May Ramírez: “Todo lo que nos sucede, por muy malo que sea, siempre te da una parte buena”

Hace unos meses llamé a May Ramírez para pedirle un favor. No la conocía de nada, pero me aseguraron que si alguien podía hacer algo en lo que yo necesitaba, era ella. Así que por mediación de una amiga a la que quiero mucho me dijo: “Cuenta con ello».

Esta admirable mujer desconoce el “no” cuando alguien le pide ayuda. May desprende luz y alegría. Contagia su risa y vitalidad. Para mí ha sido un regalo que May Ramírez, presidente del Club Leones Málaga Ilusión, se haya tomado #UnCaféConPorras. Gracias, por tu generosidad, tu tiempo y por tu entrega hacia los demás. Personas como tú hacen de nuestra Málaga un lugar más bonito.

May Ramírez: Málaga por bandera

P.- ¿Cómo una familia de Loja se termina afincando aquí en Málaga?
R.- Es verdad que soy lojeña pero Málaga es mi tierra y la de mi madre. La familia de mi madre se vino para acá y fue entonces cuando mi padre, que vivía en Loja, llegó a buscarla, y no paró hasta que la encontró. 

P.- ¡Qué romántico!
R.- Sí. Al final se casaron y se fueron para Loja. Mi padre era veterinario de los pueblos de allí, pero hemos vivido en Málaga. Yo recuerdo que los viernes mi padre nos recogía al salir del colegio y veníamos con el uniforme puesto. Y de esta forma volvíamos el lunes por la mañana temprano para llegar a la escuela.

P.- ¿Cómo es eso de estar a caballo entre dos ciudades?
R.- Realmente el grueso de la vida lo hacíamos aquí  porque tanto los fines de semana como las vacaciones de verano, Semana Santa y Navidad eran en Málaga. Y aunque en Loja vivíamos las obligaciones diarias y el colegio, también teníamos conocidas de Málaga que iban allí. Si pasábamos algunos días de verano en Loja teníamos una pandilla muy buena, pero realmente yo me identificaba con Málaga.

P.- Pero sin olvidar Granada.
R.- Eso nunca. A mi padre le tiraba mucho Loja; y al menos un día al mes teníamos que ir a Granada, eso era obligado. Recuerdo que era siempre igual: visita a Fray Leopoldo y por el camino nos contaba la misma historia: que estudió en el Sacromonte, las gamberradas y travesuras de su época… Y eso ocurría en cada visita, una vez y otra. Nosotras lo sabíamos de memoria, pero a él le hacía ilusión y mis hermanas y yo lo escuchábamos. En aquella época tú no podías decir “no vamos”, así que había que ir sí o sí (risas).

P.- ¿Tú has llevado a tus hijos?
R.- Sí. Fíjate qué cosa que cuándo tenía algo importante que pedirle iba con mis hijos; pero con mi padre íbamos tuviéramos algo importante o no, porque mi padre era devoto y había que hacerle una visita al Fraile. Pero luego cambié, no había que ir solo a pedir, sino por la querencia de visitarlo, como hacía mi padre; ir a verlo porque sí y no solo porque quieras pedirle algo a Fray Leopoldo. Pero es cierto que vamos poco, yo no consigo ni la cuarta parte que conseguía mi padre, mi generación no es la de mis hijos.

P.- ¿Cómo te plantas en Madrid?
R.- Cuando estudiaba Económicas empecé a trabajar en una agencia de viajes. En cuanto acabé me propusieron irme a Novotel Barajas en Madrid. Y allá que fui. Pero quería volver a mi Málaga. No lo pensé cuando me proponen estar en el equipo de apertura de Novotel Mijas, en donde estuve casi 3 años hasta que entré en lo que ahora es Carrefour, el antiguo Pryca Alameda.

May Ramírez: Conciliación y Renuncia

P.- ¿Qué trabajo hacías allí?
R.- Era jefa de sección de administración y supervisaba el control del lineal de caja, era un puesto de responsabilidad y tenía que ir con un busca, que sonaba cualquier día y a cualquier hora. Hablamos de un tiempo en los que los móviles no se usaban como ahora. 

P.- Conciliar esa disponibilidad total con la familia y en aquella época no sería fácil.
R.- Nada fácil, de hecho cuando llegó mi hija Paula yo no la veía prácticamente nada porque tanto cuando volvía del trabajo como cuando me iba por la mañana temprano, ella dormía. 

