Paloma Gómez: “Mientras haya vida, ¿de qué sirve lo que te diga el médico? ¡Vive!”

Llevaba mucho tiempo queriendo compartir un rato con esta mujer a la que admiro y quiero. Gracias a ella he descubierto que a pesar de las penumbras, todos buscamos y somos luz. Paloma Gómez se toma #UnCaféConPorras y hablamos sin tapujos de la vida, el cáncer, la muerte, la educación y la familia. Ella es Coordinadora de Misión de Paciente en AECC en Málaga y es una mujer valiente, luchadora y muy justa. Una persona con quien se puede hablar de cualquier cosa y sea el tema que sea, siempre terminas riendo. Gracias, Paloma; porque contigo es fácil volar alto y disfrutar de la vida.

Paloma Gómez: Abriendo camino en AECC

P.- ¿Cómo te hiciste voluntaria en AECC?
R.- Yo tenía 34 años, y una amiga me dijo que habían abierto el primer centro de la AECC para hacer citología y que necesitaban voluntarias. Y allí que me pusieron a hacer fichas, un aburrimiento soberano (risas). Le dije a mi amiga que lo dejaba y que iría a hospitales a ver cómo ayudar; y ella me dijo que se iba a Cáritas, que aquello tampoco le atraía. Así, se lo dijimos al Dr. Juan Carlos Domínguez, que es ahora el médico de Paliativos de la AECC, y él nos dijo que la AECC éramos nosotras y que lo que no nos gustara, lo cambiásemos.

P.- ¿Qué hicisteis?
R.- Nos quedamos sorprendidas, pero nos dio tal fuerza que empezamos a ir a cursos de Voluntariado. Estamos hablando de un tiempo en el que ni existía la Ley del Voluntariado, que ser voluntario en aquella época era lo de la huchita y poca cosa más. Descubrimos el libro A Fuego Lento, y así es como montamos el voluntariado en Fuengirola y Mijas y abrimos camino a lo que después sería el voluntariado en toda la provincia.

P.- Cómo te cambia la vida un libro, ¿no?
R.- Muchísimo. Y se me grabó a fuego, como bien dice su nombre. Desterramos los personalismos y nos basamos en el espíritu de servicio ocuparas el cargo que ocuparas. Y lo que más me gustó era preguntar a cada persona el voluntariado que quería hacer y dejar que esa persona desarrollara su iniciativa, que no intentáramos hacer nuestra la idea de otro. Así nació el voluntariado a domicilio, por ejemplo, que ya se hace a nivel nacional, y su precursora y de quien surgió todo fue nuestra querida Herminia Benítez, que ya falleció. 

P.- Construir desde cero sería muy emocionante.
R.- Era precioso, cada uno hacía lo que le gustaba. Uno daba charlas en colegios, otra montando un taller. Y se construye con el sí. Cuando propones algo y te dicen que no, te paralizas, pero en el momento en el que dices sí, se busca y encuentra la forma de hacerlo y eso crece. Y nosotros a todo decíamos que sí.

P.- ¿Aunque no tuvierais la respuesta certera?
R.- Claro, porque quizá tú no sepas, pero llamando a uno y a otro al final lo averiguas. Se trata de ser hilo conductor, de ayudar en la medida de nuestras posibilidades. 

Paloma Gómez: Antes Voluntaria, después Paciente

P.- ¿Cómo es ese momento en el que el cáncer de mama pasa a ser el cáncer de mamá?
R.- Eso es tremendo. Toda mujer con la que hablo y tiene un cáncer de mama y tiene niños pequeños tienen mucho en común, y es que en todas el cáncer pasa a un segundo plano y todo lo ocupan los hijos. Se preguntan qué va a pasar con mis hijos, cómo los voy a dejar. Ahí sí que la maternidad es un punto clave. Y lo sé porque yo también lo viví así.

