Pablo Dawid: «La familia es el pilar sobre el que se sustenta la historia de cada uno”

Desde siempre he admirado el talento con el trazo, la capacidad de adaptarse a las circunstancias y la riqueza cultural. A estos talentos se le une un genial sentido del humor, una sinceridad maravillosa y una generosidad manifiesta. Pablo Dawid, arquitecto y artista, una persona conciliadora, que suma y que está dispuesto a empezar cada día con ganas de aprender y dar lo mejor de sí para, con su ejemplo, construir una sociedad mejor.

Pablo Dawid se toma #UnCaféConPorras. Espero que disfrutes leyendo esta entrevista tanto como yo al hacerla.

P.- ¿Por qué decides estudiar arquitectura?
R.- Siempre he tenido una marcada tendencia artística. En tercero de E.S.O. me di cuenta que me gustaba porque aunaba arte, tecnología, matemática. Además a mí siempre me había gustado dibujar. Quizá por eso dudaba entre Bellas Artes y Arquitectura. Hablé con mi madre y me ayudó bastante. Ahora soy arquitecto y sigo desarrollando mi vertiente artística.

P.- Yo os recuerdo en Pamplona, con el frío que hacia, dibujando en la explanada de Comunicación a mano alzada…
R.- (Risas) Durante la carrera haces de todo; pero te ayuda a saberte definir para lo que viene después. La arquitectura es un arte al servicio de los ciudadanos y hay que usar bien la cabeza para que ese arte sea útil, que sea firme y perdure. Pero sobre todo, la arquitectura es un servicio.

P.- ¿Por qué contemplas la opción de ir al extranjero al acabar la carrera?
R.- Veníamos de un gran parón en la construcción que a los jóvenes arquitectos nos hizo salir fuera y buscar oportunidad en otros países. No obstante,  mi primera opción era realizar un Máster de Restauración en la Politécnica de Madrid; pero realmente la situación me hizo ver más allá. Y surge Kuala – Lumpur.

P.- Y allí que te plantas con 23 años. ¿Cómo llegas a Malasia?
R.- A través de la Universidad conseguí unas prácticas para 2 meses. Cuando acabó ese tiempo, y  viendo que allí había buenas expectativas y el panorama en España había cambiado poco y era muy duro, decidí quedarme allí un año. Recuerdo que en aquel estudio hacíamos estaciones de metro y edificios de oficinas, sobre todo.

Pablo Dawid: Elección de vida

P.- ¿Eras consciente de todo lo que dejabas atrás?
R.- Sí, porque precisamente dos meses antes de marcharme había conocido a una chica. Y sabía que era la mujer de mi vida, pero también sabía que era importante el trabajo y conseguir una estabilidad económica para llevar a cabo ese proyecto de vida juntos.

P.- Dicen que la distancia es el olvido, pero no siempre se cumple.
R.- En nuestro caso la distancia sirvió para reforzar ese sentimiento de que ella era la persona con la que quería estar. Fue muy emocionante. Tras dos años a distancia nos casamos y en Singapur nació nuestro hijo mayor.

P.- A vosotros os ha unido.
R.- Muchísimo. Y después una vez casados, estar lejos de nuestro entorno nos ha hecho vivir como matrimonio mucho más unidos. Hay que ser muy sincero contigo mismo y tener muy claro qué proyecto de vida quieres y ese defender querer formar y hacer familia. El matrimonio tiene sus luces, y también alguna sombra, pero es un estado vital muy bonito y muy pleno. Tú te das a tu marido o a tu mujer y es una riqueza; no solo para ti; sino también de cara a la sociedad.

P.- ¿En qué sentido?
R.- Como familia lo que se puede aportar a la sociedad es muy bueno. El ejemplo de la alegría, del esfuerzo; y merece la pena. Dejar a un lado el yo y que aparezca no ya el nosotros, sino el tú. Hoy vemos en la sociedad precisamente lo contrario. Cómo intentar prorrogar al máximo el tiempo de vivir con alguien, o aceptar a la otra persona con sus limitaciones y diferencias. Y eso hay que verlo como una riqueza pues el ser humano está hecho para querer a los demás y ser alegres. Siempre con cabeza, esfuerzo diario en el trabajo y mucho amor.

P.- Cuando te marchaste, ¿renunciaste o elegiste?
R.- Se puede decir que elegí. Me vi que en muy poco tiempo gané una apertura total a lo internacional. Pasé de Pamplona, que es una ciudad pequeña, a un breve tiempo en Granada y después salto a Malasia. Valoré todo lo que había recibido y lo que venía a recibir. Una riqueza cultural increíble.

P.- ¿Por qué te vas de Malasia?
R.- Me salió una muy buena oportunidad en Singapur, la ciudad es muy puntera, compacta y muy pequeñita; y además tiene integrado todos los elementos vanguardistas de arquitectura. Aquí el crecimiento fue aún mayor porque es una sociedad muy cosmopolita: australianos, estadounidenses, europeos, tiene también una comunidad filipina importante y el 75 por ciento de la población es china.

P.- ¿Recuerdas alguna anécdota?
R.- Tengo muchas pero recuerdo con diversión que en Malasia los chinos querían sacar la máxima rentabilidad al terreno y era muy gracioso porque cada dos semanas cambiaban de idea y querían un proyecto distinto. Echaba un montón de horas dibujando proyectos que no servían, pero ahí eras un eslabón más en la cadena. Los jefes sí peleaban con ellos. En ese tipo de trabajos es arrimar el hombro, trabajar y callar.

P.- Menudo crecimiento personal y profesional.
R.- Esto te abre un campo internacional impresionante en tu forma de vivir y trabajar. Mi visión personal es que estar en el extranjero es muy enriquecedor. Si tienes la oportunidad de coger ese tren, hay que subirse a él sin pensarlo porque ganas mucho más de lo que pierdes.

P.- La cercanía de los tuyos.
R.- Eso es lo peor de vivir en el extranjero; que te pierdes muchos eventos importantes. Estando fuera fallecieron mis dos abuelos, mi tía abuela, también bautizos.

Pablo Dawid: Riqueza espiritual

P.- ¿Vivir en el extranjero y todas estas experiencias te ayudaron a acercarte a la fe?
R.- Totalmente. En Kuala Lumpur viví toda mi estancia en el barrio musulmán de Taman Keramat. Mi casero malayo era musulmán, nos hicimos muy amigos. Eso me hizo conocer más otras religiones, a respetarlas y a quererlas. Y te hace reflexionar mucho sobre la tuya propia.

P.- ¿En qué sentido?
R.- Cuando tú naces en un sitio es por algo. Dios te pone allá donde estás por una razón; y ver que hay hindúes que creen fielmente en su religión, y budistas… Y piensas que el mundo es muy abierto y si hubiera nacido musulmán hubiera recibido una formación muy diferente a la que he recibido aquí en Málaga. Pero no, he nacido malagueño y Dios me ha puesto aquí para acercar mi vida a la fe y a los demás de una manera determinada. Y esto realmente es un shock; porque te das cuenta que tu realidad de cristiano sale y sientes una lucha interna ante otras realidades de fe; y ves la tuya, y me doy cuenta que la elección que yo he hecho como católico me apasiona.

P.- Ha surgido ahora un debate sobre los intelectuales cristianos. Desde el punto de vista de la arquitectura, ¿cómo se vuelca ese pensamiento cristiano?
R.- Debe ser el motor de cada persona. Cada cual tiene una vocación al trabajo, y es a través de esta donde se debe volcar. Tanto en el trabajo en cosas manuales, como en la enseñanza. Pienso en la arquitectura, que es principalmente dibujo, pero también es poner en el espacio algo nuevo que va a determinar la vida de otra persona y eso es muy santificante.

P.- ¿En concreto?
R.- La arquitectura es un servicio a la sociedad y por eso hay que tener siempre en cuenta la repercusión de nuestros proyectos en la vida de las personas. Es importante que la gente pueda vivir bien, que tenga habitaciones espaciosas, luz, buena orientación. Pensar en eso a la hora de proyectar hace que se tenga una vida de mayor calidad.

P.- A veces me da la sensación de que no somos conscientes de la importancia del cristianismo en nuestra cultura.
R. – Si pensamos en el arte sacro ha sido vastísimo y los grandes proyectos han sido iglesias y edificios con mucha espiritualidad, además de los palacios y castillos.

P.- En las pasadas fiestas disfrutamos de unos Christmas preciosos tuyos.
R.- Gracias, yo creo que los Christmas no debieran perderse. Son una forma de felicitar la Navidad muy personal. Y en medio de esta pandemia cuando no es posible reunirte, ha adquirido un mayor sentido. Quien lo recibe puede quedarse contigo, algo físico en un mundo tan digital como el que vivimos.

P.- Después de tu experiencia en Singapur con ese vivir la fe tan profundamente, vuelves a España y ¿qué ves?
R.- Aquí hay más un ansia por trabajar fuerte. Hablo con distintas personas y veo que la gente está muy en tensión. Aquí el trabajo es muy importante y copa la mayor parte del tiempo de la vida de las personas. Y quizá deberíamos poner el freno y pensar que sí que trabajar es importante pero la familia también lo es. Vivir la familia y pasar tiempo con ellos.