P.- ¿ Planteaste conciliar de alguna manera?
R.- Sí, pero en mi puesto la reducción de jornada no era posible así que me propusieron hacer jornada continua. De modo que salía de trabajar a las 4 y salvo alguna emergencia o caso puntual, yo tenía las tardes libres para estar con mi hija.

P.- ¿Qué supuso esto para ti?
R.- Un regalazo. En aquel entonces eso no se estilaba. Me daban la opción de no trabajar por la tarde siempre que en mi departamento estuviera todo bajo control. Eso no es lo mismo que estar todas las tardes. A mí me dio la vida. Pero claro, se unieron en la petición todas las responsables del lineal de caja en Sevilla, Córdoba y otras provincias y fue ahí cuando me pidieron que me tenía que incorporar de nuevo todas las tardes.

P.- ¿Qué pasó?
R.- Que renuncié a mi trabajo. Y se volvieron a portar muy bien conmigo. Formaba parte de un equipo formidable que me trataba muy bien; y cuando me fui eso se mantuvo: me dieron todos los incentivos que me tenían que dar, no tengo ninguna queja.

P.- ¿Te arrepientes de la decisión que tomaste?
R.- Hoy por hoy veo que hice el tonto porque tenía un trabajo muy valorado que me encantaba en el que además contaba con un equipo de gente maravillosa y cuando tú te vas de un trabajo por ser madre y te pasan determinadas cosas en tu vida personal, pues te queda el sabor agridulce de que has cometido un error.

P.- ¿Lo dejaste para dedicarte por completo a tu faceta como madre?
R.- Bueno, yo dejé de trabajar un viernes para empezar un lunes en la empresa de mi marido, pero con la flexibilidad horaria que buscaba y que Pryca no podía darme.

P.- Con tu hija tan pequeña y pudiendo quedarte un tiempo sin trabajar, te reincorporas a la rueda muy rápido.
R.- Sí,  yo creo, y es mi opinión, que para realizarte y ser feliz debes saber compaginar la vida como mujer madre y como mujer trabajadora. Lo digo desde mi experiencia y después de lo que yo he vivido. 

P.- ¿Te refieres a evitar la frustración?
R.- Claro, es que ese sentimiento no aparece de pronto sino con el paso de los años. Cuando los niños son pequeños no te das cuenta porque realmente no hay tiempo de analizarlo, pero cuando los hijos crecen, si la mujer no se ha visto realizada en su experiencia profesional puede no darle a los hijos ese valor a la independencia y al crecimiento personal que se consigue a través del trabajo.

P.- ¿Por qué dices que hiciste el tonto?
R.- Porque yo tenía un puesto muy bueno y con categoría muy conseguida en un departamento como Jefe de Sección de tipo Administrativo y trabajaba codo con codo con el Jefe de Proveedores y el Jefe de Personal. Para lo joven que era hablamos de un nivel muy grande en una empresa como aquella. Y recuerdo que firmé muchas cartas de renuncia de traslado para subir categoría por mi familia.

May Ramírez: Desarrollo profesional

P.- Pero no pensabas en lo que podía ocurrir.
R.- No. Nunca puedes predecir lo que el futuro te tiene preparado. Cuando con los años ves que te has separado, que cometes el error de dejar esa trayectoria profesional independiente de la empresa de tu marido para precisamente ir a trabajar con él, pues te preguntas mucho.

P.- Preguntas como dónde podrías haber llegado si no hubieras renunciado.
R.- Efectivamente, y a esto se suma cómo he sido educada. Mi padre, de 11 hermanos, fue el único que estudió. Y su empeño con mis hermanas y conmigo era facilitarnos una carrera para que tuviéramos todas las herramientas posibles y  nunca dependiéramos económicamente de otra persona.

P.- ¿Qué mensaje te da todo esto?
R.- Mi padre tenía razón. Y así se lo he querido transmitir a mi hija, que no renuncie como yo hice. Así ocurrió con su primer trabajo. Su novio está aquí y el trabajo en Madrid y ella tuvo tiempo de duda y yo solo le repetía: “Ni te lo pienses”.