P.- ¿Cómo lo recuerdas?
R.- Cuando a mí me diagnosticaron cáncer, mi hija mayor tenía 12 años, el mediano 9 y el pequeño 7. Eran muy pequeños y mi caso además fue un diagnóstico en el que me daban solo dos meses de vida. 

P.- En ese momento, ¿qué se te pasó por la cabeza?
R.- Ahí me planteé muchas cosas. Y pensé que lo que era importante para mí y mi vida quizá nunca llegaran a conocerlo mis hijos. No es tanto que se queden con algo mío pero me propuse inculcarles a fuego valores y una frase que me caracteriza y es que esta vida no es lineal, siempre hay que priorizar. 

P.- Desde aquel diagnostico en el que te daban dos meses de vida, ¿cuánto tiempo ha pasado?
R.-  Hace ya 19 años. En septiembre del 2000 me diagnostican cáncer de mama y en la primera revisión de los 3 meses me ven metástasis en el pulmón. Es ahí cuando me extirpan medio pulmón y le dicen a mi marido que tengo muy mal pronóstico porque estoy invadida.

P.- ¿A tu marido?
R.- Sí, Quisco el pobre estuvo muy afectado. Como se dice coloquialmente, se quedó ‘chocao’, pero más de un año. Él estaba intentando a aprender a vivir sin mí.

P.- Y a ti, ¿cómo te afectó el diagnóstico?
R.- Muchísimo. Realmente lo viví sola, fueron 4 meses desde que a mí me dicen que tengo una metástasis en el pulmón hasta que me operan. Claro, en ese tiempo yo le decía a todo el mundo que me tenían que hacer una biopsia y que tenía que ser en quirófano. Un rollo que me inventé porque no me atrevía a decir la verdad, pero ni si quiera a mi marido. 

P.- ¿Ni a él?
R.- No, de hecho todos los años nos íbamos a Andorra con los niños y aquel año le dije que se fuera sin mí porque mi padre exponía en Sevilla, y esto era verdad, pero también porque tenía que hacerme más pruebas. Esto estuvo muy mal y no se debe hacer nunca. Porque ese sufrimiento que yo tenía vivirlo sola fue muy duro; y además tampoco preparas a tu familia de lo que puede o no venir.

P.- Y lo que vino es que a la salida del quirófano el médico le dice a tu marido que te quedan dos meses de vida.
R.- Sí, imagínate el shock. Allí estaban también mi padre, algunas de mis hermanas y mis suegros. Y fíjate qué cosa más curiosa me pasó estando en la UCI. Recuerdo que entró un hombre, me dijo que era un amigo de mis suegros, y me dio un Niño Jesús de Praga de cristal, me lo puso en la mesita. Y mi suegro siempre dijo que lo que ocurrió fue un milagro.

Paloma Gómez: La clave es Vivir

P.- ¿Hasta qué punto es importante la actitud?
R.- Es fundamental, pero cuidado con esto. Porque yo he visto irse a gente super alegre y optimista. Cuando te diagnostican un cáncer tienes dos opciones: o la enfermedad  domina tu vida, o tú dominas al cáncer, porque si eso va a acabar con tu vida, tú debes vencerla con tu actitud. Y esto es así con el cáncer y con cualquier otra enfermedad que se padezca. Hay que ser feliz a pesar del contexto de tu vida.

P.- Estar feliz cuando todo va bien es importante pero cuando las cosas se tuercen…
R.- Nadie sabe cómo va a vivir su vida ni lo que le va a pasar, pero ver a las personas que tienen ese diagnóstico encima y que tienen alegría de vivir es maravilloso acercarte; porque mientras haya vida ¿de qué sirve lo que te diga el médico? ¡Vive! Y esto le pasó a un buen amigo, que celebró su 50 cumpleaños, a la semana se casó y a la semana, murió. Y lo hizo viviendo hasta el último momento, disfrutando de su vida hasta el último día a pesar de sus diagnósticos. Porque la vida se trata de vivirla.

P.- ¿Qué opinas de la eutanasia?
R.- Soy muy partidaria de los Cuidados Paliativos porque lo he visto. Y lo que no se puede tener es a una persona llena de dolor; o de efectos secundarios que no te dejan vivir. Creo que por desgracia en España al final de la vida no se cuida a los pacientes como se les debería de cuidar. La gran mayoría de las personas que por el sufrimiento o la desesperación podrían pedir una eutanasia, no lo harían de estar bien cuidados y teniendo a su disposición unas unidades de paliativos que cubran todo ese sufrimiento tanto emocional como espiritual como físico que le produce su enfermedad.

P.- Pero te pregunto por la eutanasia en sí.
R.- “No estoy de acuerdo” y lo digo así, entre comillas. 

P.- ¿Por qué?
R.- Tú bien sabes que yo trabajo mucho con pacientes terminales y te aseguro que tan solo una vez una chica le dijo al médico que se quería ir, y el médico pensó que se refería a su casa, y ella me dijo que le pedía la eutanasia. ¿Sabes por qué? Me confesó que le habían dado dos meses de vida; y había amoldado todos los proyectos de su vida a esos dos meses y ya los había concluido todos; había perdido el sentido a su vida. Lógicamente esa persona no te pide la eutanasia, aceptó con ayuda a seguir su vida; y murió sin eutanasia. Lo horrible es que no haya una buena oferta de paliativo.

P.- Tú además tendrás muchos ejemplos de esto.
R.- Sí, el mayor lo tuve con mi padre. Recuerdo que él estaba sufriendo mucho, sin poder respirar, ver cómo se ahogaba fue horrible, pero llegó en ambulancia una unidad de paliativos y murió en paz y sin sufrimiento. La eutanasia te va cambiando la mentalidad; y al final ocurre como a esa familia belga cuya primera opción era la eutanasia. Porque estando bien atendidos, la gente se agarra a la vida de una manera extraordinaria, no tienen ganas de morir. Esta ley de eutanasia ha sido fatal porque además se ha hecho por la puerta de atrás y en este contexto en el que lo prioritario era dotar de una servicio de Cuidados Paliativos accesible y general que es lo que de verdad necesita el paciente.

Paloma Gómez: Saber pedir ayuda

P.- Imagino que cuando a un paciente se le diagnostica cáncer, está muy perdido.
R.- Muchísimo. Yo llegué a esta enfermedad con ventaja porque yo ya era voluntaria de AECC cuando me diagnostican; y para mí fue una gran ventaja que durante todo el camino me acompañara Juan Carlos. Por lo general las personas llegan sin saber absolutamente nada, y por eso yo animo tanto a quienes les diagnostican cáncer que por favor acudan a la AECC.

P.- ¿Por qué crees que puede haber esa cierta reticencia?
R.- Porque se piensa que solo hay enfermos terminales o tristeza, pero no es así. Se ofrece apoyo, información, personas que han vivido lo mismo que tú, tus mismos miedos e incertidumbres, y te sientes muy comprendida porque quien te atiende es una person que se ha enfrentado a tus mismas inquietudes. El médico te pone tu tratamiento y va a tratar tu enfermedad estupendamente, pero ya está.

P.- Antes me hablabas de priorizar. ¿En qué sentido? 
R.- Porque de lo contrario entramos en una vida monótona. Y cuando digo valores, no me refiero a palabras vacías; no. Hablo de que en esta vida la gente que te rodea, las personas con las que te cruzas tienen que moverte y provocarte sentimientos que te hagan actuar e implicarte. Las relaciones personales existen para eso, para que la persona actúe. Si a mi amigo le pasa esto, ya se preocupará su madre; pues no. Implícate que para eso eres su amigo. Si tú de verdad te preocupas de verdad de lo que le pasan a las personas tendrás una vida plena.

