Ángela Callejón: «Dar las gracias permite al otro ser consciente de que facilita la vida»

Angela Callejón lleva 26 años siendo profesora de la Universidad de Málaga. Un trabajo que jamás habría imaginado elegir tan bien: “Es precioso y muy enriquecedor estar rodeada de gente joven en tu día a día”. Siguió el consejo de una buena amiga y siempre trata de usted a sus alumnos para que se sientan respetados y en su sitio. No desdobla el lenguaje y por ello se disculpa con todas el primer día de clase. Divertida y risueña, Ángela destaca que su única hermana, Mª del Mar, lo es mucho más que ella. Ángela Callejón dice ser una ciudadana del mundo gracias al trabajo de su padre. Recuerda con especial cariño Nerja, lugar al que suele volver para hablar a sus 4 hijos de su infancia.

Ángela Callejón: Hay muchos más motivos para ser feliz que para no serlo

P. ¿Eres malagueña?
R.- Así es, como  mi familia.  Hemos vivido en distintos sitios hasta que nos instalamos definitivamente aquí cuando yo tenía 10 años. Salvo las estancias de investigación en Dublín, he pasado toda mi vida en Málaga. Es cierto que Nerja ocupa un lugar en mi corazón no solo porque hice allí mi Primera Comunión, sino porque fue donde aglutiné más recuerdos y vivencias. Cuando se ha vivido una infancia feliz, todo se recuerda como maravilloso.

P.- Eras feliz de niña. ¿Y ahora, eres feliz?
R.- Yo creo que sí, desde luego procuro ver lo bueno de la vida y de las personas. Cada uno encerramos una riqueza enorme en sí misma. Hay veces que cuesta verlo, pero eso tiene que estar. Todos nacemos con un potencial para ser feliz, una luz especial. A veces pasa que lo que nos sucede y la experiencia puede atenuar ese brillo interior, por eso es importante intentar descubrir lo bueno del otro. Dar las gracias.

P. – ¿Por qué es tan importante dar las gracias?
R.- La gente agradecida ve lo que otros no ven. El dar las gracias permite al otro ser consciente de que facilita la vida a los demás. Se puede hacer muy feliz a una persona con una simple mirada.

P.- Levantar la mirada.
R.- Claro. Si solo miramos al suelo no vemos la maravilla de lo que nos rodea. Nos perdemos el sentido de trascendencia. Somos seres sociales, económicos y espirituales, y este aspecto también hay que cuidarlo. 

P.- ¿Qué nos ha traído la pandemia?
R.- Esta crisis sanitaria ha generado mucho sufrimiento. No solo por lo sanitario, también por lo económico y esto genera mucho dolor psicológico. El número de familias en riesgo de exclusión social o pobreza se ha disparado, ya representan el 28 por ciento del total de hogares españoles. Las familias cuidadoras de personas dependientes necesitan más apoyo de las administraciones. En este contexto, aceptar nuestra vulnerabilidad es bueno porque nos hace más fuertes y solidarios.

P.- Profesora titular de finanzas y contabilidad la universidad de Málaga. ¿Qué se esconde tras la cifra?
R.- No se debe medir todo con cifras. Lo cualitativo es importante.  Leí una vez que 100 muertes es una estadística; 10, una tragedia; y una muerte con nombre y apellidos un dolor insuperable. Lo viví en la pandemia hasta que la persona que aumentó la cifra fue mi amiga Conchita. Si fuésemos capaces de humanizar la sociedad y las organizaciones y pusiéramos a la persona en el lugar que corresponde, las cosas serían muy distintas.

P.- ¿De quién depende?
R.- Esto es tarea de cada uno, no de los gobiernos. Esto está en el modo en que tratamos a las personas cercanas, en el respeto, en la justicia, en la caridad…

Ángela Callejón: Los hijos ven todo, mucho más de lo que uno cree

P.- Ahora lideras la Cátedra de Economía y Finanzas sostenible. ¿Cómo trabajáis y para qué?
R.- Siempre en equipo. La humanización de las organizaciones es la mejor contribución a la sostenibilidad. Desde esta Cátedra, en colaboración con la Humanistic Managment Association orientamos la investigación hacia esto precisamente, que la persona sea el centro.

P.- ¿Cómo se diría en términos empresariales?
R.- El principal stakeholder de la empresa no es sólo su personal, sino también su familia. El desarrollo sostenible es aquel capaz de satisfacer las necesidades presentes sin poner en riesgo las satisfacciones futuras. Ahora el riesgo es la viabilidad de la familia, la base de la sociedad. 

P.- También muy en la línea del Foro Internacional Mujer y Sociedad Málaga.
R.-  Efectivamente; el Foro nace con vocación de servicio a la sociedad, ofreciendo a las mujeres la formación necesaria para desarrollar su talento desde una visión humanista enriquecida por una perspectiva femenina. Es mucho lo que la mujer puede aportar a la sociedad desde su familia y su trabajo profesional.

P.- Sin embargo la conciliación brilla por su ausencia.
R.- La realidad familiar ha cambiado y su logística ha de adaptarse. Hay que hacer malabares para sacar adelante la familia en el contexto actual. Pero más que hablar de conciliación yo prefiero hablar de integración, porque de lo que se trata es de dar unidad al proyecto profesional y personal de vida, equilibrarlos. Si los enfrentamos, perdemos.

P.- ¿Por qué?
R.- Familia y trabajo son dimensiones esenciales de la persona que deben procurar enriquecerse mutuamente. Son los dos ámbitos naturales donde la persona crece. La familia aporta a la persona una estabilidad emocional que revierte positivamente en el trabajo profesional. Muchas empresas en Estados unidos prefieren directivas mujeres madres de familia porque gestionan muy bien el tiempo, los conflictos, las personas, los recursos económicos, … lo que viven en su casa.

Ángela Callejon: El gusto por las cosas bien hechas

P.- El barómetro 2021 publicado por la Fundación Family Watch coloca a la familia en el cuarto lugar como prioridad en los menores de 45 años por detrás de viajar, formarse o progresar en su trabajo, pero sin embargo los mismos encuestados reconocen que la familia es la institución más importante. ¿Por qué?
R.- La sociedad actual vive rápido y tiende al individualismo. Todos soñamos con un proyecto profesional, y al llegar la familia parece entorpecer el logro de nuestro sueño. La familia es sin duda, la mejor inversión. ¿Requiere esfuerzo y entrega? Sí, pero en la vida todo lo que vale cuesta y lo que más vale más cuesta. Hay que educar en este sentido y también en el sentido positivo de que sufrir no es terrible, lo terrible es no saber sufrir.

P.- ¿Cómo se sufre bien?
R.- Se sufre bien cuando en la vida tienes un “para qué”, un motivo superior por el que hacer algo. ¿Qué mueve el corazón de una madre? El amor a su hijo. Su dedicación, su cuidado, su entrega, su educación… todo para que su hijo sea feliz. Por eso no le pesa. Se da y punto; y es feliz, porque nada nos hace más felices que ver felices a quienes queremos.

Ángela Callejon: La felicidad va intrínseca al ser humano

P.- ¿Da miedo el compromiso?
R.- Sí, mucho. No queremos comprometernos con nada y eso es generalmente por inseguridad. Amar con condiciones no es amar. ¿Hasta cuándo amamos? Hasta que llegue otro que está mejor que tú, hasta que llegue una ruina? Hay que procurar que te brillen los ojos en el día a día y para eso hay que poner mucho de nuestra parte. Por eso es importante ser amable, facilitar que nos quieran. Que nuestros gestos y nuestra actitud facilite y no sea impedimento. Cuidemos el amor. Leí en una ocasión que para que un matrimonio funcione, uno de los dos tiene que ser tonto, y para que un matrimonio sea feliz, los dos tienen que ser muy tontos. 

P.- ¿Cuál es el principal problema al que se enfrenta la familia hoy?
R.-  Creo que el principal problema es el afectivo; hay mucho dolor detrás de cada ruptura familiar. El drama de estos niños es que ellos se cuestionan si son culpables e incluso si son queridos. Lo que más agradecen los niños es la estabilidad familiar, que sus padres se quieran. Los asuntos económicos también generan muchos problemas. Una buena educación financiera a todos los niveles sociales ayudaría al equilibrio económico de las familias y evitaría muchos problemas.

P.- ¿Hasta qué punto es importante el apoyo externo en la familia?
R.- No se puede dejar a la familia a su amor porque es la base de la sociedad. Rota la familia, rota la sociedad. Y desde este reconocimiento debe recibir el apoyo institucional necesario para garantizar su viabilidad. Son cada vez más las familias monoparentales con uno o más hijos a su cargo, y de entre ellas, más del 80% están a cargo de mujeres. Si solo un progenitor ha de sacar la familia adelante y además trabajar fuera para tener ingresos, es necesario contar con ayudas sociales.

P.- Me hablas de cultura financiera como base de la familia, y por tanto de la sociedad.
R.- ¡Claro! Como no hay cultura financiera la gente sin saber dice, y sin saber cree. Hay que dar espacio al espíritu crítico. Yo les digo a mis alumnos “No creáis una palabra de los que os diga”. Hay que educar en libertad y no adoctrinar. Pero el cómo emplee otro su libertad nos da miedo y a veces los educadores no queremos asumir esa responsabilidad. ¿Qué hace un buen profesor?

P.- Cogerte manía.
R.- (risas) ¡Y a la inversa! Vamos con demasiados prejuicios por la vida. Qué injusto es cuando yo entro por primera vez en clase, y pienso: “Mis alumnos saben cómo soy”. Cuánto nos habremos equivocado por lo que nos dicen de alguien que después no resulta ser así. Nos precipitamos en el juicio y no siempre para bien.

P.- ¿Qué hace un buen profesor?, dímelo tú.
R.- Quizás deberíamos replantearnos muchos contenidos. Ofrecemos una formación más dirigida a las finanzas y a la dirección de empresas, pero dejamos poco espacio para la reflexión intelectual y el cultivo del espíritu crítico. Un profesional de la economía debe estar bien formado para ofrecer soluciones a los problemas del entorno y trabajar en servicio del progreso económico y social. Y cuando no se conoce la realidad, no se sabe hacia dónde remar y terminamos trabajando para nuestro interés particular. Es mejor aportar que juzgar.

P.- ¿Cómo se evita el prejuicio?
R.- Estudiando más –para conocer la verdad- y hablando menos –evitando el juicio negativo de nadie-.  Nunca hablemos mal de la gente. Siempre hay que hablar en positivo. Si nos cuesta admitir a otras personas, es porque hemos puesto empeño en no hacerlo. Hay que saber disculpar y comprender. Esa es la caridad. De la misma manera, a las personas hay que decirles sus cosas buenas, y también que las queremos. Con regularidad y naturalidad.

Ángela Callejón: Las nuevas tecnologías alejan a los que están cerca

P.- ¿Le quitamos felicidad a los hijos  con ese que “mi hijo tenga lo que yo no tuve”?
R.- Si te refieres a lo material, sí. Tenemos principalmente inteligencia y voluntad, ambas están dañadas porque no somos perfectos, pero la voluntad está mucho mas dañada que la inteligencia: esta nos permite diferenciar entre el bien y el mal. El problema surge cuando sabiendo lo que está bien no lo hacemos por el esfuerzo que nos supone o por la razón que sea.

Hay un estudio de la Universidad de Valencia que pone esto de manifiesto que el afán de los padres en conseguir todo lo material que ellos mismos no pudieron tener es una forma de callar la conciencia cuando lo que quieren los hijos es a ellos mismos, a los padres.

P.- La conciencia pesa.
R.- Con el paso de los años uno se va dando cuenta de que lo que de verdad pesa y cuenta en la vida es la familia. Por eso debe ir de la mano lo personal y lo profesional. Hay que llenar esos dos espacios de la vida. Así es como se enriquece. Los hijos nos ayudan a crecer en valores, nos ayudan a descubrir la grandeza de las personas por el simple hecho de serlo.  Eso lo hace el amor. Lo sabemos, pero nos cuesta vivirlo.

P.- El amor sin descanso no es amor.
R.- Descansar es una obra de caridad con los demás. Ahí las mujeres tenemos una asignatura pendiente. Dormir es importante y necesario, es un misterio; pero descansar  es cambiar de actividad y hay que aprender a hacerlo en familia, en pareja, con amigos.  A mí no me preocupan las parejas que discuten, ¡me preocupan las que se aburren!

Ángela Callejón: Nadie da lo que no tiene

P.- El aburrimiento trae mucho malo.
R.- Cuando unos amigos salen tienen que reírse y divertirse juntos. Tú tienes que llegar a tu casa oxigenada. Porque para salir de casa y hablar de cómo está el covid, el Gobierno, la crisis y el paro, eso te irrita muchísimo y encima te has gastado un dinero en cenar… Así que llegas a casa con más problemas de los que saliste (risas) hay que aprender a divertirse. El sentido del humor es fundamental. Pocas cosas hay serias de verdad.

P.- ¿Cual es la clave del éxito?
R.- Una buena organización. Priorizar y delegar. Hay tareas que sí lo son pero el rol de padre o madre, de esposo o esposa, ese es indelegable. Si no estás tú ese espacio no se puede llenar. Cuando uno se plantea una propuesta vital, dentro de cada etapa de tu vida las prioridades y las necesidades cambian. Cuando tus hijos son pequeños suele coincidir con el momento de crecimiento profesional y podemos caer en la tentación de elegir, pero hay que integrar. Se está en la edad de todo.

P.- Tú integraste Dublín. ¿Cómo fue?
R.- Muy duro, para mí lo fue verdaderamente. Mis 4 hijos tenían entre 5 y 13 años. Fuimos de junio a diciembre para que ellos no perdieran el curso y recuerdo que el último mes nos cayó una nevada historíca. Se cancelaron todos los vuelos y estábamos incomunicados. Abrieron el tráfico aéreo unas pocas horas y fue en uno de esos 3 aviones que salieron aquel 22 de diciembre en el que regresamos a casa. 

P.- Una huida en toda regla.
R.- Tal cual; por eso volvimos. Yo tenía que superar aquello (risas). A pesar de todo, regresamos otros 6 meses. Yo lo sigo recordando como un tiempo muy sacrificado, pero mereció la pena. Mis hijos así lo guardan en su memoria, deseando volver a vivir la experiencia. 

P.- ¿Por qué la mujer se siente mal cuando está en la edad de todo?
R.- Porque aun buscando el equilibrio familiar y profesional, la mujer generalmente antepone su familia, mientras que el hombre prioriza el trabajo. La mujer tiene un don especial para el cuidado de las personas y para dar unidad a la familia, tiene esa  doble capacidad de estar en el trabajo y a la vez pensando que se ha dejado al niño con fiebre en casa, y eso nos genera mucho estrés.

P.- No es fácil.
R.- En absoluto. Hay que responder de las decisiones. En la vida no hay premio ni castigo sino consecuencias. Y pasa que nos gusta decidir pero no tanto, asumir las consecuencias.

P.- Yo no renuncio.
R.- Hay que ser realista. Si tu sueño es trabajar en la NASA y quieres vivir en Málaga tienes que renunciar a una de las dos cosas. Elegir es la clave de la vida. No podemos estar con la mano en el yugo y mirando para atrás porque vamos a ser unos desgraciados siempre. A veces buscamos el éxito exterior, pero donde está la felicidad es en el interior.

P.- ¿Cómo lo identificamos?
R.- Cuando empiezas a pensar en los demás es cuando de verdad te llega la felicidad. Mira la Madre Teresa de Calcuta. Las madres son felices con sus hijos porque dejan de mirarse a ellas mismas para mirar a sus hijos. Hay que saber poner las cosas en su sitio. Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a UNO mismo. Estar bien yo para estar y disfrutarme y darme bien con los demás. Un Carpe Diem bien entendido. El orden es ese, tenemos que estar muy llenas porque de lo que rebosa el corazón, habla la boca.

P.- ¿Cómo se toma el café Ángela Callejón?
R.- Me encanta el café. Si es bueno me gusta tomarlo solo, pero en el día a día, con leche, un mitad. 

Carolina Navarro: “A veces pasa que la realidad te da un guantazo en el mejor momento de tu carrera y de tu vida”

Cuando entré en su casa de nuevo después  de tanto tiempo,  tenía muy claro que iba a hablar con una gran persona de enormes valores, generosa, amable y dispuesta a ayudar. Lo que no sabía es que de aquella charla sin prisa ni pausa surgiera la oportunidad de compartir vivencias tan personales como las que me hizo. Gracias Carolina Navarro por abrirme no solo las puertas de tu casa, también las de tu corazón.

Carolina Navarro: Capacidad y Esfuerzo

P.- Vamos a empezar por el principio. ¿Cómo se inició todo?
R.- Mis padres me metieron en el Candado para que hiciera deporte, a mí y a mis hermanos. Y de la escuela de fin de semana fui pasando y aumentando las clases, en vez de un día o dos empecé a ir 3 días a la semana, de ahí pasé a Escuela de Competición. Del Candado pasé al Cerrado, entrenando incluso 5 y 6 horas al día.

P.- Palabras mayores.
R.- Sí, entonces empecé a jugar campeonatos de Andalucía, campeonatos de España y de ahí ya pasé a un WITA (torneos internacionales profesionales). Fue en este momento que tenía 17-18 años cuando tuve que decidir si me dedicaba exclusivamente a competir y dejar los estudios, porque era inviable hacer las dos cosas.

P.- ¿Cómo se te daba estudiar?
R.- No sacaba notazas pero, bueno, iba aprobando. A mí me costaba mucho memorizar, y entre eso y que no tenía tiempo para estudiar, demasiado bien salía. Iba al colegio de 9 a 2 y entrenaba de 3 a 9.

P.- Sin duda, tenías capacidad.
R.- Era cuestión de organizarse y aprovechar el tiempo. Cuando tocaba estudiar estudiaba, porque el poco tiempo que tenía debía emplearlo muy bien en lo que estaba haciendo en ese momento. Yo tenía muy claro que quería entrenar pero también que los estudios eran lo primero. Es mejor centrarte en una única cosa que estar haciendo 7 cosas a la vez sin provecho.

P.- ¿Siempre quisiste ser deportista profesional?
R.- Se fue dando. Yo crecí haciendo deporte y al final sabía que mi futuro iba a estar ligado a ello. No sabía de qué manera, pero lo tenía claro.

P.- ¿Eras muy competitiva ya de niña?
R.- Me encantaba, competía hasta con las canicas, a todo, hasta a ver quién era el más rápido cogiendo un vaso; lo que fuera.

P.- ¿Tenías buen perder de niña?
R.- Sí, hoy ves a los niños cuando pierden y muchos se frustran por cualquier cosa. Hay que asumir que en ese momento el otro es mejor que tú y no pasa nada, te hace más fuerte porque al analizar la situación descubres en qué puedes mejorar, pero es más importante saber ganar que perder.

Carolina Navarro: Con los pies en el suelo

P.- ¿Por qué?
R.- Porque se trata de tener los pies en la tierra. Hay una frase que de tanto decirla me creo que es mía pero no lo es y me encanta: “No eres tan bueno cuando ganas, ni tan malo cuando pierdes”. Hay que tener un equilibrio, ni eres el mejor ni el peor. En una temporada tienes 20 torneos y hay que tener la cabeza bien fría para que las derrotas no te duelan y las victorias no te cieguen. Esa es la HUMILDAD, en mayúsculas.

P.- ¿Te lleva alguien las redes sociales?
R.- Las gestiono personalmente. Muchos se sorprenden cuando me escriben, “¿de verdad eres tú?”, (risas). Me gusta estar cerca de la gente e intento contestar a todos, quizá alguno se me haya quedado sin responder, pero espero que no. 

P.- ¿No te has planteado cederlo a una empresa?
R.- No, si acaso lo hiciera sería solo para los sorteos. Me gusta ser yo quien está pendiente y cerca de las personas que me siguen y me apoyan, es muy característico mío, de esas cosas de ser como soy. 

P.-  ¿Qué tienen las redes para ti?
R.- Recibo un apoyo increíble. Ha habido momentos así más bajos y lees esos ánimos y no te queda otra que venirte arriba. También es cierto que cuando hay algún comentario negativo, me marca mucho.

P.- Pero hay que quedarse con lo bueno.
R.- Sí fíjate que lo hago, y que me digo a mí misma “Venga, Carol, céntrate en los positivos”. Porque esa es la realidad, que hay más gente que suma y ‘haters’ hay muchos; pero debemos centrarnos en quien nos quiere. Lo hago también los partidos: pienso en mi entrenador, en Ceci, en la familia y lo demás no importa. Solo gente que suma. Eso a mí psicológicamente me ayuda mucho.

P.- El deporte que más se vende en España es el fútbol. ¿Caemos en el error de por hacer de ello un espectáculo se ocultan sus valores?
R.- Precisamente el fútbol es el deporte que menos valores aporta. No me gusta un jugador que finge que se tira; o que se queja de que le han hecho daño y no le han tocado, o que se pelea con otro jugador e incluso con el árbitro.

P.- ¿Qué deporte es para ti el que más valores transmite?
R.- Sin duda el rugby. Ahí donde los ves, a los jugadores tan grandes y ellos no fingen ni se pelean, y mira que se dan bien; al arbitro le habla solo uno, el capitán, y hace eso: hablar y con respeto. Y después del partido hayan perdido o ganado, se van juntos a comer. Es la máxima expresión de los valores. Me encanta.

Carolina Navarro: Extraordinarios y capaces

P.- Gestionas pistas de padel, jugadora profesional y desde 2017 presidiendo un proyecto precioso de pádel adaptado, la Fundación Palas Para Todos. ¿Cómo surge tu querencia con este colectivo?
R.- En mi familia no tenemos a nadie con ninguna discapacidad ni síndrome down, pero todo surge en Castellón. Mi mejor amiga allí tenía un hijo con parálisis cerebral, se llamaba Bibis. Ahí entendí bien la fuerza que tiene que tener una madre para llevar eso adelante y sobre todo la que tenía ese chico, era increíble.

P.- Enseñan mucho.
R.- Muchísimo. Claro, tu ves a un chico que comía por la barriga, y uno puede creer que en ese estado no se entera de nada, pero en absoluto: se enteraba de todo. Le decías cualquier cosa y se empezaba a reír. 

P.- ¿Qué supuso Bibis en tu vida?
R.- Conocer y vivir su situación tan de cerca, hizo que me apasionara por las personas que tienen algún tipo de necesidad. Estando en Castellón, en 2002, organizamos un torneo para recaudar dinero para chicos con parálisis cerebral.

P.- Esto fue 10 años antes de qué naciera Palas para Todos. 
R.- Sí. Lo de Castellón no tenía nada que ver, pero desde entonces me empecé a interesar; estuve yendo a varias asociaciones a colaborar. Coincidió que después mi hermana Elsa y Nini Conejo hicieron un curso de monitores de pádel adaptado y empezaron a dar clase. Y cuando venía a Málaga también iba con ellos.

P.- ¿Qué sentías?
R.- Recuerdo que venían los padres a dar las gracias. Pero era yo la agradecida. La experiencia y la energía que me dan esos chicos cuando estoy con ellos era impagable. Me iba con un chute de positividad. Gracias por permitirme estar con ellos. Y a raíz de aquello pensamos de qué manera podíamos ayudar más y así nació la Asociación Palas para Todos.

P.- Hablamos de 2012.
R.- Sí. Así ya pudimos empezar a solicitar subvenciones, becar a los chicos, también conseguimos que mi marca Starvie les consiguieran equipaciones. Los pudimos llevar a la pista central de World Padel Tour. Y bueno, no sabes qué caras y qué emocionante, es impresionante. Gracias a WPT que visibiliza estas acciones 

P.- ¿Se conocen las consecuencias del pádel adaptado?
R.- Hay gente que no sabe que un chico con autismo, síndrome down o Asperger y parálisis   puede entrar en una pista de pádel y los beneficios que tiene, tanto física, mental como sociales. Tenemos incluso a un chico con síndrome down que es monitor en la escuela. Es brutal lo que se consigue.

P.- ¿Qué es lo que más te ha marcado?
R.- En los Campus de Verano del Club Mediterráneo se hizo una inclusión con 4 chicos en 2019. Había dos hermanos con autismo, uno de ellos con un grado mayor y la madre se dio cuenta que escribiendo se podía comunicar con él. Un día le pregunto qué es lo que más le gustaba del Campus, y el niño escribió: “Que me siento en el mundo de los vivos”.

P.- (Silencio)
R.- Te está diciendo que le ignoran constantemente. Se me siguen poniendo los pelos de punta al ser consciente de ello. Eso es lo que me llena, no los títulos. Seguiré ayudando todo lo que pueda.

P.- Me cuentas esto y es inevitable pensar en la facilidad con la que se propone abortar cuando viene un niño con un cromosoma más. 
R.- A mí me causa mucho rechazo. Veo a tantos chicos con síndrome down que son inmensamente felices; y lo son con la forma que les ha tocado vivir. Me daría mucha pena no haber tenido la oportunidad de conocer a cada uno de esos chicos.

P.- A mí me da por pensar que la verdadera discapacidad la tenemos los demás.
R.- Totalmente de acuerdo. Fíjate, los padres de estos chicos no tienen palabras para agradecernos lo que hacemos por ellos; pero es que no es necesario, al contrario. La agradecida soy yo. Es como tú dices, si te paras a pensar y ves ese cariño y esa empatía como la que tienen Elsa y Nini que son las que están día a día… Pues sí, eso no lo tiene todo el mundo, por desgracia.

Nini Conejo y Elsa Navarro con parte del equipo Palas para Todos

P.- ¿Tan deprisa vivimos que no valoramos la vida? 
R.- Estamos todo el día pegado a la pantalla, yo la primera. Es verdad, vamos a mil revoluciones. Hay que pararse y valorar otras cosas, yo la primera. 

Carolina Navarro: El Olimpo del Pádel

P.- ¿Será el pádel olímpico?
R.- Están tan lejos que no sé si lo voy a vivir. Y digo vivir de verlo en vida. Para que sea Olímpico tiene que haber 70 países con práctica masculina y 40 femenina, en 3 continentes. Hay locura en muchos países, sobre todo Brasil y Suecia pero te sales de ahí y no se llega a la cifra, siento quitarte la ilusión (risas).

P.- Hablando de países, ¿a cuántos has ido?
R.- España, Egipto, Emiratos, Suecia, Noruega, Italia… Creo que en total en una docena de países.

P.- ¿Qué te has traído de ellos? 
R.- De Italia, arena, (risas). De Suecia más que traerme es que mi familia procede de ahí y me he traído su cariño, su esencia, poder disfrutarlos. Mi madre sueca y mi padre español. También recuerdo la suerte de haber hecho una exposición en las Pirámides de Gizah, y de allí me traje una energía muy especial.  También Argentina es genial, que es de donde es Ceci. De cada país me he traído lo mejor y buena energía.

P.- ¿Nos gusta quedarnos con lo regular?
R.- Intento quedarme con lo bueno de las personas y trato con tener a mi alrededor personas con buena energía. No es que tenga muchísima gente, pero mi círculo más cercano siempre los quiero positivos y con buena energía. Eso es lo que te hace a ti estar feliz y con buena energía.

P.- Personas vitaminas como dice Marián Rojas Estapé.
R.- Buena gente, gente transparente, y que sean positivas. Para que te pasen cosas buenas, que por cierto, tengo pendiente leerme su libro, que me recomendaste. 

P.- Oye cuéntame que está pasando en tu otro país, en Suecia.
R.- Locura auténtica, y yo feliz. La primera pista del país la inauguré en 2008 y estaba encima de una bolera. Las paredes eran de madera en vez de cristal, y había un montón de líneas en el suelo porque allí también se jugaba al hockey y otros juegos. Era muy divertido porque yo iba todos los años y jugaba y se quedaban mirando la pala con esa cara de “¿esto qué es?” (risas).

P.- Entonces fuiste la precursora del Padel en Suecia.
R.- Sí, hicimos una demostración varias jugadoras, jugamos a torneos y empecé a meterlo y mi madre también fue hablando con los medios y poco ha ido proliferando hasta llegar ahora que han nacido muchísimos club y están automatizado las pistas. Llegas con tu app se abre la puerta, se encienden las luces y en muchos de ellos se juega las 24 horas. 

Carolina Navarro: La vida y la muerte

P.- ¿Cuál es tu comida favorita de allí?
R.- Lo que mas me gusta es el kottbullar, las albóndigas suecas, qué ricas las hacía mi abuela y qué bien olían. Era la primera comida que había cuando llegábamos a ver a la familia. Por supuesto el salmón, eso es superior y cómo no, el chocolate bien caliente con nata extra hasta arriba, muy light (risas) no debe faltar. 

P.- La cocina de la abuela. Cómo marcan las abuelas, ¿verdad?
R.- Muchísimo, a mí me marcaron mucho las dos. Mi abuela sueca que se llamaba Lilly, murió hace poco. Y mi abuela española, Encarna, murió hace ya 30 años pero no hay día que no piense en ella, es como si no lo hubiera superado. Quizá ella sea también una de las razones de las que te haya propuesto venir a mi casa para hacer la entrevista. Todos los domingos venía a comer a casa y mi padre hacía paella. Hemos vivido mucho esta casa.

P.- ¿Veías mucho a tu abuela sueca?
R.- A mormor (abuela en sueco) solo la veía una vez al año, pero tenía una conexión especial con ella. Tanto que me pasó una cosa muy bonita: yo estaba aquí en la terraza y se me posó en la mano una especie de mariposa que parece una libélula, era una mariposa muy extraña que no  había visto en mi vida y que no he vuelto a ver y yo sabía que eso era una señal. 

P.- ¿Qué tipo de señal?
R.- Ese día murió mi abuela Lilly, mi mormor. Cuando la mariposa se puso en mi mano tuve una sensación interior de paz y de sentir que todo está bien. Busqué el significado de las mariposas y decía que son seres que se han ido. Bueno, se puede creer o no, pero lo que yo sentí ahí está. 

P.- ¿Por qué dices que no has superado la muerte de tu abuela Encarna?
R.- Cuando ella falleció yo estaba haciendo selectividad. Entonces mis padres decidieron no decirme nada hasta que yo terminara los exámenes, que los hacía en Madrid; y cuando termino y vuelvo a Málaga me lo dicen. Yo no había podido ir al entierro. De haber sabido que mi abuela murió habría dejado la selectividad para cuando fuera. Se me quedó muy dentro no haberla podido despedir. 

P.- Ese querer proteger a los hijos, que sin querer se hace daño.
R.- De verdad. Mi abuela obviamente sabrá porqué no estuve. Pero desde entonces les digo siempre a mis padres que me tienen que decir todo. Fue algo que no llevé muy bien. Si estoy de torneo, mi madre no me quiere contar los problemas; pero yo le pido por favor que me diga; que ya tengo 45 años. 

Carolina Navarro: Igualdad y Feminismo

P.- ¿Está bien representado el papel de la mujer?
R.- Yo creo en la mujer, el papel que tiene en la sociedad y también que tendría que haber igualdad real. 

P.- En el pádel, ¿ha mejorado?
R.- Sí, pero aún estamos cobrando 3 veces menos que los hombres. Hace unos 5 ó 6 años era casi 7 veces menos y teníamos muy poca visibilidad. Esto es histórico, viene de que el hombre siempre era más que la mujer en el deporte. Ahora con el World Padel Tour está cambiando mucho, tenemos incluso un torneo solo de mujeres. Es un escaparate para conseguir patrocinadores. Se están dando pasos y ha habido una evolución muy buena. 

P.- Entonces, ¿no se podía vivir solo del pádel?
R.- La mayoría tiene que hacer otras cosas. Las que teníamos suerte como yo, con buenos patrocinadores, sí daba para vivir, pero ese año; después había  que buscarse la vida. 

P.- Has sido muy valiente por posicionarte así en esta profesión.
R.- Hemos luchado mucho para conseguir esa igualdad real. Había una asociación femenina que incluso llegué a presidir. Hay muchas jugadoras que llevan tres o cuatro años y diciendo que hay que cambiar las cosas y tal, pero es que no tienen ni idea de dónde venimos.

P.- ¿De dónde?
R.- De jugar una final en una pista escondida que no se ven porque la central era de uso exclusivo masculino, y con cuantía de premios  7 veces inferior, de no tener fisio, de no tener agua, de no aparecer en las crónicas deportivas… Ahora es otra historia, sí hay igualdad, salimos en la tele como los chicos, tenemos fisio, agua, jugamos en pista central y nos pagan hasta los hoteles. Son cosas antes impensable y las que llegan ahora no lo valoran.

P. – ¿Te parecen válidas todas las reivindicaciones del feminismo?
R.- Hay muchas que me parecen absurdas y nos aleja de lo principal que es que un hombre y una mujer son perfectamente capaces y deben cobrar lo mismo; y yo veo que al menos en pádel estamos yendo por el buen camino y estamos consiguiéndolo. Ahora, eso de la cuota pues no sé; en las empresas hay que fijarse en la valía del aspirante y no en si es hombre o mujer. 

Carolina Navarro: Profeta en su tierra

P.- Dices lo de que la jugadora de pádel no sale en prensa pero eso en tu caso no se cumple.
R.- Bueno es que eso de ser malagueña y tener una madre representante es otra cosa (risas). Hay veces que me da hasta vergüenza, pero si no fuera por la insistencia de mi madre no hubiera sido posible. Con ella no puedes no enterarte. Ella fue la precursora de mí y de lo que hacía.

P.- Es para estar contenta.
R.- Lo estoy y mucho. La prensa me ha respetado muchísimo y ha estado siempre a mí lado. No creo que haya ninguna jugadora a la que la prensa le cuide tanto como a mí aquí y en toda España. Desde aquí doy las gracias.

P.- Y en tu tierra, como dice el refrán, pero hay excepciones.
R.- Nadie es profeta en su tierra. Me faltaba ganar un torneo aquí y lo conseguí en el Carpena. Dos semanas antes me había roto el gemelo. Me dijeron que si jugaba ese torneo se podía romper el todo, porque era una lesión tipo cremallera. Y yo le dije al fisio que hiciera lo que fuera, pero que yo tenía que jugar. Me hicieron un vendaje compresivo. 

P.- ¿Cómo lo recuerdas?
R.- El primer torneo jugando coja y Ceci corriendo de un lado a otro. Lo ganamos. Segundo torneo, de nuevo vendaje compresivo, tratándome todos los días. Y ese torneo ya era final teníamos 5 bolas de partido en contra y ya ahí tendimos el pundonor de que tenemos que ganar. El Carpena estaba que se caía y bueno, lo ganamos. Fue un momento de locos, íncreíble.

P.- Qué bonito ese momento.
R.- Sí, de verdad que sí. Soy una afortunada de hacer lo que hago y seguir aquí con 45 años. A ver cómo me tratan las lesiones. El año pasado ya sufrí mucho.

P.- El confinamiento fue terrible en muchos sentidos.
R.- Fue un destrozo porque tenía mi entrenamiento en dos por uno, y en parqué que te revienta las rodillas. Eso agravó mi problema con la lumbar y venía tocada. No había hecho pesas, pero bueno. Mentalmente fue difícil porque entrenabas sin tener objetivos, sin saber si ibas a competir o no.

P.- Claro, ¿para qué entrenas?
R.- Efectivamente. Todos lo sufrimos a nuestra manera. Y justo se abrió la fase 0 y nos dijeron: “En dos semanas a competir”. No estábamos preparadas, porque además en España el encierro fue radical.

P.- ¿Qué tiene el deporte?
R.- El deporte te da unos valores y al final es una forma de vivir para la vida. El deporte me está enseñando a gestionar mi vida. Ahora cuando me retire, los valores que he recibido del deporte me va a aportar lo que necesito para no perder el rumbo.

Carolina Navarro: Tras los focos hay mucho dolor

P.- ¿Planeas tu retirada?
R.- Yo veo mi retirada desde hace tiempo. Me va a costar porque es mi pasión. Pero es cierto que ya el año pasado ya no disfruté tanto porque tuve muchos problemas en la lumbar. Esta mañana lo hablaba en el gimnasio, la gente solo ve lo que hay debajo de los focos, pero lo que hay detrás de eso, el 99% de todo, es mucho dolor. 

P.- ¿Hasta qué punto?
R.- Convivo con el dolor, y pienso en ese precisamente en eso: hasta qué punto merece la pena pasarlo mal en el día a día. El año pasado fue muy malo, la cuarentena, ir mal entrenado, a eso se suma que Ceci se rompió y tuve que cambiar de compañera. Y quiero y espero creer que mi dolor lumbar venía del estrés y la tensión que sufrimos todos.

P.- ¿Entonces, es definitivo, esta es tú última temporada?
R.- Tú en la pista me ves genial, pero yo llevo enantyum antes de cada partido y cuando sales de ahí, más dolor. Lo he hablado con el psicólogo. Me ha dicho que no juegue pensando que es mi última temporada.Valoraré mi salud y el sufrimiento; pero ya veremos cuando acabe la temporada. Ahora juego y voy a por todas.

P.- ¿Cómo te gustaría que te recordaran?
R.- Yo quiero que la gente se quede con cómo soy yo, y no con los títulos que haya ganado. No soy mejor que nadie por ello. Cada uno tiene lo suyo y es de reconocer. Yo soy la misma Carolina Navarro que hace 45 años estaba en una cuna. No quiero cambiar, no tengo motivos para hacerlo.

P.- ¿Qué te gustaría hacer al retirarte?
R.-  Quizá entrenar alguna pareja del circuito, seguir en contacto con World Padel Tour; también van a venir grupos de suecos y entrenarlos; una escuela de menores…, tengo muchas ideas.  El pádel es mi vida. Lo que yo sé y domino es esto y así es como puedo ayudar y hacer crecer a gente y países.

P.- ¿Volverías a Málaga?
R.- A la larga, probablemente termine aquí. Pero ahora solo quiero pensar en esta temporada. Empezamos en menos de un mes y este año regresar a Madrid me va a costar porque he estado más en Málaga que nunca, porque ni si quiera hemos hecho la pre-temporada en Argentina como solemos a hacer. 

P.- Me hablas mucho de Argentina. ¿Qué te dice a ti?
R.- Cada vez que voy me tratan muy bien. Es un país bellísimo y que me encanta y que está poco explotado y aprovechado. Ceci también habla maravillas pero sabe bien y con pena esa inseguridad que aquí no tiene.

Carolina Navarro: Revés a la salud 

P.- ¿Alguna vez pensaste en hacer familia y tener hijos?
R.- Si eres deportista es complicado porque o te retiras pronto o no tienes. Nunca pensé en si quería o no tener hijos. Yo con mis sobrinos que los malcrío, ya iba bien servida (risas). La verdad es que trato a mis sobrinos como si fueran mis hijos, se vienen una temporada a vivir conmigo. Además, yo tuve una endometriosis me sacaron un ovario y estuvieron a punto de vaciarme entera en 2013.

P.- Cuéntame eso bien.
R.- Yo tenía dolores cada cierto tiempo en la zona abdominal inferior. Primero se pensaba que era colon irritable, me vieron en Argentina que fue donde me pilló y me recomendaron que mejor me revisara un ginecólogo. Y ya aquí en España fui, y además ese día iba sola. Me dijeron que podía tener cáncer y que lo mejor era vaciarme entera.

P.- ¿Así tal cual te lo dijeron?
R.- Tal cual y estando sola en la consulta. Salí de allí, y me fui a Santander a ver a un ginecólogo oncólogo. En los análisis los valores tumorales eran muy elevados. Recuerdo que este médico me hizo firmar autorización de si lo que encontraba requería el vaciado de útero total, lo pudiera hacer. 

P.- ¿Cuándo te operaron?
R.- Me operaron en febrero, me quitaron un ovario y los 4 meses siguientes seguía teniendo valores tumorales elevados. Se pensaba que había cáncer en otro órgano. Estuve a punto de hacerme otra prueba pero de pronto en junio los valores tumorales salieron bien. Recuerdo que estuve llorando dos días seguidos. 

P.- ¿Cómo estás ahora?
R.- Bien, todo bajo control. Estuve dos años muy vigilada pero los valores se mantuvieron bien. Me pusieron un tratamiento para que no volviera a aparecer la endometriosis porque soy propensa a ella. A veces pasa que la realidad te da un guantazo en el mejor momento de tu carrera y de tu vida. Aquello lo fue. 

P.- Acababas de ser campeona del mundo.
R.- Sí, en 2012 Ceci y yo lo ganamos todo, menos un torneo. Nos sentíamos invencibles y de pronto pasa esto. Y no, no éramos invencibles. A partir de ahí empezamos a perder partidos. Aquello nos hizo consciente de que éramos y somos vulnerables, perdimos esa confianza. Me hizo pensar mucho. 

P.- ¿Qué pensabas?
R.- Pensaba que me moría y eso afecta mucho. Pero no me podía morir ya, quería ver crecer a mis sobrinos. Mi familia. Esto solo lo sabían Ceci, Vane y mi familia, pero nadie más. Minó la confianza, hay cosas más importantes en la vida que el deporte. Como la pandemia. Todo lo que se estableció en aquel confinamiento deberían quedarse para siempre, la familia, la solidaridad. Eso que no se vaya nunca.

P.- ¿Cómo se toma el café Carolina Navarro?
R.- Prefiero tomar mate, un té argentino que tiene muy buenas propiedades. Pero aunque el café no me gusta, su olor me encanta. 

Pablo Dawid: «La familia es el pilar sobre el que se sustenta la historia de cada uno”

Desde siempre he admirado el talento con el trazo, la capacidad de adaptarse a las circunstancias y la riqueza cultural. A estos talentos se le une un genial sentido del humor, una sinceridad maravillosa y una generosidad manifiesta. Pablo Dawid, arquitecto y artista, una persona conciliadora, que suma y que está dispuesto a empezar cada día con ganas de aprender y dar lo mejor de sí para, con su ejemplo, construir una sociedad mejor.

Pablo Dawid se toma #UnCaféConPorras. Espero que disfrutes leyendo esta entrevista tanto como yo al hacerla.

P.- ¿Por qué decides estudiar arquitectura?
R.- Siempre he tenido una marcada tendencia artística. En tercero de E.S.O. me di cuenta que me gustaba porque aunaba arte, tecnología, matemática. Además a mí siempre me había gustado dibujar. Quizá por eso dudaba entre Bellas Artes y Arquitectura. Hablé con mi madre y me ayudó bastante. Ahora soy arquitecto y sigo desarrollando mi vertiente artística.

P.- Yo os recuerdo en Pamplona, con el frío que hacia, dibujando en la explanada de Comunicación a mano alzada…
R.- (Risas) Durante la carrera haces de todo; pero te ayuda a saberte definir para lo que viene después. La arquitectura es un arte al servicio de los ciudadanos y hay que usar bien la cabeza para que ese arte sea útil, que sea firme y perdure. Pero sobre todo, la arquitectura es un servicio.

P.- ¿Por qué contemplas la opción de ir al extranjero al acabar la carrera?
R.- Veníamos de un gran parón en la construcción que a los jóvenes arquitectos nos hizo salir fuera y buscar oportunidad en otros países. No obstante,  mi primera opción era realizar un Máster de Restauración en la Politécnica de Madrid; pero realmente la situación me hizo ver más allá. Y surge Kuala – Lumpur.

P.- Y allí que te plantas con 23 años. ¿Cómo llegas a Malasia?
R.- A través de la Universidad conseguí unas prácticas para 2 meses. Cuando acabó ese tiempo, y  viendo que allí había buenas expectativas y el panorama en España había cambiado poco y era muy duro, decidí quedarme allí un año. Recuerdo que en aquel estudio hacíamos estaciones de metro y edificios de oficinas, sobre todo.

Pablo Dawid: Elección de vida

P.- ¿Eras consciente de todo lo que dejabas atrás?
R.- Sí, porque precisamente dos meses antes de marcharme había conocido a una chica. Y sabía que era la mujer de mi vida, pero también sabía que era importante el trabajo y conseguir una estabilidad económica para llevar a cabo ese proyecto de vida juntos.

P.- Dicen que la distancia es el olvido, pero no siempre se cumple.
R.- En nuestro caso la distancia sirvió para reforzar ese sentimiento de que ella era la persona con la que quería estar. Fue muy emocionante. Tras dos años a distancia nos casamos y en Singapur nació nuestro hijo mayor.

P.- A vosotros os ha unido.
R.- Muchísimo. Y después una vez casados, estar lejos de nuestro entorno nos ha hecho vivir como matrimonio mucho más unidos. Hay que ser muy sincero contigo mismo y tener muy claro qué proyecto de vida quieres y ese defender querer formar y hacer familia. El matrimonio tiene sus luces, y también alguna sombra, pero es un estado vital muy bonito y muy pleno. Tú te das a tu marido o a tu mujer y es una riqueza; no solo para ti; sino también de cara a la sociedad.

P.- ¿En qué sentido?
R.- Como familia lo que se puede aportar a la sociedad es muy bueno. El ejemplo de la alegría, del esfuerzo; y merece la pena. Dejar a un lado el yo y que aparezca no ya el nosotros, sino el tú. Hoy vemos en la sociedad precisamente lo contrario. Cómo intentar prorrogar al máximo el tiempo de vivir con alguien, o aceptar a la otra persona con sus limitaciones y diferencias. Y eso hay que verlo como una riqueza pues el ser humano está hecho para querer a los demás y ser alegres. Siempre con cabeza, esfuerzo diario en el trabajo y mucho amor.

P.- Cuando te marchaste, ¿renunciaste o elegiste?
R.- Se puede decir que elegí. Me vi que en muy poco tiempo gané una apertura total a lo internacional. Pasé de Pamplona, que es una ciudad pequeña, a un breve tiempo en Granada y después salto a Malasia. Valoré todo lo que había recibido y lo que venía a recibir. Una riqueza cultural increíble.

P.- ¿Por qué te vas de Malasia?
R.- Me salió una muy buena oportunidad en Singapur, la ciudad es muy puntera, compacta y muy pequeñita; y además tiene integrado todos los elementos vanguardistas de arquitectura. Aquí el crecimiento fue aún mayor porque es una sociedad muy cosmopolita: australianos, estadounidenses, europeos, tiene también una comunidad filipina importante y el 75 por ciento de la población es china.

P.- ¿Recuerdas alguna anécdota?
R.- Tengo muchas pero recuerdo con diversión que en Malasia los chinos querían sacar la máxima rentabilidad al terreno y era muy gracioso porque cada dos semanas cambiaban de idea y querían un proyecto distinto. Echaba un montón de horas dibujando proyectos que no servían, pero ahí eras un eslabón más en la cadena. Los jefes sí peleaban con ellos. En ese tipo de trabajos es arrimar el hombro, trabajar y callar.

P.- Menudo crecimiento personal y profesional.
R.- Esto te abre un campo internacional impresionante en tu forma de vivir y trabajar. Mi visión personal es que estar en el extranjero es muy enriquecedor. Si tienes la oportunidad de coger ese tren, hay que subirse a él sin pensarlo porque ganas mucho más de lo que pierdes.

P.- La cercanía de los tuyos.
R.- Eso es lo peor de vivir en el extranjero; que te pierdes muchos eventos importantes. Estando fuera fallecieron mis dos abuelos, mi tía abuela, también bautizos.

Pablo Dawid: Riqueza espiritual

P.- ¿Vivir en el extranjero y todas estas experiencias te ayudaron a acercarte a la fe?
R.- Totalmente. En Kuala Lumpur viví toda mi estancia en el barrio musulmán de Taman Keramat. Mi casero malayo era musulmán, nos hicimos muy amigos. Eso me hizo conocer más otras religiones, a respetarlas y a quererlas. Y te hace reflexionar mucho sobre la tuya propia.

P.- ¿En qué sentido?
R.- Cuando tú naces en un sitio es por algo. Dios te pone allá donde estás por una razón; y ver que hay hindúes que creen fielmente en su religión, y budistas… Y piensas que el mundo es muy abierto y si hubiera nacido musulmán hubiera recibido una formación muy diferente a la que he recibido aquí en Málaga. Pero no, he nacido malagueño y Dios me ha puesto aquí para acercar mi vida a la fe y a los demás de una manera determinada. Y esto realmente es un shock; porque te das cuenta que tu realidad de cristiano sale y sientes una lucha interna ante otras realidades de fe; y ves la tuya, y me doy cuenta que la elección que yo he hecho como católico me apasiona.

P.- Ha surgido ahora un debate sobre los intelectuales cristianos. Desde el punto de vista de la arquitectura, ¿cómo se vuelca ese pensamiento cristiano?
R.- Debe ser el motor de cada persona. Cada cual tiene una vocación al trabajo, y es a través de esta donde se debe volcar. Tanto en el trabajo en cosas manuales, como en la enseñanza. Pienso en la arquitectura, que es principalmente dibujo, pero también es poner en el espacio algo nuevo que va a determinar la vida de otra persona y eso es muy santificante.

P.- ¿En concreto?
R.- La arquitectura es un servicio a la sociedad y por eso hay que tener siempre en cuenta la repercusión de nuestros proyectos en la vida de las personas. Es importante que la gente pueda vivir bien, que tenga habitaciones espaciosas, luz, buena orientación. Pensar en eso a la hora de proyectar hace que se tenga una vida de mayor calidad.

P.- A veces me da la sensación de que no somos conscientes de la importancia del cristianismo en nuestra cultura.
R. – Si pensamos en el arte sacro ha sido vastísimo y los grandes proyectos han sido iglesias y edificios con mucha espiritualidad, además de los palacios y castillos.

P.- En las pasadas fiestas disfrutamos de unos Christmas preciosos tuyos.
R.- Gracias, yo creo que los Christmas no debieran perderse. Son una forma de felicitar la Navidad muy personal. Y en medio de esta pandemia cuando no es posible reunirte, ha adquirido un mayor sentido. Quien lo recibe puede quedarse contigo, algo físico en un mundo tan digital como el que vivimos.

P.- Después de tu experiencia en Singapur con ese vivir la fe tan profundamente, vuelves a España y ¿qué ves?
R.- Aquí hay más un ansia por trabajar fuerte. Hablo con distintas personas y veo que la gente está muy en tensión. Aquí el trabajo es muy importante y copa la mayor parte del tiempo de la vida de las personas. Y quizá deberíamos poner el freno y pensar que sí que trabajar es importante pero la familia también lo es. Vivir la familia y pasar tiempo con ellos.

Pablo Dawid: Nuestros cimientos

P.- Creíamos que con la pandemia salir de esa rapidez y estrés pero no ha sido así.
R.- Al final nos hemos visto forzados a parar el ritmo y obligados a hacer más familia de lo que hacíamos hasta ahora. En nuestro día a día pasar tiempo con la familia es lo último cuando debe ser lo primero pues ahí es donde se construye sociedad.

P.- Eres malagueño, pero ¿cuáles son tus orígenes?
R.- Mi bisabuelo era polaco y mi abuelo nació en Francia. Mi abuela paterna era inglesa. Los dos habían venido a España para conocer el idioma y en un viaje de enseñanza en Salamanca, se conocieron. 

P.- Qué casualidad que precisamente te hablé de esta ciudad y de que me dejó fascinada su arquitectura.
R.- Sí, y viene dada por su historia. Salamanca es una ciudad totalmente universitaria que tiene su auge en el siglo XVI, y que recordemos es coetánea de Oxford. Es preciosa y también porque ha tenido la suerte de tener esa tradición histórica que ha permitido que se conserve. Eso por ejemplo en Málaga sería impensable porque hace 500 años nuestra ciudad era un pueblecito por así decirlo. Otro ejemplo mas cercano de ciudad histórica y que se ve en su arquitectura es Sevilla.

P.- Sevilla es preciosa y además con todos aquellos edificios impresionantes de la Exposición Iberoamericana.
R.- Efectivamente. Y no olvidemos que Sevilla era entrada y salida hacia las Américas en los tiempos del Imperio Español. La fuerza de la historia se nota mucho en la evolución de las ciudades y su arquitectura.

Pablo Dawid: Artista

P.- ¿Cómo empiezas a pintar?
R.- En mi casa hemos sido muchos y la pintura para mí ha sido una forma de destacarme de los demás y también me ha servido para relajarme ante los problemas. Con el tiempo he ido evolucionando y la arquitectura me ha dado una expresión artística más geométrica.

P.- ¿El arte tiene fronteras?
R.- El arte tiene un lenguaje universal. La casa que pinta un niño en China es la misma que pinta uno de aquí de Málaga. Es el mismo concepto aunque no viva en una casa como la que ha dibujado; y lo mismo pasa con las figuras, el monigote que dibuja un niño es el mismo. 

P.- Esto nos indica que todos somos iguales.
R.- Efectivamente. Por eso muchos artistas han intentado en sus obras volver a la infancia. Es lo que le ocurrió a Picasso o Joan Miró. El impulso creativo se da en la infancia y después se coarta. Hay quien lo continúa y quien no. Yo lo seguí (risas).

P.- ¿Cuál sería el Picasso de la arquitectura?
R.- Sin duda, Le Corbusier. Fue un suizo que modificó el sistema de viviendas a través del uso del hormigón armado. Esto fue hace poco más de 100 años. Supuso un cambio radical porque las viviendas se empezaron a estandarizar y se empezó a hacer como si fueran cajas de zapatos.

P.- ¿Cuál fue tu primera exposición?
R.- La recuerdo con gran ilusión, fue en Singapur y me encargaron que plasmara para la fachada de la  Biblioteca Nacional 4 poemas en 4 idiomas (chino, Tamil, el inglés y el malayo) en dibujo. Fue muy emotivo, me enfrentaba a algo muy grande que nunca había hecho. 

P.- ¿Cómo surge?
R.- Yo estaba habituado a trabajar en diseño de interiores y esta iniciativa vino de parte de dos holandeses. Y recuerdo que les presenté a aquellos dos señores altísimos una propuesta completa en la fachada de la Biblioteca Nacional y se quedaron asombrados. Y a mí me dio mucha soltura en el diseño gráfico.

P.- Te vienes a Europa, ¿y qué ocurre?
R.- Lo de Londres fue increíble. Yo tengo un amigo sevillano que es grafitero, él llama a su estilo frutalismo (se basa en dibujar frutas grandes). A través de Art Street London conseguimos un mural en el que trabajamos Fifty Fifty. Koctel (el sobrenombre del grafitero) empezó con sus frutas por un lado y yo con mi ciudad por el otro, hasta que en el centro se fusionan nuestros dos estilos.

P.- ¿Por qué vuelves?
R.- Uno va buscando estar más cerca de la familia. Recuerdo el primer proyecto en Londres, teníamos que remodelar una villa victoriana de 1871. Para mí fue un shock ver un estilo tan antiguo con el nuevo aspecto moderno que se nos pidió. No siempre lo que se restaura se queda tan armonioso que lo que se hacía en la antiguedad.

P.- Que se lo digan al Ecce Homo de Borja.
R.- (Risas) Ah sí, ese cuadro, como si se hubieran inspirado en Mr. Bean La Película.

P.- Al hilo de esto, pienso en Málaga con lo bonita que es y veo unos pastiches arquitectónicos que me pregunto si eso no está penado.
R.-  Estoy de acuerdo contigo. Hay una falta de unidad visual muy potente en Málaga. Calle Victoria es un ejemplo, porque tienes una casa ahí de Strachan muy bonita con una fachada clásica y tienes al lado un hotel que no pega en absoluto con el estilo.

P.- Lo llamativo es que esta heterogeneidad la tenemos en pleno centro histórico.
R.- Hay mezcla y hay muchos callejones que te trasladan. También falta incorporar más verde en la ciudad. Yo soy muy defensor de respetar la naturaleza porque el verde hace que los barrios sean vivibles. 

P.- Ahora tienes un plano importante por dibujar.
R.- Se me ha abierto una etapa como docente que la tomo con mucha ilusión y sumo interés. Durante mis estudios en la Universidad de Navarra estuve en un departamento de análisis de formas y dibujo artístico y ahora en este proyecto trato de continuar esos estudios pero con chavales de secundaria y bachillerato a quien enseño, bien, pero de quienes también estoy aprendiendo muchísimo.

Pablo Dawid: Estilos que hacen historia

P.- ¿Falta integración arquitectónica e histórica en Málaga?
R.- En Málaga hay edificios BIC y están protegidos por su carácter en la historia de la ciudad, eso no se puede negar; pero tenemos otros casos recientes que han generado mucha tensión como pasó con «La Mundial». Este edificio cuenta y muy bien para la historia de Málaga y a lo mejor se podría haber integrado y adaptado con el entorno, pero bueno, el hotel de Moneo parece interesante.

P.- Aquí se cumple lo de renovarse o morir.
R.- Sí, es normal. No todo lo antiguo se puede mantener. Si las pirámides de Egipto quedaron es porque detrás había un significado muy fuerte, pero de las casas de aquella época no se sabe nada. Y lo mismo ocurre ahora. Se ha evolucionado gracias a ese dejar atrás construcciones que han formado parte de nuestra historia. Así pasó por ejemplo con los cambios de estilos del gótico, al barroco. Esa evolución impresiona y la mayoría de las veces se encuentra con la oposición de la sociedad.

P.- ¿Qué supone el cambio?
R.- El cambio es siempre para mejor, supone una nueva apertura a algo distinto. Del renacimiento al barroco se ve claramente el enorme impacto. Pues hoy pasa lo mismo con los edificios de Frank Gehry, pero cada cual construye con los materiales y los requerimientos que le son contemporáneos.

P.- Ya que hablas de estilos, a ver si me aclaras qué estilo tenemos ahora mismo porque yo veo mucho batiburrillo.
R.- Sí, hay mezcla. Tenemos el minimalismo que ha pegado fuerte, pero todo el tema sostenible se está introduciendo de manera importante. En este sentido vemos en Dinamarca el estudio BIG que hace solo edificios con cubiertas ajardinadas dando prioridad al soleamiento. Y también algunos arquitectos que han introducido conceptos y estructuras muy novedosas.

P.- ¿Se plasma nuestro estrés cotidiano en la arquitectura actual?
R.- Ahora vivimos muy deprisa y sí que vemos cambios muy rápidos. Una arquitectura que intenta buscar el cuidado de la naturaleza, la sostenibilidad es muy importante hoy en día, el tema de la eficiencia energética, integrar la naturaleza dentro de las obras; también son estilos minimalistas que se cruzan y que estamos en una etapa de mucho cambio.

P.- ¿Cuáles serían los arquitectos más influyentes de nuestra época? 
R.- Zaha Hadid, una arquitecta iraquí que falleció en 2016, implantó los diseños curvos con líneas caprichosas y ha cambiado la estética y los métodos tradicionales de construcción y se han hecho cosas muy sorprendentes. Y Rem Koolhas que en el edificio de la CCTV de Pekín propone esa parte superior levitando; y toda la parte estructural y las cosas nuevas que se van desarrollando.

P.- ¿A ti qué arquitecto te ha marcado?
R- Hay muchos arquitectos que han influido en mí, pero tengo en mente uno especialmente característico que es Gaudí. Es un personaje muy cercano a la naturaleza y a Dios. Él supo transmitir con su obra un estilo muy propio y muy único que ha dejado su huella en la historia. Y yo me identifico con él porque pienso que el verde es fundamental para sentirse bien con uno mismo, por eso hay que integrarlo en la ciudad. Somos seres naturales y venimos de la naturaleza. Si nuestra vida se vuelve hormigón, es muy triste.

P.- ¿Tenemos buenos planeamientos en Málaga para grandes proyectos arquitectónicos?
R.- Creo que en este sentido no se puede hablar de blanco o negro porque hay matices.  La intervención que se ha hecho en el entorno del Teatro Romano ha sido muy buena, por ejemplo, contar con ese espacio ahí hace 30 años era impensable. A nivel de viviendas se van viendo avances y hay mejor planificación, sobre todo en los barrios nuevos: Teatinos, el Cónsul Soliva, Parque Litoral… Pero el problema aquí es que se rige por la economía y los tiempos de ejecución.

P.- ¿Cómo surge exponer en los hoteles?
R.- Al principio te tienes que ir abriendo camino y autopromocionándote. El carácter aquí en España es muy distinto quizá por la luz. En nuestro país somos más abiertos y alegres y exponer ha sido otro camino. 

P.- ¿Lo habías intentado en el extranjero?
R.- En Londres, pero no es fácil acceder ya que las exposiciones son mayormente a través de Galerías. 

P.- Cuéntame cómo fue tu primera muestra.
R.- Recuerdo que paseando por el Thyssen encontré un hotel que tenía una exposición que se acababa; así que le pregunté al recepcionista si yo podía exponer allí. Entonces me propuso otra ciudad. La cadena Eurostars tenía un hotel muy chulo cerca de la Catedral de Granada. Y además fue en febrero, poco antes del primer confinamiento. 

