años ha crecido mucho más de lo que esperaba en los últimos 35 días.

Y allí en nuestra terraza, ella y yo. En medio de toda esta tormenta que nos azota desde hace semanas el sonido del silencio ensordece. Estoy muda desde hace días. Cómo hablar mientras hay decenas de miles  que lloran sus muertos; otros muchos más que en la noche no duermen pensando cómo pagar a sus trabajadores; en aquellos que trabajando y cumpliendo sus obligaciones no tienen el respaldo de su empresa; y cómo es posible no pensar en todos esos grandes que los mandan a batallar contra el virus con una bolsa de basura…

Mi aplauso sanitario no sale a los balcones. No puedo festejar nada en medio de esta tragedia. Por desgracia los aplausos no se convierten en test, ni mascarillas, ni en pantallas protectoras. Yo sigo pidiendo para que llegue ese material que proteja a quien nos cuida en primera línea; para que todas las personas puedan ser atendidas sin importar la edad, ya ocupen un ministerio o una habitación de una residencia.

En ese silencio mágico que nos envuelve a madre e hija mirando el cielo me hago cargo de la fragilidad humana. De la incapacidad para tomar decisiones correctas. Falta humildad, coherencia y valentía.

Nos hacen vivir acobardados. Sin salud. Coartando tu capacidad laboral y obligándote a pagar sin cobrar. Si nos prohiben velar a nuestros muertos, nos falta libertad. Si te dicen cómo pensar ya sabes que te falta libertad. Cuando te digan que eres un lince sin haber leído ni estudiado, créeme, no hay libertad. Porque sin formación ni información que quede claro: no hay libertad. La verdad nos hace libres hoy y siempre, pero es ahora cuando somos prisioneros en demasiados aspectos.

Y mientras mi hija miraba el cielo en silencio y yo la observaba a ella sucedió que sus palabras lo llenaron todo de sentido:

– El cielo está precioso, mamá. Vamos a rezar.

Y así que cada uno haga como crea, que el cielo que cada día se llena de personas seguro muy bonitas, seguirá teniendo a quien cada atardecer alce la mirada pensando en vosotros y en todas nuestras familias. Para que descanséis en plenitud y todos vivamos libres y en paz.

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Dormir de prestado

Nos toca vivir unos días que nunca pensamos nos sucedieran. Hemos visto películas terroríficas y dramáticas; y aunque muchas se han basado en historias reales nos creímos inmunes al dolor. Veíamos lejano el sufrimiento. Para otros la carestía, la enfermedad y la soledad.

Nuestras necesidades mundanas quedaban resueltas a golpe de click o enlazando préstamos y microcréditos que ya pagaríamos con la extra de Navidad. Mirando el reloj a cada rato, porque no llegaba o ya había llegado.  Los días pasaban planificando el siguiente fin de semana, el próximo puente, la inminente escapada. Maletas y ropa bien doblada. La casa, poco habitada. La calle, explorada.

Hoy vivimos encerrados sin apenas percatarnos de que durante mucho tiempo ya estuvimos presos y agobiados. Transformando aquello en nuestro hoy anhelo diario. Deseando que las prisas y el estrés vuelvan a entrar en escenario. Que no paremos por casa, que seamos confiados y dejemos de estar confinados. El sueño se perturba. La noche da paso al llanto. España lamenta la muerte de más de 14.000 paisanos. De todas las edades, de todos los estratos. La muerte no distingue si eres feo, alto o bajo. Y el dolor no se apacigua. No disminuye, al contrario. Sin embargo te consuela ese abrazo imaginario que recibes cada instante con solo alzar la mirada al cielo, aunque esté nublado.

Hoy considero una vez más la suerte de un nuevo día regalado. Solo me sale dar gracias; porque en esta vida, al igual que vivo, también duermo de prestado. Y hoy de nuevo en mi cama, esa que hace 17 días había abandonado. Mi camita de oro, como decía mi abuela. Un beso al cielo, por ti y por todos los que desde ahí arriba nos seguís meciendo y arropando.

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