Pablo Dawid: Nuestros cimientos

P.- Creíamos que con la pandemia salir de esa rapidez y estrés pero no ha sido así.
R.- Al final nos hemos visto forzados a parar el ritmo y obligados a hacer más familia de lo que hacíamos hasta ahora. En nuestro día a día pasar tiempo con la familia es lo último cuando debe ser lo primero pues ahí es donde se construye sociedad.

P.- Eres malagueño, pero ¿cuáles son tus orígenes?
R.- Mi bisabuelo era polaco y mi abuelo nació en Francia. Mi abuela paterna era inglesa. Los dos habían venido a España para conocer el idioma y en un viaje de enseñanza en Salamanca, se conocieron. 

P.- Qué casualidad que precisamente te hablé de esta ciudad y de que me dejó fascinada su arquitectura.
R.- Sí, y viene dada por su historia. Salamanca es una ciudad totalmente universitaria que tiene su auge en el siglo XVI, y que recordemos es coetánea de Oxford. Es preciosa y también porque ha tenido la suerte de tener esa tradición histórica que ha permitido que se conserve. Eso por ejemplo en Málaga sería impensable porque hace 500 años nuestra ciudad era un pueblecito por así decirlo. Otro ejemplo mas cercano de ciudad histórica y que se ve en su arquitectura es Sevilla.

P.- Sevilla es preciosa y además con todos aquellos edificios impresionantes de la Exposición Iberoamericana.
R.- Efectivamente. Y no olvidemos que Sevilla era entrada y salida hacia las Américas en los tiempos del Imperio Español. La fuerza de la historia se nota mucho en la evolución de las ciudades y su arquitectura.

Pablo Dawid: Artista

P.- ¿Cómo empiezas a pintar?
R.- En mi casa hemos sido muchos y la pintura para mí ha sido una forma de destacarme de los demás y también me ha servido para relajarme ante los problemas. Con el tiempo he ido evolucionando y la arquitectura me ha dado una expresión artística más geométrica.

P.- ¿El arte tiene fronteras?
R.- El arte tiene un lenguaje universal. La casa que pinta un niño en China es la misma que pinta uno de aquí de Málaga. Es el mismo concepto aunque no viva en una casa como la que ha dibujado; y lo mismo pasa con las figuras, el monigote que dibuja un niño es el mismo. 

P.- Esto nos indica que todos somos iguales.
R.- Efectivamente. Por eso muchos artistas han intentado en sus obras volver a la infancia. Es lo que le ocurrió a Picasso o Joan Miró. El impulso creativo se da en la infancia y después se coarta. Hay quien lo continúa y quien no. Yo lo seguí (risas).

P.- ¿Cuál sería el Picasso de la arquitectura?
R.- Sin duda, Le Corbusier. Fue un suizo que modificó el sistema de viviendas a través del uso del hormigón armado. Esto fue hace poco más de 100 años. Supuso un cambio radical porque las viviendas se empezaron a estandarizar y se empezó a hacer como si fueran cajas de zapatos.

P.- ¿Cuál fue tu primera exposición?
R.- La recuerdo con gran ilusión, fue en Singapur y me encargaron que plasmara para la fachada de la  Biblioteca Nacional 4 poemas en 4 idiomas (chino, Tamil, el inglés y el malayo) en dibujo. Fue muy emotivo, me enfrentaba a algo muy grande que nunca había hecho. 

P.- ¿Cómo surge?
R.- Yo estaba habituado a trabajar en diseño de interiores y esta iniciativa vino de parte de dos holandeses. Y recuerdo que les presenté a aquellos dos señores altísimos una propuesta completa en la fachada de la Biblioteca Nacional y se quedaron asombrados. Y a mí me dio mucha soltura en el diseño gráfico.

P.- Te vienes a Europa, ¿y qué ocurre?
R.- Lo de Londres fue increíble. Yo tengo un amigo sevillano que es grafitero, él llama a su estilo frutalismo (se basa en dibujar frutas grandes). A través de Art Street London conseguimos un mural en el que trabajamos Fifty Fifty. Koctel (el sobrenombre del grafitero) empezó con sus frutas por un lado y yo con mi ciudad por el otro, hasta que en el centro se fusionan nuestros dos estilos.

P.- ¿Por qué vuelves?
R.- Uno va buscando estar más cerca de la familia. Recuerdo el primer proyecto en Londres, teníamos que remodelar una villa victoriana de 1871. Para mí fue un shock ver un estilo tan antiguo con el nuevo aspecto moderno que se nos pidió. No siempre lo que se restaura se queda tan armonioso que lo que se hacía en la antiguedad.

