Cielo y Libertad

Cuando ella salió a mi encuentro en el exterior de la casa solo pudo mirar al cielo. Permaneció unos segundos quieta y sonriendo. La miré de esa forma que miran las madres a sus hijos mientras duermen. Esa mirada relajada y tierna que tiene mucho de amor y algo de incertidumbre. El paso del tiempo, hacer de ella una buena persona que sepa ser feliz, que el dolor no le duela tanto; capaz de ver lo tanto bueno que tiene su vida. Y me doy cuenta en pocos segundos de que esta pequeña que está a punto de cumplir cinco años ha crecido mucho más de lo que esperaba en los últimos 35 días.

Y allí en nuestra terraza, ella y yo. En medio de toda esta tormenta que nos azota desde hace semanas el sonido del silencio ensordece. Estoy muda desde hace días. Cómo hablar mientras hay decenas de miles  que lloran sus muertos; otros muchos más que en la noche no duermen pensando cómo pagar a sus trabajadores; en aquellos que trabajando y cumpliendo sus obligaciones no tienen el respaldo de su empresa; y cómo es posible no pensar en todos esos grandes que los mandan a batallar contra el virus con una bolsa de basura…

Mi aplauso sanitario no sale a los balcones. No puedo festejar nada en medio de esta tragedia. Por desgracia los aplausos no se convierten en test, ni mascarillas, ni en pantallas protectoras. Yo sigo pidiendo para que llegue ese material que proteja a quien nos cuida en primera línea; para que todas las personas puedan ser atendidas sin importar la edad, ya ocupen un ministerio o una habitación de una residencia.

En ese silencio mágico que nos envuelve a madre e hija mirando el cielo me hago cargo de la fragilidad humana. De la incapacidad para tomar decisiones correctas. Falta humildad, coherencia y valentía.

Nos hacen vivir acobardados. Sin salud. Coartando tu capacidad laboral y obligándote a pagar sin cobrar. Si nos prohiben velar a nuestros muertos, nos falta libertad. Si te dicen cómo pensar ya sabes que te falta libertad. Cuando te digan que eres un lince sin haber leído ni estudiado, créeme, no hay libertad. Porque sin formación ni información que quede claro: no hay libertad. La verdad nos hace libres hoy y siempre, pero es ahora cuando somos prisioneros en demasiados aspectos.

Y mientras mi hija miraba el cielo en silencio y yo la observaba a ella sucedió que sus palabras lo llenaron todo de sentido:

– El cielo está precioso, mamá. Vamos a rezar.

Y así que cada uno haga como crea, que el cielo que cada día se llena de personas seguro muy bonitas, seguirá teniendo a quien cada atardecer alce la mirada pensando en vosotros y en todas nuestras familias. Para que descanséis en plenitud y todos vivamos libres y en paz.

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10 opiniones en “Cielo y Libertad”

  1. Caro:me has llegado al corazón..y es que estamos sensibles….el Cielo …
    está ahí…y para todos. Alzamos la vista y nuestros ojos ven belleza (un regalo del Creador). además invita a experimentar la grandeza de la comprensión…. la capacidad de amar…a un hijo..bueno eso es infinito ….pero no te impide desear hacerlo extensible no sólo a los que te rodean ,conoces y quieres…es maravilloso sentir comprensión por personas desconocidas ,tener un momento que dedicar a los que sufren, la grandeza de Dios, a veces nos hace humanos

    1. Gracias, María. Cuando empezamos a ver con otros ojos, o alzamos la mirada más allá de lo visible, empezamos a ver y nos sabemos ciegos hasta ese momento. Un beso fuerte.

  2. -El cielo está precioso, mama. Vamos a rezar-
    ¿Conocemos un mejor «indicador» sobre el Amor?.
    Gracias Carolina. Besos amorosos para ti y tu familia.

  3. Que suerte conocerte y haber podido hablar contigo a dia de hoy .
    Gracias Carolina eres algo especial en tu mirada se traspasa la grandeza de tu valia.
    Dios te bengida

    1. Querida Inés, Muchísimas gracias por tus cariñosas palabras. Qué suerte la mía haberte conocido y tener la oportunidad, no solo de hablar contigo, sino de poder abrir nuestra conversación a los demás. Gracias. Dios contigo.

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