Inés Robledo: “Yo todavía quiero sembrar, ser ese grano de mostaza que de fruto”

Después de este #UnCaféConPorras he descubierto que yo ya conocía a Inés Robledo. Seguramente tú cuando leas esta entrevista descubras en lo que cuenta que hay gran parte de ti en toda la historia, que es la nuestra. Una mujer generosa, amable y con una gracia delicada y muy malagueña. Es un lujo para mí compartir cada pensamiento de nuestra conversación, en la que también la entrevistadora ha sido entrevistada. Gracias Inés Robledo Aguirre, por tanto y por todo.

Inés Robledo: Una vida ligada a los Estudiantes

P.- Cuando te asomas a la ventana y ves la Casa Hermandad de los Estudiantes, ¿qué se te viene a la cabeza?
R.- Supone la historia de mi vida. Yo siempre he dicho que tanto he querido a la Cofradía que me casé con su Hermano Mayor (risas). Son muchos recuerdos, mis hijos ya eran hermanos antes de estar inscritos en el Registro Civil, una cosa de la que presumía mi marido; y fíjate lo que son las cosas; eso también lo hizo mi hijo Pablo con mis nietos. La historia de la Cofradía forma parte de la historia de mi vida.

P.- Aquí estoy dispuesta a escucharla y contarla. ¿Quién es Inés Robledo Aguirre?
R.- He sido una madre de familia normal, una persona que ha llevado una vida social bastante aireada porque mi marido ha actuado en muchos medios y ahora, gracias a ti pues como si fuera un personaje importante. Te agradezco que te hayas acordado de una persona mayor para tus entrevistas.

P.- Y yo te agradezco que me hayas querido atender. Es un lujo estar contigo y siempre con tu sonrisa en la cara.
R.- Mi vida está llena de satisfacciones y de alegría. Yo siempre les digo a mis hijos que papá nos ayuda desde el Cielo; pero también es importante el esfuerzo; yo lo sigo haciendo, y también aprendo, leo y me actualizo. Cuento con la suerte de tener a mis hijos que todos son buenos, a cual mejores. Y 17 nietos que la verdad le doy muchas gracias a Dios porque sé que me adoran.

P.- Algo tendrá el agua bendita para que la bendigan…
R.- Yo siempre fui una persona espabilailla, observadora, muy habladora, excesivamente habladora, a veces me arrepiento, pero con muchas inquietudes. Quizás no las manifesté ni las desarrollé pero sí con el paso de los años… Y tuve la suerte de tener un marido que era un hombre muy formado, muy preparado y muy ameno en sus conversaciones; era una historia completa. Yo aprendía mucho de él pero siembre bajo su amparo.

P.- Camarera de Honor de la Cofradía de los Estudiantes, esposa de Manuel Atencia, madre de Pablo Atencia. No cabe duda de que la historia de la Cofradía de Estudiantes forma parte de tu vida, de tu historia.
R.- Mi hijo Pablo dice con orgullo que pertenece a una quinta generación de los Atencia de Hermano Mayor de las Cofradías de Málaga, y de seguir con la trayectoria de su padre: que antes de inscribir a sus hijos en el Registro Civil ya los había hecho hermanos de la Cofradía. Pablo desde chavea estaba de Albacea en Estudiantes, siempre ha sido un niño muy activo y muy trabajador; y estamos hablando de cuando se montaban los tronos en los toldos. Mi hijo Manolo también fue Teniente Hermano Mayor…, sí, en mi familia todos han sido muy hechos a la Cofradía.

P.- ¿Cómo se vivió en tu casa la incorporación de la mujer al cortejo procesional?
R.- Uy, aquello fue un éxito y emocionante. Mis hijas Lala y Solete salieron como nazarenas y con el tiempo, el número de mujeres que llegaba a la Cofradía era muy elevado.

P.- ¿Qué recuerdos tienes de aquellos inicios?
R.- Guardo muchos momentos en mi memoria. Cuando al principio los tronos salían de unos almacenes en el Polígono el Viso, donde estaban custodiados junto a los pobres y escasos enseres. Recuerdo ese traslado de noche para que se pudiera acceder a la Plaza de la Constitución, a la calle Rodríguez Rubí, donde la Escuela Pública, sin molestar demasiado al tráfico. Allí es donde se ubicaban los toldos. ¿Tú recuerdas los tinglaos? 