Paloma Gómez: Prioriza siempre

P.- Cuando miras atrás en este sentido, ¿cómo te ves que has sido con tus hijos?
R.- He intentado ser justa y comprometida. Les he querido enseñar que hay que ayudar, a los demás, ceder, ya sea el paso o las decisiones; que seamos responsables y buenos ciudadanos. Quizá habré sido un poco burra, porque no me ha importado si han tenido amigos delante o no, pero he intentado educarles en valores auténticos. Lo más importante es que sean personas coherentes, responsables y muy justas.

P.- ¿Educación con palabras o con ejemplos?
R.- Esto que te digo me lo han visto hacer a mí. Priorizar y preocuparte por los demás. Si tienes una amiga que se está apagando, que le queda poco; tú lo dejas todo por ella y se tiene que entender. También es cierto que yo esto me lo he podido permitir.

P.- ¿A qué te dedicabas?
R.- Yo digo que siempre he copriorizado. Desde que empecé a estudiar psicología estuve trabajando con unos niños de necesidades especiales. Mi cuñado, que era piscológo en un colegio, me dijo que había unos niños que necesitaban ayuda. Y a mí los niños me encantan. A raíz de aquello entré en tres colegios y estuve con niños que eran disléxicos, otra niña que a raíz de una rubeola se quedó sorda. Y yo a esos niños en esos colegios les daba educación especial.

P.- Tenía que ser muy enriquecedor.
R.- Muchísimo. Además fíjate, que yo soy disléxica; y yo aplicaba un método para promover la confianza en ellos mismos, y no seguía el método del palito, que por lo menos eso conmigo no servía absolutamente para nada. Lo que no sé es cuando estudiaba, porque salía de clase a las 3, me iba al colegio y por la tarde iba a dar clases particulares, recuerdo especialmente una en la que había dos hermanos, a una le daba refuerzo para su dislexia, y al pequeño maduración cerebral. Y esto me encantó, fue un aprendizaje extra durante toda la carrera.

P.- ¿Cómo fue tu trabajo en las Tres Mil Viviendas?
R.- Me encantó. Fue maravilloso. Además yo siempre había sido muy atrevida, recuerdo una vez que puse a las niñas del barrio a jugar al fútbol; estamos hablando de finales de los ’70. Las madres cuando nos vieron vinieron detrás de mí a pegarme, y el maestro me tuvo que esconder (risas). Lo recuerdo con mucho cariño aquellas practicas de Tiempo Ocupacional, lo repetiría sin duda.

Paloma Gómez: Mi Historia

P.- ¿Eres de Sevilla?
R.- Nací en Madrid, pero mi padre es sevillano. Todos mis hermanos mayores nacieron en Sevilla, después trasladaron a mi padre a Madrid, y ya nacimos ahí mi hermana pequeña y yo. 

P.- ¿Qué recuerdos tienes de aquel Madrid?
R.- Te hablo de 1977, yo aún iba al Instituto, y el mío era el Beatriz Galindo, en calle Goya; aquel que estaba justo en frente de la cafetería California 47, donde siendo yo estudiante estalló una bomba del GRAPO. Recuerdo vivir con mucho miedo, un día oías un tiro, otro te informaban de muertos…

P.- Tú viviste esa historia reciente de la que poco se habla.
R.- Sí, a mí me resulta un poco chocante que se hable tanto de Madrid y La Movida y tan poco de esto. Que sí, que La Movida estuvo fenomenal, pero antes de eso hubo un tiempo de una inseguridad enorme. Además había unos enfrentamientos entre la extrema izquierda y la extrema derecha que eran horribles. Recuerdo cuando iba a coger el metro y yo tenía que pasar entre los de la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores) y Fuerza Nueva, que todos los días terminaban a guantazos y palos.