P.- Entonces tu primera exposición ha sido en el año de la pandemia.
R.- Sí, en 2020. Me ha sorprendido que precisamente este año haya sido tan productivo en exposiciones.

Pablo Dawid: El pilar de la propia historia

P.- ¿Qué fue lo mejor que te pasó cuando volviste a Málaga? 
R.- La familia. Recomiendo irte al extranjero en una primera etapa de trabajo, pero cuando te quieras asentar, que estés cerca de los tuyos. La familia es el pilar sobre el que se sustenta la historia de cada uno.

Pablo Dawid con su familia y sus obras al fondo

P.-  ¿Conoces la tuya?
R.- Tuve suerte porque mi abuelo paterno escribió sus memorias y me gustó mucho y las guardé. Hablaba de su historia y también se refería a mi bisabuelo inglés, que pertenecía a la Royal Navy inglesa. Leer aquello y cómo se han ido desarrollando los sucesos de la historia te hace ser consciente de que es un milagro que yo esté hoy aquí (risas).

P.- Tu propia genealogía te dota de una apertura especial.
R.- Sí, es cierto que acojo por naturaleza. Hay una parte de mí que es extranjera y creo que la mezcla es una riqueza. Depende de dónde te muevas, acoger al diferente no es habitual. En España por ejemplo cuesta porque al extranjero no siempre se le recibe bien.

P.- ¿Se teme que se cumpla el refrán “De fuera vendrán y de tu casa te echarán”?
R.- Sí, pero hay matices porque no todo el mundo piensa igual y hay gente que sí acoge. Por ejemplo, aquí en Málaga. Se considera al malagueño una persona cercana, muy abierta. Además de llevarlo dentro, esto también es posible gracias al clima y a su ubicación. Es una ciudad con costa, y esto hace que sea una ciudad abierta a la que la gente viene y nosotros estamos encantados de recibirles.

P.- ¿Recomiendas estudiar arquitectura?
R.- En Málaga sigue habiendo construcción y mucha demanda de vivienda. De todas formas yo animo a la gente a que siga su vocación. En la vida es mejor preguntarte para qué crees que vales, y en aquello en lo que crees que es bueno y quieras hacer, ese sueño lo persigas y lo trabajes. Hay que lanzarse a por ello.

P.- Pero para eso hay que saber escucharse.
R.- Sí. Es cierto que hay un punto de influencia en la sociedad o en tu propia familia; pero cada uno en su conciencia sabe que le está diciendo hacia dónde  tirar. Por eso yo recomiendo estudiar arquitectura si sientes que es lo tuyo y que te va a gustar. Porque además en los estudios estás sometido a una presión potente porque tienes que trabajar rápido.

P.- ¿Cómo se toma el café Pablo Dawid?
R.- Un café americano, y a poder ser con el agua aparte para yo prepararlo.

Paloma Gómez: “Mientras haya vida, ¿de qué sirve lo que te diga el médico? ¡Vive!”

Llevaba mucho tiempo queriendo compartir un rato con esta mujer a la que admiro y quiero. Gracias a ella he descubierto que a pesar de las penumbras, todos buscamos y somos luz. Paloma Gómez se toma #UnCaféConPorras y hablamos sin tapujos de la vida, el cáncer, la muerte, la educación y la familia. Ella es Coordinadora de Misión de Paciente en AECC en Málaga y es una mujer valiente, luchadora y muy justa. Una persona con quien se puede hablar de cualquier cosa y sea el tema que sea, siempre terminas riendo. Gracias, Paloma; porque contigo es fácil volar alto y disfrutar de la vida.

Paloma Gómez: Abriendo camino en AECC

P.- ¿Cómo te hiciste voluntaria en AECC?
R.- Yo tenía 34 años, y una amiga me dijo que habían abierto el primer centro de la AECC para hacer citología y que necesitaban voluntarias. Y allí que me pusieron a hacer fichas, un aburrimiento soberano (risas). Le dije a mi amiga que lo dejaba y que iría a hospitales a ver cómo ayudar; y ella me dijo que se iba a Cáritas, que aquello tampoco le atraía. Así, se lo dijimos al Dr. Juan Carlos Domínguez, que es ahora el médico de Paliativos de la AECC, y él nos dijo que la AECC éramos nosotras y que lo que no nos gustara, lo cambiásemos.

P.- ¿Qué hicisteis?
R.- Nos quedamos sorprendidas, pero nos dio tal fuerza que empezamos a ir a cursos de Voluntariado. Estamos hablando de un tiempo en el que ni existía la Ley del Voluntariado, que ser voluntario en aquella época era lo de la huchita y poca cosa más. Descubrimos el libro A Fuego Lento, y así es como montamos el voluntariado en Fuengirola y Mijas y abrimos camino a lo que después sería el voluntariado en toda la provincia.

P.- Cómo te cambia la vida un libro, ¿no?
R.- Muchísimo. Y se me grabó a fuego, como bien dice su nombre. Desterramos los personalismos y nos basamos en el espíritu de servicio ocuparas el cargo que ocuparas. Y lo que más me gustó era preguntar a cada persona el voluntariado que quería hacer y dejar que esa persona desarrollara su iniciativa, que no intentáramos hacer nuestra la idea de otro. Así nació el voluntariado a domicilio, por ejemplo, que ya se hace a nivel nacional, y su precursora y de quien surgió todo fue nuestra querida Herminia Benítez, que ya falleció. 

P.- Construir desde cero sería muy emocionante.
R.- Era precioso, cada uno hacía lo que le gustaba. Uno daba charlas en colegios, otra montando un taller. Y se construye con el sí. Cuando propones algo y te dicen que no, te paralizas, pero en el momento en el que dices sí, se busca y encuentra la forma de hacerlo y eso crece. Y nosotros a todo decíamos que sí.

P.- ¿Aunque no tuvierais la respuesta certera?
R.- Claro, porque quizá tú no sepas, pero llamando a uno y a otro al final lo averiguas. Se trata de ser hilo conductor, de ayudar en la medida de nuestras posibilidades. 

Paloma Gómez: Antes Voluntaria, después Paciente

P.- ¿Cómo es ese momento en el que el cáncer de mama pasa a ser el cáncer de mamá?
R.- Eso es tremendo. Toda mujer con la que hablo y tiene un cáncer de mama y tiene niños pequeños tienen mucho en común, y es que en todas el cáncer pasa a un segundo plano y todo lo ocupan los hijos. Se preguntan qué va a pasar con mis hijos, cómo los voy a dejar. Ahí sí que la maternidad es un punto clave. Y lo sé porque yo también lo viví así.

P.- ¿Cómo lo recuerdas?
R.- Cuando a mí me diagnosticaron cáncer, mi hija mayor tenía 12 años, el mediano 9 y el pequeño 7. Eran muy pequeños y mi caso además fue un diagnóstico en el que me daban solo dos meses de vida. 

P.- En ese momento, ¿qué se te pasó por la cabeza?
R.- Ahí me planteé muchas cosas. Y pensé que lo que era importante para mí y mi vida quizá nunca llegaran a conocerlo mis hijos. No es tanto que se queden con algo mío pero me propuse inculcarles a fuego valores y una frase que me caracteriza y es que esta vida no es lineal, siempre hay que priorizar. 

P.- Desde aquel diagnostico en el que te daban dos meses de vida, ¿cuánto tiempo ha pasado?
R.-  Hace ya 19 años. En septiembre del 2000 me diagnostican cáncer de mama y en la primera revisión de los 3 meses me ven metástasis en el pulmón. Es ahí cuando me extirpan medio pulmón y le dicen a mi marido que tengo muy mal pronóstico porque estoy invadida.

P.- ¿A tu marido?
R.- Sí, Quisco el pobre estuvo muy afectado. Como se dice coloquialmente, se quedó ‘chocao’, pero más de un año. Él estaba intentando a aprender a vivir sin mí.

P.- Y a ti, ¿cómo te afectó el diagnóstico?
R.- Muchísimo. Realmente lo viví sola, fueron 4 meses desde que a mí me dicen que tengo una metástasis en el pulmón hasta que me operan. Claro, en ese tiempo yo le decía a todo el mundo que me tenían que hacer una biopsia y que tenía que ser en quirófano. Un rollo que me inventé porque no me atrevía a decir la verdad, pero ni si quiera a mi marido. 

P.- ¿Ni a él?
R.- No, de hecho todos los años nos íbamos a Andorra con los niños y aquel año le dije que se fuera sin mí porque mi padre exponía en Sevilla, y esto era verdad, pero también porque tenía que hacerme más pruebas. Esto estuvo muy mal y no se debe hacer nunca. Porque ese sufrimiento que yo tenía vivirlo sola fue muy duro; y además tampoco preparas a tu familia de lo que puede o no venir.

P.- Y lo que vino es que a la salida del quirófano el médico le dice a tu marido que te quedan dos meses de vida.
R.- Sí, imagínate el shock. Allí estaban también mi padre, algunas de mis hermanas y mis suegros. Y fíjate qué cosa más curiosa me pasó estando en la UCI. Recuerdo que entró un hombre, me dijo que era un amigo de mis suegros, y me dio un Niño Jesús de Praga de cristal, me lo puso en la mesita. Y mi suegro siempre dijo que lo que ocurrió fue un milagro.

Paloma Gómez: La clave es Vivir

P.- ¿Hasta qué punto es importante la actitud?
R.- Es fundamental, pero cuidado con esto. Porque yo he visto irse a gente super alegre y optimista. Cuando te diagnostican un cáncer tienes dos opciones: o la enfermedad  domina tu vida, o tú dominas al cáncer, porque si eso va a acabar con tu vida, tú debes vencerla con tu actitud. Y esto es así con el cáncer y con cualquier otra enfermedad que se padezca. Hay que ser feliz a pesar del contexto de tu vida.

P.- Estar feliz cuando todo va bien es importante pero cuando las cosas se tuercen…
R.- Nadie sabe cómo va a vivir su vida ni lo que le va a pasar, pero ver a las personas que tienen ese diagnóstico encima y que tienen alegría de vivir es maravilloso acercarte; porque mientras haya vida ¿de qué sirve lo que te diga el médico? ¡Vive! Y esto le pasó a un buen amigo, que celebró su 50 cumpleaños, a la semana se casó y a la semana, murió. Y lo hizo viviendo hasta el último momento, disfrutando de su vida hasta el último día a pesar de sus diagnósticos. Porque la vida se trata de vivirla.

P.- ¿Qué opinas de la eutanasia?
R.- Soy muy partidaria de los Cuidados Paliativos porque lo he visto. Y lo que no se puede tener es a una persona llena de dolor; o de efectos secundarios que no te dejan vivir. Creo que por desgracia en España al final de la vida no se cuida a los pacientes como se les debería de cuidar. La gran mayoría de las personas que por el sufrimiento o la desesperación podrían pedir una eutanasia, no lo harían de estar bien cuidados y teniendo a su disposición unas unidades de paliativos que cubran todo ese sufrimiento tanto emocional como espiritual como físico que le produce su enfermedad.

P.- Pero te pregunto por la eutanasia en sí.
R.- “No estoy de acuerdo” y lo digo así, entre comillas. 

P.- ¿Por qué?
R.- Tú bien sabes que yo trabajo mucho con pacientes terminales y te aseguro que tan solo una vez una chica le dijo al médico que se quería ir, y el médico pensó que se refería a su casa, y ella me dijo que le pedía la eutanasia. ¿Sabes por qué? Me confesó que le habían dado dos meses de vida; y había amoldado todos los proyectos de su vida a esos dos meses y ya los había concluido todos; había perdido el sentido a su vida. Lógicamente esa persona no te pide la eutanasia, aceptó con ayuda a seguir su vida; y murió sin eutanasia. Lo horrible es que no haya una buena oferta de paliativo.

P.- Tú además tendrás muchos ejemplos de esto.
R.- Sí, el mayor lo tuve con mi padre. Recuerdo que él estaba sufriendo mucho, sin poder respirar, ver cómo se ahogaba fue horrible, pero llegó en ambulancia una unidad de paliativos y murió en paz y sin sufrimiento. La eutanasia te va cambiando la mentalidad; y al final ocurre como a esa familia belga cuya primera opción era la eutanasia. Porque estando bien atendidos, la gente se agarra a la vida de una manera extraordinaria, no tienen ganas de morir. Esta ley de eutanasia ha sido fatal porque además se ha hecho por la puerta de atrás y en este contexto en el que lo prioritario era dotar de una servicio de Cuidados Paliativos accesible y general que es lo que de verdad necesita el paciente.

Paloma Gómez: Saber pedir ayuda

P.- Imagino que cuando a un paciente se le diagnostica cáncer, está muy perdido.
R.- Muchísimo. Yo llegué a esta enfermedad con ventaja porque yo ya era voluntaria de AECC cuando me diagnostican; y para mí fue una gran ventaja que durante todo el camino me acompañara Juan Carlos. Por lo general las personas llegan sin saber absolutamente nada, y por eso yo animo tanto a quienes les diagnostican cáncer que por favor acudan a la AECC.

P.- ¿Por qué crees que puede haber esa cierta reticencia?
R.- Porque se piensa que solo hay enfermos terminales o tristeza, pero no es así. Se ofrece apoyo, información, personas que han vivido lo mismo que tú, tus mismos miedos e incertidumbres, y te sientes muy comprendida porque quien te atiende es una person que se ha enfrentado a tus mismas inquietudes. El médico te pone tu tratamiento y va a tratar tu enfermedad estupendamente, pero ya está.

P.- Antes me hablabas de priorizar. ¿En qué sentido? 
R.- Porque de lo contrario entramos en una vida monótona. Y cuando digo valores, no me refiero a palabras vacías; no. Hablo de que en esta vida la gente que te rodea, las personas con las que te cruzas tienen que moverte y provocarte sentimientos que te hagan actuar e implicarte. Las relaciones personales existen para eso, para que la persona actúe. Si a mi amigo le pasa esto, ya se preocupará su madre; pues no. Implícate que para eso eres su amigo. Si tú de verdad te preocupas de verdad de lo que le pasan a las personas tendrás una vida plena.

Paloma Gómez: Prioriza siempre

P.- Cuando miras atrás en este sentido, ¿cómo te ves que has sido con tus hijos?
R.- He intentado ser justa y comprometida. Les he querido enseñar que hay que ayudar, a los demás, ceder, ya sea el paso o las decisiones; que seamos responsables y buenos ciudadanos. Quizá habré sido un poco burra, porque no me ha importado si han tenido amigos delante o no, pero he intentado educarles en valores auténticos. Lo más importante es que sean personas coherentes, responsables y muy justas.

P.- ¿Educación con palabras o con ejemplos?
R.- Esto que te digo me lo han visto hacer a mí. Priorizar y preocuparte por los demás. Si tienes una amiga que se está apagando, que le queda poco; tú lo dejas todo por ella y se tiene que entender. También es cierto que yo esto me lo he podido permitir.

P.- ¿A qué te dedicabas?
R.- Yo digo que siempre he copriorizado. Desde que empecé a estudiar psicología estuve trabajando con unos niños de necesidades especiales. Mi cuñado, que era piscológo en un colegio, me dijo que había unos niños que necesitaban ayuda. Y a mí los niños me encantan. A raíz de aquello entré en tres colegios y estuve con niños que eran disléxicos, otra niña que a raíz de una rubeola se quedó sorda. Y yo a esos niños en esos colegios les daba educación especial.

P.- Tenía que ser muy enriquecedor.
R.- Muchísimo. Además fíjate, que yo soy disléxica; y yo aplicaba un método para promover la confianza en ellos mismos, y no seguía el método del palito, que por lo menos eso conmigo no servía absolutamente para nada. Lo que no sé es cuando estudiaba, porque salía de clase a las 3, me iba al colegio y por la tarde iba a dar clases particulares, recuerdo especialmente una en la que había dos hermanos, a una le daba refuerzo para su dislexia, y al pequeño maduración cerebral. Y esto me encantó, fue un aprendizaje extra durante toda la carrera.

P.- ¿Cómo fue tu trabajo en las Tres Mil Viviendas?
R.- Me encantó. Fue maravilloso. Además yo siempre había sido muy atrevida, recuerdo una vez que puse a las niñas del barrio a jugar al fútbol; estamos hablando de finales de los ’70. Las madres cuando nos vieron vinieron detrás de mí a pegarme, y el maestro me tuvo que esconder (risas). Lo recuerdo con mucho cariño aquellas practicas de Tiempo Ocupacional, lo repetiría sin duda.

Paloma Gómez: Mi Historia

P.- ¿Eres de Sevilla?
R.- Nací en Madrid, pero mi padre es sevillano. Todos mis hermanos mayores nacieron en Sevilla, después trasladaron a mi padre a Madrid, y ya nacimos ahí mi hermana pequeña y yo. 

P.- ¿Qué recuerdos tienes de aquel Madrid?
R.- Te hablo de 1977, yo aún iba al Instituto, y el mío era el Beatriz Galindo, en calle Goya; aquel que estaba justo en frente de la cafetería California 47, donde siendo yo estudiante estalló una bomba del GRAPO. Recuerdo vivir con mucho miedo, un día oías un tiro, otro te informaban de muertos…

P.- Tú viviste esa historia reciente de la que poco se habla.
R.- Sí, a mí me resulta un poco chocante que se hable tanto de Madrid y La Movida y tan poco de esto. Que sí, que La Movida estuvo fenomenal, pero antes de eso hubo un tiempo de una inseguridad enorme. Además había unos enfrentamientos entre la extrema izquierda y la extrema derecha que eran horribles. Recuerdo cuando iba a coger el metro y yo tenía que pasar entre los de la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores) y Fuerza Nueva, que todos los días terminaban a guantazos y palos.

P.- Al hilo de esto que me cuentas, ¿crees que hay una parte de la historia que no se cuenta y no se reconoce?
R.- Totalmente, la historia la cuenta cada uno como cree cada uno que es; y que al contarla se piensa que es la historia objetiva, y no es así. Hace un tiempo y no sé cómo, me llegó un estudio sobre la subjetividad y la objetividad; y era muy curiosa porque ante situaciones totalmente subjetivas la gente las valoraba como objetivas. Yo siempre digo que hay tanta historia como personas que la cuenten.

P.- ¿Por ejemplo?
R.- Mi padre, aunque es sevillano, su padre y sus raíces son cubanas. En una ocasión fuimos mis hermanas con mi padre a Cuba. A la vuelta tenías que escuchar a cada uno contar la historia de este país. Y somos hermanos, y hemos ido en el mismo momento y con mi padre. Parecía que cada uno hablaba de un sitio distinto. Y esto es porque tú te centras en ti y en lo que tú quieres ver. A ver, es obvio que Cuba es un país con un régimen autoritario, eso por supuesto. Pero por ejemplo una hermana mía volvió con ese “qué horror” por la situación política; y yo con la personalidad del cubano “qué maravilla” y pensando que ese carácter propio del cubano se puede perder si se convierte como el resto de países que lo rodean.

Paloma Gómez: Humanos y Libres

P.- Entonces qué queremos, ¿arte o libertad?
R.- Siempre libertad.

P.- ¿Crees que estamos perdiendo libertad?
R.- Cada vez estamos menos libres, pero además por el miedo. No están metiendo el miedo y eso está justificando la perdida de libertades que estamos padeciendo. Vivimos una pandemia, vale. Pero no nos cuestionamos nada y vamos como borregos. 

P.-  ¿Por qué dices que debemos cuestionarnos las las medidas?
R.- Porque antes que la norma está la atención a la persona, la humanidad. Las normas tienen excepciones para poner en evidencia ese sentido de atención y servicio; y eso es lo que ahora nos falta. Y es algo que he visto en centros de salud, en colegios, en muchos sitios donde debe primar el cuidado y el respeto al ser humano. Es muy triste. Esto te plantea que en qué ha quedado el valor de la persona. 

Paloma Gómez: Todo por Amor

P.- ¿Por qué regresas a Sevilla?
R.-  Por amor. Había conocido a Quisco, que aunque es de Fuengirola, en aquella época estaba en Sevilla. Yo estaba enamorada de él, así que aproveché la tesitura y los tiempos convulsos que vivimos en Madrid para pedirles a mis padres estudiar la carrera en Sevilla donde, además, tenía dos hermanas y aún vivía mi abuela.

P.- ¿Quién te acogió?
R.- Yo quería irme con mi hermana, pero mi padre me dijo que no, que con la abuela. Y mi abuela, que estaba viuda, era muy estricta. Doña Margarita, de cena a las 9. Y yo que salía de las clases particulares a las 8, me iba corriendo a tomarme una cerveza rápido con mi novio que si no mi abuela no me dejaba cenar. Aunque claro, después a escondidas sin que me viera, me iba a la nevera (risas). Ahora, los fines de semana sí que me iba a casa de una de mis hermanas para poder salir de juerga. 

P.- Dice la copla que en Sevilla hay que morir.
R.- A mí me encanta Sevilla, de hecho quería casarme allí, pero al final tuvo que ser en Madrid. Por logística con mi familia y porque soy muy facilona y mi padre me lo pidió y bueno, a un padre no se le dice que no. Me casé en la iglesia de San Patricio, en La Moraleja. Fue la iglesia más pequeña que encontré porque a mí no me gusta ser el centro y eso de ir por un pasillo y que te vayan mirando, yo me muero. Lo pasé mal por eso el día de mi boda; para nada fue el día más feliz de mi vida.

P.- ¿Cuál fue el día más feliz?
R.- No lo sé, porque creo que no puedo hablar de un solo día. Tengo muchísimos días felices en mi vida. Dicen que cuando das a luz, yo ese día no lo considero el más feliz; pero el hecho de ser madre de mis tres hijos ha sido maravilloso y muy feliz. Y de mirar y ver a tu hijo y decir “pero bueno; este milagro, ¿qué es?” 

Paloma Gómez: La Maternidad

P.- ¿A ti te cambió la maternidad?
R.- Yo tenía instinto maternal mucho antes de ser madre. Fui tía con 14 años, porque somos 8 hermanos y yo soy la séptima. Antes de casarme ya tenía 10 sobrinos, y ejercía de tía de verdad, que se iban los padres de viaje y yo me hacía cargo de los niños. Es distinto por que ya te haces una idea de lo que era tener un bebé. Yo creo que ahora te cuentan todo lo bonito de la maternidad pero después tienes tu niño y sobre todo el primero que viene a cambiarte la vida, y de verdad te cambia absolutamente todo.

P.- Tener sobrinos siendo adolescente da muchas anécdotas.
R.- Sí, (risas) muchísimas. Hablando con una amiga hace tiempo me recordó una que yo había olvidado: “Paloma, ¿te acuerdas de cuando cuidábamos a tus sobrinos y le metíamos el chupete en anís?” Yo me quedé muerta porque lo había olvidado por completo y gracias a Dios que el niño no ha salido alcohólico porque si no la responsabilidad… (risas).

P.- Quizá por eso mismo, por el mal recuerdo; aunque esa práctica de mojar el chupete en coñac era habitual antiguamente.
R.- Anda, pues de ahí viene lo de encoñao, no había caído yo en eso (risas) pues mira tampoco lo he hecho yo tan mal con mis sobrinos (risas). Tengo muchos recuerdos de días felices. Me encanta disfrutar de la vida, de tantas situaciones tan bonitas, y por eso creo que he tenido muchísimos días felices.

P.- ¿Se nos olvida a las personas que todos los días tenemos la oportunidad de ser feliz?
R.- No es tanto que se nos olvide ser feliz, sino de recordar que tenemos la capacidad de serlo. Creo que hay personas que van felices por la vida incluso el día más duro. Recuerdo cuando a mi madre le diagnostican cáncer de colon, y yo, que entonces tenía 27 años, lo oí saliendo de la habitación y escucho que le quedan dos meses, para mí fue muy duro. 

P.- ¿Qué hiciste en ese momento?
R.- Recuerdo que salí corriendo, y literalmente me fui corriendo a casa de una amiga; y poder contar con esa amiga que te acoge y con quien vuelcas ese dolor es una suerte, y es motivo de felicidad. A pesar de todo. Y bueno, el médico lo clavó; porque mi madre murió a los dos meses.

P.- Con este precedente, y que años después a ti te den dos meses…
R.- Pues solo pensaba en mis hijos y en dejarles claro lo que para ti tiene valor, lo importante de la vida. Y solo me encargué de vivir y priorizar. Ahora veo a mis hijos y estoy muy orgullosa de ellos; no presumo porque nunca me ha gustado presumir pero los veo tan valiosos a los tres, y cada uno es distinto, ninguno tiene que ver con el otro; pero me llenan y me hacen sentir mucho orgullo.

Paloma Gómez: Amor Incondicional

P.- Y vivir felices.
R.- Eso siempre, y para ello hay que ser coherentes, aunque los demás digan lo contrario o te lo quieran impedir con normas que se alejan de la humanidad y de ese trato que se merecen todas las personas por el hecho serlo. Cumplo las normas, de acuerdo, pero sí debemos cuestionarnos las cosas para ser coherentes.

P.- Tú que vienes y has formado también familia numerosa, ¿hasta qué punto son importantes los hermanos?
R.- Nosotros somos una gran familia, hasta este año siempre nos hemos reunido 50 personas en Navidad. Y esto se lo debemos a mis padres, que nos educaron en el amor incondicional. Si a ti te molesta esto de tu hermano da gracias a Dios por no tener ese defecto que tanto te molesta pero acepta a tu hermano tal como es. Y nunca nos permitieron ni una crítica a nadie.

P.-El amor por encima de todo.
R.- El amor incondicional, sí. Y eso lo hemos vivido mucho en mi familia porque cuando yo tenía 13 años uno de mis hermanos cayó en la droga. Y eso fue durísimo. Él tenía 17 años y todo comenzó cuando en la Universidad tuvo su primer suspenso, él que era un niño de todo sobresaliente. Ahí comenzó a tomar unas pastillas para estudiar. Y es lo que hablamos, el miedo, la inseguridad…

P.- ¿Hasta qué punto te marca esto en tu vida?
R.- Muchísimo. Aprendes a vivir alrededor de un hermano con este problema y que nunca lo superó. Él deja de drogarse pero bebe alcohol. Y todo visto con la perspectiva del tiempo y ves esa lucha de esos padres que de forma incansable hacen todo lo posible para que salga de ese mundo de adicciones y lo hacen con tanto amor. Y ves esas recaídas…

Paloma Gómez: La familia

P.- Debió de ser muy duro.
R.- Sí, pero ves el valor del amor y de la familia. Mi hermano vivió en la calle, en el mismo barrio donde vivía mi hermana Marga que era quien siempre estaba pendiente de él y del vagabundo moribundo al que acompañaba mi hermano hasta que moría y entonces iba con otro a quien consolar. Manolo era un hombre muy muy bueno. Vivía en la calle pero dormía en una pensión de por allí y los dueños de la pensión le querían mucho porque la hija de este matrimonio murió por las drogas. Me emociona mucho hablar de mi hermano Manolo… Su época en Madrid y toda su vida, fue dura. Allí también coge la tuberculosis y lo ingresan en la Fuenfría.

P.- Imagino el dolor de tu madre.
R.- Sí, mucho. Ella le dijo una vez que ya le había quedado claro que no estudiaría ni trabajaría, pero le dijo “no quiero perderte nunca”; y así fue porque nos enseñó bien a amarlo y cuidarlo. Ella dejó dicho que su casa de aquí debía ser para su Manolo, y tal cual. Él quiso venirse a vivir aquí y me lo traje una temporada a mi casa a vivir con mi familia hasta que ya le arreglamos la casa de mis padres. Mi padre siempre le pagaba un restaurante donde comer y después lo hicimos el resto de mis hermanos. Hemos estado pendiente de él. Y mis hijos han querido siempre a su tío Manolo. Y los recuerdos que todos los sobrinos tienen de él son maravillosos.

P.- La importancia de la familia.
R.- Es lo más valioso. Ni mis padres renegaron de su hijo ni nos permitieron hacerlo a nosotros, ni si quiera poner nunca una mala cara. Nos enseñaron a acoger porque esta vez fue mi hermano, pero podría haber sido yo o cualquiera; como tantos que cayeron en aquella época que fue horrosa.

P.- Muchos, creo que en casi  todas las familias hemos tenido una experiencia similar a esta.
R.- Sí, y recuerdo aquel mes de julio del año 1994. Y yo siempre que me iba de Fuengirola me despedía de Manolo: Me iba con otra hermana mía a los Sanfermines, y estando allí nos llaman y nos dicen que ha fallecido. Y esta es la herencia más grande de mis padres, que los hermanos estemos para todo y me encanta comprobar que he sabido enseñarle esto a mis hijos y ver que esa misma complicidad la tienen entre ellos.

P.- ¿Cómo se toma el café Paloma Gómez?
R.- Me gusta el café americano sin azúcar, y pido el agua aparte; y lo pido así desde que fui a una cata del Café Central y me dieron muchos trucos y también me enseñaron a hacer en casa un buen café.

Jorge Porras: “Uno no decide lo que le va ocurriendo en la vida, pero la actitud con la que lo afronta sí”

Teníamos pendiente vernos y volver sentarnos en un bar para ponernos al día. Y esta vez  hemos querido compartir este rato con todos vosotros. Jorge Porras es una persona a la que hay que conocer porque se hace querer, él lo sabe y se deja. 

En esta entrevista espero descubrirte a un ser maravilloso con quien he tenido la suerte de compartir muchos y muy bonitos recuerdos. Un hombre cariñoso, amable, divertido, entregado, trabajador, risueño y luchador. Esta vez he sido yo quien se ha tomado #UnCaféConPorras y es un lujo hacerlo con alguien como él. Gracias Jorge Porras por tu tiempo, tu ejemplo y tú sonrisa.

Jorge Porras: Planteamiento de la trama

P.- ¿Por dónde empezaste en el mundo del cine?
R.- Tenía claro que primero había que formarse. He estudiado en tres escuelas diferentes en estos cinco años y siempre lo he estado compaginando con rodajes y trabajos tanto en cine, televisión y publicidad.

P.- ¿No te llama la atención el teatro?
R.- Es cierto que he tenido poco contacto con él, tan solo en algún momento de mi infancia, pero no por que no me llame la atención. De hecho he estado rodando con Julio Espinosa y él me propuso entrar en su escuela y que formara parte del elenco de Mamma Mía en la adaptación que iba a dirigir este año con gira incluida, pero mi tiempo de excedencia terminaba y le dije que no porque sabía lo que iba a suponer.

P.- Lo tienes muy claro.
R.- El teatro exige más disponibilidad, ensayos casi a diario y un compromiso que yo no puedo darle porque todo esto lo debo compaginar con mi principal trabajo que es el banco. No me gusta comprometerme con algo si sé que no voy a poder cumplirlo.

