No lo permitas

Último lunes de abril. Día 45. Seguimos en este secuestro. Observando cómo pasan los días. Escapando de la realidad que te quieren hacer creer. Colapsando nuestras conversaciones gracias a un circo lleno de portavoces para que solo hablemos de gestión política, de bulos, de censura y de ejemplaridad.

Ahora parece que desandamos el camino. Eso que hemos construido con el cierre de nuestras empresas, con la pérdida del empleo y con la cancelación de nuestros servicios. ¿O es que acaso no fue necesario nunca el encierro? España, tierra de cobayas.

Y en medio de toda esta puesta en escena de cifras, RDL y BOE al filo de la medianoche, yo pienso en las personas y sus historias. Aquellos que ya eran vulnerables antes del 12 de marzo, en cómo están nuestros profesionales sanitarios; en las familias y su economía; y cómo se encuentran nuestros mayores, si podrán salir más pronto que tarde a caminar. Ellos que nos lo han dado todo. Que nos lo siguen dando. Ahora que viven pausados y limitados. Sin ruidos en la casa ni chocolate en la despensa. Nadie irá a visitarlos. No por ahora.

También pienso en aquellos, que temerosos, no dejan de sentirse los malos de la película. Porque nos siguen vendiendo que estamos confinados por  la salud de los más vulnerables. Pero, ¿quién no está vulnerado con este encierro?

Menudo cinismo. Sí. Mi reflexión demuestra que estoy cansada. No pido entender. Eso no es posible. Me desconcierta pensar una cosa y la contraria a la vez. Respirar este aire raro. Ir en coche y no sentir esa libertad mental de bajar la ventanilla para que el aire despeine mi flequillo. Querer salir y volver a la vida, y a la vez solo anhelar encerrarme en casa con los ojos apretados esperando que todo sea un mal sueño.

Pero no. Los abro y todo y nada es igual. Ni si quiera las personas. No hay mejor opio que el odio. La gente enfrentada. Así es como nos quieren. Demostrando que hay quien en medio de todo esto renuncia a tu amistad por disentir de tu opinión o no tolerar la indignación del semejante. Ese no saber vestirse con la piel del otro. Pero aquí no pasa nada. Sigamos buscando la pandereta y la flauta. (Ay amigos, las tiendas de instrumentos, como la carrera científica, no es actividad esencial. Pero el pelotazo del ladrillo, por supuesto. Aquí suma y sigue. Castrojos.)

Hoy por fin no ha habido chufla en los balcones. Ya era hora. Son tan sensatos y buena gente nuestros sanitarios que lo han pedido cuando se abría la veda. Como borregos a la calle porque lo manda nuestro Presidente. O su comité de expertos. O el tal Ivan o quizá ha sido Oliver. Supercampeones. Chuta gol que nos la están colando por todos lados.

Yo hoy he salido pero no a pasear. Es deprimente ver los colores sin luz y tristes. España está de luto (aunque no lo declaren de forma oficial) y su pueblo lo sabe. Seguiré con mis crespón negro recordando que esta vida se nos dio para no tener miedo, para amar, para tender las manos, para sonreír y acompañar. Para no estar solo ni abandonar a nadie en el camino. Así que no lo permitas. No lo hagamos.

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2 opiniones en “No lo permitas”

  1. Mi defensa siempre para ti, que estás luchando entre la vida y la muerte.
    Mi defensa siempre para ti, que te has ido solo y a deshora.
    Mis sentidos se dirigen a ti:¡Sanitario!, para alcanzar tu digna voluntad y sacrificio.
    Ahora no puedo «resumir» este lamento en buscar culpables.
    «Los sufrimientos producen la paciencia, la paciencia consolida la fidelidad, la fidelidad consolidada produce la esperanza y la esperanza no nos desfrauda» Rom. 5, 3-5
    Gracias Carolina. Un fuerte abrazo. Que Dios te Bendiga.

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