P.- ¿Se puede con la distancia?
R.- Claro que sí, pero que nunca deje su independencia ni su profesionalidad por una persona. Si tienen que estar juntos, lo estarán. Las parejas están para lo bueno y para lo malo, para las circunstancias que les toquen vivir. ¿Cuántas parejas se pasan separadas de lunes a viernes y solo se ven el fin de semana? Y ella podrá bajar aquí o él subir a Madrid.

P.- Y además sin tener que aguantar el Talgo.
R.- (Risas) Eso, que ya no son 12 horas de tren, que en 2 horas y media están juntos. 

May Ramírez: Remontar el vuelo

P.- ¿Cómo recuerdas ese empezar de cero con tus hijos?
R.- Fue muy duro. Había días en los que yo pensaba que de esta no salía. La mayor se iba a la universidad y en parte era un alivio porque sabía que iba a estar controlada y concentrada en sus estudios, pero mi hijo tenía 16 años. 

P.- En plena adolescencia. 
R.- Yo me veía noches completamente sola, que le decía a mi hijo que volviera a casa a la 1, y el niño no llegaba; a veces iba en su busca sin saber lo que me iba a encontrar. Las separaciones al principio son muy complicadas. Si yo lo tenía castigado, le quitaban el castigo. Pero con tesón, con fuerza, se sale. Recuerdo que todas las mañanas le pedía a Dios que Alvarito fuera responsable, que estudiara y que andara con buenos amigos.

P.- Un época dura.
R.- Fue durísima. Yo paso de verme con una vida completa, con una empresa en la que yo había depositado todos mis bienes de soltera y de pronto estoy sin nada, separada, con dos adolescentes y la culpa rondándome la cabeza. 

P.- La temida culpa de las madres.
R.- Sí, por todo, hasta por lo bueno por si traía algo malo. Pensaba que si suspendían o les pasaba algo, lo que sea, iba a ser mi culpa. Sentía que había fallado como madre. 

P.- ¿Cómo frenas ese pensamiento de culpabilidad? 
R.- Día tras día iba descubriendo un palo que me daba más fuerza para asimilar que no me había equivocado. Y dando muchas gracias a Dios porque al final todo lo malo se va. La vida te va poniendo en tu camino realidades que te dice que has hecho lo correcto. Es ese regalo de la vida porque debemos ser conscientes que no todo es malo. Al contrario, te va dando fuerzas y piensas “de esta salgo” y te lo repites; y al final sales.

P.- ¿Somos capaces de asumir lo malo que nos pasa?
R.- Siempre. No solo somos capaces de asumir una tragedia, sino de que nos ocurre para que seamos mejor persona. Cualquier aspecto de la vida de quien sea, siempre que pasa algo malo, por muy malo que sea, cuando pasa el tiempo la misma vida te da la respuesta. Todo lo que nos sucede, por muy malo que sea, siempre te da una parte buena.

P.- ¿Qué piensas ahora?
R.- Yo ahora veo a Álvaro que ha terminado los dos años de Bachillerato después de afrontar una separación a esa edad sin esperarse nada, porque mis hijos no sabían nada; y solo tengo palabras y pensamientos de agradecimiento y satisfacción.

May Ramírez: Lo que quieras ser

P.- ¿Sabemos identificar nuestras aspiraciones?
R.- Sí, si alguien quiere algo realmente o quiere llegar a algún punto determinado al final se consigue. Hay mucho de ello en el poder mental y en creer que es posible llegar donde quieres. Si tu dices no puedo, no podrás. Y la mujer, que es cabezona por naturaleza, llega donde se propone.

P.- ¿Te costó poner en marcha tu vida?
R.- A mí me daba hasta vergüenza salir a la calle porque Málaga al final es un pueblo y hay gente muy cotilla que hablaba por hablar y hacía daño. Por eso me recluí un tiempo en casa, y solo salía cada dos semanas para ir a Palma de Mallorca a cuidar de Silvia, mi hermana pequeña que en aquella época estaba enferma.

P.-  ¿Y cómo cambias el chip?
R.- Un día Silvia se presentó por sorpresa en casa con una manta llena de bisutería y abalorios preciosos de una marca de Mallorca que se dedicaba a la artesanía y personalización de los complementos. Era un taller de dos hermanas que había conocido por casualidad en uno de esos viajes que hacía para cuidar de ella.

P.- Y te lió.
R.- (Risas) Y de qué manera, vaya si me lió. Yo decía que ni loca, que cómo iba a ir yo por las tiendas a decir que me compraran complementos. No podía, me moría de vergüenza. Pero empezaron a venir amigas a comprarme y ellas sin pretenderlo, me hicieron de comerciales. 

P.- El efectivo boca a boca.
R.- Exacto. Cuando estas amigas mías iban a una tienda o donde fuera, les preguntaban por los complementos, porque la verdad es que llamaban la atención de lo bonitos y originales que eran. “¿Pues tú sabes que esto lo lleva May?” Y los de la tienda me llamaban: “May, amigos de toda la vida y no me has dicho nada de esto, ya estás tardando en venir por aquí”. Me quité la fatiga (como decimos en Málaga) y así fue como empecé a salir de casa y rehacer mi vida social y económica.

P.- ¿Quiénes fueron los primeros?
R.- José Luís Joyeros, Ópalo, Echart&Panno del Muelle Uno, Lady Ruth (Marbella) y Jayma de aquí del Palo; que además con ella fue muy gracioso porque me la encontré en el mercado comprando un pollo y le dije que tenía una manta con complementos y si quería verla; y ella me decía “May, ni loca, estoy de bisutería rara hasta la coronilla” (risas) y cuando estoy metiendo el pollo en el coche me la veo que viene a buscarme y me cita esa misma tarde en la tienda. 

P.- ¿Se quedó con algo?
R.- Sí, con una colección pequeña pero a la mañana siguiente me estaba llamando que quería más. Fue un subidón increíble, es verdad que era una colección ideal con piedras preciosas. Y había tiendas que me llamaban pero por cercanía con otras que ya estaban trabajando la marca no llegamos a acuerdo.

P.- ¿Por qué lo dejas?
R.- Estuve con Amima desde 2014 y cuando hace tres años, con la jubilación de una de las dueñas se empiezan a trasladar plantas, incluso me propusieron a mí que me encargara de una parte del taller, yo entendí que mi tiempo con ellas se terminaba porque yo no podía asumir ese trabajo ni hacer esa inversión. Ahora me encargo de la administración de unos restaurantes.

May Ramírez: Club Leones Málaga Ilusión

P.- Esto fue un acicate pero empezaste a remontar con el sector eventos.
R.- Sí, en 2015 propusieron que los eventos que llevara a Limonar 40 los comisionara yo; también me encargué con Ruth del primer Baile de la Rosa que se volvió a hacer en los Montero, en Marbella. Los eventos siempre me han gustado, pero es verdad que necesitas dinero para empezar, y yo en aquel momento no tenía capital para invertir. Tenía para mis gastos, y también tenía más tiempo.

P.- ¿Fue ahí cuando te vuelcas con el Club?
R.- Sí, aunque yo colaboraba con Club de los Leones Limonar desde finales de los 90, que Ana y Cristóbal me captaron porque yo ayudaba y aportaba siempre lo que podía;  en estos dos años me di cuenta que podíamos dar más. Un grupo que nos unimos y yo entendimos que teníamos caminos diferentes. 

P.- Tenías ambición solidaria.
R.- Sí, por así decirlo. Así empezamos a hacer los desfiles, distintos eventos, aquella cena de empresarios. 

P.- ¿Cómo nace Club de los Leones Málaga Ilusión?
R.- Todo empezó con una acción que queríamos hacer por Navidad. Le propusimos a Gemma del Corral entregar en la Plaza de la Constitución chocolate y roscón a cambio de un donativo y ella nos propuso otra idea pues ya se hizo algo parecido un tiempo antes y la calle quedó muy sucia.

P.- ¿Qué fue?
R.- Gemma nos planteó hacer la maravilla del Árbol de los Deseos, que terminamos llamando el Árbol de la Ilusión. Y de ahí surge nuestro nombre, por eso nosotros nos llamamos Club de los Leones Ilusión. No te puedes imaginar lo que ese árbol encierra. Te hartas de llorar y de reír con cada una de las ilusiones y deseos que se ven ahí.

P.- El Club de los Leones Ilusión nace el mismo año que te separas.
R.- Sí, yo me separé en enero y el Club Málaga Ilusión lo formamos en abril. De lo malo sale lo bueno. Es cuestión de afrontar cada día y repetirte que es posible. Mi hija se ríe pero es que es verdad.

P.- ¿Por que se ríe?
R.- Porque le hago un símil. Le digo: Ponte frente al espejo y empieza a decirte: “Hoy voy a tener un día estupendo, y mira qué guapa estás; va a salir todo genial ¡Qué bien!” Y ahora ponte al lado y di: “Vaya asco de día, y mira qué pintas y qué ojeras; hoy seguro discuto con el jefe, un día horrible”. Te aseguro que desde que empieza el día tú con tus palabras y predisposición así lo vivirás.

May Ramírez: Creer en lo bueno

P.- La importancia de las palabras.
R.- Es que son la clave. Porque está claro que todos los días se nos van a presentar problemas o situaciones que nos resulten incómodas o inesperadas, pero si tú te preparas para ello con alegría y con la fuerza suficiente, todo sale, y sale bien. 

P.- Y tú, ¿te lo dices siempre frente al espejo?
R.- Como voy siempre corriendo me lo digo por el pasillo (risas). Y fíjate, después de leerme el Libro de la Vida, en el capítulo “Agradece los servicios” me cambió y de forma consciente. Yo antes era de las típicas que cuando me pillaba delante del coche el camión de la basura me ponía de leches. Y ahora no, ahora sonrío y digo: Ay gracias, qué limpia nos tenéis la ciudad.

P.- Es que parece que cuesta dar las gracias y valorar a los demás.
R.- Damos cosas por hecho que no tienen por que ser. Falta humildad. Antes del confinamiento todo era qué modelito ponerte, salir, estar, la calle…, pero realmente eso da igual. ¿Cuánta gente hemos perdido? No somos conscientes. 

P.- ¿Cómo has llegado hasta aquí?
R.- He tardado y he sufrido mucho por el camino. Hay días duros, es ley de vida. Pero cuando pasas por una serie de circunstancias, pierdes a tu padre, a tu madre, la separación… Todo eso te dice que realmente no valoramos las cosas cuando las tenemos. No nos damos cuenta de esa fortuna diaria que vivimos.

P.- ¿Vivían tus padres cuando te separaste?
R.- No, gracias a Dios, menos mal. Ay, yo lo hablo con mis hermanas (risas) me los hubiera cargado yo del mal rato, eso no lo hubieran resistido en la vida con lo cuadriculados que eran. 

P.- ¿Os habéis vuelto a reunir tus hermanas y tú?
R.- Desde agosto de 2019 no nos juntamos las 4. La ultima vez fue en Palma para celebrar el 50 cumpleaños de Silvia, y fue genial. Nos fuimos solo las mujeres. 

May Ramírez: Alimentar al hambriento

P.- ¿Cómo viviste el confinamiento?
R.- Yo pasé el confinamiento con mis hijos porque a mi hija en Madrid la mandaron teletrabajar; y mi hijo que estudia en Pamplona también para casa. Así que yo que ya estaba acostumbrada a estar sola y a no cocinar ponte ahora a hacer desayuno, primero, segundo, postre, merienda, cena. ¡Cómo come mi hijo! 

P.- Benditos comedores.
R.- (Risas) Benditos, benditos. Yo estaba muy contenta de tenerlos de nuevo en casa y claro, quería complacerles, pero yo no me acordaba ni cómo se hacían las albóndigas ni las croquetas, y me tenías que ver aquellos tres meses ubicándome en la cocina.

P.- Ya seguro sabes hacer croquetas.
R.- Sí, fenomenales (risas) ¡quién me ha visto y quién me ve! Me río mucho con mis amigas. Sobre todo cuando les hablo de lo que veo en el extracto de la tarjeta: Mercadona, Mercadona, Mercadona. No he gastado más en comida en mi vida (risas). 

P.- Con Mercadona hicisteis durante el confinamiento una campaña muy bonita.
R.- Sí, hicimos una operación Kilo durante 15 días y después otras dos más. Ha sido un tiempo terrible, pero muy bonito.

P.- Tú ya sabías que esto serían más de dos semanas.
R.- Sí. Yo solo me confine esos primeros 15 días porque había mucha gente necesitada. Y también muchas personas mayores solas. Les llevábamos las medicinas, acudimos a la llamada del Distrito Centro, de las Hermanitas de los Pobres, los teléfonos los pusimos a disposición de los ancianos. 