P.- Los recuerdo, y el de muchas otras Cofradías; y en parte me gustaban porque pensando ahora en ellos me representa la fragilidad del mundo.
R.- Sí, es verdad que aunque era muy sacrificado tenía su encanto; esa sencillez y el esfuerzo que suponía montar los tronos allí; una semana antes a disposición del pueblo; y después había que desmontarlo… Todo el mundo quería dar un paso adelante y de pronto te encuentras con una Casa Hermandad que es una maravilla. 

Inés Robledo: Camarera de la Virgen

P.- ¿Cuándo empiezas a formar parte de la Cofradía?
R.- Al principio lo hacía en la distancia con mis hermanas y mis primas. Íbamos a la salida y al encierro en Semana Santa; pero participaba poco. Sin embargo ya cuando me casé con Manolo empecé a implicarme un poco más aprendiendo de la Camarera Mayor, Doña Carmen Molina, que era una señora que se preocupaba de cuidar la ropa y vestir a la Virgen.

P.- ¿Cómo es ese momento de vestir a la Virgen?
R.- Es un momento maravilloso. Se le quita su traje de hebrea y se le ponen “los lujos”, por así decirlo, para procesionar. Los hombres no entran en la sala por respeto y pudor para con la Virgen. Tiene su protocolo y su sencillez. Se reza o se canta. Doña Carmen lo hacía de una manera sencilla. Recuerdo de esta época que íbamos un grupito de mujeres mientras los maridos estaban en la Junta y lo que hacíamos era mirar, si acaso darle un alfiler. Y fíjate entonces no se rezaba ni se cantaba.

P.- ¿Se ha mantenido estos 75 años la costumbre de las Camareras?
R.- No, hubo un tiempo que se perdió la costumbre de vestir a la Virgen, y pedí recuperarlo. Hablé con María Victoria Ramos y presentamos esta iniciativa a la Junta. Recuerdo acudir a Mena y Expiración para ver cómo vestían a su Titular y fui tomando ideas y añadiendo variaciones para nuestra Virgen de Gracia y Esperanza con más alegría y participación ya que tenemos la suerte de tener un salón de actos tan luminoso y bonito.

P.- Esta recuperación de vestir a la Virgen, ¿tuvo acogida?
R.- El primer año éramos pocas, el segundo fuimos más y el tercero ya estábamos desbordadas. Al comienzo se hacía una oración; poníamos una bandeja con papelitos con diferentes peticiones, oraciones y acción de gracias que se enganchan al interior del manto de la Virgen. También se reza el Rosario. Llamábamos a las Camareras para que cada una pudiera aportar; venían las niñas, era y es un momento precioso; porque me consta que esto se sigue haciendo así. Cada año hemos estado muchas mujeres y siempre me pedían que las avisara porque realmente es un momento muy especial. 

P.- Muy bonito y emocionante.
R.- Sí, es un acto mariano precioso. Siempre en sábado por la mañana con la luz entrando por los ventanales, tan positivo y tan alegre. Y ya con el tiempo asumí que debía dejar paso a la savia nueva; aunque seguía estando al pie del cañón, pero en un segundo plano. 

Inés Robledo: La familia y el periódico

P.- ¿Qué te ha traído a ti este tiempo de confinamiento?
R.- En este encierro forzado que tenemos nos reunimos todos para rezar el Rosario. En estos tiempos en el que la gente vive tan de espaldas a Dios; algunas, porque hay mucha gente buena y piadosa y rezadora;  una de mis nietas que tiene 21 años me dijo: “Abuela, y si este Lunes Santo que lo vamos a pasar tan triste por no salir, nos reuniéramos la familia a las 8 para rezar el Rosario”. Levanté la vista al cielo y dije “Señor, no merezco yo tanto mimo” y desde entonces nos reunimos la familia todas las tardes.

P.- ¿Cómo te manejas con las nuevas tecnologías?
R.- Me manejo muy bien con el móvil y la Tablet. Uso internet y las redes sociales, sobre todo Facebook en donde hablo con muchas amigas, veo cosas bonitas y formativas. Después hay cosas como skype o zoom que sí que me las tienen que organizar y echar una mano. 

P.- ¿Cómo comenzaste a escribir en el periódico?
R.- Cuando murió mi marido sentí deseos de escribir en el periódico un artículo ponderando sus virtudes y esa inquietud de querer manifestarme como yo era. Fue gracias a tres personas que me ayudaron y empecé a ser colaboradora de Diario Sur. Para mí fue un orgullo, pero sobre todo fue una satisfacción porque no sé por qué caí en gracia y en esos artículos que escribo mensualmente en el que escribo de contenido muy variado: desde información y temas actuales, hasta sentimientos. 