P.- Al hilo de esto que me cuentas, ¿crees que hay una parte de la historia que no se cuenta y no se reconoce?
R.- Totalmente, la historia la cuenta cada uno como cree cada uno que es; y que al contarla se piensa que es la historia objetiva, y no es así. Hace un tiempo y no sé cómo, me llegó un estudio sobre la subjetividad y la objetividad; y era muy curiosa porque ante situaciones totalmente subjetivas la gente las valoraba como objetivas. Yo siempre digo que hay tanta historia como personas que la cuenten.

P.- ¿Por ejemplo?
R.- Mi padre, aunque es sevillano, su padre y sus raíces son cubanas. En una ocasión fuimos mis hermanas con mi padre a Cuba. A la vuelta tenías que escuchar a cada uno contar la historia de este país. Y somos hermanos, y hemos ido en el mismo momento y con mi padre. Parecía que cada uno hablaba de un sitio distinto. Y esto es porque tú te centras en ti y en lo que tú quieres ver. A ver, es obvio que Cuba es un país con un régimen autoritario, eso por supuesto. Pero por ejemplo una hermana mía volvió con ese “qué horror” por la situación política; y yo con la personalidad del cubano “qué maravilla” y pensando que ese carácter propio del cubano se puede perder si se convierte como el resto de países que lo rodean.

Paloma Gómez: Humanos y Libres

P.- Entonces qué queremos, ¿arte o libertad?
R.- Siempre libertad.

P.- ¿Crees que estamos perdiendo libertad?
R.- Cada vez estamos menos libres, pero además por el miedo. No están metiendo el miedo y eso está justificando la perdida de libertades que estamos padeciendo. Vivimos una pandemia, vale. Pero no nos cuestionamos nada y vamos como borregos. 

P.-  ¿Por qué dices que debemos cuestionarnos las las medidas?
R.- Porque antes que la norma está la atención a la persona, la humanidad. Las normas tienen excepciones para poner en evidencia ese sentido de atención y servicio; y eso es lo que ahora nos falta. Y es algo que he visto en centros de salud, en colegios, en muchos sitios donde debe primar el cuidado y el respeto al ser humano. Es muy triste. Esto te plantea que en qué ha quedado el valor de la persona. 

Paloma Gómez: Todo por Amor

P.- ¿Por qué regresas a Sevilla?
R.-  Por amor. Había conocido a Quisco, que aunque es de Fuengirola, en aquella época estaba en Sevilla. Yo estaba enamorada de él, así que aproveché la tesitura y los tiempos convulsos que vivimos en Madrid para pedirles a mis padres estudiar la carrera en Sevilla donde, además, tenía dos hermanas y aún vivía mi abuela.

P.- ¿Quién te acogió?
R.- Yo quería irme con mi hermana, pero mi padre me dijo que no, que con la abuela. Y mi abuela, que estaba viuda, era muy estricta. Doña Margarita, de cena a las 9. Y yo que salía de las clases particulares a las 8, me iba corriendo a tomarme una cerveza rápido con mi novio que si no mi abuela no me dejaba cenar. Aunque claro, después a escondidas sin que me viera, me iba a la nevera (risas). Ahora, los fines de semana sí que me iba a casa de una de mis hermanas para poder salir de juerga. 

P.- Dice la copla que en Sevilla hay que morir.
R.- A mí me encanta Sevilla, de hecho quería casarme allí, pero al final tuvo que ser en Madrid. Por logística con mi familia y porque soy muy facilona y mi padre me lo pidió y bueno, a un padre no se le dice que no. Me casé en la iglesia de San Patricio, en La Moraleja. Fue la iglesia más pequeña que encontré porque a mí no me gusta ser el centro y eso de ir por un pasillo y que te vayan mirando, yo me muero. Lo pasé mal por eso el día de mi boda; para nada fue el día más feliz de mi vida.