P.- Que se lo digan al Ecce Homo de Borja.
R.- (Risas) Ah sí, ese cuadro, como si se hubieran inspirado en Mr. Bean La Película.

P.- Al hilo de esto, pienso en Málaga con lo bonita que es y veo unos pastiches arquitectónicos que me pregunto si eso no está penado.
R.-  Estoy de acuerdo contigo. Hay una falta de unidad visual muy potente en Málaga. Calle Victoria es un ejemplo, porque tienes una casa ahí de Strachan muy bonita con una fachada clásica y tienes al lado un hotel que no pega en absoluto con el estilo.

P.- Lo llamativo es que esta heterogeneidad la tenemos en pleno centro histórico.
R.- Hay mezcla y hay muchos callejones que te trasladan. También falta incorporar más verde en la ciudad. Yo soy muy defensor de respetar la naturaleza porque el verde hace que los barrios sean vivibles. 

P.- Ahora tienes un plano importante por dibujar.
R.- Se me ha abierto una etapa como docente que la tomo con mucha ilusión y sumo interés. Durante mis estudios en la Universidad de Navarra estuve en un departamento de análisis de formas y dibujo artístico y ahora en este proyecto trato de continuar esos estudios pero con chavales de secundaria y bachillerato a quien enseño, bien, pero de quienes también estoy aprendiendo muchísimo.

Pablo Dawid: Estilos que hacen historia

P.- ¿Falta integración arquitectónica e histórica en Málaga?
R.- En Málaga hay edificios BIC y están protegidos por su carácter en la historia de la ciudad, eso no se puede negar; pero tenemos otros casos recientes que han generado mucha tensión como pasó con «La Mundial». Este edificio cuenta y muy bien para la historia de Málaga y a lo mejor se podría haber integrado y adaptado con el entorno, pero bueno, el hotel de Moneo parece interesante.

P.- Aquí se cumple lo de renovarse o morir.
R.- Sí, es normal. No todo lo antiguo se puede mantener. Si las pirámides de Egipto quedaron es porque detrás había un significado muy fuerte, pero de las casas de aquella época no se sabe nada. Y lo mismo ocurre ahora. Se ha evolucionado gracias a ese dejar atrás construcciones que han formado parte de nuestra historia. Así pasó por ejemplo con los cambios de estilos del gótico, al barroco. Esa evolución impresiona y la mayoría de las veces se encuentra con la oposición de la sociedad.

P.- ¿Qué supone el cambio?
R.- El cambio es siempre para mejor, supone una nueva apertura a algo distinto. Del renacimiento al barroco se ve claramente el enorme impacto. Pues hoy pasa lo mismo con los edificios de Frank Gehry, pero cada cual construye con los materiales y los requerimientos que le son contemporáneos.

P.- Ya que hablas de estilos, a ver si me aclaras qué estilo tenemos ahora mismo porque yo veo mucho batiburrillo.
R.- Sí, hay mezcla. Tenemos el minimalismo que ha pegado fuerte, pero todo el tema sostenible se está introduciendo de manera importante. En este sentido vemos en Dinamarca el estudio BIG que hace solo edificios con cubiertas ajardinadas dando prioridad al soleamiento. Y también algunos arquitectos que han introducido conceptos y estructuras muy novedosas.

P.- ¿Se plasma nuestro estrés cotidiano en la arquitectura actual?
R.- Ahora vivimos muy deprisa y sí que vemos cambios muy rápidos. Una arquitectura que intenta buscar el cuidado de la naturaleza, la sostenibilidad es muy importante hoy en día, el tema de la eficiencia energética, integrar la naturaleza dentro de las obras; también son estilos minimalistas que se cruzan y que estamos en una etapa de mucho cambio.

P.- ¿Cuáles serían los arquitectos más influyentes de nuestra época? 
R.- Zaha Hadid, una arquitecta iraquí que falleció en 2016, implantó los diseños curvos con líneas caprichosas y ha cambiado la estética y los métodos tradicionales de construcción y se han hecho cosas muy sorprendentes. Y Rem Koolhas que en el edificio de la CCTV de Pekín propone esa parte superior levitando; y toda la parte estructural y las cosas nuevas que se van desarrollando.