P.- ¿Hay algún momento especial para ti en tus artículos?
R.- Hay una época en la que me gusta escribir sobre la espera a la Semana Santa. Soy de los Estudiantes, Camarera de Honor, y comento historias, anécdotas o incidencias de mis hijos, de mis nietos, de mi marido que fue co-fundador de la Cofradía. Todo eso me va dando un estímulo para explicárselo a gente que ignora o sabe pero no le importa recordar los orígenes de la Cofradía de los Estudiantes. 

P.- Tus columnas invitan a reflexionar más allá de donde ven los ojos. ¿Somos capaces de ver con el corazón?
R.- Eso me gustaría, que el corazón mandara en la mente de las personas. Suelo ser optimista. Confronto el pasotismo, el desapego a lo espiritual, a lo profundo. Me quedo con lo positivo porque en estos días que se reciben tantos whatsapp se ha despertado un amor importante; a darle al corazón todo lo que un corazón puede dar. 

P.- ¿Cómo?
R.- Exprimirlo y estrujarlo para que cada uno pueda dar lo mejor que tiene cada persona. Eso ayuda mucho al que lo lee y también al que lo escribe. Todo eso son pensamientos profundos que ya estaban antes pero había personas que incluso se pensaban desfasadas o antiguas porque no se atrevían a expresarlo. Hoy  con toda esta situación del coronavirus se ha perdido el pudor. Y lo veo como un don de Dios, que dentro de la desgracia que no debemos olvidar, sí destacar que nuestro corazón se está extendiendo y esparciendo por muchísimos hogares.

P. – ¿Y también con la propia pareja?
R. – Hay un chiste muy gracioso de uno que decía “Oye, pues mi mujer es simpática” (risas). Eso dice mucho de las prisas, de que los matrimonios aunque se quieran, no pasaban tiempo juntos: él trabaja, ella trabaja, los niños, la casa… A mí este chiste me hizo mucha gracia porque es un leve comentario pero tiene su profundidad. Matrimonios que apenas se comunican y en el que ambos están estresados, y cuando están los dos en casa con ese estrés pues ya cada uno por su lado…

Inés Robledo: La Cultura y las tradiciones malagueñas

P.- ¿Somos conscientes los malagueños de la riqueza de nuestras tradiciones?
R.- Yo he tenido la suerte de vivir en un mundo cultural, no por mi parte, sino por lo que me ha rodeado. Siempre me ha gustado tener la mente abierta y oír a personas de valía porque me han ayudado a pensar. 

P.- Pero también es necesario el cambio, incluso con nuestra cultura y tradiciones.
– Sí, yo he vivido muchos cambios en diferentes ámbitos; pero hablando de cultura, fíjate qué curioso que siempre he vivido frente a la Casa de la Cultura. Estamos hablando de esa época cuando el Teatro Romano estaba cubierto por este edificio. ¡Qué paradoja!, la Casa de la Cultura ocultando la cultura y la historia de los malagueños. Y llega una persona con espíritu renovador que dice hay que devolver a Málaga esas ruinas romanas, lo que fuimos. Recordando todo lo que es Málaga, un esquema de nuestras tradiciones y grandeza. Ver la Aduana recuperada y junto a nuestra casa, esos jardínes que además tengan el nombre de mi marido…

P.- Los Jardínes de Manuel Atencia. ¿Cómo recuerdas el nombramiento?
R.- De infarto y de los nervios. Yo recuerdo que le decía a mis niñas que yo una pastilla no me tomaba, que mejor una tortilla (risas). Fue tan bonito. Que hubiera unanimidad, que todos los partidos del Ayuntamiento lo aprobaran y estuvieran de acuerdo. Paco de la Torre acertó con el sitio: junto a la Cofradía de los Estudiantes y donde mis hijos han jugado de niños. Era y sigue siendo muy emocionante para mi familia y para mí.

P.- Qué bonito saberse querido, ¿verdad?
R.- Sí. He tenido una vida llena de afectos, de cariños y bendiciones. Sin duda, uno de los momentos más emocionantes vino de parte de la Cofradía. En el año 2005 Manolo estaba ya muy malito. La semana previa a la Semana Santa en Junta alguien propuso que antes de encerrar al Cristo en la Casa Hermandad, traerlo aquí a nuestra casa para saludar a Manolo; y me llamaron para decírmelo. Aquello para mí, imagínate: el detalle, la emoción… Yo se lo dije a mis hijos pero Pablo no lo veía: él entonces era Hermano Mayor, y parecía que él podría haber tenido parte. Pero no fue así, y nosotros vivimos a los pies de la hermandad así que entre todos lo convencimos y al ser una iniciativa de la Junta, pues se llevó adelante.