P.- ¿Cuál fue el día más feliz?
R.- No lo sé, porque creo que no puedo hablar de un solo día. Tengo muchísimos días felices en mi vida. Dicen que cuando das a luz, yo ese día no lo considero el más feliz; pero el hecho de ser madre de mis tres hijos ha sido maravilloso y muy feliz. Y de mirar y ver a tu hijo y decir “pero bueno; este milagro, ¿qué es?” 

Paloma Gómez: La Maternidad

P.- ¿A ti te cambió la maternidad?
R.- Yo tenía instinto maternal mucho antes de ser madre. Fui tía con 14 años, porque somos 8 hermanos y yo soy la séptima. Antes de casarme ya tenía 10 sobrinos, y ejercía de tía de verdad, que se iban los padres de viaje y yo me hacía cargo de los niños. Es distinto por que ya te haces una idea de lo que era tener un bebé. Yo creo que ahora te cuentan todo lo bonito de la maternidad pero después tienes tu niño y sobre todo el primero que viene a cambiarte la vida, y de verdad te cambia absolutamente todo.

P.- Tener sobrinos siendo adolescente da muchas anécdotas.
R.- Sí, (risas) muchísimas. Hablando con una amiga hace tiempo me recordó una que yo había olvidado: “Paloma, ¿te acuerdas de cuando cuidábamos a tus sobrinos y le metíamos el chupete en anís?” Yo me quedé muerta porque lo había olvidado por completo y gracias a Dios que el niño no ha salido alcohólico porque si no la responsabilidad… (risas).

P.- Quizá por eso mismo, por el mal recuerdo; aunque esa práctica de mojar el chupete en coñac era habitual antiguamente.
R.- Anda, pues de ahí viene lo de encoñao, no había caído yo en eso (risas) pues mira tampoco lo he hecho yo tan mal con mis sobrinos (risas). Tengo muchos recuerdos de días felices. Me encanta disfrutar de la vida, de tantas situaciones tan bonitas, y por eso creo que he tenido muchísimos días felices.

P.- ¿Se nos olvida a las personas que todos los días tenemos la oportunidad de ser feliz?
R.- No es tanto que se nos olvide ser feliz, sino de recordar que tenemos la capacidad de serlo. Creo que hay personas que van felices por la vida incluso el día más duro. Recuerdo cuando a mi madre le diagnostican cáncer de colon, y yo, que entonces tenía 27 años, lo oí saliendo de la habitación y escucho que le quedan dos meses, para mí fue muy duro. 

P.- ¿Qué hiciste en ese momento?
R.- Recuerdo que salí corriendo, y literalmente me fui corriendo a casa de una amiga; y poder contar con esa amiga que te acoge y con quien vuelcas ese dolor es una suerte, y es motivo de felicidad. A pesar de todo. Y bueno, el médico lo clavó; porque mi madre murió a los dos meses.

P.- Con este precedente, y que años después a ti te den dos meses…
R.- Pues solo pensaba en mis hijos y en dejarles claro lo que para ti tiene valor, lo importante de la vida. Y solo me encargué de vivir y priorizar. Ahora veo a mis hijos y estoy muy orgullosa de ellos; no presumo porque nunca me ha gustado presumir pero los veo tan valiosos a los tres, y cada uno es distinto, ninguno tiene que ver con el otro; pero me llenan y me hacen sentir mucho orgullo.

Paloma Gómez: Amor Incondicional

P.- Y vivir felices.
R.- Eso siempre, y para ello hay que ser coherentes, aunque los demás digan lo contrario o te lo quieran impedir con normas que se alejan de la humanidad y de ese trato que se merecen todas las personas por el hecho serlo. Cumplo las normas, de acuerdo, pero sí debemos cuestionarnos las cosas para ser coherentes.

P.- Tú que vienes y has formado también familia numerosa, ¿hasta qué punto son importantes los hermanos?
R.- Nosotros somos una gran familia, hasta este año siempre nos hemos reunido 50 personas en Navidad. Y esto se lo debemos a mis padres, que nos educaron en el amor incondicional. Si a ti te molesta esto de tu hermano da gracias a Dios por no tener ese defecto que tanto te molesta pero acepta a tu hermano tal como es. Y nunca nos permitieron ni una crítica a nadie.

P.-El amor por encima de todo.
R.- El amor incondicional, sí. Y eso lo hemos vivido mucho en mi familia porque cuando yo tenía 13 años uno de mis hermanos cayó en la droga. Y eso fue durísimo. Él tenía 17 años y todo comenzó cuando en la Universidad tuvo su primer suspenso, él que era un niño de todo sobresaliente. Ahí comenzó a tomar unas pastillas para estudiar. Y es lo que hablamos, el miedo, la inseguridad…

P.- ¿Hasta qué punto te marca esto en tu vida?
R.- Muchísimo. Aprendes a vivir alrededor de un hermano con este problema y que nunca lo superó. Él deja de drogarse pero bebe alcohol. Y todo visto con la perspectiva del tiempo y ves esa lucha de esos padres que de forma incansable hacen todo lo posible para que salga de ese mundo de adicciones y lo hacen con tanto amor. Y ves esas recaídas…

Paloma Gómez: La familia

P.- Debió de ser muy duro.
R.- Sí, pero ves el valor del amor y de la familia. Mi hermano vivió en la calle, en el mismo barrio donde vivía mi hermana Marga que era quien siempre estaba pendiente de él y del vagabundo moribundo al que acompañaba mi hermano hasta que moría y entonces iba con otro a quien consolar. Manolo era un hombre muy muy bueno. Vivía en la calle pero dormía en una pensión de por allí y los dueños de la pensión le querían mucho porque la hija de este matrimonio murió por las drogas. Me emociona mucho hablar de mi hermano Manolo… Su época en Madrid y toda su vida, fue dura. Allí también coge la tuberculosis y lo ingresan en la Fuenfría.

P.- Imagino el dolor de tu madre.
R.- Sí, mucho. Ella le dijo una vez que ya le había quedado claro que no estudiaría ni trabajaría, pero le dijo “no quiero perderte nunca”; y así fue porque nos enseñó bien a amarlo y cuidarlo. Ella dejó dicho que su casa de aquí debía ser para su Manolo, y tal cual. Él quiso venirse a vivir aquí y me lo traje una temporada a mi casa a vivir con mi familia hasta que ya le arreglamos la casa de mis padres. Mi padre siempre le pagaba un restaurante donde comer y después lo hicimos el resto de mis hermanos. Hemos estado pendiente de él. Y mis hijos han querido siempre a su tío Manolo. Y los recuerdos que todos los sobrinos tienen de él son maravillosos.

P.- La importancia de la familia.
R.- Es lo más valioso. Ni mis padres renegaron de su hijo ni nos permitieron hacerlo a nosotros, ni si quiera poner nunca una mala cara. Nos enseñaron a acoger porque esta vez fue mi hermano, pero podría haber sido yo o cualquiera; como tantos que cayeron en aquella época que fue horrosa.

P.- Muchos, creo que en casi  todas las familias hemos tenido una experiencia similar a esta.
R.- Sí, y recuerdo aquel mes de julio del año 1994. Y yo siempre que me iba de Fuengirola me despedía de Manolo: Me iba con otra hermana mía a los Sanfermines, y estando allí nos llaman y nos dicen que ha fallecido. Y esta es la herencia más grande de mis padres, que los hermanos estemos para todo y me encanta comprobar que he sabido enseñarle esto a mis hijos y ver que esa misma complicidad la tienen entre ellos.

P.- ¿Cómo se toma el café Paloma Gómez?
R.- Me gusta el café americano sin azúcar, y pido el agua aparte; y lo pido así desde que fui a una cata del Café Central y me dieron muchos trucos y también me enseñaron a hacer en casa un buen café.