P.- ¿A ti qué arquitecto te ha marcado?
R- Hay muchos arquitectos que han influido en mí, pero tengo en mente uno especialmente característico que es Gaudí. Es un personaje muy cercano a la naturaleza y a Dios. Él supo transmitir con su obra un estilo muy propio y muy único que ha dejado su huella en la historia. Y yo me identifico con él porque pienso que el verde es fundamental para sentirse bien con uno mismo, por eso hay que integrarlo en la ciudad. Somos seres naturales y venimos de la naturaleza. Si nuestra vida se vuelve hormigón, es muy triste.

P.- ¿Tenemos buenos planeamientos en Málaga para grandes proyectos arquitectónicos?
R.- Creo que en este sentido no se puede hablar de blanco o negro porque hay matices.  La intervención que se ha hecho en el entorno del Teatro Romano ha sido muy buena, por ejemplo, contar con ese espacio ahí hace 30 años era impensable. A nivel de viviendas se van viendo avances y hay mejor planificación, sobre todo en los barrios nuevos: Teatinos, el Cónsul Soliva, Parque Litoral… Pero el problema aquí es que se rige por la economía y los tiempos de ejecución.

P.- ¿Cómo surge exponer en los hoteles?
R.- Al principio te tienes que ir abriendo camino y autopromocionándote. El carácter aquí en España es muy distinto quizá por la luz. En nuestro país somos más abiertos y alegres y exponer ha sido otro camino. 

P.- ¿Lo habías intentado en el extranjero?
R.- En Londres, pero no es fácil acceder ya que las exposiciones son mayormente a través de Galerías. 

P.- Cuéntame cómo fue tu primera muestra.
R.- Recuerdo que paseando por el Thyssen encontré un hotel que tenía una exposición que se acababa; así que le pregunté al recepcionista si yo podía exponer allí. Entonces me propuso otra ciudad. La cadena Eurostars tenía un hotel muy chulo cerca de la Catedral de Granada. Y además fue en febrero, poco antes del primer confinamiento. 

P.- Entonces tu primera exposición ha sido en el año de la pandemia.
R.- Sí, en 2020. Me ha sorprendido que precisamente este año haya sido tan productivo en exposiciones.

Pablo Dawid: El pilar de la propia historia

P.- ¿Qué fue lo mejor que te pasó cuando volviste a Málaga? 
R.- La familia. Recomiendo irte al extranjero en una primera etapa de trabajo, pero cuando te quieras asentar, que estés cerca de los tuyos. La familia es el pilar sobre el que se sustenta la historia de cada uno.

Pablo Dawid con su familia y sus obras al fondo

P.-  ¿Conoces la tuya?
R.- Tuve suerte porque mi abuelo paterno escribió sus memorias y me gustó mucho y las guardé. Hablaba de su historia y también se refería a mi bisabuelo inglés, que pertenecía a la Royal Navy inglesa. Leer aquello y cómo se han ido desarrollando los sucesos de la historia te hace ser consciente de que es un milagro que yo esté hoy aquí (risas).

P.- Tu propia genealogía te dota de una apertura especial.
R.- Sí, es cierto que acojo por naturaleza. Hay una parte de mí que es extranjera y creo que la mezcla es una riqueza. Depende de dónde te muevas, acoger al diferente no es habitual. En España por ejemplo cuesta porque al extranjero no siempre se le recibe bien.

P.- ¿Se teme que se cumpla el refrán “De fuera vendrán y de tu casa te echarán”?
R.- Sí, pero hay matices porque no todo el mundo piensa igual y hay gente que sí acoge. Por ejemplo, aquí en Málaga. Se considera al malagueño una persona cercana, muy abierta. Además de llevarlo dentro, esto también es posible gracias al clima y a su ubicación. Es una ciudad con costa, y esto hace que sea una ciudad abierta a la que la gente viene y nosotros estamos encantados de recibirles.

P.- ¿Recomiendas estudiar arquitectura?
R.- En Málaga sigue habiendo construcción y mucha demanda de vivienda. De todas formas yo animo a la gente a que siga su vocación. En la vida es mejor preguntarte para qué crees que vales, y en aquello en lo que crees que es bueno y quieras hacer, ese sueño lo persigas y lo trabajes. Hay que lanzarse a por ello.

P.- Pero para eso hay que saber escucharse.
R.- Sí. Es cierto que hay un punto de influencia en la sociedad o en tu propia familia; pero cada uno en su conciencia sabe que le está diciendo hacia dónde  tirar. Por eso yo recomiendo estudiar arquitectura si sientes que es lo tuyo y que te va a gustar. Porque además en los estudios estás sometido a una presión potente porque tienes que trabajar rápido.

P.- ¿Cómo se toma el café Pablo Dawid?
R.- Un café americano, y a poder ser con el agua aparte para yo prepararlo.

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