P.- ¿Qué fue lo más desgarrador que sentiste?
R.- La soledad de los mayores. Que te llame una señora mayor llorando que se siente abandonada por sus hijos, que no tengan consuelo, era horrible. Nosotros no podíamos entrar en las casas, pero sí la podíamos atender. Estábamos pendiente de ellas, animándolas a que se arreglaran por la mañana y que si podían, salieran a comprar.

May Ramírez: Soledad

P.- ¿Qué te provocaba esto?
R.- Dolor. Es muy doloroso. No entiendo como unos hijos pueden abandonar a su padre o a su madre, ademas en estas circunstancias. Y no sabes la cantidad de personas que hay, y además de gente y familias conocidas de aquí de Málaga. También hay que decir que hay mayores con la cabeza ida, pobres, pero hay muchos que es como te cuento, que se han pasado 7 y 8 meses sin ver a sus hijos ni a sus nietos.

P.- Es mucho tiempo viviendo en la misma ciudad.
R.- A mí no me vale la excusa “Te voy a contagiar”. Nosotros hemos ido a ver a esas personas, a un metro y medio de la puerta, me quedaba en el rellano; sí, pero yo he estado media hora hablando frente a frente que era eso lo único que necesitaban esas señoras. Y en eso el Club hemos hecho una labor muy bonita, que han sentido el calor de la compañía, no han estado tan solas. 

P.- Al final la mejor ayuda es la que se da sin tocarse el bolsillo.
R.- Efectivamente. El dinero no ayuda, facilita. Pero ayuda más el hecho de ir a llevar la comida a una familia necesitada; esa hora de conversación con las Hermanitas de los Pobres en el patio. Ese tiempo compartido. Para nosotros hubiera sido más fácil pedir dinero y comprar los alimentos que estar 15 días en Mercadona pidiendo. Pero ahí está la clave. El mejor regalo lo recibe el que da.

P.- ¿Qué te ha provocado el confinamiento?
R.- Complicidad. Esto nos ha unido hasta tal punto que 8 personas de diferentes ciudades que nos habíamos pedido ayuda para apoyar las necesidades de la pandemia, nos reunimos en Caños de Meca en una casa, previa PCR para quedarnos tranquilas. Y no salimos de la casa. Estuvimos disfrutando de la compañía, del tiempo, de la vida.

P.- ¿Cómo dices que saldremos de la pandemia?
R.- Ha sido una desgracia todo esto, pero yo creo que se van a sacar muchas cosas buenas. Llevábamos una vida muy artificial y esto tenía que estallar de alguna forma. Y fíjate que cada 100 años esto se vuelve a repetir, esta limpieza.

May Ramírez: Málaga Solidaria

P.- ¿Crees que la juventud es solidaria?
R.- No todos, los que han vivido en casa alguna situación concreta sí, esos son muy conscientes. Hoy muchos jóvenes se apuntan a voluntariado porque la universidad les obliga por créditos a cambio, y esto es genial, porque aunque al principio vayan obligado, gracias a eso el alumno se da cuenta y ya se implica por iniciativa propia.

P.- ¿Cómo ven tus hijos que su madre esté tan implicada hacia los demás?
R.- Al principio como niños jóvenes que eran no lo entendían. Pero ahora por lo que me transmiten sé que se sienten orgullosos de lo que hago y también ellos quieren hacer cuando están en Málaga. Tienen interés, ellos se han hecho Leones y pagan los 15 euros mensuales.

P.- La importancia del ejemplo de unos padres.
R.- Es fundamental enseñarle a los hijos unos valores. Después podrán salir mejores o peores, y eso lo tenemos en todas las familias, pero ahí esta la propia libertad. Yo estoy muy orgullosa de los míos, los considero muy buenas personas. Pero también es verdad que no se puede poner la mano en el fuego por nadie, porque después la vida te pone situaciones y quizá tu respuesta no sea tan buena. 

P.- ¿Cómo dirías es Málaga?
R.- Málaga es una ciudad extremadamente solidaria. Lo más gratificante que recuerdo de cuando me separé era el cariño que recibí. Yo era una madre muy pesada, encerrada en mis hijos y dejé a mis amistades; mi grupo eran los matrimonios que frecuentábamos. Me sorprendí para bien y para mal; pero yo agradezco los que se volcaron conmigo, lo cariñosos que fueron conmigo y la ayuda que me prestaron.

P.- ¿Cómo se toma el café May Ramírez?
R.- Con azúcar moreno, y en verano con un poco de hielo.