P.- Déjame revivirla contigo, Inés.
R.- Ya sabes, bien entrada la noche, cuando llega la hora del encierro la multitud hace un corrillo para ver guardarse a nuestros Titulares, los puestecillos vendiendo lo propio, la policía dirigiendo. Pero aquel Lunes Santo no.

Yo miraba desde el balcón esperando el momento y de pronto veo cómo el Señor pasa de largo la Casa Hermandad, cómo la gente se iba abriendo para dejarle paso; con esa vista 15 años más joven que ahora lo observaba emocionada. Cristo venía andando despacito en silencio, sin ni si quiera los tambores, y se paró delante del Albéniz;  y juntos la calle y nosotros rezamos un Padrenuestro, el Avemaría y Gloria… Yo le decía “Manolo, ha venido el Señor a verte” pero el pobre ya no se enteraba de mucho, no me entendía. Él me cogía la mano. Y solo 10 días después de aquello falleció Manolo.

P.- Hay muchas personas buenas con iniciativas como esta y poco se cuenta.
R.- Sí, lo que se habla del mundo Cofrade está muy ligado a ciertas menudencias pero la verdad es que no es así y que hay gente muy bonita y buena. Esta vivencia fue una cosa preciosa, vinieron todas mis hermanas; mis hijas y mis nietas se salieron de la procesión para vivir, sin duda un momento que jamás olvidaré y del que estoy muy agradecida. Estoy segura que los allí presentes al leerlo, lo revivirán.

P.- ¿Sabemos transmitir nuestras tradiciones y riqueza cultural a la savia nueva?
R. – Hace falta más gente que se implique en darse a los demás, pero eso te lleva tiempo de estudio y de dedicación. Pero vamos a ser optimistas, porque saliendo de un grupo de personas de poco estilo, sí que es verdad que hay muchas otras que tienen afán de conocer y de saber.

P.- ¿Y eso se transmite con el ejemplo?
R.- Siempre. Y es importante que se fomente lo recibido de tus padres, del entorno, de las inquietudes que se haya tenido de joven y no tirar la toalla. Eso es lo que yo pretendo. He vivido muchos años y procurando ser siempre yo la misma.

P.- ¿Qué opinas del papel de la mujer actual?
R.- Ahora se habla mucho de feminismo y de que la mujer ha estado postergada y yo creo que eso es una antigualla. Mira por ejemplo a mi cuñada Mª Victoria Atencia, una mujer con una gran sabiduría, con grandes premios y esa poesía suya, que destaca su trayectoria profesional. Y mujeres como tú, que tienes tu marido y tus hijos y que trabajas; que te robas tiempo para compartir tus pensamientos y regalarnos estas entrevistas… La mujer que ha valido siempre se ha destacado. 

P.- Para mí tu destacas en muchos aspectos, pero sin duda me encanta tu ahínco por querer recuperar la Capilla del Puerto. ¿Qué sabemos de su historia?
R.- Se inauguró en 1732 en el Puerto, en el dique de levante y rodeada por el agua. Allí estaba entronizada la Virgen del Carmen y los marineros, tan devotos de Ella, cuando iban a salir a faenar oían misa, recibían la bendición del sacerdote y se echaban a la mar. 

P.- ¿Por qué se traslada al Paseo Marítimo?
R.- Con el paso de los años y la cercanía al mar, las piedras que revestían la Capilla se estaban deteriorando. Entonces, al arquitecto diocesano; que más tarde descubrí que fue tío de mi marido; Enrique Atencia, le dejaron encargado que debía trasladar la Capilla del Puerto al Paseo Marítimo. 

P.- Me imagino que sería una auténtico reto.
R.- Así debió ser. Él vio que tenía que ser un trabajo meticuloso que requería traslado piedra a piedra. Y así lo hicieron. Con el tiempo y la apertura del puerto a la ciudad, lo bajaron al Muelle Uno. 

P.- ¿Cómo comenzaste con este proyecto para recuperarla?
R.- Un día paseando con mis hijos por el Muelle Uno me paré frente a la Capilla y pensé que aquello tan bonito y tantísimos años allí cerrado no podía ser. Así que empecé a hablar con unos y otros. Busqué en internet y leí mucho. Y también usé mis artículos para escribir sobre este tema, recuperar la Capilla del Puerto.

P.- ¿Cuál fue la reacción?
R.- Mucha gente me llamó para felicitarme, y yo me sentí sorprendida. Porque aunque yo lo escribiera con mucho entusiasmo, tampoco pensé tuviera tanto eco. Así que intentamos hablar con el presidente del Puerto, pero por las circunstancias que fueran no nos quiso atender, ya no sé si algo tendría que ver la ideología o la religiosidad.

P.- Y aparece María Luz Aguilar-Galindo.
R.-  Una periodista encantadora. La conocí en una conferencia mariana muy bonita que ella estaba dando por iniciativa de los submarinistas en el Ayuntamiento de Málaga. Y allí mismo le conté mis inquietudes con la Capilla del Puerto, le di el artículo que escribí sobre la Capilla y ella no dudó: “Cuenta conmigo”.

P.- La importancia de ayudarse.
R.- Sí, todo necesita colaboración de varias personas. Se sumó otro señor que conocí, Rafael Vidal, y entre los tres hicimos equipo y empezamos a movernos. Pasó que tuvimos la suerte del cambio de gobierno en la Junta de Andalucía y el presidente nos recibió.

P.- ¿Cómo resultó aquello?
R.- Fue muy amable y nos dio todas las facilidades. Nos aseguró que lo estudiaría y que necesitaba tiempo para aterrizar y enterarse de en qué consistía la Capilla, que si aquello era para culto. 

P.- ¿Y qué le dijiste?
R.- Que para culto ya estaban las Parroquias que es donde están dedicados los sacerdotes. Nosotros lo que solicitamos es autorización para que un día se abra y que el guarda de seguridad del Puerto pueda custodiar aquello. Y ahí estamos. Ya se ha hecho un proyecto de la Capilla porque está muy deteriorada y los techos resquebrajados, pero ha habido entusiasmo. Aunque claro, las cosas de palacio, van despacio.

P.- ¿En qué fase está ahora?
R.- Ahora estamos con la burocracia; ya que para la rehabilitación necesitamos permisos de Obras Menores del Ayuntamiento. Y cuando parece que estaba todo tan adelantado, ha surgido este parón del coronavirus. Ahora es el momento de otras cosas más importantes, que pase todo esto del virus.

P.- ¿Qué significa la Capilla del Puerto para ti?
R.- Para mí ha sido un acicate maravilloso. Es cierto que han sido muchas personas las interesadas en que esa capilla de nuevo se abra, no para culto de Iglesia sino como Capilla para venerar a la Virgen del Carmen. 

P.- Y hay ciertas cosas que te llevan a que seas tú la que se encargue de esto, como descubrir que Enrique Atencia, tío de tu marido, fuera el encargado de salvar del mar a la Capilla. No es casualidad, como decía Antonio Moreno
R.- No lo es, yo lo atribuyo a la Divina Providencia. Y ahí seguimos esperando; muchas veces pienso si podré ver la Capilla abierta algún día.  Me veo mayor y más limitada, pero bueno. Esos pensamientos los tengo en momento de decaimiento. El proyecto está bastante conseguido.

Inés Robledo: Juventud, Divino Tesoro

P.- ¿Crees que la juventud se mantiene en el tiempo?
R.-. Al hablar de juventud me acuerdo de esa persona con mucha gracia que decía que la juventud se cura con la vejez. Y no estoy de acuerdo, quitao de que, claro está, juventud, divino tesoro; pero las personas mayores también tenemos que sentirnos jóvenes. Habrá quien no lo entienda o menosprecie; pero tú te tienes que superar y compenetrarte con la juventud, entenderlos y no castigarlos siempre.

P.- ¿Por qué?
R.- Porque es verdad que hay una juventud pasota, masoquista, sin valores y sin formación. Eso no se puede evitar porque quizá haya habido esa falta de valores en los padres. Ese afán de que mis hijos tengan lo que yo no he tenido ha perjudicado mucho. El que se ha criado con austeridad, a pesar de tener grandes fastuosidades cerca, han demostrado ser grandes personas; y sin embargo otros que se han empeñado en que sus hijos sean lo que yo no he sido, no tanto en ser sino en cosas pues ha perjudicado; pero son los menos. Lo cierto es que la mayoría de la juventud tiene un campo de acción y unos afanes maravillosos y hay que tener confianza en ella.

P.- ¿Cómo se mantiene el espíritu joven?
R.- Hay que mirar alrededor y tener los ojos bien abiertos. La gracia de Dios que me ha dado capacidad para adaptarme a lo bueno y a lo menos bueno. Mi matrimonio, el nacimiento de mis hijos. Esforzarme y no perder el tiempo, que muchas veces se pierde sin darse cuenta. Yo todavía quiero sembrar, ser ese grano de mostaza que de fruto.

P.- ¿Cómo se toma el café Inés Robledo?
R.-  Yo tomo el café descafeinado de máquina, un mitad.

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