P.- ¿Se puede vivir del Teatro?
R.- Se vive, pero yo más bien diría que se malvive. Suele ser más habitual el  microteatro que el teatro en sí. La gente que lo hace, pues sí, se dedican a lo que quieren. Pero te da muy poco, unos 400 ó 500 euros al mes. Cuando no tienes nada, te pones de cabeza sobre las tablas. El teatro es la mejor forma de no perder el hilo y eso es mejor que nada.

P.- ¿Y del cine se vive?
R.- Vivir de la interpretación no es fácil. Es la profesión con más tasa de paro, que puede oscilar en torno al 80 por ciento aproximadamente. Hay gente que ha ganado Goyas y está sin trabajo y en la calle. Creo que la cultura no está lo suficientemente valorada.

P.- Nada que ver con lo que sucede en Estados Unidos.
R.- Para nada. Allí se le da un valor brutal al espectáculo y la interpretación. Y ahora podemos dar gracias porque plataformas como Movistar, Netflix y Amazon han ofrecido bastante trabajo con la producción propia a actores y guionistas. Pero la cara B es que también hay más competencia. 

Jorge Porras: Nudo de la historia

P.- ¿Te ronda la mente dejar tu trabajo para dedicarte a la interpretación?
R.- La verdad es que no me lo planteo. Ahora no. Si me hubiera pillado con 20 años me tiro de cabeza y por supuesto que arriesgo; si quiero una cosa, lucho por ello. Pero yo ahora tengo un trabajo fijo y renunciar a él para verme con 40 años sin trabajo por la vida…, me cuesta creerlo.

P.- ¿Ni aunque te ofrecieran el papel de tu vida?
R.- Eso sería muy tentador, pero es que fíjate hasta qué punto es inestable la interpretación que puedes estar varios años en la cresta de la ola con un papel principal en una serie de éxito y después pasas al olvido directamente. 

P.- Bueno, pero tú realmente no has parado. ¿Hay un momento clave?
R.- No sé si surge todo de un proyecto en concreto o de no parar. Llevo 5 años dedicándome a una profesión, presentándome a castings y a moverme más;  y ya me van llamando de un anuncio, de una serie de televisión. Pero soy consciente de que tengo un trabajo, que es el banco, del que no me puedo desprender.

P.- ¿Cómo lo compatibilizas con el cine?
R.- Como sé que no puedo dejar de mi trabajo priorizo y cuido cumplir mis obligaciones. Lo compagino con el cine tirando de vacaciones o días de asuntos propios; pero llega un momento en el que ya no se puede hacer más nada. He renunciado a buenas oportunidades en interpretación porque el tiempo es el que es y no se puede estirar.

P.- ¿Es entonces cuando decides pedirte una excedencia?
R.- Claro, ya me estaba agobiando porque había renunciado a formar parte de la serie Malaka y a otro proyecto de Mediaset. Y me frustré de tal manera al ver que no aprovechaba las puertas que se me iban abriendo que vi en la excedencia la única opción. Así que renuncié al banco y por tanto a mis ingresos durante un año, el año de la pandemia. 

Jorge Porras: Se tensan los conflictos

P.- Vaya puntería.
R.- Muy mala pata. Empecé en septiembre de 2019 pero con el inconveniente que en la época más productiva me pilla la pandemia y el estado de alarma.

P.- ¿Cómo recuerdas el momento en el que la cosa cambia?
R.- Estaba con mi compañero Pablo haciendo una entrevista en Marbella sobre El Culpable y allí nos enteramos que se suspende el Festival de Cine de Málaga. Ya ahí decidimos paralizar el proyecto, porque no sabíamos qué iba a pasar ni cómo iba a afectarnos. 

Cartel El Culpable

P.- Ahora es cuando acabáis de terminar la postproducción de esa peli.
R.- Sí, nos ha costado por esta situación pero ya está. El Culpable es una cinta independiente en la que nos hemos unido gente de Málaga de diferentes escuelas de cine; la hemos dirigido Fran Rodríguez y yo; y también la he coguionizado y producido, y vamos a ver qué recorrido tiene por los Festivales a los que la vamos a llevar porque es una película de gran metraje, pero tenemos confianza.

P.- ¿En qué más estás?
R.- He grabado un par de trailers, el de una película independiente y el de una serie. Este último trailer esperamos verlo este mes. Se trata de “La Conexión Tarifa”, un proyecto de serie que se pretende vender a plataformas de producción propia y canales de televisión. Ojalá salga adelante, porque si se compra la idea yo estoy dentro como actor de reparto desde el principio y eso me da mucha alegría.

P.- Además del rodaje de Ivy.
R.- Sí, Poison Ivy es un SpinOff de un personaje de DC Cómics en el que interpreto al personaje antagonista. Y empezamos rodando el final del cortometraje.

P.- Claro, porque el orden del rodaje no es el orden cronológico de la historia. 
R.- Todo depende de las localizaciones, de las agendas de los actores y rentabilizar los recursos al máximo.

Jorge Porras: Fuera de Foco

P.- Oye me hablabas antes del Festival de Cine. ¿Cómo fue el que se hizo en agosto?
R.- Raro. Acostumbrados a ver tanta vida en el centro, con el Teatro Cervantes y todo lo que había a esta edición ha sido extraño; más exclusivo y cerrado en el Hotel Miramar. Sí que había photocall y exposición de cortos y eventos, pero nada que ver a lo de antes.

P.- ¿Málaga es consciente de que tiene ese engranaje cinematográfico?
R.- Es brutal. Vivimos en una de las ciudades donde se rueda más cine. Hay mucha industria, mucho Teatro, no solo el Festival de Cine de Málaga que es uno de los más bonitos y punteros de España.

P.-  Aún así, el Covid está afectando mucho al cine. 
R.- Muchísimo. Si ya de por sí la cultura estaba perjudicada y con tan pocos apoyos, ahora con esta situación está siendo muy maltratada. No digo que otros sectores no, pero está en un momento muy, muy complicado.

P.- Las ganas tampoco ayudan. ¿Hasta qué punto es importante el ánimo?
R.- Psicológicamente te afecta y te quita las ganas de todo. Los cines están vacíos y aunque se puede seguir rodando y grabando, te corta las alas porque la situación es muy diferente, andando con certificados y autorizaciones para movernos. Hemos estado con Madrid cerrado, ahora nosotros. La situación no favorece en absoluto.

Jorge Porras: Descubriendo al personaje

P.- ¿Tú has sentido miedo? 
R.- Sí. Cuando vino esto tuve bastante miedo y lo pasé muy mal. Yo era de aquellos que no quería aceptar lo que sucedía, me venía grande estar encerrado. Adelgacé 7 kilos, me pudo la ansiedad y el estrés y no quería comer.

P.- Pero cambias el chip porque te veo y estás estupendo, el verano te ha venido bien.
R.- (risas) Sí, gracias; me ha venido muy bien. Pedregalejo, el paseo marítimo y volver a salir. Fue precisamente que se empieza a abrir ese encierro y nos dejan ir a correr y pasear, cuando le empiezo a ver el color a la situación. 

P.- ¿Y tus padres?
R.- Mi madre lo pasó fatal. Estuvo dos meses sin verme y eso lo llevó mal; porque además me llamaba y me decía que si les pasaba algo y sin ver a su hijo, además yo que soy el pequeño. Y es que ha sido muy duro y muy triste lo que hemos vivido de tantas personas que han fallecido y no se han podido despedir. Ese miedo lo hemos tenido todos, los padres y los hijos.

P.- El miedo nos descoloca de una forma abrumadora.
R.- Totalmente, una cosa como esta que llega de la noche a la mañana como quien dice y te rompe no solo los planes, sino los esquemas y como entendemos la propia vida.

P.- Pues hay quien dice que esto estaba preparado.
R.- No creo o no sé ciencia cierta que sea intencionado, lo que sí que creo es que esto ha salido de un laboratorio, eso sin duda. Esto es una cosa con la que tenemos que aprender a convivir y por la que yo creo que todos vamos a pasar, la clave está en sobrevivirlo.

P.- Si te digo la verdad, yo miro el escudo de nuestro apellido y me tranquiliza bastante.
R.- Los dos cavernícolas con las porras, ¿no? (risas) Puede ser, supervivientes a todo, genio y figura hasta la sepultura.

P.- ¿Tienes algún punto débil?
R.- Con la edad me he vuelto más impaciente. Si quiero algo, lo quiero ya. Si quiero hacer un proyecto me pongo a trabajar en el momento, no puedo con eso del “ya se hará”, no; se hace y punto.

P.- La sangre gorda, como el sainete de los hermanos Álvarez Quintero.
R.- (risas) Sí, no queremos horchata por favor. Quizá por eso creo que lo he pasado tan mal durante el confinamiento. Tener que esperar, estar encerrado y que nos no dejaran hacer nada. Y menos mal que participé en un proyecto que hicimos confinados, cada uno grabando con nuestro móvil. Pero aún así, lo he llevado mal.

Jorge Porras: Making off

P.- Este verano también entras a formar parte del videojuego Diana frente al Espejo.
R.- Sí, me sé el guión de memoria. Se puso en contacto conmigo Mª Ángeles Cabrera a través de tu hermana y me explica el proyecto y yo lo veo tan innovador. Estuve en el proceso de selección y dirección de actores y en los ensayos aunque no en todos los que me hubiera gustado.

P.- ¿Estar en este proyecto te ha hecho consciente sobre la violencia en la pareja?
R.- Esto siempre ha existido; por suerte o por desgracia la gente no sabe separar los problemas que le van surgiendo en la vida y lo paga con la gente que tiene cerca que es la que más se quiere y quien más te quiere y cuida; ojalá dejara de ocurrir.

P.- ¿Tienes un truco para relajarte cuando sucede algo que te descuadra?
R.- En esos casos me aislo: o me voy a correr un rato o me pongo los auriculares y escucho música que me relaje, que la verdad es cualquier tipo de música porque me gusta escuchar de todo (risas) toda la música.

Fotograma de la serie ToyBoy

P.- ¿Te veremos en un papel que no sea de cine negro?
R.- Estoy acostumbrado a ese personaje de trama policíaca e interpretaciones más crudas. Aunque tú sabes que a mí el mundo épico y bélico me fascina y he hecho terror también, te digo que no importaría nada hacer comedia.

P.- Bueno, lo tuyo con el terror es pasión y te viene de familia.
R.- Sí, me encanta. Eso lo he heredado de mi padre y es uno de los géneros que más me fascina. Aunque he de reconocer que habitualmente los actores vamos encajando en un perfil determinado y ahí nos encasillan es por ejemplo lo que le pasa a Dani Rovira, que es un pedazo de actor y siempre lo vas a ver en comedias; y lo mismo le pasa a José Coronado que suele estar en un cine más crudo y más policíaco.

P.- Ahora que lo mencionas me viene a la mente aquel discurso de Santiago Segura en los Goya haciendo un símil de la trama de Torrente y No habrá Paz para los Malvados, cinta por la que precisamente José Coronado se llevo el Goya a mejor interpretación.
R.- (Risas) La trama es parecida pero cambian los puntos de vista y claro, el enfoque y los tipos de personajes.

P.- Ahora que dices tú lo de que cada actor suele encasillarse en un rol determinado; eso pasa también en la realidad; es decir, ¿etiquetamos y encasillamos a la gente con frecuencia?
R.- Puede ser, no voy a ser quien te diga yo que no; y además es complicado que te quiten esa etiqueta; pero en el cine no es tanto que el actor no valga para otro papel sino que hay una tendencia de que si alguien está enrolado en un tipo interpretativo concreto; independientemente de que pueda o no hacer un papel distinto, es mejor enfocarse en eso; como si fuese una especialización y bienvenido sea.

P.- Oye, y cuando el guionista mata al actor, ¿cómo le miras a la cara?
R.- A mí me han matado (risas) y es lo que hay. Si es una serie puede no saberse, pero en un corto o una película sí; porque incluso en el plan de rodaje puede estar previsto que haya que empezar a rodar tu muerte y después otras escenas.

Jorge Porras: Los protagonistas

P.- ¿Tú te acostumbras a que te echen piropos? Que te he visto en redes…
R.- (Risas) Un piropo sienta bien, mal no te lo tomas. Con la película Akemarropa rodamos en pleno Festival de Cine, y además era mi primer rodaje, recuerdo que detrás de la valla me gritaban “guapo” y me sorprendió muchísimo. Aquel Festival lo recuerdo especialmente no solo por ser el primero sino también porque sin ser nadie estuve firmando autógrafos… No me quiero ni imaginar cuando de pronto te golpea la fama.

P.- ¿Cómo se prepara uno para eso?
R.- Es que eso no es posible si la fama te viene de la noche a la mañana. Por eso yo creo que lo mejor es que la notoriedad te venga poco a poco y que la fama y tú os podáis ir haciendo a esa situación nueva para no despegar los pies del suelo. No lo pienso mucho porque yo solo quiero vivir de esto, aunque también te digo que si fuese un personaje popular no se me iría la pinza. Espero.

P.- Siempre tienes a alguien que te pueda espabilar de la tontería, ¿con colleja o con abrazo?
R.- Sí, tengo la suerte de contar con mi familia o mi pareja; ellos me devolverían a la realidad. Y por eso sin duda me quedo con los abrazos, que sinceros y a tiempo te hacen reaccionar mucho mejor que con una colleja.

Jorge Porras: La clave es un buen guión

P.- En 2016 publicas La Profecía de Mikvar, ¿has pensado llevarla a la gran pantalla?
R.- Uff, eso sería un sueño cumplido, pero lo veo muy difícil; al menos aquí en España. Los medios son muy limitados y ese tipo de cine aquí no se estila. Fíjate que te diría que veo imposible ver ese sueño hecho realidad aquí.

P.- Bueno, y si el primero es el tuyo habrá que intentarlo. ¿Cómo va tu faceta como escritor?
R.- Pues mira, ahora la tengo algo parada. De hecho la idea inicial con La Profecía de Mikvar es que fuera una trilogía. Es cierto que tengo desarrollada las ideas del segundo y tercer libro pero no así el manuscrito. También que desde que se publica La Profecía de Mikvar estoy metido de lleno en la interpretación; y la escritura la tengo algo aparcada, pero no olvidada.

P.- ¿Cómo te surge la idea de escribir y publicar un libro?
R.- Pues no fue algo premeditado. A mí me gustaba mucho jugar a los juegos de rol de mesa y yo, como master escribía muchas historias. Primero empecé con boli y papel a escribirlas y eran sobre todo de épicas y de fantasía. Cuando me vine a dar cuenta y leyendo todo lo que tenía, consideré la idea de convertirlo en un libro.

P.- Entonces fue un proceso largo.
R.- Sí, 10 años que se dice pronto, pero no porque tardara ese tiempo en escribirlo, sino más bien el tiempo que pasa desde que escribo la primera historia hasta que me pongo en serio en el ordenador que eso sí sería en 2014.  

P.- ¿Qué te dicen en casa de esa explosión creativa y cultural?
R.- Lo que quiere mi familia es que tenga una estabilidad en todos los niveles y que yo sea feliz y consiga lo que pretenda. Ellos también lo están (felices) de verme así y que estoy con la cabeza en su sitio y los pies en el suelo. Vamos, que también están tranquilos de que no se me vaya la cabeza y lo deje todo por el cine (risas).

P.- Pero me dices que por un papel en una serie, no. ¿Quizá en la dirección?
R.- Pues mira, la dirección no lo descarto porque es una forma de hacer un proyecto más mío; pero es verdad que yo quiero enfocarme a la interpretación. Además, mi experiencia en dirección solo ha sido en “El Culpable” y compartida con Fran Rodríguez; pero yo por supuesto estoy abierto a lo que venga.

P.- Según me cuentas te veo sin parar.
R.- Ahora estoy teniendo más oportunidades. Es muy importante la formación continua, estar siempre ahí y compaginarlo con hacer muchos castings y tener muchos contactos; aunque yo creo que la clave reside en crear tu propio cine, no estar esperando a que te llamen; hoy día tú puedes crear tu contenido y no abandonar nunca la cámara.

Jorge Porras: Descubriendo al personaje

P.- ¿Cuándo comienza tu historia con el cine?
R.- Siempre me había llamado la atención y atraído el mundo de la interpretación. Tengo recuerdos de niño de hacer obras de teatro por los pisos, en el cole, pero todo de una forma superficial. Me ha gustado desde siempre pero nunca me había planteado dedicarme a ello como una profesión. Prevalecen los estudios, me había dado miedo y sobre todo por la inestabilidad de la profesión y cara a los padres entendía que había otras preferencias.

P.- ¿Se oponían tus padres?
R.- Jamás, ni se opusieron ni me dijeron que no. De hecho recuerdo con ventipocos años plantearme dedicarme a esto, eché los papeles para la Escuela de Arte e Interpretación pero al no ser admitido entendí que no tenía que perder más tiempo y seguí con mi profesión ampliando habilidades y conocimiento en informática.

P.- Y te pusiste bien las pilas.
R.- Sí, hice 3 másteres en diseño gráfico, y un ciclo superior de administración y finanzas. Fue entonces cuando empecé a trabajar en el banco, pero el cine lo empecé en 2015.

P.- ¿Cómo recuerdas el año en el que empiezas en el banco?
R.- Ese año viví una situación que para mí fue un punto de inflexión que me hizo reflexionar. Aquello me hizo pensar en todo y me dije ¿Por qué no? 

P.- ¿Qué pasó en 2012 para que te llevara a pensar en la vida y dar el paso de intentarlo en la interpretación?
R.- Me dicen que tengo un tumor en la cabeza, benigno gracias a Dios, pero que había crecido hasta tener 2’5 centímetros y que me había dañado el hueso del cráneo otros dos centímetros; y para mayor complicación, el tumor estaba pegado a la arteria carótida y había afectado el oído interno y al nervio del trigémino, produciéndome parestesia en la cara. Lo mejor es que era operable y se podía extirpar, pero la parte pegada a la arteria no me la podían tocar para evitar riesgos; el resto fue todo bien.

P.- De ahí que te hablen de la probabilidad de que se reproduzca.
R.- Claro, es verdad que en mi caso fue algo benigno y aunque te dicen que puede que no se reproduzca ni aparezca de nuevo, la garantía de seguridad y salud total no existe. Me voy haciendo mis revisiones y lo vigilo. 

Jorge Porras: Una historia con final feliz

P.- ¿Cómo estás?
R.- Hay momentos que estoy mejor y otros que peor; pero se lleva bien. Y todo esto que me pasa me hizo pensar mucho en el cine. Quizá la operación y todo este trance no fue esencial en la decisión, pero de lo que no cabe duda es que fue uno de los motivos para intentarlo.

P.- Una vez más vemos que de lo malo sale lo bueno.
R.- Fue una cosa negativa pero puedo dar gracias porque he podido seguir mi vida; y el cine es una profesión que no tiene edad. Vemos que en todas las historias se necesitan actores de todas las edades; es cierto que es una profesión dura e inestable pero en ella cabemos todos, tengamos la edad que tengamos. Y por eso me lancé con 33 en vez de con 23.

P.- Quizá tenían que pasar esos 10 años para que llegaras donde has llegado.
R.-Claro. Uno no decide lo que le va ocurriendo en la vida, las cosas suceden cuándo y cómo son, pero la actitud con la que lo afronta, sí depende de uno mismo. Y yo llevo 5 años con ese espíritu de lucha. Tengo esa entrega con el cine y la interpretación, aunque esté trabajando en otro sitio, pero mis esfuerzos para dedicarme al cine están, no de la manera que me gustaría pero lo hago en la medida que me es posible.

P.- ¿Cómo se toma el café Jorge Porras?
R.- Intento no tomarlo porque la cafeína me pone demasiado nervioso; y si alguna vez he de pedirlo, que es muy raro; me tomo una nube y ya me pongo como una moto.

May Ramírez: “Todo lo que nos sucede, por muy malo que sea, siempre te da una parte buena”

Hace unos meses llamé a May Ramírez para pedirle un favor. No la conocía de nada, pero me aseguraron que si alguien podía hacer algo en lo que yo necesitaba, era ella. Así que por mediación de una amiga a la que quiero mucho me dijo: “Cuenta con ello».

Esta admirable mujer desconoce el “no” cuando alguien le pide ayuda. May desprende luz y alegría. Contagia su risa y vitalidad. Para mí ha sido un regalo que May Ramírez, presidente del Club Leones Málaga Ilusión, se haya tomado #UnCaféConPorras. Gracias, por tu generosidad, tu tiempo y por tu entrega hacia los demás. Personas como tú hacen de nuestra Málaga un lugar más bonito.

May Ramírez: Málaga por bandera

P.- ¿Cómo una familia de Loja se termina afincando aquí en Málaga?
R.- Es verdad que soy lojeña pero Málaga es mi tierra y la de mi madre. La familia de mi madre se vino para acá y fue entonces cuando mi padre, que vivía en Loja, llegó a buscarla, y no paró hasta que la encontró. 

P.- ¡Qué romántico!
R.- Sí. Al final se casaron y se fueron para Loja. Mi padre era veterinario de los pueblos de allí, pero hemos vivido en Málaga. Yo recuerdo que los viernes mi padre nos recogía al salir del colegio y veníamos con el uniforme puesto. Y de esta forma volvíamos el lunes por la mañana temprano para llegar a la escuela.

P.- ¿Cómo es eso de estar a caballo entre dos ciudades?
R.- Realmente el grueso de la vida lo hacíamos aquí  porque tanto los fines de semana como las vacaciones de verano, Semana Santa y Navidad eran en Málaga. Y aunque en Loja vivíamos las obligaciones diarias y el colegio, también teníamos conocidas de Málaga que iban allí. Si pasábamos algunos días de verano en Loja teníamos una pandilla muy buena, pero realmente yo me identificaba con Málaga.

P.- Pero sin olvidar Granada.
R.- Eso nunca. A mi padre le tiraba mucho Loja; y al menos un día al mes teníamos que ir a Granada, eso era obligado. Recuerdo que era siempre igual: visita a Fray Leopoldo y por el camino nos contaba la misma historia: que estudió en el Sacromonte, las gamberradas y travesuras de su época… Y eso ocurría en cada visita, una vez y otra. Nosotras lo sabíamos de memoria, pero a él le hacía ilusión y mis hermanas y yo lo escuchábamos. En aquella época tú no podías decir “no vamos”, así que había que ir sí o sí (risas).

P.- ¿Tú has llevado a tus hijos?
R.- Sí. Fíjate qué cosa que cuándo tenía algo importante que pedirle iba con mis hijos; pero con mi padre íbamos tuviéramos algo importante o no, porque mi padre era devoto y había que hacerle una visita al Fraile. Pero luego cambié, no había que ir solo a pedir, sino por la querencia de visitarlo, como hacía mi padre; ir a verlo porque sí y no solo porque quieras pedirle algo a Fray Leopoldo. Pero es cierto que vamos poco, yo no consigo ni la cuarta parte que conseguía mi padre, mi generación no es la de mis hijos.

P.- ¿Cómo te plantas en Madrid?
R.- Cuando estudiaba Económicas empecé a trabajar en una agencia de viajes. En cuanto acabé me propusieron irme a Novotel Barajas en Madrid. Y allá que fui. Pero quería volver a mi Málaga. No lo pensé cuando me proponen estar en el equipo de apertura de Novotel Mijas, en donde estuve casi 3 años hasta que entré en lo que ahora es Carrefour, el antiguo Pryca Alameda.

May Ramírez: Conciliación y Renuncia

P.- ¿Qué trabajo hacías allí?
R.- Era jefa de sección de administración y supervisaba el control del lineal de caja, era un puesto de responsabilidad y tenía que ir con un busca, que sonaba cualquier día y a cualquier hora. Hablamos de un tiempo en los que los móviles no se usaban como ahora. 

P.- Conciliar esa disponibilidad total con la familia y en aquella época no sería fácil.
R.- Nada fácil, de hecho cuando llegó mi hija Paula yo no la veía prácticamente nada porque tanto cuando volvía del trabajo como cuando me iba por la mañana temprano, ella dormía. 

P.- ¿ Planteaste conciliar de alguna manera?
R.- Sí, pero en mi puesto la reducción de jornada no era posible así que me propusieron hacer jornada continua. De modo que salía de trabajar a las 4 y salvo alguna emergencia o caso puntual, yo tenía las tardes libres para estar con mi hija.

P.- ¿Qué supuso esto para ti?
R.- Un regalazo. En aquel entonces eso no se estilaba. Me daban la opción de no trabajar por la tarde siempre que en mi departamento estuviera todo bajo control. Eso no es lo mismo que estar todas las tardes. A mí me dio la vida. Pero claro, se unieron en la petición todas las responsables del lineal de caja en Sevilla, Córdoba y otras provincias y fue ahí cuando me pidieron que me tenía que incorporar de nuevo todas las tardes.

P.- ¿Qué pasó?
R.- Que renuncié a mi trabajo. Y se volvieron a portar muy bien conmigo. Formaba parte de un equipo formidable que me trataba muy bien; y cuando me fui eso se mantuvo: me dieron todos los incentivos que me tenían que dar, no tengo ninguna queja.

P.- ¿Te arrepientes de la decisión que tomaste?
R.- Hoy por hoy veo que hice el tonto porque tenía un trabajo muy valorado que me encantaba en el que además contaba con un equipo de gente maravillosa y cuando tú te vas de un trabajo por ser madre y te pasan determinadas cosas en tu vida personal, pues te queda el sabor agridulce de que has cometido un error.

P.- ¿Lo dejaste para dedicarte por completo a tu faceta como madre?
R.- Bueno, yo dejé de trabajar un viernes para empezar un lunes en la empresa de mi marido, pero con la flexibilidad horaria que buscaba y que Pryca no podía darme.

P.- Con tu hija tan pequeña y pudiendo quedarte un tiempo sin trabajar, te reincorporas a la rueda muy rápido.
R.- Sí,  yo creo, y es mi opinión, que para realizarte y ser feliz debes saber compaginar la vida como mujer madre y como mujer trabajadora. Lo digo desde mi experiencia y después de lo que yo he vivido. 

P.- ¿Te refieres a evitar la frustración?
R.- Claro, es que ese sentimiento no aparece de pronto sino con el paso de los años. Cuando los niños son pequeños no te das cuenta porque realmente no hay tiempo de analizarlo, pero cuando los hijos crecen, si la mujer no se ha visto realizada en su experiencia profesional puede no darle a los hijos ese valor a la independencia y al crecimiento personal que se consigue a través del trabajo.

P.- ¿Por qué dices que hiciste el tonto?
R.- Porque yo tenía un puesto muy bueno y con categoría muy conseguida en un departamento como Jefe de Sección de tipo Administrativo y trabajaba codo con codo con el Jefe de Proveedores y el Jefe de Personal. Para lo joven que era hablamos de un nivel muy grande en una empresa como aquella. Y recuerdo que firmé muchas cartas de renuncia de traslado para subir categoría por mi familia.

May Ramírez: Desarrollo profesional

P.- Pero no pensabas en lo que podía ocurrir.
R.- No. Nunca puedes predecir lo que el futuro te tiene preparado. Cuando con los años ves que te has separado, que cometes el error de dejar esa trayectoria profesional independiente de la empresa de tu marido para precisamente ir a trabajar con él, pues te preguntas mucho.

P.- Preguntas como dónde podrías haber llegado si no hubieras renunciado.
R.- Efectivamente, y a esto se suma cómo he sido educada. Mi padre, de 11 hermanos, fue el único que estudió. Y su empeño con mis hermanas y conmigo era facilitarnos una carrera para que tuviéramos todas las herramientas posibles y  nunca dependiéramos económicamente de otra persona.

P.- ¿Qué mensaje te da todo esto?
R.- Mi padre tenía razón. Y así se lo he querido transmitir a mi hija, que no renuncie como yo hice. Así ocurrió con su primer trabajo. Su novio está aquí y el trabajo en Madrid y ella tuvo tiempo de duda y yo solo le repetía: “Ni te lo pienses”.

P.- ¿Se puede con la distancia?
R.- Claro que sí, pero que nunca deje su independencia ni su profesionalidad por una persona. Si tienen que estar juntos, lo estarán. Las parejas están para lo bueno y para lo malo, para las circunstancias que les toquen vivir. ¿Cuántas parejas se pasan separadas de lunes a viernes y solo se ven el fin de semana? Y ella podrá bajar aquí o él subir a Madrid.

P.- Y además sin tener que aguantar el Talgo.
R.- (Risas) Eso, que ya no son 12 horas de tren, que en 2 horas y media están juntos. 

May Ramírez: Remontar el vuelo

P.- ¿Cómo recuerdas ese empezar de cero con tus hijos?
R.- Fue muy duro. Había días en los que yo pensaba que de esta no salía. La mayor se iba a la universidad y en parte era un alivio porque sabía que iba a estar controlada y concentrada en sus estudios, pero mi hijo tenía 16 años. 

P.- En plena adolescencia. 
R.- Yo me veía noches completamente sola, que le decía a mi hijo que volviera a casa a la 1, y el niño no llegaba; a veces iba en su busca sin saber lo que me iba a encontrar. Las separaciones al principio son muy complicadas. Si yo lo tenía castigado, le quitaban el castigo. Pero con tesón, con fuerza, se sale. Recuerdo que todas las mañanas le pedía a Dios que Alvarito fuera responsable, que estudiara y que andara con buenos amigos.

P.- Un época dura.
R.- Fue durísima. Yo paso de verme con una vida completa, con una empresa en la que yo había depositado todos mis bienes de soltera y de pronto estoy sin nada, separada, con dos adolescentes y la culpa rondándome la cabeza. 

P.- La temida culpa de las madres.
R.- Sí, por todo, hasta por lo bueno por si traía algo malo. Pensaba que si suspendían o les pasaba algo, lo que sea, iba a ser mi culpa. Sentía que había fallado como madre. 

P.- ¿Cómo frenas ese pensamiento de culpabilidad? 
R.- Día tras día iba descubriendo un palo que me daba más fuerza para asimilar que no me había equivocado. Y dando muchas gracias a Dios porque al final todo lo malo se va. La vida te va poniendo en tu camino realidades que te dice que has hecho lo correcto. Es ese regalo de la vida porque debemos ser conscientes que no todo es malo. Al contrario, te va dando fuerzas y piensas “de esta salgo” y te lo repites; y al final sales.

P.- ¿Somos capaces de asumir lo malo que nos pasa?
R.- Siempre. No solo somos capaces de asumir una tragedia, sino de que nos ocurre para que seamos mejor persona. Cualquier aspecto de la vida de quien sea, siempre que pasa algo malo, por muy malo que sea, cuando pasa el tiempo la misma vida te da la respuesta. Todo lo que nos sucede, por muy malo que sea, siempre te da una parte buena.

P.- ¿Qué piensas ahora?
R.- Yo ahora veo a Álvaro que ha terminado los dos años de Bachillerato después de afrontar una separación a esa edad sin esperarse nada, porque mis hijos no sabían nada; y solo tengo palabras y pensamientos de agradecimiento y satisfacción.

May Ramírez: Lo que quieras ser

P.- ¿Sabemos identificar nuestras aspiraciones?
R.- Sí, si alguien quiere algo realmente o quiere llegar a algún punto determinado al final se consigue. Hay mucho de ello en el poder mental y en creer que es posible llegar donde quieres. Si tu dices no puedo, no podrás. Y la mujer, que es cabezona por naturaleza, llega donde se propone.

P.- ¿Te costó poner en marcha tu vida?
R.- A mí me daba hasta vergüenza salir a la calle porque Málaga al final es un pueblo y hay gente muy cotilla que hablaba por hablar y hacía daño. Por eso me recluí un tiempo en casa, y solo salía cada dos semanas para ir a Palma de Mallorca a cuidar de Silvia, mi hermana pequeña que en aquella época estaba enferma.

P.-  ¿Y cómo cambias el chip?
R.- Un día Silvia se presentó por sorpresa en casa con una manta llena de bisutería y abalorios preciosos de una marca de Mallorca que se dedicaba a la artesanía y personalización de los complementos. Era un taller de dos hermanas que había conocido por casualidad en uno de esos viajes que hacía para cuidar de ella.

P.- Y te lió.
R.- (Risas) Y de qué manera, vaya si me lió. Yo decía que ni loca, que cómo iba a ir yo por las tiendas a decir que me compraran complementos. No podía, me moría de vergüenza. Pero empezaron a venir amigas a comprarme y ellas sin pretenderlo, me hicieron de comerciales. 

P.- El efectivo boca a boca.
R.- Exacto. Cuando estas amigas mías iban a una tienda o donde fuera, les preguntaban por los complementos, porque la verdad es que llamaban la atención de lo bonitos y originales que eran. “¿Pues tú sabes que esto lo lleva May?” Y los de la tienda me llamaban: “May, amigos de toda la vida y no me has dicho nada de esto, ya estás tardando en venir por aquí”. Me quité la fatiga (como decimos en Málaga) y así fue como empecé a salir de casa y rehacer mi vida social y económica.

P.- ¿Quiénes fueron los primeros?
R.- José Luís Joyeros, Ópalo, Echart&Panno del Muelle Uno, Lady Ruth (Marbella) y Jayma de aquí del Palo; que además con ella fue muy gracioso porque me la encontré en el mercado comprando un pollo y le dije que tenía una manta con complementos y si quería verla; y ella me decía “May, ni loca, estoy de bisutería rara hasta la coronilla” (risas) y cuando estoy metiendo el pollo en el coche me la veo que viene a buscarme y me cita esa misma tarde en la tienda. 

P.- ¿Se quedó con algo?
R.- Sí, con una colección pequeña pero a la mañana siguiente me estaba llamando que quería más. Fue un subidón increíble, es verdad que era una colección ideal con piedras preciosas. Y había tiendas que me llamaban pero por cercanía con otras que ya estaban trabajando la marca no llegamos a acuerdo.

P.- ¿Por qué lo dejas?
R.- Estuve con Amima desde 2014 y cuando hace tres años, con la jubilación de una de las dueñas se empiezan a trasladar plantas, incluso me propusieron a mí que me encargara de una parte del taller, yo entendí que mi tiempo con ellas se terminaba porque yo no podía asumir ese trabajo ni hacer esa inversión. Ahora me encargo de la administración de unos restaurantes.

May Ramírez: Club Leones Málaga Ilusión

P.- Esto fue un acicate pero empezaste a remontar con el sector eventos.
R.- Sí, en 2015 propusieron que los eventos que llevara a Limonar 40 los comisionara yo; también me encargué con Ruth del primer Baile de la Rosa que se volvió a hacer en los Montero, en Marbella. Los eventos siempre me han gustado, pero es verdad que necesitas dinero para empezar, y yo en aquel momento no tenía capital para invertir. Tenía para mis gastos, y también tenía más tiempo.

P.- ¿Fue ahí cuando te vuelcas con el Club?
R.- Sí, aunque yo colaboraba con Club de los Leones Limonar desde finales de los 90, que Ana y Cristóbal me captaron porque yo ayudaba y aportaba siempre lo que podía;  en estos dos años me di cuenta que podíamos dar más. Un grupo que nos unimos y yo entendimos que teníamos caminos diferentes. 

P.- Tenías ambición solidaria.
R.- Sí, por así decirlo. Así empezamos a hacer los desfiles, distintos eventos, aquella cena de empresarios. 

P.- ¿Cómo nace Club de los Leones Málaga Ilusión?
R.- Todo empezó con una acción que queríamos hacer por Navidad. Le propusimos a Gemma del Corral entregar en la Plaza de la Constitución chocolate y roscón a cambio de un donativo y ella nos propuso otra idea pues ya se hizo algo parecido un tiempo antes y la calle quedó muy sucia.

P.- ¿Qué fue?
R.- Gemma nos planteó hacer la maravilla del Árbol de los Deseos, que terminamos llamando el Árbol de la Ilusión. Y de ahí surge nuestro nombre, por eso nosotros nos llamamos Club de los Leones Ilusión. No te puedes imaginar lo que ese árbol encierra. Te hartas de llorar y de reír con cada una de las ilusiones y deseos que se ven ahí.

P.- El Club de los Leones Ilusión nace el mismo año que te separas.
R.- Sí, yo me separé en enero y el Club Málaga Ilusión lo formamos en abril. De lo malo sale lo bueno. Es cuestión de afrontar cada día y repetirte que es posible. Mi hija se ríe pero es que es verdad.

P.- ¿Por que se ríe?
R.- Porque le hago un símil. Le digo: Ponte frente al espejo y empieza a decirte: “Hoy voy a tener un día estupendo, y mira qué guapa estás; va a salir todo genial ¡Qué bien!” Y ahora ponte al lado y di: “Vaya asco de día, y mira qué pintas y qué ojeras; hoy seguro discuto con el jefe, un día horrible”. Te aseguro que desde que empieza el día tú con tus palabras y predisposición así lo vivirás.

May Ramírez: Creer en lo bueno

P.- La importancia de las palabras.
R.- Es que son la clave. Porque está claro que todos los días se nos van a presentar problemas o situaciones que nos resulten incómodas o inesperadas, pero si tú te preparas para ello con alegría y con la fuerza suficiente, todo sale, y sale bien. 

P.- Y tú, ¿te lo dices siempre frente al espejo?
R.- Como voy siempre corriendo me lo digo por el pasillo (risas). Y fíjate, después de leerme el Libro de la Vida, en el capítulo “Agradece los servicios” me cambió y de forma consciente. Yo antes era de las típicas que cuando me pillaba delante del coche el camión de la basura me ponía de leches. Y ahora no, ahora sonrío y digo: Ay gracias, qué limpia nos tenéis la ciudad.

P.- Es que parece que cuesta dar las gracias y valorar a los demás.
R.- Damos cosas por hecho que no tienen por que ser. Falta humildad. Antes del confinamiento todo era qué modelito ponerte, salir, estar, la calle…, pero realmente eso da igual. ¿Cuánta gente hemos perdido? No somos conscientes. 

P.- ¿Cómo has llegado hasta aquí?
R.- He tardado y he sufrido mucho por el camino. Hay días duros, es ley de vida. Pero cuando pasas por una serie de circunstancias, pierdes a tu padre, a tu madre, la separación… Todo eso te dice que realmente no valoramos las cosas cuando las tenemos. No nos damos cuenta de esa fortuna diaria que vivimos.

P.- ¿Vivían tus padres cuando te separaste?
R.- No, gracias a Dios, menos mal. Ay, yo lo hablo con mis hermanas (risas) me los hubiera cargado yo del mal rato, eso no lo hubieran resistido en la vida con lo cuadriculados que eran. 

P.- ¿Os habéis vuelto a reunir tus hermanas y tú?
R.- Desde agosto de 2019 no nos juntamos las 4. La ultima vez fue en Palma para celebrar el 50 cumpleaños de Silvia, y fue genial. Nos fuimos solo las mujeres. 

May Ramírez: Alimentar al hambriento

P.- ¿Cómo viviste el confinamiento?
R.- Yo pasé el confinamiento con mis hijos porque a mi hija en Madrid la mandaron teletrabajar; y mi hijo que estudia en Pamplona también para casa. Así que yo que ya estaba acostumbrada a estar sola y a no cocinar ponte ahora a hacer desayuno, primero, segundo, postre, merienda, cena. ¡Cómo come mi hijo! 

P.- Benditos comedores.
R.- (Risas) Benditos, benditos. Yo estaba muy contenta de tenerlos de nuevo en casa y claro, quería complacerles, pero yo no me acordaba ni cómo se hacían las albóndigas ni las croquetas, y me tenías que ver aquellos tres meses ubicándome en la cocina.

P.- Ya seguro sabes hacer croquetas.
R.- Sí, fenomenales (risas) ¡quién me ha visto y quién me ve! Me río mucho con mis amigas. Sobre todo cuando les hablo de lo que veo en el extracto de la tarjeta: Mercadona, Mercadona, Mercadona. No he gastado más en comida en mi vida (risas). 

P.- Con Mercadona hicisteis durante el confinamiento una campaña muy bonita.
R.- Sí, hicimos una operación Kilo durante 15 días y después otras dos más. Ha sido un tiempo terrible, pero muy bonito.

P.- Tú ya sabías que esto serían más de dos semanas.
R.- Sí. Yo solo me confine esos primeros 15 días porque había mucha gente necesitada. Y también muchas personas mayores solas. Les llevábamos las medicinas, acudimos a la llamada del Distrito Centro, de las Hermanitas de los Pobres, los teléfonos los pusimos a disposición de los ancianos. 

P.- ¿Qué fue lo más desgarrador que sentiste?
R.- La soledad de los mayores. Que te llame una señora mayor llorando que se siente abandonada por sus hijos, que no tengan consuelo, era horrible. Nosotros no podíamos entrar en las casas, pero sí la podíamos atender. Estábamos pendiente de ellas, animándolas a que se arreglaran por la mañana y que si podían, salieran a comprar.

May Ramírez: Soledad

P.- ¿Qué te provocaba esto?
R.- Dolor. Es muy doloroso. No entiendo como unos hijos pueden abandonar a su padre o a su madre, ademas en estas circunstancias. Y no sabes la cantidad de personas que hay, y además de gente y familias conocidas de aquí de Málaga. También hay que decir que hay mayores con la cabeza ida, pobres, pero hay muchos que es como te cuento, que se han pasado 7 y 8 meses sin ver a sus hijos ni a sus nietos.

P.- Es mucho tiempo viviendo en la misma ciudad.
R.- A mí no me vale la excusa “Te voy a contagiar”. Nosotros hemos ido a ver a esas personas, a un metro y medio de la puerta, me quedaba en el rellano; sí, pero yo he estado media hora hablando frente a frente que era eso lo único que necesitaban esas señoras. Y en eso el Club hemos hecho una labor muy bonita, que han sentido el calor de la compañía, no han estado tan solas. 

P.- Al final la mejor ayuda es la que se da sin tocarse el bolsillo.
R.- Efectivamente. El dinero no ayuda, facilita. Pero ayuda más el hecho de ir a llevar la comida a una familia necesitada; esa hora de conversación con las Hermanitas de los Pobres en el patio. Ese tiempo compartido. Para nosotros hubiera sido más fácil pedir dinero y comprar los alimentos que estar 15 días en Mercadona pidiendo. Pero ahí está la clave. El mejor regalo lo recibe el que da.

P.- ¿Qué te ha provocado el confinamiento?
R.- Complicidad. Esto nos ha unido hasta tal punto que 8 personas de diferentes ciudades que nos habíamos pedido ayuda para apoyar las necesidades de la pandemia, nos reunimos en Caños de Meca en una casa, previa PCR para quedarnos tranquilas. Y no salimos de la casa. Estuvimos disfrutando de la compañía, del tiempo, de la vida.

P.- ¿Cómo dices que saldremos de la pandemia?
R.- Ha sido una desgracia todo esto, pero yo creo que se van a sacar muchas cosas buenas. Llevábamos una vida muy artificial y esto tenía que estallar de alguna forma. Y fíjate que cada 100 años esto se vuelve a repetir, esta limpieza.

May Ramírez: Málaga Solidaria

P.- ¿Crees que la juventud es solidaria?
R.- No todos, los que han vivido en casa alguna situación concreta sí, esos son muy conscientes. Hoy muchos jóvenes se apuntan a voluntariado porque la universidad les obliga por créditos a cambio, y esto es genial, porque aunque al principio vayan obligado, gracias a eso el alumno se da cuenta y ya se implica por iniciativa propia.

P.- ¿Cómo ven tus hijos que su madre esté tan implicada hacia los demás?
R.- Al principio como niños jóvenes que eran no lo entendían. Pero ahora por lo que me transmiten sé que se sienten orgullosos de lo que hago y también ellos quieren hacer cuando están en Málaga. Tienen interés, ellos se han hecho Leones y pagan los 15 euros mensuales.

P.- La importancia del ejemplo de unos padres.
R.- Es fundamental enseñarle a los hijos unos valores. Después podrán salir mejores o peores, y eso lo tenemos en todas las familias, pero ahí esta la propia libertad. Yo estoy muy orgullosa de los míos, los considero muy buenas personas. Pero también es verdad que no se puede poner la mano en el fuego por nadie, porque después la vida te pone situaciones y quizá tu respuesta no sea tan buena. 

P.- ¿Cómo dirías es Málaga?
R.- Málaga es una ciudad extremadamente solidaria. Lo más gratificante que recuerdo de cuando me separé era el cariño que recibí. Yo era una madre muy pesada, encerrada en mis hijos y dejé a mis amistades; mi grupo eran los matrimonios que frecuentábamos. Me sorprendí para bien y para mal; pero yo agradezco los que se volcaron conmigo, lo cariñosos que fueron conmigo y la ayuda que me prestaron.

P.- ¿Cómo se toma el café May Ramírez?
R.- Con azúcar moreno, y en verano con un poco de hielo.

Jorge González: “ Hay que pensar que nos quedarán muchos veranos más para divertirnos”

Hemos sido testigos de un tiempo en el que han cambiado de forma radical nuestra forma de vivir y trabajar. Por eso he creído que sería bonito despedir esta primera temporada de #UnCaféConPorras con Jorge González, director del Hotel AC Málaga Palacio. Una persona a la que admiro por su entrega, el cuidado que da a los detalles y pertenecer a uno de los sectores que más aporta al PIB español y que, al mismo tiempo, más ha sido castigado por la Covid19.

Desde que lo conozco siempre he visto en él a un hombre atento, amable, trabajador, responsable y buena persona. Gracias Jorge González por abrir las puertas de la que ha sido tu casa en los últimos 110 días. Como siempre, haces que cualquiera se sienta tan cómodo allí como en la propia morada. 

Jorge González: Confinado en el Hotel

P.- ¿Por qué te quedaste aquí durante el confinamiento?
– Yo tengo mi casa en Los Álamos, es un sitio que también hubiera sido una zona de confinamiento estupenda porque allí hay mucho espacio y poca gente; se está muy tranquilo, pero me quedé aquí porque tenía tanta pena y tanta tristeza, era como una necesidad de no dejar solo al Hotel.

P.- ¿Nunca había estado así, no?
– No y puede parecer una tontería. Ha habido más o menos gente pero siempre ha tenido actividad y yo mismo decía “¿Cómo te voy a dejar?”. Ha sido esa fijación con el edificio. Además, yo esperaba que esto en algún momento terminara, no tanto despertarme un día por la mañana y ver que todo ha sido un sueño; no. Pero jamás pensé que esto iba a ser una prórroga tras otra.

P.- ¿Has tenido el síndrome de la cabaña, que le llaman?
– Durante el confinamiento sí que lo he tenido; me he hecho un poco ermitaño. Yo no quería salir para nada. No he ido a la compra; cuando permitieron salir a pasear no lo hice; y tardé un mes y pico en ver a alguien, excepto al Jefe de Mantenimiento del Hotel y alguna que otra persona, a nadie. A final de abril cuando hubo una explosión y la gente se echó a la calle, a mí me entró agobio. Yo veía pasar a las personas por la puerta del Hotel y no tenía ninguna gana ir fuera.

P.- ¿No has salido ni una sola vez en más de dos meses?
– Solo salí un día, además muy temprano por la mañana, para hacerme la prueba en un laboratorio que hay junto al Mercado de Atarazanas. Y mira que me gusta a mí pararme en el Mercado a comprar fruta, pues me vine disparado de vuelta al Hotel. Siempre con doble mascarilla y muy protegido. Me ha dado mucho respeto hasta que al final del confinamiento ya sí empecé a salir.

P.- ¿Cómo te adaptas a esta nueva realidad?
–  Más o menos encajas tu vida pero es complicado. Al final, cuando te planteas abrir el negocio porque esto tiene que ir para adelante, no te queda otra que enfrentarte a lo que es la realidad y convivir con ello. Y sobre todo pensar en la economía, en el país y en todas las personas que están en ERTE. Creo que es cuando piensas esto, cuando se acaba con el síndrome de la cabaña. Una vez que pasa el tiempo, quien diga que la cabeza le sigue funcionando igual yo creo que no es totalmente sincero consigo mismo.

P.- ¿Te ha costado mucho sentarte en un restaurante?
– Muchísimo. La primera vez fue hace 15 días que una amiga y un amigo querían almorzar conmigo y yo no me podía negar. He salido muy poco, he ido a misa, pero todo muy controlado.  

Jorge González: El tañir de las campanas

P.- ¿Dónde han estado tus hermanos?
– En León y en Madrid. Y lo he vivido con mucha preocupación porque han estado muy expuestos con trabajos esenciales, de hecho dos de mis hermanos se han contagiado. Y claro, yo aquí solo, en este contexto; que ha habido incluso quien me ha dicho “Anda, y todo el hotel y la terraza para ti”; sí claro, pero yo no he venido a pasar unos días; así no se disfruta, las condiciones no eran las óptimas.

P.- ¿Hasta qué punto ha sido dura la soledad?
– Muy dura. Emocionalmente complicada. Hay menos actividad, porque aunque estés siempre conectado; hay menos actividad y tu cabeza piensa en más cosas. La cabeza se me iba al futuro y eso pufff, pensar a medio y largo plazo. Y yo tengo una responsabilidad, de mí dependen muchas familias.

P.- Te imagino aquí sentado, solo, en medio del silencio y de pronto las campanas de la Catedral.
– Ha sido muy impactante y muy duro. Ese silencio que como tú dices, ensordece, pero sobre todo entristece. Porque no es un silencio escogido, sino obligado. Y ha sido muy triste.

P.- ¿Cuándo oyes tú sonar las campanas de esta crisis?
– Nosotros estuvimos en Madrid en febrero en un reunión de Comité y mi compañero, el director general de Italia, Iñaki Espinosa, vino a la reunión y nos contó que allí en Milán estaban sufriendo esta situación. Y él nos decía, como síntomas de lo que podía pasar de un día para otro, que las reservas se te caen, y la gente deja de salir. Claro, Italia no es China, es un país vecino. 

P.- Pero aún así podía parecer todo muy lejano. ¿Qué te pone en alerta?
– Para mi el principio del fin lo marcó la suspensión del Festival de Cine. Eran las 3 de la tarde de aquel martes 10 de marzo cuando lo vi en prensa; me dirigí al personal y les dije: “Señores, hay que hacer las maletas porque esto ya es cuestión de tiempo”.

P.- ¿Cómo hicisteis con los huéspedes?
– Nos preparamos para que no vinieran más, que no entrara ninguna persona. Cerramos la terraza. A los clientes que estaban ya hospedados les recomendamos que debían salir lo antes posible por la previsión de cierre de fronteras. Fue todo muy rápido.

P.- El siguiente gran anuncio de cancelación fue el de las procesiones de Semana Santa.
– Sí, la anulación de la Semana Santa ha sido algo muy doloroso. No solo y tanto por el negocio, que también, sino por todo el componente sentimental. 

Jorge González: Nuestros mayores

P.- En aquellos momentos, ¿qué se te pasaba por la cabeza?
– Yo solo me acordaba de mi madre que tiene 85 años y estaba sola en León. Las personas mayores eran las más vulnerables, y además ella acaba de estar en Málaga. Ya era el miedo de si estaba contagiada y el miedo de que iba a tener que estar sola. 

P.- La soledad obligada.
-Sí, ya sabemos lo terrible que es. Por mucho que hayan vivido una guerra, esto ha sido tremendo. Sin que puedan salir, sin que nadie entre; poniéndole una bolsa con comida en la puerta y diciéndole que tiene que desinfectar los productos. Eso una persona mayor no lo puede asimilar, si casi no lo entendemos nosotros…

P.- ¿Hasta qué punto te ha impactado esta crisis?
– Te d
iría que ha sido una bomba emocional en muchos sentidos. Hay mucha gente que se ha ido. En mi caso hay alguien que se ha ido y no te has podido despedir y que a día de hoy no has podido cerrar ese círculo, es muy duro. Y no solo por la perdida, todos tenemos personas con cierta edad en nuestras familias que también te preocupa.

P.- ¿Cómo lo percibías con ella?
– Cuando hablas por teléfono tú notas que hay días que la cabeza está bien pero hay muchos otros en los que no lo está. Y si hablamos del deterioro físico y de lo que teníamos cerca, también ha sido terrible. Si tú tienes que ingresar a una persona de tu círculo cercano, lo dejas en Urgencias, como ha pasado en Madrid, y no solo no lo ves más sino que además no sabes donde está, pues claro, son situaciones emocionales tan fuertes que no se van a recuperar nunca.

P.- ¿En este caso el tiempo no cura las heridas?
– Yo creo que a medida que pasa el tiempo va a ser peor porque ahora vemos las calles con actividad pero no a lo que estábamos acostumbrados. Vemos a gente con miedo, gente con mascarilla, gente también que no lo respeta y no la lleva; pero en el ambiente hay temor a que nos vuelvan a confinar. Ahora nos damos cuenta de la situación de verdad, de lo mal que se ha pasado en los centros de salud, en las urgencias, en las residencias. Está bien evitar el sufrimiento a la gente, pero no a base de ocultar la realidad.

Jorge González: Los tiempos y las heridas

P.- ¿Te creíste lo de que solo serían 15 días?
– Al principio yo tenía claro que esto no iba de dos semanas. En la compañía hacíamos nuestras cábalas y sabíamos que esto iba a durar todo abril pero que en mayo ya retomaríamos actividad, y mira. Abrimos el 1 de julio con 20 trabajadores de 129 que tenemos fijos en plantilla.

P.- Recuerdo que en mayo se anunció que se podía abrir pero sin estar en las zonas comunes.
– Esto ha sido una sucesión de despropósitos. Estamos ante algo desconocido; vale, te lo compro. Pero la lógica tiene que imperar, y la única lógica hasta ahora ha sido que le han dicho a las Comunidades Autónomas “ahí lo tenéis”. Claro, tu abres sin zonas comunes, sin poderte desplazar por el territorio libremente, solo movimientos locales…

P.- ¿Cómo te tomabas todo esto?
– Era una tomadura de pelo. ¿Qué se pretendía, que alguien de Torremolinos quisiera venir a dormir a Málaga? Bueno, puede ser. Pero, ¿alguien se había puesto a pensar, de los responsables políticos que tenemos, de nuestro sector, de los de Turismo, alguien se había parado a pensar sobre lo que es una infraestructura de personal y de servicios en un hotel? Esto no es abro la puerta y entra un cliente bien, entran dos, también. Esto no va así. Tú tienes que tener siempre un mínimo de personas. 

P.- Las famosas fases.
– Eso era como un chiste. Primero solo movimiento local, y después ese movimiento entre comunidades, con las fases: tú pasas, tú no pasas. Eso lo único que nos ha provocado es ansiedad, ahora estoy en la fase dos, ¿qué se puede hacer?, ¿y si volvemos a pasar a la uno? Yo me pregunto cómo las personas hemos sido capaces de afrontar y vivir en esta situación.

P.- ¿Qué hubiera sido lo lógico? 
– Por ejemplo decretar un número de establecimientos determinados para viajes profesionales o gente que viene a trabajar por pertenecer a servicios básicos y con unas instalaciones concretas y una ubicación, nosotros por ejemplo tuvimos así el AC by Marriot de Valladolid.

Jorge González: La gestión de la crisis

P.- ¿Por qué dices que se ha ocultado la realidad?
– Todo esto se ha basado en un aplauso diario, en sacar a sanitarios bailando y en evitar la realidad que estábamos viviendo. Hay un número de personas, todavía no se han puesto de acuerdo para determinarlo,  que se han ido; y lo han hecho a consecuencia de esta situación. El otro día leía un post de una persona amiga que decía “Si nos vuelven a confinar no le eches la culpa al gobierno porque el responsable eres tú”. Pues no.

P.- ¿Cómo que no?
– Que se haga cumplir la ley. Ha habido un decreto de que la mascarilla es obligatoria, y conozco mucha gente que no se la pone y dice que no se la va a poner. Pues todavía no conozco a nadie a quien hayan multado por no llevarla. Nos han vuelto locos. Que si la mascarilla no era necesaria, después que si se manipulaba mal contagiaba… Ha habido demasiada información e información errónea y contradictoria.

Jorge González: Aprender de los errores

P.- Hay quien compara esta crisis con la pandemia de la Gripe Española cuya gran ola fue en el segundo rebrote. 
– Sí que es verdad que hay muchas coincidencias con la Gripe Española pero son dos épocas diferentes; se supone que ahora estamos mas preparados social y sanitariamente para hacer frente a esto. Yo quiero pensar que si hay un rebrote no lleguemos al pico más alto en esa segunda ola.

P.- ¿Estamos concienciados o preparados?
– Creo que todavía queda, sobre todo la población más joven. Los 18 años de ahora son los 14 de hace dos décadas. Está muy bien manifestarse y reivindicar; pero yo que puedo contagiar a mis mayores, a mi gente, no me voy con 300 personas a un botellón ni a una moraga a la playa.

P.- Pero ahora dile a uno con 18 años lo que tiene que hacer…
– Miguel Ángel Revilla va echándole la bronca a la gente que va sin mascarilla por la calle. Pero a los jóvenes por una copa le da igual que pueda contagiar a su padre o a su abuela. Afortunadamente no son todos.

Jorge González: Conspiranoia

P.- ¿Qué es lo más curioso que has oído acerca de este virus?
– Leía una pintada en la pared que decía “Covid19 la Conspiración de la ONU”. Y yo me reía con eso y con todas esas teorías conspiranoicas. Igual que me he reído con las profecías de Nostradamus. ¿Cómo no me voy a reír?

P.- Todavia seguimos sin saber de donde salió esto.
-Sí que es verdad que todavía no tenemos una teoría cierta, pero lo que tenemos que tener en cuenta es que en el siglo XXI se manipula mucho genéticamente en laboratorios, y que se ha podido complicar lo que sea y no se haya sabido controlar y que la población tampoco estaba preparada, pero de ahí a decir que el virus no existe…

P.- Han sido muchos fallecidos para decir que no existe la Covid19.
– Yo no solo hablo de las víctimas que han fallecido, también de las personas que han estado enfermas; y todas ellas tienen nombre y apellidos. Hace unos días me decía una persona que ella no se iba a poner mascarilla porque todo era mentira y que ella no conocía a nadie que se hubiera puesto malo. Pues no señor, que no los conozcan no significan que los más de 40.000 fallecidos y los contagiados no existan.

P.- Contar la realidad aunque duela.
–  Claro. Por eso es tan importante la concienciación social y explicar y conocer bien cómo deben ser nuestros movimientos. Tenemos que tener claro que durante un verano o un año nos tenemos que divertir menos o mover menos, pues qué le vamos a hacer. Hay que pensar que nos quedarán muchos veranos más para divertirnos.

Jorge González: Turismo Nacional

P.- ¿Qué fue lo que más te chocó en la gestión que afectaba al turismo?
– Yo solo pensaba en ese “este año no vamos a tener turismo internacional pero lo vamos a tener nacional” y, madre mía. Es que hemos pasado de un confinamiento en el que no se podía hacer nada al “Venga, vete, viaja”. Vale, sí, pero con responsabilidad.

P.- ¿Crees que se ha podido dar un mensaje contradictorio?
– Es complejo. Fíjate que lo digo yo que me dedico a esto, hay que ser más cautelosos. Hay muchísimos españoles que están en un ERTE, ¿cómo le vamos a pedir a estas personas que viajen si no saben cuál va a ser su futuro? En un ERTE tienes que estar preparado para cuando tu empresa te necesite, no son vacaciones.

P.- ¿Cómo se puede fomentar entre gente que no sabe si su empresa cierra o no o si le llaman para trabajar que se vaya de viaje?
– Eso mismo me pregunto yo. Y a esto se suma lo que contaba Jorge Cadaval el otro día del AVE.  Te hacen pasar miles de controles para acceder al tren y después en el vagón uno sentado pegado al otro. No se entienden tantas cosas… Hay miedo a viajar.

P.- Y si a eso se le suma la incertidumbre laboral.
– Ocho veces se han levantado de la mesa patronal y agentes sociales sin llegar a acuerdo. Hasta este sábado no sabíamos si el día uno de julio teníamos que reincorporar a todo el personal o no. Todo esto requiere de un gran pacto en el que nuestros políticos estén a la altura. Aquí pedimos esfuerzo económico a la población.

P.- ¿Se ha dicho claramente lo que es un ERTE?
– No del todo. Estar en un ERTE no es que estés cobrando el 70 por ciento de tu sueldo, no es así. Resulta que en tu sueldo tienes una serie de complementos que con el ERTE no los tienes, además de lo que se ha tardado en cobrar. Nosotros adelantamos una nómina a toda la plantilla para que nuestros trabajadores tuvieran liquidez; y hoy hemos pagado la extra por productividad; pero cuando estás en ERTE tampoco produces, no generas esa parte de la extra. Es un sacrificio muy grande.

Jorge González: Sacrificio y Empresa

P.- ¿A quién hay que tocarle el sueldo?
– Por supuesto que a los sanitarios hay que subirles el sueldo lo que haga falta y a todos aquellos que han estado en primera línea.  Pero el sacrificio se nos pide y lo hacemos los de siempre, los que trabajamos en la empresa privada.

P.- ¿Hay intocables en nuestro país?
– Por supuesto que sí. El otro día que estuve con representantes del sector turismo yo les decía que ellos para cuándo, los funcionarios. ¿En qué han estado trabajando? Muchos decían teletrabajar a mirar una hora el correo, no digo que todo sea así; pero gran parte de la actividad del funcionario ha estado parada.

P.- ¿Qué ha sido lo peor?
– Lo que es un insulto es que en medio de todo esto un ministro te anuncie una subida salarial. Es verdad que el fin de semana los negocios de restauración se ve con cierto ambiente porque además la gente quiere salir; pero ahora hay solo un 40% de locales abiertos, ¿cómo estará cuando todo abra? Y en hoteles la realidad es que los políticos toman datos de los establecimientos de menos de 50 habitaciones y por eso dicen que la ocupación está en el 75%. En Málaga hay un 24% de ocupación en julio; y un 40% en agosto; esa sí es la realidad.

P.- ¿Crees que los ERTEs han sido un error?
– Yo creo que a la gente que trabaja le pagas la nómina y los seguros sociales. Y del que no trabaja se tiene que hacer cargo el Estado. Esta crisis no es porque el empresario lo haya hecho mal. El empresario no quiere hacer nada raro, solo quiere que la gente vuelva a retomar la actividad. Ahora resulta que sale más barato el que no trabaja que el que trabaja y desencadena en lo que hemos presenciado en Marbella: la primera víctima que ha sido la del Hotel Don Carlos. Si conoces la situación se podría haber evitado.

P.- ¿Cómo lo has vivido?
– Me produce pavor cuando oigo gente que dice “no, es que el del Hotel Don Carlos quería esclavizar a sus trabajadores”. Esa palabra es muy dura, yo conozco a compañeros del Hotel Don Carlos y estaban trabajando de maravilla y muy contentos. No se trata de esclavizar, son realistas con la situación que hay: nosotros quitamos a toda la plantilla, les pagamos y ya dentro de un año vemos como está la situación en el país. Pero están demonizando al empresario: “Es que los empresarios están ganando mucho dinero”, pues adelante; a usted nadie le impide montar una empresa.

P.- Sabiendo que el turismo representa un gran porcentaje del PIB, ¿qué ayudas concretas se han anunciado?
– Que yo sepa, ninguna. Dijo el presidente que iba a destinar 5.000 millones para fomentar el turismo, pero no sé en qué de forma específica. Yo lo único que tengo claro es lo que tengo reservado, lo que voy a ingresar y la gente que tengo en el ERTE, que son 109 personas, sin contar con todo el personal que se contrataban en estas fechas que eran otros 30 trabajadores.

P.- ¿Qué es lo que más te preocupa?
– Tener que incorporar a toda la plantilla sin actividad. Yo no puedo tener 15 camareros para 5 clientes. No puedo. Se ha conseguido ampliar ERTE hasta septiembre, pero eso está a la vuelta de la esquina. ¿Y qué pasa por no contar las cosas tal como son?  Yo he llamado a la gente de mi equipo y hay quien me ha dicho: “Que se incorpore otro que le haga más falta, yo ya me incorporo en septiembre”; y esto no es así. Esto lo levantamos entre todos. El primero que quiere volver soy yo.

Jorge González: Todo saldrá bien

P.- ¿Qué piensas cuando dicen que vamos a salir más reforzados de esta crisis?
– Que me lo creo a medias. No podemos salir más reforzados cuando ha habido más de 40.000 víctimas. No solo se ha quedado mucha gente por el camino, también empresas, personas que van a tener que trabajar muchísimo. Se habla de que la recuperación empezará en 2022; y después de la crisis de 2008 tan dura, y de la que salimos a flote por el turismo internacional. Recuerdo aquellas primeras navidades tristísimas, muchas tiendas cerradas. Sin embargo ahora es todo mucho más duro.

P.- ¿Qué has valorado más durante el confinamiento?
– Le he dado valor a las cosas que antes no hacía. Antes me quedaba en casa viendo la tele, pero ahora no. Por ejemplo, yo nunca le había dado importancia a la Noche de San Juan y este año sin embargo he sentido la necesidad de pasear por la playa y mojarme los pies. Una sensación de valorar y de vivir de forma más intensa. 

P.- ¿Hay algo que haces ahora que antes te costaba?
– Yo le dedico mucho tiempo al trabajo y he estado siempre muy rodeado de gente. Por eso hacer actividades acompañado me daba mucha pereza y lo evitaba. Pero ahora lo poco que estoy haciendo es con mucha alegría. He ido a Sevilla y he salido un par de veces a almorzar. Y lo he hecho con muy buena disposición. Si tuviéramos ya la vacuna o un tratamiento efectivo, te digo que en casa a dormir y poquito. Y hablando de dormir, ahora mucho mejor. Llevo varios años durmiendo regular y, aunque sigo necesitando medicación, mi cabeza ya resetea. Estoy más tranquilo y eso también se me nota en la expresión.

P.- ¿Has practicado mucho deporte estando confinado?
– Nada, yo hacía más deporte cuando trabajaba que estando encerrado. De hecho no entendía toda esta moda de gente que se sumó a hacer deporte. Fíjate, ahora se ha calmado todo y ya están haciendo deporte los que siempre lo han practicado.

Jorge González: Cultura e Historia

P.- Lo que sí hemos demostrado también es que somos solidarios.
– Muchísimo. Yo creo que las personas y las empresas tenemos una responsabilidad y ser solidario debería ser obligatorio. Todas las personas deberían poder dedicar un poco de su tiempo libre para la solidaridad. Esto también es mucho filosofía Marriot. No solo se trata de dedicar el 2% de la compañía a causas sociales (2 millones de euros), sino que también la gente que trabajamos en la compañía dediquemos ese tiempo como voluntario. Y esto se hace también en muchas compañías, como La Caixa y su obra social.

P.- ¿Se es social siempre de la misma manera?
– Yo no he sido de grandes multitudes, pero hay muchas maneras de ser sociable. Yo acompaño y voy con personas que necesitan esa compañía. Y además soy muy local. Tenemos que ser capaces de entendernos y conocernos los propios españoles. Y para eso viajar por tu propio país es lo mejor. Igual has pasado el fin de semana en Londres pero después no conoces Cuenca, o Logroño, o Soria. Gente que no se ha montado en el AVE Madrid Málaga pero sí ha volado a Amsterdam. Tenemos un gran país con una riqueza cultural muy importante.

P.- ¿Nos lo podemos cargar por desconocerlo?
– Sí, bastante y nos podemos arrepentir por privar al futuro de una buena herencia. ¿Por qué hay gente que detesta la Semana Santa? Pues porque no la conoce. Pero es que nos queremos cargar nuestra historia y nuestra monarquía. Siempre se escoge un momento crítico para hacerlo. Es responsabilidad de los españoles evitarlo. El país no es solo fútbol, cuando no había test para los sanitarios sí había para los futbolistas. Eso no es así, pero se respeta. Pues igual con nuestras fiestas populares.

P.- Ahora que hablas de fiestas populares, también nos hemos quedado sin Feria de Málaga.
– Sí, hay que prepararse para la que viene con muchas más ganas. Si está la feria anulada, está anulada. Hay que trabajar y hacer bien los deberes para que el año que viene no se cancele. Por eso es tan importante no hacer sucedáneos de Feria porque unas Fallas, unos Sanfermines, una Feria te lo pueden quitar una vez, pero dos… Me daban mucha pena los de las atracciones porque yo tengo 10 clientes pero ellos no tienen nada. Ojalá puedan habilitar zonas repartidas, pero es importante que no montemos la Feria por nuestra cuenta y no juntemos a 200 -300 personas en un local. 

Jorge González: Amor por Málaga

P.- Llegas a Málaga hace 15 años para dirigir esta Hotel y, ¿qué piensas?
– Recuerdo que estaba super contento. Y era muy distinto a ahora. He vivido la remodelación del Paseo del Parque, los Museos, la peatonalización del entorno de la Catedral, la recuperación de la Aduana, el Teatro Romano… Son muchos cambios. Málaga va a ser como esa situación en la que se te parte una pierna y tienes que estar en recuperación un tiempo y después vuelves a tope. Pues a Málaga le va a pasar eso, que cuando esté recuperada va a ser un torpedo de ciudad. Un auténtico torpedo.

P.- Torpedorr, como diría Chiquito de la Calzada.
– (Risas) Ay, Chiquito…, si hubiera vivido esto la de chistes que habría hecho. Ahora, también te digo que de estar vivo él no habría estado confinado, con lo que le gustaba a Chiquito la calle (risas) y el centro de Málaga, que le gustaba mucho.

P.- Tenemos sentido del humor en España.
– Muchísimo. Eso nos salva. Cómo en una situación tan dramática se ha sabido sacar ese arte y ese ingenio. A veces ha podido ser desmesurado pero no cabe duda que es bueno tener sentido del humor y el español lo ha demostrado con creces.

P.- Y volviendo a lo local, dices que Málaga es un cañón de ciudad, pero os lo oigo sobre todo a los que no sois de Málaga, ¿qué nos pasa a los malaguitas?
– Bueno, el malaquita se fustiga. Yo reconozco que en momentos he podido padecerlo; pero esa turismofobia que ha manifestado el malagueño, pues mira ahora…, con esta situación muchos malagueños se van a dar cuenta del potencial que tiene su ciudad.

P.- Los malagueños que hemos vivido fuera la valoramos muchísimo.
– Sí, se nota. Los malagueños que viven o han vivido fuera están deseando volver. Cuando vives aquí pues no lo valoras. Una ciudad que no es agradable para visitar, para vivir, que no esté bien comunicada no tiene los datos que tiene Málaga, con estos índices de turismo, de población flotante y de gente que no somos de Málaga y trabajamos y vivimos aquí. Ahora toca hacer balance para valorar en positivo Málaga.

Jorge González: Yo soy de pueblo

P.- ¿Cómo recuerdas tu infancia?
– La recuerdo con vivir el día a día, sobre todo ahora este verano de “no puedo hacer esto”; recuerdo que en nuestras vacaciones se hacía lo que se podía. A veces era posible la playa y cuando no, al pueblo.

P.-  Han aumentado mucho las reservas en los pueblos.
– Sí, muchísimo. Y a mí me ha hecho mucha gracia. Me he acordado de aquellos días en los que yo iba al pueblo. Es uno muy chiquito cerca de León, en el que yo pasaba largas temporadas y que ahora tendrá 40 personas, pero en mi época había 100, había ambiente (risas). 

P.- Pero te lo pasabas bien, seguro.
– Sí, tú ibas al pueblo y la primera semana bien, ay que bonitas las vacas que pasan por el pueblo; pero ya la segunda semana estabas harto de ver animalitos.

P.- Los urbanitas tenemos una estampa  idílica de los pueblos.
– Y falsa (risas), esa imagen de que el vecino del pueblo te abre la puerta y te da un vaso de leche eso es de anuncio de televisión; porque la gente en el pueblo es muy desconfiada y tiene muy mala leche (risas). Yo siempre digo que soy muy de pueblo por eso (risas).

P.- ¿Cómo llegas a ser director de Hotel?
– Estaba en el lugar adecuado en el momento preciso. Fue un reto y me dije “si sale bien, bien; y si no, pues nada”. Vine para un rato y ya llevo más de 20 años.

P.- ¿Cómo formas parte de la empresa AC?
– Yo he estado muy vinculado siempre a la familia Catalá. He convivido con parte de los hijos de Antonio Catalá, es como mi padre. Carlos Catalá que es el Vicepresidente de la compañía, es mi hermano. Yo no he visto ni voy a ver otras opciones porque tengo esa lealtad como de familia italiana de núcleo cerrado en la que no cabe más que defender lo nuestro Ni nos vamos ni nos invitan a irnos. Mientras dure esto será mi vida. 

P.- ¿Dónde estuviste antes de llegar a Málaga?
– Empecé en La Línea, Valencia, en Asturias, en Galicia, también en León.

P.- ¿Cómo fue volver a casa?
– Ya llevaba 10 años trabajando fuera y fui a León para la apertura y me dije: “Me voy a quedar unos días en el Hotel para ver qué tal va y hasta que empiece  funcionar”, y al final pasó más de un año y realmente nunca volví a mi casa (risas). Fue super curioso y estaba a tres calles de mi casa. Era un vínculo que también me pasó en Málaga. Mi primera casa era en Calle Carreterías, y yo vivía aquí (risas). Surrealista. 

P.- A ti te gusta tu profesión.
– Muchísimo. De hecho teníamos un proyecto ahora en la Avenida de la Constitución en Sevilla. Por eso digo que a mí las Catedrales me persiguen porque tiene una terraza que es el doble que esta del AC Málaga Palacio, y con unas vistas impresionantes a la Catedral y la Giralda. La apertura iba a ser en mayo, pero bueno, lo hemos tenido que pausar.

Jorge González: La ambición de vivir

P.- ¿Qué claves darías a quien se quiera dedicar a este mundo?
– La responsabilidad. Ese es el mandatori. La realidad es que cuando todos se divierten nosotros trabajamos. Nuestra época de mayor actividad es el verano, la Navidad, la primavera, los fines de semana, la Semana Santa. Es una profesión muy bonita pero no todo el mundo está dispuesto.

P.- ¿Te has encontrado con gente que no sabía a lo que venía?
– Por desgracia, sí. Y que además demoniza al empresario. No todos pueden ser empresarios. La vida es como un juego de ajedrez y los que somos peones también tenemos protagonismo. Hay que pensar, porque es así, que en la vida hay tiempo para todo. 

P.- ¿Te has planteado esto durante el confinamiento?
– Sí, cuando ves a tanta gente que se va y además joven, he pensado en eso. Yo que he entregado mi vida al trabajo, pienso que no me he perdido nada.

P.- ¿Hay un Jorge antes y otro después del confinamiento?
– Yo creo que no, lo que pensaba antes lo pienso ahora. He respetado siempre las opiniones de la gente y a las personas, y lo voy a seguir haciendo. No he cambiado, bueno sí; después de este golpe al turismo me he dado cuenta de que hay que ahorrar, que no ahorraba nada, creo que es lo único (risas).

P.- Si hay algo que admiro de ti es que consigues estar atento a todo y a todos, ¿cómo lo haces?
– Lo intento, pero no siempre se consigue porque si no sería de estos perfectos repelentes. Tienes que agradar y hacer agradable la vida a los demás. Yo soy feliz y me encanta cuando la gente disfruta. Me gusta ver a la gente bien y feliz. Es mi parcela y la disfruto. No tengo grandes ambiciones y por eso me llenan las cosas. Mi ambición es vivir y creo es la que debiéramos tener todos.

P.- ¿Cómo se toma el café Jorge González?
– Un mitad. Y además cuando voy a Madrid lo pido así “un mitad”, y me encanta la cara que se le queda al camarero (risas). Me río mucho, porque mi jefe directo, Carlos Catalá, es muy malaquita y siempre que voy hago lo mismo; y él va detrás traduciendo. Me divierto mucho con eso.

Vanessa Jiménez: «No hay mejor forma de llegar a las personas que siendo tú, siendo humilde.”

Hace más de un año empecé a conocer de oídas a una mujer a quien quería mirar a los ojos y comprobar que, efectivamente, tenía una gran historia que contar. Cuando la conocí las expectativas se superaron y es un orgullo para mí haber hablado sin prisa y sin pausa con una gitana como ella. Serena y franca, con una enorme verdad y muchísimos valores que espero haber podido transmitir en esta entrevista. Gracias, Vanessa Jiménez. Por muchas cosas, pero sobre todo, por luchar con tanto amor por Dosta y por hacer de nuestra Málaga una ciudad mejor. Prometo cada año alzar mis ojos por ti al menos dos veces: el 3 de junio y el 12 de julio. Sastipen Talí.

Vanessa Jiménez: La necesidad de decir ‘Dosta’

P.- ¿Cómo surge decir ‘Basta’?
– El nombre de la Asociación surge de esa necesidad real de tantísimas niñas y mujeres no tan niñas que no llegan a cursar ni a terminar ningún estudio superior ni tan si quiera obligatorio. Y ahí buscábamos un nombre gitano, que es Dosta, precisamente para eso, para concienciar a niñas de que ya basta.

P.- ¿Por qué dejáis de estudiar a los 12 años las niñas gitanas?
– Ayer precisamente estuve escuchando un debate que dieron varias plataformas gitanas que hay aquí en España compuesto por científicos e investigadores de la comunidad gitana. Son tres factores fundamentalmente: el bajo nivel educativo de los padres, los centros escolares y el entorno social. 

P.- ¿En qué medida influye el nivel educativo de los padres?
– El bajo nivel educativo de los padres afecta bastante. Cuando llegamos a la ESO los temarios se complican muchísimo. Tú llegas a casa y si no tienes dinero para acudir a centros extraescolares que puedan guiarte en esas materias en las que vas mal, dependes de tus padres que te puedan echar una mano o de tu entorno social que te pueda ayudar. El factor ese de que los padres apenas tienen ese mínimo nivel de estudios hace que los niños también se desmotiven porque lo ven todo mucho más difícil.

P. – ¿Y los centros escolares?
– Me refiero sobre todo a esos centros escolares a los que la mayoría de los colectivos gitanos pueden acudir, los colegios guetos que tienen un nivel más inferior que otros públicos o concertados.

 P. – Y el entorno social, ¿cómo afecta?
– Cuando se casa tu prima más cercana, y la otra también y la otra, pues una misma se ve como la diferente y piensa «yo no quiero ser la diferente». Todo eso son un cúmulo de situaciones y de factores que afectan y que hacen que los niños en esa edad abandonen sus estudios, no solo la edad es más complicada, también las materias más difíciles.

P.- ¿Los padres confían en que sirve de algo estudiar?
– Cada vez más. Nosotros de hecho una de las cosas buenas que nos ha traído la Covid19 ha sido darnos cuenta de lo importante que es una buena educación, unos estudios superiores que te den una salida laboral mejor. Durante todo este tiempo de confinamiento quien lo ha pasado peor es todas esas personas que dependen de trabajos precarios; y el porcentaje más alto lo vemos en la comunidad gitana.

P.- ¿Cómo se ha vivido la teleformación en el colectivo gitano?
– En este tiempo de confinamiento nos hemos encontrado con una enorme analfabetización digital en el pueblo gitano. Los que tienen herramientas necesaria no son suficientes. La mayoría de familias gitanas tenemos bastantes hijos, si yo tengo 4 pequeños en casa y solo un ordenador, yo puedo cubrir la necesidad básica pero no la suficiente para todos los miembros de la familia y si todos a las 10 de la mañana tienen clase online, cómo conecto a los niños a un ordenador. 

P.- ¿Ha sido un cuarto factor para dejar los estudios?
– Sí. Ahí hemos pegado un bajón enorme. Porque a esto le añadimos padres y madres que no entienden de informática y no saben usar zoom o skype o las diferentes formas de dar clase. Y muchísimas familias gitanas que no tienen ni tan siquiera internet, todo ello ha supuesto una brecha educativa enorme.

Vanessa Jiménez: Valores gitanos

P.- ¿Los gitanos vais siempre con gitanos?
– Hay gitanos por todas partes y aunque no nos conocemos todos, sí que somos muy unidos. A mí me gustaría destacar esto tan necesario para que la sociedad mayoritaria lo vea, esa unión, prestar ayuda. De hecho, lo que peor hemos llevado durante este tiempo ha sido precisamente eso, no poder ayudar a nuestras familias. Saber que a tu prima o a tu tía le hacía falta una bolsa de comida y no poder llevársela tú porque teníamos que estar confinados. Con Dosta hemos estado ayudando y hemos visto cómo había familias que ni si quiera sabían sacar dinero de un cajero. Todos esos problemitas que hemos ido viendo durante el confinamiento ha supuesto un dolor inmenso. Esa unión y ayuda mutua que tenemos, no ha podido estar tan presente por estas circunstancias que hemos vivido.

P.- Hablas de los valores de los gitanos de los cuales los payos debemos aprender mucho, yo te quiero destacar el valor que se le da no solo a la familia, sino a los padres. Ese respeto a los padres sobre todas las cosas. ¿Cómo mantenéis ese respeto aunque el entorno muestre lo contrario?
– Yo creo que lo llevamos en nuestro genes. Si leemos un poco atrás la historia del pueblo gitano, nosotros llevamos 500 años de sufrimiento, de ese intento de exterminio en España en la llamada Gran Redada de 1749 cuando intentaron fulminar a todos los gitanos. Y pudimos salir adelante. Y lo hicimos precisamente por todos esos valores: unión, respeto, familia, de cómo los chiquitos se resguardaban en los grandes para poder salir de aquel exterminio.

P.- ¿Has pensado en ello estos meses encerrados?
– Sí. De todo este tiempo de confinamiento yo me quedo con una frase del pueblo gitano: Sastipen Talí (Salud y Libertad). Los gitanos viejos cuando se despiden, lo dicen por haber intentado borrarnos del mapa. Nosotros no hacemos nada, no hemos hecho nada a nadie, simplemente somos gitanos. Dábamos esos valores: salud y libertad. Y creo que ahora más que nunca son tan necesarios.

P.- ¿De dónde puede venir esa creencia de que los gitanos no sabéis acatar normas, cuando esto se ve que no es así?
– Viene de esa historia que te cuento de querer acabar con nuestro pueblo. Cuando nos decían ‘Venid por aquí’ y nosotros íbamos, era para atacarnos. El gitano se ha sentido muy atacado, pero hoy ya no. Yo no me siento atacada, yo no sé lo que es el racismo. Crecí en un pueblo pequeñito, en Carcabuey, (Córdoba) con muchísimos amigos payos y payas; y he tenido la gran suerte de no sufrir ese racismo. 

P.- Pero sí sabes de gente que lo padece.
– Sí, que lo ha sufrido y que lo sufre. Personas a las que por el simple hecho de ser gitana la tachan y le dicen cosas como ‘No vas a llegar a ser nada en tu vida, por la forma de vestir te van a mirar cuando entres en un sitio te van a mirar porque seguro que vas a robar’ Eso lo he visto cómo se lo hacen a otras personas gitanas; y me duele, porque aunque yo no sufra el racismo, soy gitana.

P.- El poder de las palabras. Cómo las palabras provocan pensamientos y los pensamientos, realidades.
– Sí, totalmente. Y esos prejuicios son dolorosos. Tú eres gitana y ya sabemos donde vas a acabar. Esto también pasa en el colegio, el efecto pigmalión, con esos profesores que piensan que el alumno gitano, por el hecho de serlo, ya no va a llegar lejos en los estudios e inconscientemente le presta menos atención de la que se debiera y se le ofrece menos herramientas de las que disponemos. Eso sigue pasando en niños y en grandes.

P.- ¿Os habéis tenido que imponer para que no se os pisotee?
– Exactamente. Ha sido ese movimiento y ese cambio lo que ha propiciado mucho de lo que somos.

P.- Desde que naces y hasta ahora, ¿cómo has visto evolucionar el papel de la mujer gitana?
– Muchísimo. Cuando era pequeña recuerdo a mi hermano que era el que estudiaba, y recuerdo también cómo mi hermana mayor tuvo que abandonar los estudios para poder encargarse de nosotras. Él sí pudo estudiar, independizarse y venirse aquí a Málaga a cursar su carrera de ingeniero. Mi hermana dejó los estudios como muchas mujeres gitanas que tienen ahora 40 años y de ahí para arriba. Ahora miramos y vemos cómo son muchísimas las mujeres gitanas que sí han conseguido un cambio. Y si no lo pueden conseguir con 18 años, mírame a mí; lo hice con 30. Vemos que hay salida.

P.- ¿Por qué os mudasteis a Mallorca?
– Por trabajo. Mis padres eran vendedores ambulantes, después él se dedicó a la construcción en Mallorca y mi madre limpiando platos en un restaurante chino. Fuimos allí sobre todo para costear la carrera de mi hermano. Mis padres tenían muy claro que su hijo estudiara. Y ellos buscaban cómo conseguir ese dinero para que él no dejara la carrera. Nos mudamos a Mallorca y a raíz de ahí abandoné los estudios.

P.- Esto suele ser habitual en los gitanos, ¿no?
– Sí, eso es otra cosa que también les pasa a gran parte de la infancia gitana. Si los padres dependen de un trabajo tienen que ir para un lado o para otro. Yo ayudaba a mis padres con el mercadillo, desde pequeñita ya estaba trabajando. Teníamos una finca de aceitunas y también les echaba una mano. Cuando fui más grande mis padres me ayudaron y montamos una zapatería en la Avenida La Luz. Me casé muy jovencita, y fui madre. A los 25 otra vez madre, y a los 30 vino mi tercer hijo, año en el que decidí darle un cambio a mi vida y empecé a estudiar.

Vanessa Jiménez: El cáncer como trampolín

P.- Dices que un evento traumático a tus 30 años te dio el empuje necesario para cambiar. ¿Qué fue?
– Fue una etapa mala. Me detectaron un cáncer de colon y ahí pensé que eso no podía haber llegado a mi vida para dejarme en el mismo sitio. Lo usé como un trampolín. Tuve la suerte de que gracias a Dios me operaron y no tuvieron que darme tratamiento. Fue un trago amargo, porque todos sabemos un cáncer los problemas psicológicos que pueden acarrear, y también físicos pero tuve la suerte de que no me dieran quimio ni radioterapia y lo usé para lanzarme a aquellas metas que desde pequeñita me quise marcar pero que por circunstancias no había podido llevar a cabo.

P.- Una mujer joven y sana que no pertenece a población de riesgo de cáncer de colón. ¿Cómo te das cuenta que tienes cáncer?
– Yo estaba embarazada del pequeño cuando empecé a sentirme mal. Pero me decían durante el embarazo que era cólico nefrítico. No fue hasta que di a luz cuando empecé a perder bastante peso y sentirme peor. Acudí a urgencias pero como bien has dicho, yo no era población de riesgo, yo soy ese uno por ciento de los casos. No me prestaron la atención que deberían haberme dado.

P.- ¿Y qué hiciste?
– Nos fuimos al privado y ya allí me hicieron las pruebas. Se lo comunicaron a mi madre y a mi marido, pero a mí no me dijeron nada. Mi madre siempre me decía que si por ella hubiera sido, yo salgo de la operación sin enterarme de que tengo cáncer, “de esa palabrita” como dice ella. 

P.- ¿Lloraste?
– Lloré un día. Al segundo, me levanté. 

P. ¿Quién te operó?
– El Dr. Santiago Mera Velasco. Un hombre encantador, me llevo muy bien con él y con su sobrina, Alejandra, que es mi amiga. ¿Qué te puedo decir de él si es lo mejor?

P.- Sería como volver a nacer, y además con tu hijo tan pequeño…
– Yo fui a operarme y me dejé a mi hijo en casa con un añito. Solo le pedía a Dios volver a mi casa. Volver por ellos, porque cuando eres madre de tres hijos y te ves en esa situación lo único que quieres es tener salud por ellos.

P.- ¿Hasta qué punto es importante la Fe para ti?
– Muchísimo. Yo siempre que hablo de mi enfermedad siempre digo que primero le agradezco a Dios y después a Santiago (risas), él ya sabe que yo digo esto. Sinceramente lo digo. Sin Dios yo no estaría donde estoy hoy. Me ha dado bastantes señales de lo grande que es y de lo que me quiere. Yo digo que Dios me quiere porque fue todo muy deprisa para bien.

P.- ¿Cómo de rápido?
– Un mes, siempre digo que para mí mayo es un mes malísimo. Me diagnostican un 2 de mayo y el 16 de ese mes empezamos con las pruebas. El Dr. Franquelo, quien me estaba viendo, me dice que el cáncer en cuestión de pocos meses podía haber hecho metástasis. A la semana siguiente conozco al Dr. Santiago Mera Velasco y el 3 de junio me operan.

P.- Acabas de cumplir 4 años desde que te operaste.
– Sí, y gracias a Dios está todo perfecto. No me han tenido que hacer ni si quiera un TAC. Ya a esperar al año que viene que se cumplen 5 años y comprobar si estoy limpia del todo. Hacer borrón y cuenta nueva pero sin olvidar nunca. 

P.- ¿Cómo era tu vida hasta que te diagnostican el cáncer de colon, tenías mucho estrés?
– Mi vida era una vida normal y sana. Nunca he sido de comer grasas y practicaba deporte. Y estrés, no mucho; el que te puede causar ser madre de tres hijos. Yo trabajaba en el mercadillo hasta un año antes de quedarme embarazada; y mi marido, que es ingeniero, trabajaba en el PTA. La alimentación y el estrés influyen, claro; pero existen casos que se salen de esa línea y que también hay que mirar. Si tu vas al hospital mal, aunque no seas población de riesgo, esas pruebas te las tienen que hacer.

P.- Me hablas de educación y sanidad, pilares de cualquier estado del bienestar. ¿Dónde crees que estaría la clave para fortalecerlas?
– En la detección temprana y la prevención. Por ejemplo, en sanidad el cribado en el cáncer de colon es a partir de los 50 años. Yo iba sangrando, con muchos dolores y perdida de peso; pero me descartaron sin pruebas. Y en Educación nos queda mucho por hacer. Lo más importante es que no recorten más; y desmontar los prejuicios de la sociedad con el colectivo gitano.

Vanessa Jiménez: Racismo

P.- Recuerdo un tiempo en el que se cambió el discurso y se hablaba de los gitanos destacando sus logros, su integración. ¿Crees que sigue siendo así?
– Nosotros empezamos a tener referentes gitanos desde hace relativamente poco tiempo, 50 ó 60 años, 80 años como mucho, no más. Como el primer eurodiputado gitano, Juan de Dios Ramírez. Sin embargo a raíz de esta crisis del coronavirus si se está percibiendo que se está destacando un sentimiento hacia los gitanos que como hace años que no veíamos: el racismo.

P.- A este respecto vi en tus redes que destacaste un hecho hace no mucho.
– Sí, salió en el programa de Ana Rosa Quintana a raíz de un comentario que se hizo por la muerte de un gitano. ¿Qué hubiera pasado si el supuesto fuera otro? ¿Y si hubiera dicho ‘Pobrecito este hombre que ha violado a esta mujer’? ¿Cómo se tomaría? Pues esto mismo se dijo del asesino y no del que murió: pobrecito el hombre que ha matado que se ha buscado la ruina; pero no pobrecito ese hombre que han enterrado que ha dejado 4 niños y una viuda.

P.- ¿Crees que puede volver con más fuerza el racismo hacia los gitanos?
– Mucho me temo que con todo este tema de ayudas sociales, y del Ingreso Mínimo Vital se vuelva la mirada hacia nuestra comunidad. Con lo mucho que han sufrido los gitanos, que la gran mayoría depende de un mercadillo y la falta de ingresos y de dinero que han tenido, muchos dependerán de ayudas sociales. Pero creo que deberían mirarnos no solo por la ayuda que podamos o no recibir, sino también por todo lo bueno que también aportamos y lo que estamos consiguiendo por esta transformación social, luchando por mejorar nuestro pueblo.

P.- Tú sueles decir que estás rodeada de ingenieros.
– Sí (risas), lo digo con todo el orgullo del mundo, y son todos gitanos.

Vanessa Jiménez: Asociación Dosta

P.- ¿Cómo se te ocurre fundar Dosta?
– Si te digo que yo no quería montar una asociación, no me crees (risas).  Yo quería estudiar mi carrera, conseguir un trabajo y ayudar de una forma más estable con la economía de mi casa. Y me vino una niña a preguntarme cómo lo había hecho y con dudas. ‘Si tú has podido, igual yo también’. Así que le dije que se viniera a mi casa y así le echaba una mano. Y luego viene otra, y después te llama otra. El boca a boca hace que yo no pueda atender toda esta demanda. En mi salón he tenido hasta 4 niñas a la vez, con dos profesores, y mis tres niños. Y ahí aparecen mis ingenieros, mi marido y mi hermano.

P.- ¿Ellos son los que te animan a que Dosta sea una realidad?
– Sí, ellos me decían que tenía que ayudar a toda esta gente y hacerlo bien.  Y yo no quería principalmente porque siempre he sido una persona muy tímida y hablar en público me provocaba rechazo. Pero al sentir que tenía la ayuda y el apoyo de ellos, me vi con el compromiso hecho y la fuerza suficiente. Echamos el papeleo, que no es nada fácil, y arrancamos los tres solitos.

P.- Y fue para arriba como la espuma.
– Sí, fíjate. Aún no estaba la Asociación montada cuando ya tuvimos nuestros dos primeros éxitos con el aprobado de dos niñas. Para el curso siguiente (este que acaba) teníamos un listado de 20 personas que querían empezar con nosotros.

P.- Y solo en el primer año.
– Sí, ahora en mayo acabamos de cumplir nuestro primer año.

P.- ¿Cuántas tienes para el año que viene?
– En nuestras bases de datos como usuarios de personas a las que estamos ayudando son unas 40 personas; y aún no hemos metido a las nuevas. Tenemos que esperar los resultados de las que se nos han presentado este año que son 8 que se han examinado de ESO y Grado Medio. Y en septiembre se nos presentan en total 15 niñas, de las que 4 son gitanas y también un niño. Esperamos que a pesar de la lata que nos ha dado el coronavirus, que los resultados también sean buenos.

P.- ¿Dosta se dirige solo a los gitanos?
– Para nada, sí que tiene el lema de ‘Asociación con Alma gitana’ porque surge de mis adentros, de esa realidad que yo veo en la calle. Hay quien viene y me dice que si por no ser gitana me tienen que pagar. ¡Y por supuesto que no! No les cobramos un duro a nadie. Me parece injusto cobrarle a quien no es gitana. No quiero que ninguna de esas niñas caigan en la trampa que a mí me hicieron caer alguna vez. Queremos ayudar con todo lo que tenemos y desde el corazón. Mientras ellas le pongan ganas, a mí me da igual dedicarles todo el tiempo del mundo.

P.¿ Cómo llegan a vosotros?
– Las personas que llegan a nosotros lo hacen a través de las redes sociales. Tenemos dos niñas que no están en exclusión social; de hecho son dos niñas que están acomodadas pero que necesitaban que les echáramos una mano en los estudios. Una de ellas, Jenny, quiere ser taxista y para que le den la licencia necesita la ESO. Ella no es gitana, por ejemplo.

P.- ¿Cuál es el lema de Dosta?
– Que todo se puede conseguir, siempre y cuando le pongas empeño. Si lo crees, lo puedes conseguir; y para eso estamos nosotros aquí, para hacérselo creer. Les metemos un chute de motivación enorme.

P.- ¿Qué es lo más bonito que te han dicho?
– Una vez una madre me pidió por favor que ayudara a su niña que tenía graves problemas psicológicos. Esa niña no se presenta este, va el año que viene; pero recuerdo esa madre cuando me cogió y me dijo ‘No sabes lo contenta que estoy de que mi hija te haya conocido’. Con esa niña, que está ahora trabajando en los cines del Málaga Nostrum, recuerdo que perdíamos llorando una hora, de 10:30 de la mañana a 11:30. Yo hablaba mucho con ella, no era consejo sino mi punto de vista o lo que yo creo que haría.

P.- Es bonito ver que ayudas a tanta gente.
– Sí. Tengo muchos momentos bonitos. Como esa madre que vino ilusionada a decirme que estaba pudiendo ayudar a sus hijos a hacer sus tareas. Eso no se paga con dinero. Es lo que me llevo de mis alumnas además de todo el cariño que sé que me tienen.

P.- Y la palabra gratificante de una madre tiene mucho valor.
– Muchísimo. Es que la mayoría de niñas gitanas con las que trabajamos tienen problemas. Hay una muchacha que es muy competente y doy fe de que esa niña va a llegar muy lejos. Esa niña perdió a su madre hace tres años y me llamó diciéndome que necesitaba estudiar. Me vi reflejada en ella por ver en los estudios una vía de escape ‘Si no me meto aquí, pierdo la cabeza’. Esa niña es admirable ver cómo te habla, cómo quiere estar ahí contigo porque se siente cómoda, feliz; siente que puede crecer como persona a tu lado.

P.- Tú eres su referente.
– Pero yo les digo que no. Que yo soy una más, como ellas. Tengo otra niña en el Molinillo que se examina ahora. Su madre vino a verme para darme las gracias por haber hecho posible que su hija echara los papeles para examinarse. Solo eso ya es un logro. Y estamos trabajando con niñas de Álora y Pizarra consiguiendo que se sienten dos horas diariamente en un instituto con la intención de examinarse y superar la prueba. Estoy muy orgullosa.

P.- Veo que algunas de tus luces son la humildad y la constancia. ¿Nos sobra soberbia y falta de voluntad?
– Nos falta humildad. Yo tengo muy claro que si tú te diriges a un grupo de niñas como con las que yo trabajo, con tantos problemas, diciendo yo soy o o yo sé; no consigues ningún cambio social con ellas. No hay mejor forma de llegar a las personas que siendo tú, siendo humilde. Intentar provocar con las niñas ese tú a tú.

P.- Y ellas conectan muy bien contigo.
– Sí, porque yo he vivido los mismos caminos por los que ellas han pasado o están pasando. Yo sé lo que es estar en el mercadillo, tener que llegar a casa y bañar a mis hermanos, etc.  Sí lo sé. Intento estar siempre al mismo nivel que ellas. Yo no me considero por arriba de nadie, pero tampoco por abajo. 

P.- Cuando nos conocimos estuvimos hablando de Dorantes y del uso de Orobroy para vuestro video de presentación. ¿Cómo va la cosa?
– Con él personalmente no he hablado. Pero contacté con él a través de Messenger y me pasó con su equipo discográfico y ya hicimos la petición formal. Me dijeron que sí podía usarla con la condición de que mencionara la autoría. Así que estamos pendiente de recibir el video y lanzarlo para que todo el mundo lo vea.

P.- Me alegro mucho. Siempre pasan cosas buenas, solo hay que atreverse.
– Yo no me lo podía creer cuando abrí la carta. No me puedo quejar. Me pasan muchas cosas buenas. 

P.- ¿Cómo te gustaría ver Dosta en 5 años?
– Con un sitio fijo para la Asociación. De que aprueben las niñas ya me encargo yo, así que en 5 años las veo a todas muy formadas. Muchas lo están; por eso hemos empezado a gestionar que algunas de ellas den charlas para que sean ejemplo para otras niñas. Que salgan esas voces que demuestren a esas niñas que se puede conseguir. Me conformo con conseguir lo antes posible un local donde poder atender a las niñas.

P. – ¿Cómo van esas gestiones?
– Al no tener aún 2 años de antigüedad no podemos optar a un local municipal. Gracias a Dios tenemos abiertas las puertas de la Universidad de Ciencias, y también dependemos ahora del Consejo Escolar, aunque nos caduca ahora la concesión. Diferentes colegios que nos ceden un espacio. Es muy complicado no tener un espacio propio, sobre todo para las que se presentan a la Universidad para dar ese empujón. Pero mientras les dure la motivación, hasta debajo de un árbol se aprende.

P.- ¿Qué fecha para ti es la más señalada para Dosta?
– El día que la inauguré en La Térmica, el 12 de julio. Fue un día redondo, la presentación fue muy bonita y también vino el alcalde, que me hizo una ilusión enorme. Y fue antesala del premio que recibimos una semana después. Pero sobre todo el 12 de julio fue importante porque horas antes del acto me enteré del aprobado de las niñas. Escucharlas reír y llorar de emoción, me puse a saltar en la Diputación cuando me llamaron para contármelo. Ellas me hicieron conscientes de ver que el esfuerzo había tenido sus frutos. Lo han conseguido ellas, el esfuerzo es suyo pero yo estoy ahí. Aunque tú sabes que para mí la fecha clave es el 3 de junio, que fue cuando empecé a vivir de nuevo.

Vanessa Jiménez: Que lo bueno pese

P- Dices que mayo para ti es un mes muy malo, pero por todo lo que me has contado veo que ha sido como tu regeneración.
– Sí, la verdad que sí. Pero es inevitable. Siempre dicen que lo malo pesa más que lo bueno. Es algo que tenemos que intentar cambiar, pero no lo puedo evitar. Cada vez que llega mayo pienso ‘Ay, este mes estaba malita’. Pero es lo que tú dices: en mayo también aprobé mi acceso a la Universidad, me dieron mi nota.

P.- ¿Por qué crees que cuesta tanto quitarse ese regusto amargo de las cosas malas que nos ocurren?
– El dolor de una madre, de ver a mis padres sufrir por mí…, es complicado no acordarme de esos momentos. Pero también tienes razón en lo que dices, que debería empezar a mirar mayo como un cambio radical para bien en mi vida.

P.- ¿Qué piensas cuando se dice que el colectivo gitano es machista?
– Dentro de la cultura gitana esa imagen de machismo no la vemos cierta. Somos uno. La gitana y el gitano van de la mano. Donde va uno, va el otro; lo que le duele a uno le duele al otro. Y la gran mayoría de los hogares gitanos somos así. Tenemos un valor y eso es así en todos los hogares y es el respeto. Nos respetamos mucho. La gitana respeta mucho al gitano y el gitano respeta mucho a la gitana, pero bueno, también hay de todo.

P.- A ti te ha ayudado mucho tu marido. Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, pero también detrás de una gran mujer hay un gran hombre.
– No está detrás, está a mi lado. Yo sin él estoy coja. Sé que decir esto es contrario a lo que defienden muchas feministas, pero digo la verdad. A mí me complementa igual que le complemento yo a él. Así es.

P.- ¿Cómo se toma el café Vanessa Jiménez?
– Con leche y dos cucharaditas de azúcar, que yo soy muy dulce (risas).

Inés Robledo: “Yo todavía quiero sembrar, ser ese grano de mostaza que de fruto”

Después de este #UnCaféConPorras he descubierto que yo ya conocía a Inés Robledo. Seguramente tú cuando leas esta entrevista descubras en lo que cuenta que hay gran parte de ti en toda la historia, que es la nuestra. Una mujer generosa, amable y con una gracia delicada y muy malagueña. Es un lujo para mí compartir cada pensamiento de nuestra conversación, en la que también la entrevistadora ha sido entrevistada. Gracias Inés Robledo Aguirre, por tanto y por todo.

Inés Robledo: Una vida ligada a los Estudiantes

P.- Cuando te asomas a la ventana y ves la Casa Hermandad de los Estudiantes, ¿qué se te viene a la cabeza?
R.- Supone la historia de mi vida. Yo siempre he dicho que tanto he querido a la Cofradía que me casé con su Hermano Mayor (risas). Son muchos recuerdos, mis hijos ya eran hermanos antes de estar inscritos en el Registro Civil, una cosa de la que presumía mi marido; y fíjate lo que son las cosas; eso también lo hizo mi hijo Pablo con mis nietos. La historia de la Cofradía forma parte de la historia de mi vida.

P.- Aquí estoy dispuesta a escucharla y contarla. ¿Quién es Inés Robledo Aguirre?
R.- He sido una madre de familia normal, una persona que ha llevado una vida social bastante aireada porque mi marido ha actuado en muchos medios y ahora, gracias a ti pues como si fuera un personaje importante. Te agradezco que te hayas acordado de una persona mayor para tus entrevistas.

P.- Y yo te agradezco que me hayas querido atender. Es un lujo estar contigo y siempre con tu sonrisa en la cara.
R.- Mi vida está llena de satisfacciones y de alegría. Yo siempre les digo a mis hijos que papá nos ayuda desde el Cielo; pero también es importante el esfuerzo; yo lo sigo haciendo, y también aprendo, leo y me actualizo. Cuento con la suerte de tener a mis hijos que todos son buenos, a cual mejores. Y 17 nietos que la verdad le doy muchas gracias a Dios porque sé que me adoran.

P.- Algo tendrá el agua bendita para que la bendigan…
R.- Yo siempre fui una persona espabilailla, observadora, muy habladora, excesivamente habladora, a veces me arrepiento, pero con muchas inquietudes. Quizás no las manifesté ni las desarrollé pero sí con el paso de los años… Y tuve la suerte de tener un marido que era un hombre muy formado, muy preparado y muy ameno en sus conversaciones; era una historia completa. Yo aprendía mucho de él pero siembre bajo su amparo.

P.- Camarera de Honor de la Cofradía de los Estudiantes, esposa de Manuel Atencia, madre de Pablo Atencia. No cabe duda de que la historia de la Cofradía de Estudiantes forma parte de tu vida, de tu historia.
R.- Mi hijo Pablo dice con orgullo que pertenece a una quinta generación de los Atencia de Hermano Mayor de las Cofradías de Málaga, y de seguir con la trayectoria de su padre: que antes de inscribir a sus hijos en el Registro Civil ya los había hecho hermanos de la Cofradía. Pablo desde chavea estaba de Albacea en Estudiantes, siempre ha sido un niño muy activo y muy trabajador; y estamos hablando de cuando se montaban los tronos en los toldos. Mi hijo Manolo también fue Teniente Hermano Mayor…, sí, en mi familia todos han sido muy hechos a la Cofradía.

P.- ¿Cómo se vivió en tu casa la incorporación de la mujer al cortejo procesional?
R.- Uy, aquello fue un éxito y emocionante. Mis hijas Lala y Solete salieron como nazarenas y con el tiempo, el número de mujeres que llegaba a la Cofradía era muy elevado.

P.- ¿Qué recuerdos tienes de aquellos inicios?
R.- Guardo muchos momentos en mi memoria. Cuando al principio los tronos salían de unos almacenes en el Polígono el Viso, donde estaban custodiados junto a los pobres y escasos enseres. Recuerdo ese traslado de noche para que se pudiera acceder a la Plaza de la Constitución, a la calle Rodríguez Rubí, donde la Escuela Pública, sin molestar demasiado al tráfico. Allí es donde se ubicaban los toldos. ¿Tú recuerdas los tinglaos? 

P.- Los recuerdo, y el de muchas otras Cofradías; y en parte me gustaban porque pensando ahora en ellos me representa la fragilidad del mundo.
R.- Sí, es verdad que aunque era muy sacrificado tenía su encanto; esa sencillez y el esfuerzo que suponía montar los tronos allí; una semana antes a disposición del pueblo; y después había que desmontarlo… Todo el mundo quería dar un paso adelante y de pronto te encuentras con una Casa Hermandad que es una maravilla. 

Inés Robledo: Camarera de la Virgen

P.- ¿Cuándo empiezas a formar parte de la Cofradía?
R.- Al principio lo hacía en la distancia con mis hermanas y mis primas. Íbamos a la salida y al encierro en Semana Santa; pero participaba poco. Sin embargo ya cuando me casé con Manolo empecé a implicarme un poco más aprendiendo de la Camarera Mayor, Doña Carmen Molina, que era una señora que se preocupaba de cuidar la ropa y vestir a la Virgen.

P.- ¿Cómo es ese momento de vestir a la Virgen?
R.- Es un momento maravilloso. Se le quita su traje de hebrea y se le ponen “los lujos”, por así decirlo, para procesionar. Los hombres no entran en la sala por respeto y pudor para con la Virgen. Tiene su protocolo y su sencillez. Se reza o se canta. Doña Carmen lo hacía de una manera sencilla. Recuerdo de esta época que íbamos un grupito de mujeres mientras los maridos estaban en la Junta y lo que hacíamos era mirar, si acaso darle un alfiler. Y fíjate entonces no se rezaba ni se cantaba.

P.- ¿Se ha mantenido estos 75 años la costumbre de las Camareras?
R.- No, hubo un tiempo que se perdió la costumbre de vestir a la Virgen, y pedí recuperarlo. Hablé con María Victoria Ramos y presentamos esta iniciativa a la Junta. Recuerdo acudir a Mena y Expiración para ver cómo vestían a su Titular y fui tomando ideas y añadiendo variaciones para nuestra Virgen de Gracia y Esperanza con más alegría y participación ya que tenemos la suerte de tener un salón de actos tan luminoso y bonito.

P.- Esta recuperación de vestir a la Virgen, ¿tuvo acogida?
R.- El primer año éramos pocas, el segundo fuimos más y el tercero ya estábamos desbordadas. Al comienzo se hacía una oración; poníamos una bandeja con papelitos con diferentes peticiones, oraciones y acción de gracias que se enganchan al interior del manto de la Virgen. También se reza el Rosario. Llamábamos a las Camareras para que cada una pudiera aportar; venían las niñas, era y es un momento precioso; porque me consta que esto se sigue haciendo así. Cada año hemos estado muchas mujeres y siempre me pedían que las avisara porque realmente es un momento muy especial. 

P.- Muy bonito y emocionante.
R.- Sí, es un acto mariano precioso. Siempre en sábado por la mañana con la luz entrando por los ventanales, tan positivo y tan alegre. Y ya con el tiempo asumí que debía dejar paso a la savia nueva; aunque seguía estando al pie del cañón, pero en un segundo plano. 

Inés Robledo: La familia y el periódico

P.- ¿Qué te ha traído a ti este tiempo de confinamiento?
R.- En este encierro forzado que tenemos nos reunimos todos para rezar el Rosario. En estos tiempos en el que la gente vive tan de espaldas a Dios; algunas, porque hay mucha gente buena y piadosa y rezadora;  una de mis nietas que tiene 21 años me dijo: “Abuela, y si este Lunes Santo que lo vamos a pasar tan triste por no salir, nos reuniéramos la familia a las 8 para rezar el Rosario”. Levanté la vista al cielo y dije “Señor, no merezco yo tanto mimo” y desde entonces nos reunimos la familia todas las tardes.

P.- ¿Cómo te manejas con las nuevas tecnologías?
R.- Me manejo muy bien con el móvil y la Tablet. Uso internet y las redes sociales, sobre todo Facebook en donde hablo con muchas amigas, veo cosas bonitas y formativas. Después hay cosas como skype o zoom que sí que me las tienen que organizar y echar una mano. 

P.- ¿Cómo comenzaste a escribir en el periódico?
R.- Cuando murió mi marido sentí deseos de escribir en el periódico un artículo ponderando sus virtudes y esa inquietud de querer manifestarme como yo era. Fue gracias a tres personas que me ayudaron y empecé a ser colaboradora de Diario Sur. Para mí fue un orgullo, pero sobre todo fue una satisfacción porque no sé por qué caí en gracia y en esos artículos que escribo mensualmente en el que escribo de contenido muy variado: desde información y temas actuales, hasta sentimientos. 

P.- ¿Hay algún momento especial para ti en tus artículos?
R.- Hay una época en la que me gusta escribir sobre la espera a la Semana Santa. Soy de los Estudiantes, Camarera de Honor, y comento historias, anécdotas o incidencias de mis hijos, de mis nietos, de mi marido que fue co-fundador de la Cofradía. Todo eso me va dando un estímulo para explicárselo a gente que ignora o sabe pero no le importa recordar los orígenes de la Cofradía de los Estudiantes. 

P.- Tus columnas invitan a reflexionar más allá de donde ven los ojos. ¿Somos capaces de ver con el corazón?
R.- Eso me gustaría, que el corazón mandara en la mente de las personas. Suelo ser optimista. Confronto el pasotismo, el desapego a lo espiritual, a lo profundo. Me quedo con lo positivo porque en estos días que se reciben tantos whatsapp se ha despertado un amor importante; a darle al corazón todo lo que un corazón puede dar. 

P.- ¿Cómo?
R.- Exprimirlo y estrujarlo para que cada uno pueda dar lo mejor que tiene cada persona. Eso ayuda mucho al que lo lee y también al que lo escribe. Todo eso son pensamientos profundos que ya estaban antes pero había personas que incluso se pensaban desfasadas o antiguas porque no se atrevían a expresarlo. Hoy  con toda esta situación del coronavirus se ha perdido el pudor. Y lo veo como un don de Dios, que dentro de la desgracia que no debemos olvidar, sí destacar que nuestro corazón se está extendiendo y esparciendo por muchísimos hogares.

P. – ¿Y también con la propia pareja?
R. – Hay un chiste muy gracioso de uno que decía “Oye, pues mi mujer es simpática” (risas). Eso dice mucho de las prisas, de que los matrimonios aunque se quieran, no pasaban tiempo juntos: él trabaja, ella trabaja, los niños, la casa… A mí este chiste me hizo mucha gracia porque es un leve comentario pero tiene su profundidad. Matrimonios que apenas se comunican y en el que ambos están estresados, y cuando están los dos en casa con ese estrés pues ya cada uno por su lado…

Inés Robledo: La Cultura y las tradiciones malagueñas

P.- ¿Somos conscientes los malagueños de la riqueza de nuestras tradiciones?
R.- Yo he tenido la suerte de vivir en un mundo cultural, no por mi parte, sino por lo que me ha rodeado. Siempre me ha gustado tener la mente abierta y oír a personas de valía porque me han ayudado a pensar. 

P.- Pero también es necesario el cambio, incluso con nuestra cultura y tradiciones.
– Sí, yo he vivido muchos cambios en diferentes ámbitos; pero hablando de cultura, fíjate qué curioso que siempre he vivido frente a la Casa de la Cultura. Estamos hablando de esa época cuando el Teatro Romano estaba cubierto por este edificio. ¡Qué paradoja!, la Casa de la Cultura ocultando la cultura y la historia de los malagueños. Y llega una persona con espíritu renovador que dice hay que devolver a Málaga esas ruinas romanas, lo que fuimos. Recordando todo lo que es Málaga, un esquema de nuestras tradiciones y grandeza. Ver la Aduana recuperada y junto a nuestra casa, esos jardínes que además tengan el nombre de mi marido…

P.- Los Jardínes de Manuel Atencia. ¿Cómo recuerdas el nombramiento?
R.- De infarto y de los nervios. Yo recuerdo que le decía a mis niñas que yo una pastilla no me tomaba, que mejor una tortilla (risas). Fue tan bonito. Que hubiera unanimidad, que todos los partidos del Ayuntamiento lo aprobaran y estuvieran de acuerdo. Paco de la Torre acertó con el sitio: junto a la Cofradía de los Estudiantes y donde mis hijos han jugado de niños. Era y sigue siendo muy emocionante para mi familia y para mí.

P.- Qué bonito saberse querido, ¿verdad?
R.- Sí. He tenido una vida llena de afectos, de cariños y bendiciones. Sin duda, uno de los momentos más emocionantes vino de parte de la Cofradía. En el año 2005 Manolo estaba ya muy malito. La semana previa a la Semana Santa en Junta alguien propuso que antes de encerrar al Cristo en la Casa Hermandad, traerlo aquí a nuestra casa para saludar a Manolo; y me llamaron para decírmelo. Aquello para mí, imagínate: el detalle, la emoción… Yo se lo dije a mis hijos pero Pablo no lo veía: él entonces era Hermano Mayor, y parecía que él podría haber tenido parte. Pero no fue así, y nosotros vivimos a los pies de la hermandad así que entre todos lo convencimos y al ser una iniciativa de la Junta, pues se llevó adelante.

P.- Déjame revivirla contigo, Inés.
R.- Ya sabes, bien entrada la noche, cuando llega la hora del encierro la multitud hace un corrillo para ver guardarse a nuestros Titulares, los puestecillos vendiendo lo propio, la policía dirigiendo. Pero aquel Lunes Santo no.

Yo miraba desde el balcón esperando el momento y de pronto veo cómo el Señor pasa de largo la Casa Hermandad, cómo la gente se iba abriendo para dejarle paso; con esa vista 15 años más joven que ahora lo observaba emocionada. Cristo venía andando despacito en silencio, sin ni si quiera los tambores, y se paró delante del Albéniz;  y juntos la calle y nosotros rezamos un Padrenuestro, el Avemaría y Gloria… Yo le decía “Manolo, ha venido el Señor a verte” pero el pobre ya no se enteraba de mucho, no me entendía. Él me cogía la mano. Y solo 10 días después de aquello falleció Manolo.

P.- Hay muchas personas buenas con iniciativas como esta y poco se cuenta.
R.- Sí, lo que se habla del mundo Cofrade está muy ligado a ciertas menudencias pero la verdad es que no es así y que hay gente muy bonita y buena. Esta vivencia fue una cosa preciosa, vinieron todas mis hermanas; mis hijas y mis nietas se salieron de la procesión para vivir, sin duda un momento que jamás olvidaré y del que estoy muy agradecida. Estoy segura que los allí presentes al leerlo, lo revivirán.

P.- ¿Sabemos transmitir nuestras tradiciones y riqueza cultural a la savia nueva?
R. – Hace falta más gente que se implique en darse a los demás, pero eso te lleva tiempo de estudio y de dedicación. Pero vamos a ser optimistas, porque saliendo de un grupo de personas de poco estilo, sí que es verdad que hay muchas otras que tienen afán de conocer y de saber.

P.- ¿Y eso se transmite con el ejemplo?
R.- Siempre. Y es importante que se fomente lo recibido de tus padres, del entorno, de las inquietudes que se haya tenido de joven y no tirar la toalla. Eso es lo que yo pretendo. He vivido muchos años y procurando ser siempre yo la misma.

P.- ¿Qué opinas del papel de la mujer actual?
R.- Ahora se habla mucho de feminismo y de que la mujer ha estado postergada y yo creo que eso es una antigualla. Mira por ejemplo a mi cuñada Mª Victoria Atencia, una mujer con una gran sabiduría, con grandes premios y esa poesía suya, que destaca su trayectoria profesional. Y mujeres como tú, que tienes tu marido y tus hijos y que trabajas; que te robas tiempo para compartir tus pensamientos y regalarnos estas entrevistas… La mujer que ha valido siempre se ha destacado. 

P.- Para mí tu destacas en muchos aspectos, pero sin duda me encanta tu ahínco por querer recuperar la Capilla del Puerto. ¿Qué sabemos de su historia?
R.- Se inauguró en 1732 en el Puerto, en el dique de levante y rodeada por el agua. Allí estaba entronizada la Virgen del Carmen y los marineros, tan devotos de Ella, cuando iban a salir a faenar oían misa, recibían la bendición del sacerdote y se echaban a la mar. 

P.- ¿Por qué se traslada al Paseo Marítimo?
R.- Con el paso de los años y la cercanía al mar, las piedras que revestían la Capilla se estaban deteriorando. Entonces, al arquitecto diocesano; que más tarde descubrí que fue tío de mi marido; Enrique Atencia, le dejaron encargado que debía trasladar la Capilla del Puerto al Paseo Marítimo. 

P.- Me imagino que sería una auténtico reto.
R.- Así debió ser. Él vio que tenía que ser un trabajo meticuloso que requería traslado piedra a piedra. Y así lo hicieron. Con el tiempo y la apertura del puerto a la ciudad, lo bajaron al Muelle Uno. 

P.- ¿Cómo comenzaste con este proyecto para recuperarla?
R.- Un día paseando con mis hijos por el Muelle Uno me paré frente a la Capilla y pensé que aquello tan bonito y tantísimos años allí cerrado no podía ser. Así que empecé a hablar con unos y otros. Busqué en internet y leí mucho. Y también usé mis artículos para escribir sobre este tema, recuperar la Capilla del Puerto.

P.- ¿Cuál fue la reacción?
R.- Mucha gente me llamó para felicitarme, y yo me sentí sorprendida. Porque aunque yo lo escribiera con mucho entusiasmo, tampoco pensé tuviera tanto eco. Así que intentamos hablar con el presidente del Puerto, pero por las circunstancias que fueran no nos quiso atender, ya no sé si algo tendría que ver la ideología o la religiosidad.

P.- Y aparece María Luz Aguilar-Galindo.
R.-  Una periodista encantadora. La conocí en una conferencia mariana muy bonita que ella estaba dando por iniciativa de los submarinistas en el Ayuntamiento de Málaga. Y allí mismo le conté mis inquietudes con la Capilla del Puerto, le di el artículo que escribí sobre la Capilla y ella no dudó: “Cuenta conmigo”.

P.- La importancia de ayudarse.
R.- Sí, todo necesita colaboración de varias personas. Se sumó otro señor que conocí, Rafael Vidal, y entre los tres hicimos equipo y empezamos a movernos. Pasó que tuvimos la suerte del cambio de gobierno en la Junta de Andalucía y el presidente nos recibió.

P.- ¿Cómo resultó aquello?
R.- Fue muy amable y nos dio todas las facilidades. Nos aseguró que lo estudiaría y que necesitaba tiempo para aterrizar y enterarse de en qué consistía la Capilla, que si aquello era para culto. 

P.- ¿Y qué le dijiste?
R.- Que para culto ya estaban las Parroquias que es donde están dedicados los sacerdotes. Nosotros lo que solicitamos es autorización para que un día se abra y que el guarda de seguridad del Puerto pueda custodiar aquello. Y ahí estamos. Ya se ha hecho un proyecto de la Capilla porque está muy deteriorada y los techos resquebrajados, pero ha habido entusiasmo. Aunque claro, las cosas de palacio, van despacio.

P.- ¿En qué fase está ahora?
R.- Ahora estamos con la burocracia; ya que para la rehabilitación necesitamos permisos de Obras Menores del Ayuntamiento. Y cuando parece que estaba todo tan adelantado, ha surgido este parón del coronavirus. Ahora es el momento de otras cosas más importantes, que pase todo esto del virus.

P.- ¿Qué significa la Capilla del Puerto para ti?
R.- Para mí ha sido un acicate maravilloso. Es cierto que han sido muchas personas las interesadas en que esa capilla de nuevo se abra, no para culto de Iglesia sino como Capilla para venerar a la Virgen del Carmen. 

P.- Y hay ciertas cosas que te llevan a que seas tú la que se encargue de esto, como descubrir que Enrique Atencia, tío de tu marido, fuera el encargado de salvar del mar a la Capilla. No es casualidad, como decía Antonio Moreno
R.- No lo es, yo lo atribuyo a la Divina Providencia. Y ahí seguimos esperando; muchas veces pienso si podré ver la Capilla abierta algún día.  Me veo mayor y más limitada, pero bueno. Esos pensamientos los tengo en momento de decaimiento. El proyecto está bastante conseguido.

Inés Robledo: Juventud, Divino Tesoro

P.- ¿Crees que la juventud se mantiene en el tiempo?
R.-. Al hablar de juventud me acuerdo de esa persona con mucha gracia que decía que la juventud se cura con la vejez. Y no estoy de acuerdo, quitao de que, claro está, juventud, divino tesoro; pero las personas mayores también tenemos que sentirnos jóvenes. Habrá quien no lo entienda o menosprecie; pero tú te tienes que superar y compenetrarte con la juventud, entenderlos y no castigarlos siempre.

P.- ¿Por qué?
R.- Porque es verdad que hay una juventud pasota, masoquista, sin valores y sin formación. Eso no se puede evitar porque quizá haya habido esa falta de valores en los padres. Ese afán de que mis hijos tengan lo que yo no he tenido ha perjudicado mucho. El que se ha criado con austeridad, a pesar de tener grandes fastuosidades cerca, han demostrado ser grandes personas; y sin embargo otros que se han empeñado en que sus hijos sean lo que yo no he sido, no tanto en ser sino en cosas pues ha perjudicado; pero son los menos. Lo cierto es que la mayoría de la juventud tiene un campo de acción y unos afanes maravillosos y hay que tener confianza en ella.

P.- ¿Cómo se mantiene el espíritu joven?
R.- Hay que mirar alrededor y tener los ojos bien abiertos. La gracia de Dios que me ha dado capacidad para adaptarme a lo bueno y a lo menos bueno. Mi matrimonio, el nacimiento de mis hijos. Esforzarme y no perder el tiempo, que muchas veces se pierde sin darse cuenta. Yo todavía quiero sembrar, ser ese grano de mostaza que de fruto.

P.- ¿Cómo se toma el café Inés Robledo?
R.-  Yo tomo el café descafeinado de máquina, un mitad.

Antonio Moreno: “Los periodistas debemos contar historias de héroes para que los jóvenes se animen a imitarlos”

Antonio Moreno es de esas personas que me ha regalado la vida. Cuando lo conocí no existía Twitter ni Facebook. El ruidoso módem había dado paso a un nuevo aparato: el Wi-Fi; pero aún la conectividad era muy limitada.

Antonio Moreno Ruiz, casado con 7 hijos y periodista. Trabaja en la Delegación de Medios Diocesanos de Málaga y hasta el 13 de marzo iba al trabajo en bicicleta. En su timeline de Twitter nos cuenta historias de Santos, Hilos del Evangelio y mensajes con buenas noticias para dar luz en la oscuridad. Acaba de publicar en un libro los mejores 40 Hilos de su Twitter: La Caja de los Hilos (se puede comprar aquí y te llega a casa sin problema). Se trata de una evangelización rompedora que le ha valido para ganar el Bravo por Nuevas Tecnologías. Este malagueño oriundo de Alhama de Granada se hace y se deja querer. Gracias Antonio, porque quien tiene un amigo tiene un tesoro y tú me haces un poco más rica. Espero disfrutéis de este #UnCaféConPorras confinado. ¡Feliz Semana Santa!

Antonio Moreno: Los Hilos de Twitter

P.- ¿Qué es Twitter?
– Para mí es la red social en la que ocurren las cosas importantes. No es la que tiene el mayor número de seguidores ni la que está más de moda ni en la que están los jóvenes; pero cuando por ejemplo hay un Consejo de Ministros Extraordinario donde primero se informa es en Twitter. Las noticias de última hora se dicen en Twitter.

P.- ¿Entonces es el más periodístico?
– Sí, es muy periodístico, esta hecho para nosotros los periodistas. Por eso creo que encontré esa conexión con esta red social porque encaja mucho mejor con mi profesión como periodista.

P.- ¿Cómo descubres esta red social?
– Mi jefe Rafa (Rafael Pérez Pallarés) un día nos recomendó  a toda la Redacción que debíamos tener Twitter. Aunque fuera simplemente por aplicar en la firma nuestro usuario y dar esa opción de interacción con el lector. Entonces lo abrí por obligación, porque me lo mandó mi jefe, lo hice.

P.- Pero a ti no te apetecía mucho.
– Yo era bastante contrario a las redes sociales, me parecían un poco rollo. Pero sobre todo por la falta de tiempo. Al principio me daba pereza meterme en un programa nuevo, ver cómo funciona, empezar a tocarlo y hasta que ya lo descubres…

P.- Y menudo descubrimiento. Te ha dado hasta para sacar un libro.
– Cuando le firmé el libro a Rafa le puse la fecha en la que él me dijo que me abriera mi cuenta (enero de 2012) y le escribí “Antonio, sácate un twitter” y le pongo al final: “Gracias”. Porque con el paso de los años, ese «ábrete un twitter» ha dado resultado. Casi sin querer, ha dado un resultado muy bueno.

P.- ¿Cuál fue tu primera sensación al entrar en Twitter?
– Creo que me pasó como a todo el mundo: me sentí como un pulpo en un garaje porque no sabía como funcionaba ni cómo meterle mano. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que era el sueño que cualquier estudiante de periodismo hubiéramos querido tener cuando estábamos en la facultad.

P.- ¿Cómo era Antonio Moreno en la facultad?
– Yo ya me había buscado un sitio donde hacer prácticas. Era un periódico deportivo, y fíjate que el deporte nunca había sido mi fuerte a pesar de que yo había estado jugando al rugby en un equipo juvenil hasta que empecé la universidad. Empecé allí porque me daban la oportunidad de poder contar mis cosas y verlas impresas en un papel y ver mi firma; que la gente pudiera leerme. Eso es lo que quiere todo el mundo cuando estudia periodismo.

P.- ¿También tocaste televisión y radio?
– Sí. Estuve yendo un tiempo a Pizarra a la tele y a la radio local. De donde me llamaban, allá iba. Estuve también en una agencia de noticias, siempre haciendo y enviando fax para que sacaran tus textos; hacías lo que fuera.

P.- ¿Qué tiene Twitter para un periodista en ciernes?
– Que de una forma super económica tienes un periódico, una radio, una televisión, una emisora multimedia, eres cámara, eres fotógrafo… Todos los distintos palos que puede tocar un periodista, columnas de opinión, lo que quieras; y no solo para tu barrio, tu pueblo, tu ciudad; sino que la audiencia es global. 

P.- Y tú viste enseguida el potencial de esta red social. 
– La fui viendo poco a poco, y que efectivamente cubría parte de mis emociones y mis deseos de poder comunicar. Que al fin y al cabo cuando uno entra en la facultad de periodismo y se decide a hacer esta carrera lo que quiere es contar lo que siente, lo que vive, contar historias; y es lo que yo sigo haciendo desde entonces en Twitter.

P.- Aquella actualización de Twitter que trajo la inclusión de los Hilos marcaría un antes y un después para ti. ¿Pensabas que daría tanto de sí?
– Yo soy muy curioso y me preguntaba que aquella nuevas funciones de Twitter para qué se podrían usar. A mí me inspiro el Hilo de Manuel Bartual, aquella historia misteriosa, que se hizo viral. Y pensé que cómo podríamos hacer esto para anunciar el Evangelio y contar cosas desde nuestra Fe.

P.- Pero la extensión era muy limitada. 140 caracteres.
– Eso es, pero con la actualización esa limitación se duplica y son ya 280 caracteres.  Eso daba unas posibilidades narrativas muy superiores. Eso fue una bocanada de aire para contar muchas cosas en un hilo.

P.- ¿Hasta cuándo no lo materializas?
– Surgió en clase de Nuevo Testamento y era Navidad. El profesor, Gabriel Leal, nos estaba explicando los evangelios que narran el nacimiento y la infancia de Jesús, que son los Evangelios de Lucas y Mateo. Nos estaba contando que los evangelistas no eran como nosotros los periodistas que contamos las cosas de forma objetiva, sino que los evangelistas son catequistas, y las estaban contando a una comunidad concreta y usaban las reglas de juego y el mapa mental de las personas a las que se dirigían. 

P.- Por ejemplo. 
– No es igual cómo lo explica Mateo a su comunidad, que era de origen hebreo que conocen todos los profetas y lo explica de forma mucho más fácil que como lo explica Lucas. Yo escuchaba eso por un lado y a la vez de fondo escuchaba la música de Calle Larios a cuenta de la iluminación de las calles. ¿Cómo podía trasladar el mensaje de Jesús a este tipo de gente? Los periodistas de hoy con el lenguaje de hoy al público de hoy.

P.- Así nacen los hilos del Evangelio.
– Efectivamente. Así surge contar con un lenguaje periodístico es primer hilo, el #HilodeNavidad Yo lo hice más bien como una gracia, como algo curioso para mis amigos. Lo tenía ya escrito y a medida que avanzaba la Nochebuena lo iba publicando. Pero esa noche aquello empezó a hacerse viral hasta tal punto que el teléfono murió y tuve que eliminar la aplicación de Twitter. Lo achaqué a que quizá el móvil no era muy bueno.

P.- Pero no era tu móvil, ¡era la repercusión del hilo!
– Por la mañana me llaman del periódico “Antonio, ¿qué has hecho, ¿qué has liado que está todo el mundo hablando de ti?” Y yo pensando “¿qué he hecho de qué?” Y sí, el Hilo gustó, tuvo mucho éxito y eso había que seguirlo con más hilos: montamos la matanza de los Inocentes, de la Semana Santa y ya se convirtió en una forma bonita de contar el Evangelio de siempre de la forma en la que lo entiende la gente de hoy.

Antonio Moreno: Los Hilos de la Vida

P.- ¿Por qué decidiste hacer periodismo?
– Fue un cúmulo de circunstancias. La verdad es que yo siempre había querido desarrollar una carrera científica. Me apasionaban las matemáticas, la biología, la química; me encantaban y además sacaba unas notas buenísimas. Y llegué al instituto y en uno de los primeros cursos tuve un profesor… No le voy a echar la culpa a él, pero digamos que no conectamos.

P.- ¿Qué pasó?
– Fue mi primer suspenso. Yo había sido siempre un estudiante bastante bueno y aquel suspenso me marcó y yo me dije: “No, yo ya no quiero saber más nada de las matemáticas”. Así que dejé absolutamente la idea de las carreras científicas y me pasé a letras, y fíjate; además la gente me decía “Oye, tu tienes buena faceta como comunicador”. Pero la Universidad de Málaga en aquella época no ofertaba Periodismo.

P.- ¿Estudiar fuera no era posible?
– Mi familia no se lo podía permitir, por lo que yo deseché esa idea. Y me fijé en Derecho. Pero cuál fue mi sorpresa cuando estaba en lo que es ahora 2º de Bachillerato, leyendo el periódico y veo una noticia que en Málaga se iba a abrir la primera Facultad de Periodismo; así que sí, yo pertenezco a la primera promoción de Periodismo de la UMA. 

P.- ¿Casualidades de la vida?
– Casualidad puede decir quien no tenga Fe. Yo que sí la tengo lo analizo desde la perspectiva de la Voluntad de Dios. Y yo pienso que el Señor me ha ido llevando por este camino. Él quería para mí esto y yo me he dejado llevar. Yo quería hacer algo, y en la vida te pasan cosas; se te cierra una puerta y se te abre una ventana y tiras por la ventana. Y luego se te cierra otra puerta, y así sucesivamente.
Ahora que ha pasado un tiempo, analizo y veo que Dios me quería periodista y aquí estoy intentado contar su Buena Noticia, la mejor de las noticias que es el Evangelio, también a través de los nuevos medios como es en este caso Twitter.

P.- Dices que te dejas llevar por la voluntad de Dios, ¿cómo escuchar la voz de Dios?
– Nadie nos ha enseñado. Es muy difícil que alguien te diga: “No, tu haz lo que te diga Dios”. El otro día hablaba yo con mis hijos en nuestra catequesis familiar de la voluntad de Dios. ¿Cómo saber? El ser humano es el único ser cuya libertad depende de otra persona. Ser completamente libre es hacer lo que uno quiere; pero el cristiano descubre un misterio escondido en lo profundo de la sabiduría humana que la auténtica libertad no está en hacer lo que tú quieres sino lo que Dios quiere.

P.- ¿Cómo entra en juego aquí el pecado?
– El pecado original nos marca de tal manera que nosotros creyendo que hacemos el bien, hacemos el mal. Y creyendo que somos libres y que hacemos cosas buenas para nosotros, que es lo que buscamos cuando somos libres para con nosotros, pues estamos haciéndonos un mal y nos perjudicamos.

P.- De ahí aquello de la “Verdad os hará libres”.
– Exacto. El cristiano tiene que buscar cuál es la voluntad de Dios en su vida. Eso es muy difícil porque hay que conocerse uno muy bien, hay que reconocer ese fallo que tiene uno de fabrica, como los carros de los supermercados que tienen siempre una rueda que te arriman a la estantería, pues a nosotros nos pasa igual con el pecado; que tendemos a ir hacia él. Por eso debemos ser cautos, saber qué rueda nos falla y lo que nosotros queremos y nos separa de lo que Dios nos tiene preparado. 

P.- ¿Qué papel juega aquí la Iglesia?
– Todo. No se puede ser cristiano por libre: “Yo soy cristiano en mi casa”. No, hay que ser cristiano en la Iglesia que explica lo que dice la mano de Dios. Tu coges la Biblia y hay un lío de nombres y de hechos… Y la Iglesia te lo explica y aconseja. Yo me dejo llevar mucho por la Iglesia que la considero una madre buena que me quiere mucho.

P.- Ahora que no se pueden vivir los Sacramentos como estábamos acostumbrados, ¿qué se te viene a la cabeza?
– Yo ahora sobre todo me he acordado mucho de los hermanos nuestros que no pueden celebrar la Eucaristía regularmente. Por ejemplo, en el Amazonas. En el último Sínodo de la Amazonia el Papa llamaba la atención de esto. Comunidades que están en unos lugares tan apartados que no pueden celebrar los Sacramentos. Y cuánto bien hacen las emisoras de radio allí en la selva. También me he acordado mucho de los perseguidos, aquellos que viven en países donde hay una mayoría que extiende y practica esa persecución hacia la Iglesia donde si te ven que te metes en una iglesia, te ponen una cruz y estás maldito y te juegas hasta la vida. Me he acordado mucho de ellos. 

P.- Parece casi imposible llevar la Eucaristía al Amazonas.
– Así es. Es imposible que una persona sola pueda atender a esa población tan enorme y además en mitad de la selva que te tienes que desplazar en cayuco o esa rareza de hacerlo en todoterreno. Recuerdo a Juan de Jesús Báez, un misionero malagueño que estaba en Venezuela y ya está de vuelta aquí en Málaga y me viene a la mente la ilusión con la que contaba las celebraciones de las Eucaristías desde un pequeño estudio de radio con su cáliz y patena frente al micrófono ante una audiencia para una extensión de territorio casi como media Andalucía. Qué bien le hacían que llegara la misa por radio.

P.- Ahora que solo es posible escuchar misa por radio o TV, se vive lo que contaba el Hermano Báez.
– Me he acordado mucho de ello porque pienso que cuánto echo de menos ahora celebrar la Eucaristía. Hemos sido muy necios cuando nos hemos quejado de qué larga la misa, o este cura qué pesado es… Y ahora echo de menos celebrarla; y todos esos detalles pasan inadvertidos. Por eso qué importante es usar los medios de comunicación para llegar, aunque nunca los medios van a sustituir el contacto personal pues recordemos que los Cristianos somos antes que nada una comunidad, pero en persona.

P.- ¿Crees que esta crisis sanitaria está dejando una mayor tolerancia al cristianismo en nuestro país?
– Sí. Cuando nos quitan todo lo que nos han quitado de poder salir, de hacer una excursión, de poder encontrarnos con amigos, uno se encuentra ante la pregunta de “yo para qué vivo, para qué sirvo”. Este tiempo de confinamiento nos va a servir para volver a encontrar nuestras raíces, para plantear el sentido de la vida y de este mundo. Hay mucha gente que está volviendo a recuperar ese contacto con Dios.

P.- ¿Qué lo hace posible?
– El miedo, la incertidumbre, la soledad…, son momentos en los que uno se agarra a lo que siente y todos tenemos en el corazón escrito el Nombre de Dios. Por eso en el fondo cuando uno tiene una dificultad, un problema, un riesgo o piensa que le puede pasar algo malo, hasta el más ateo instintivamente se dice “señor, quien seas, ayúdame”. Hay un sentimiento natural que lo tenemos y que nos hace ir hacia Dios.

P.- ¿Cómo has notado tú este cambio?
– Lo noto incluso en el lenguaje de la calle: que Dios te bendiga, vaya usted con Dios. Esas expresiones estaban un poco perdidas y hoy se han vuelto a recuperar. Incluso también en las audiencias televisivas (de la misa, en las retransmisiones religiosas, de oraciones) que han presentado cifras máximas. Además la ayuda material que está dando la Iglesia Católica está haciendo que muchos también reconozcan cuánto hace para los más necesitados; acogiendo a personas sin hogar, atender a los enfermos, reconvertir un edificio de la diócesis en hospital, etc. Miles y miles de iniciativas que se están conociendo y valorando.

P.- ¿Y esto llega también a quien no pertenece a la Iglesia?
– Por supuesto. Fíjate, yo estaba tuiteando sobre la oración del Papa del viernes 27 de marzo, y hubo varios tuiteros, pues los típicos “el Papa menos rezar y más ayudar” y les digo: “Es que lo está haciendo”. Y les puse enlaces a noticias en las que se habla de todo lo que está haciendo la Iglesia con los más necesitados en este tiempo; y tuve una experiencia magnífica: luego todos decían “vaya, pues yo no lo sabía” o “Mira, yo soy ateo pero me quito el sombrero ante la gente que ayuda y ole por la Iglesia”. Es entonces una oportunidad para que la gente se de cuenta.

P.- ¿Por qué la Iglesia es tan criticada?
– Muchos de los que critican a la Iglesia es por falta de información, o de información correcta y veraz. Por eso es importante la labor del periodista, para que se sepa bien la labor que hace la Iglesia y como está al servicio de la sociedad.

Antonio Moreno: Los Hilos de la Bondad

P.-  Muchos periodistas se enfrentan, ahora más que nunca, a contar trágicos sucesos, daño moral, destrucción. ¿Qué se te pasa por la cabeza cuando ves así a tus compañeros?
– Lo primero que pienso es la precariedad laboral que hay. Muchas veces el periodista no es libre para hacer un trabajo en condiciones; y para sobrevivir tiene que recurrir a la prensa amarillista, la crónica negra, contar cosas tremendas. La naturaleza humana es así, nos gusta ese tipo de información y muchos periodistas no tienen más remedio. Yo jamás podré criticar al periodista que hace eso.

P.- ¿Y al medio de comunicación?
– El medio de comunicación es un servicio público, aunque sean empresas privadas, deben cumplir con ello. Y sí es criticable que un medio de comunicación haga negocio con lo peor de la condición humana. 

P.- ¿Te duele verlo?
– Sí, muchísimo. Los medios de comunicación tienen un componente educativo y una responsabilidad social con las nuevas generaciones que vemos que no están haciendo nada bien. Están transmitiendo un tipo de sociedad que no es la sociedad a la que nuestros hijos y nuestros jóvenes tendrían que aspirar. Ellos deben tener como referencia algo mejor. Por eso critico a los medios de comunicación.

P.- Tú trabajas para la Diócesis de Málaga. ¿Cómo es la labor del periodista ahí?
– Yo tengo la suerte de trabajar para una institución, no en un medio. Contamos las noticias que hace la Iglesia de Málaga por los demás. Soy un privilegiado porque sí que tengo esa libertad de contar noticias llenas de ilusión, de esperanza y de alegría.

P.- ¿Nos falta conocer más buenas noticias?
– Acabo de leer a Gustavo Entrala (un gurú de la comunicación cuya empresa fue la que desarrollo la cuenta de Twitter del Papa Benedicto XVI, el primer Papa tuitero) y decía eso, que la mejor idea para una empresa ahora sería un medio de comunicación que se llamara La Otra Curva y que contara cada día una buena noticia: La solidaridad de la gente, de los trabajadores de sanidad, de seguridad. Él lo proponía como idea de negocio. Pero yo creo que efectivamente deberíamos hacer todos un esfuerzo y contar cosas buenas.

P.- ¿Y dejar de contar lo que está pasando, la tragedia que supone el coronavirus?
– No, contar cosas buenas no significa dejar de ser rigurosos y no contar las cifras y todo lo que sucede; pero el ser humano es eso: es un ser humano. No somos robots, no somos piedras. El sentimiento de las personas, en momentos críticos como estos, los periodistas tenemos esa obligación de animar a la gente, no con vanas esperanzas tipo “Vamos a salir de esta”; no. Va a ser duro, y todavía lo que nos queda. 

P.- Se trata más bien de dar aliento. ¿Cuesta eso trabajo?
– Sí, se trata de hacer un esfuerzo por buscar las cosas buenas, sacar los sentimientos buenos de las personas, eso es lo que llama a los jóvenes. Todos cuando hemos sido jóvenes hemos querido imitar a los héroes de la televisión: superman, los vaqueros… Hoy en día nuestros super héroes son estos hombres y mujeres que están dando su vida por los demás. 

P.- ¿Qué deseos tienes para ellos después de esto?
– Que de aquí salga una generación de jóvenes solidarios que piensen en los demás, en hacer más por lo demás que estar pendientes de sí mismos, de sus musculitos; y que se fijen en los verdaderos héroes. Yo creo que los periodistas debemos contar historias de héroes para que los jóvenes se animen a imitarlos.

P.- Me gusta mucho esa frase que dijo una vez el Papa Francisco de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque creciendo. ¿Crees que la crisis del coronavirus está dejando ver los bosques de este mundo?
– Sí, eso es una cosa buena. Yo creo que de todo esto que estamos viviendo vamos a sacar muchas enseñanzas positivas. Es verdad que tantas veces lo negativo copa todas las portadas que estamos teniendo ahora la oportunidad de asistir a hechos heroicos y situaciones donde somos mejores.

Antonio Moreno: Los Hilos del Amor

P.- Eres el primero en publicar un libro de Hilos de Twitter, “La Caja de los Hilos”, gracias a los cuales ganas el Premio Bravo. ¿Todo esto para ti qué significa?
– Estoy muy agradecido y contento porque es un reconocimiento por parte de mis compañeros y son los que más entienden del tema. Pero paso un poco en el sentido de que no me lo planteo como mérito propio, mi único mérito es haberme puesto al servicio de lo que me venía dado. 

P.- ¿Pero sirve como refuerzo de que esto era lo correcto para ti?
– Sí, me indica que esta es una vía válida para llegar a los hombres y mujeres de hoy. Lo cual es muy agradable porque hoy uno se mete en twitter y va a pecho descubierto porque los palos pueden venirte por cualquier lado, porque eso lo pensé también cuando publiqué el primer hilo a ver si se iban a ofender desde la propia Iglesia. Y esto es un respaldo de que lo estoy haciendo bien y este es el camino, efectivamente.

P.-  ¿Cómo surge publicar los hilos en un libro?
– Se me ocurre lo del libro porque a cuento del premio entiendo que eso que yo he escrito tiene un valor. Así que recopilé cuántos hilos había escrito. Fui a mi web donde también los publico para aquellos que no tengan Twitter, y  tenía bastante. Pasarlo a papel fue también por petición popular, para esas personas que no tienen acceso a internet o para aquellos que lo quieren conservar. 

P.- Veo la portada y es especialmente bonita. ¿Sabemos tejer nuestra vida con amor?
– Eso sería lo bueno, pero se nos mete muchas veces el hilo malo. El diseño de la ilustradora, Pati Gómez, es magnífico. En 24 horas tenía ya el dibujo. Vemos a María tejiendo con los hilos que Jesús le va dando. El hilo bueno, el hilo del amor que es Jesús deberíamos meterlo más en nuestra vida para que tenga más sabor a Jesús. Eso es la Santidad, coger el hilo del amor y que todo lo que hagamos en nuestra vida tenga esa puntada, ese trocito de evangelio.

P.- Defiendes que las redes sociales es la mejor manera de evangelizar. ¿Eso está al alcance de todos? Es decir, ¿cómo puede el “cristiano raso” hacer esto?
– El Papa Francisco recuerda mucho una frase de San Francisco de Asís que dice: «Hay que evangelizar siempre en todo momento y si hiciera falta, incluso con palabras». Las palabras y comerle el tarro a la gente no sirve. Lo que funciona es que la gente vea en tu forma de vivir que estás siendo luz. El Evangelio nos dice que tenemos que ser la luz y la sal, una pequeña bombilla que sea capaz de iluminar toda la habitación, esa pizca de sal que sea capaz de darle sabor a todo el guiso. Basta con una pequeña presencia de luz.

P.- Y eso llevado a la realidad…
– Pues ese matrimonio a los que se les ve unidos, que llevan toda su vida juntos, eso esta siendo una luz quizá para todo su bloque. O esa pareja que llevan 15 años casados, cuando hoy los matrimonios no duran más de ocho, y tú los ves que se quieren, que se aman; los escuchas pelearse pero se perdonan y los ves salir del brazo, eso es un testimonio; no hace falta hacer grandes cosas.

P.- Ahora estamos viendo mucha luz.
– Sí, con el coronavirus lo vemos. Tantas y tantas personas que salen a trabajar jugándose el tipo; o el que sale con alegría y sale contento y cuando compra el pan sonríe y da ánimos a la panadera y da ilusión al de al lado, esas personas están siendo evangelio vivo, no hace falta más. La gente ya sabe si somos o no somos cristianos, más o menos se ve.

P.- Pero, no siempre se ha sido coherente.
– Hemos sido muy escandalosos cuando hemos predicado una cosa y hemos hecho justamente la contraria; y de esta forma hemos expulsado a montones de gente de la Iglesia. Por eso hay que vivir como se piensa; siendo compasivo y misericordioso, perdonando a quien nos ha hecho algo mal. Lo más importante es el testimonio que se da con la vida.

P.- ¿Tienes la sensación de haber hecho la vida en Twitter más bonita?
– Trato de hacerlo. No es tanto lo que digas de la Virgen o Los Santos; sino cómo tratas a otro. Si tienes un lenguaje agresivo, o no respetas… Si cuando te viene alguien diciendo una barbaridad y t le das la cultura del zasca que tanto se lleva, pues todo lo que has hecho antes es para nada. Y yo intento que mi presencia sea como la de Jesús, de diálogo, de respeto. Recordemos que Jesús a quien regañaba era a los fariseos, a los que más sabían. Y a los romanos, a la samaritana, los trataba con mucho respeto, abriéndose al diálogo.

Antonio Moreno: Los Hilos de la Palabra

P.- ¿Hasta qué punto es importante el diálogo?
– Los cristianos debemos abrirnos al diálogo porque solo así llegaremos a la verdad. La verdad no la tenemos ni tú ni yo, nos trasciende. La verdad la tenemos que encontrar entre todos porque la verdad es Jesucristo. Si yo me creo en posesión de la verdad ya le estoy quitando a Cristo su Gloria. Por eso es muy importante ser humilde y abrirse al otro; en el otro reconocemos la verdad. Eso lo dice la Iglesia, el Concilio Vaticano II, que debemos abrirnos al diálogo para aprender todo lo que el mundo de hoy nos tiene que enseñar.

P.- ¿Reconciliarnos con nosotros y reconciliarse con los demás?
– Este mundo de verdad necesita gestos de compasión y de solidaridad. Vivimos en un mundo ultra egoísta donde cada uno pensamos en nosotros, en el bienestar propio, que no me molesten y esto no es así. Hay mucha gente que lo está pasando muy mal. Este tiempo de coronavirus nos va a servir para darnos cuenta de lo privilegiado que hemos sido durante mucho tiempo y cómo muchas veces hemos estado siendo muy egoístas. Debemos pedir más perdón porque hemos sido y somos muy egoístas. Con las personas y con la naturaleza.

P.- ¿Estás muy sensibilizado con el medioambiente?
– Ahora sí, y fíjate que yo antes me reía de todo eso; pero no. El Papa ha sido una voz profética porque decía “si no respetas la naturaleza ésta se puede volver contra nosotros” y mira, ahora se ha rebelado con el coronavirus. Nosotros que nos creíamos los dueños del planeta y de pronto llega un bichito de 200 nanómetros y nos tiene así.

P.- Una cuaresma en cuarentena. ¿Con qué te quedas?
– Te planteas muchas cosas y sabemos que no la vamos a olvidar nunca.  Te quedas con aquello que nos dijeron el miércoles de ceniza: polvo eres y en polvo te convertirás, el ayuno como nunca antes lo habíamos entendido. Pasar dificultades… Y me quedo con lo que nos recomendó nuestro Obispo: Dios es lo importante; todo esto nos debe llevar a poner nuestro centro en Dios, solo Dios basta. 

P.- ¿Cómo se toma el café Antonio Moreno?
– Siempre he sido muy cafetero, pero me provocaba pulsaciones muy altas y problemas de estómago. Me recomendaron descafeinado, cosa que yo decía que en la vida, y ya estoy acostumbrado. Café descafeinado y con sacarina líquida.

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