Ruiz Villafranca: “Será difícil frenar la epidemia del SIDA mientras siga habiendo discriminación”

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida, comúnmente llamado SIDA, es una de las epidemias más devastadoras de toda la historia. En el mundo casi 38 millones de personas viven con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Sólo en 2013 se produjeron casi dos millones y medio de nuevas infecciones y más de un millón y medio de personas fallecieron por causas asociadas a esta enfermedad. El próximo 1 de diciembre se celebra el Día Mundial en la Lucha contra el SIDA, por esta razón hemos querido hablar con un experto en la materia. David Ruiz Villafranca es farmacéutico y trabaja en Ginebra con la Alianza Internacional contra el VIH y SIDA como Asesor Senior de Políticas. Anteriormente su empeño se ubicaba en Ecuador, Guatemala y Panamá, donde se encargaba en la ONU de apoyar las respuestas nacionales al Sida en América Latina.

David Ruiz Villafranca trabaja en la lucha contra el SIDA

David Ruiz Villafranca

En los últimos años se ha avanzado en el tratamiento de la enfermedad, ¿hay esperanza de que se pueda llegar a curar?

Desde hace algo más de 20 años se ha venido trabajando en lograr una vacuna, sin éxito. En 2009 se arrojaron los resultados de los estudios con la vacuna RV144 en Tailandia, de una eficacia del 31%, aún poco prometedor, pero esperanzador. En 2013 la investigación en vacunas vio su presupuesto reducido considerablemente. A día de hoy hay más de 20 ensayos en marcha que necesitarán esperar unos años para ver su eficacia. Aún queda mucho camino por recorrer.

En relación al tratamiento, ciertamente se ha avanzado mucho. La terapia antirretroviral revolucionó la respuesta al VIH a partir del 1996. Trajo esperanza y devolvió la vida a muchas personas a las que se le dieron sentencia de muerte. Hoy día, las personas que reciben tratamiento de calidad pueden llegar a tener sus niveles de carga vírica casi indetectable, y por tanto menos riesgo de infectar a otros/as; esto hace que el tratamiento se esté usando también como estrategia preventiva. Por ejemplo, recientes ensayos clínicos con tenofovir/emtricibacina han confirmado que esta combinación funciona como profilaxis pre-exposición (PrEP). Esto pudiera ser un avance muy importante para las personas VIH negativas que están en riesgo. Imaginemos una trabajadora del sexo o una persona trans en un contexto de vulnerabilidad donde no puede negociar el uso del condón, o incluso son violadas… el uso de PrEP puede evitarle la infección. Existen grandes desafíos con el PrEP, principalmente el tema de la adherencia, que es clave para el éxito.

Sin embargo existen grandes retos a día de hoy, pues 22 millones de personas no acceden a tratamiento antirretroviral a nivel mundial. El acceso a equipos de diagnóstico, y a tratamiento a precios asequibles siguen siendo grandes retos, junto con la necesidad de fortalecer los sistemas de salud y comunitarios.

“El VIH no solo es un problema médico, sino también socio-estructural”

Hace años VIH era sinónimo de muerte, hoy apenas se habla de Sida, ¿a qué se puede deber?

Yo creo que esto puede deberse a varios factores, y quisiera resaltar tres; en primer lugar, existe la falsa percepción que el Sida ya no representa un problema de salud pública; si bien es cierto que se ha avanzado mucho, aún cerca de 40 millones de personas viven con VIH, y cada año 2 millones de personas se infectan de VIH en el mundo. Esto, unido a los esfuerzos durante más de 30 años de historia de la epidemia ha causado cierta fatiga por parte de gobiernos, donantes y otros actores a poner el VIH en su agenda política. En segundo lugar, el descubrimiento de los medicamentos antirretrovirales ha conseguido que las personas con VIH no lleguen a desarrollar Sida y que por tanto VIH deje de ser sinónimo de muerte. Este ha sido uno de los logros más importantes en la historia del Sida, gracias a los cuales hoy podemos visionar el fin del Sida. Sin embargo, esto ha provocado una “medicalización” de la epidemia y el abandono de las estrategias de prevención. Y en tercer lugar, el VIH implica hablar de temas que para muchas sociedades o comunidades siguen siendo un tabú: sexo, salud sexual y reproductiva, drogas, desigualdad, violencia de género… Desde los inicios de la epidemia, el VIH ha impactado principalmente a las poblaciones más marginalizadas y estigmatizadas, y en muchos contextos éstas no pueden gozar de sus derechos más elementales. El VIH no solo es un problema médico, sino también socio-estructural.

¿Qué población está en peligro de padecer Aids?

Yo diría que todos y todas estamos en riesgo de adquirir VIH; esto depende de numerosos factores, tanto individuales (comportamiento) como estructurales (sistemas de salud fuertes, leyes y políticas de un país…). Sin embargo, la historia del Sida evidencia que aquellas poblaciones que históricamente han sufrido discriminación y que viven en situaciones de marginalización son las personas más vulnerables a adquirir el VIH. La población de personas transgénero, usuarios de drogas inyectables, trabajadores/as del sexo, hombres que tiene sexo con hombres y población gay han sido y son gravemente impactados por la epidemia desde el comienzo, siendo . Esto es debido, sobre todo, al estigma y discriminación que estos grupos sufren y a la falta de políticas y leyes que puedan asegurarle el disfrute de sus derechos. El hecho que una persona transgénero tenga más probabilidades de contraer el VIH que la población general (49 veces más) no se debe al hecho de ser transgénero en sí, sino al hecho de ser discriminada, estigmatizada y a la continua violación de sus derechos humanos, incluyendo exclusión del sistema de salud, educación, vivienda, trabajo… Pero también, los y las adolescentes y jóvenes (entre 15-24 años) son gravemente afectados representando un 34% del total de casos de VIH a nivel global.

Siendo una enfermedad que se puede evitar, ¿por qué seguimos encontrando casos de VIH en nuestra sociedad?

Yo resaltaría tres factores:

  • Uno el abandono de políticas e inversión en prevención tanto en población general como específica para poblaciones clave en mayor riesgo; por ejemplo, la mayor parte de personas diagnosticadas de VIH lo son en estadios muy avanzados, ya en fase Sida y con las defensas muy mermadas, es decir, la gente casi no accede a hacerse la prueba.
  • Dos, la existencia de un marco legal y político que no protege a poblaciones clave. Por ejemplo, si un joven de 15 años para hacerse la prueba del VIH requiere el acompañamiento de sus padres, muy probablemente decida no acercarse a un centro de salud. O si un sistema educativo no cuenta con educación sexual y reproductiva, los y las jóvenes carecerán de herramientas para protegerse frente al VIH y otras infecciones de transmisión sexual. Pensemos en la vida de una persona trans en Centroamérica que huye de su país por el estigma en su familia y en su ámbito más cercano, incluyendo la escuela. