Dolo de omisión

Esta semana asistimos estupefactos a un nuevo espectáculo protagonizado por nuestros políticos. Que Salvador Illa dejara la cartera de Sanidad era cuestión de tiempo. Y dado que en Cataluña se va a poder ir a votar aún siendo positivo en Covid, su marcha sería más pronto que tarda.

Y así llegó el anunciado martes del adiós. Después de casi un año de pandemia, con datos pocos claros, comités inexistentes y una gestión que ha sido un constante quiero y no puedo; Illa acudía a su último Consejo de Ministros. ¿Qué diría? ¿Sería una humilde despedida o una despedida humilde? Pues al final ni una cosa, ni la otra.

«No me arrepiento de nada de lo que he hecho». Y así, más largo que ancho, se fue dando las gracias y elogiando el trabajo colectivo.

Estoy segura de que se le debió olvidar la segunda parte del discurso, en la que sí se arrepentía de todo lo que no hizo. Dolo de omisión, que en una pandemia como la que vivimos es el fatal de los errores.

Cuando Celia Villalobos dijo en el talent show culinario lo que se espera de todo ministro se me vino a la mente Salvador Illa. Coger la cartera, ocupar su sillón y pasar inadvertido. Talante para cumplirlo no le faltaba. Pero que mala suerte tuvo. Y con él, todos los demás.

Y aunque la sabiduría popular nos enseñe aquello de «si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada» ahora no toca el silencio. Porque llevamos meses aguantando la mordaza de las mascarillas, el peso de la pandemia y su (mala) gestión; que la pagamos todos los de a pie: los ciudadanos, los sanitarios y las decenas de miles de autónomos que lejos de tener un apoyo con la suspensión o rebaja del impuesto asociado a nuestra actividad; vemos como mes a mes siguen subiendo la tasa sin que podamos ejercer tal y como hacíamos.

La compra de test defectuosos, las partidas de material de protección que se debieron devolver, las plazas MIR, una app de control de coronavirus que no ha servido para nada… Omisión de reconducir las acciones fallidas para que sean éxito y garanticen una sociedad que deje de percibir que en esta pandemia vamos dando palos de ciego.

Omisión también por ejemplo de no haber propuesto un Pacto de Estado contra el Suicidio, ahora que la salud mental de los ciudadanos cae en picado. El dolor emocional y psíquico se manifiesta con dolor crónico. Un sufrimiento que sin paliativo termina en el peor de los escenarios: el que vivimos en nuestro país con 10 suicidios diarios.

Quizá analizando grosso modo el que iba a ser el puestazo de su vida se le torció sin esperarlo. Pero alguien que dice tener vocación de servidor público sí debe rendir cuentas. Por eso quiero creer que sí se le debió traspapelar ese «me arrepiento de lo que no he hecho».  Que no ha sido poco.

Ahora, recordando a Los Chichos y su  famoso»te vas, me dejas y me abandonas», se marcha de candidato. Ojalá que no volvamos a tirar de refrán y decir eso de: «Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer».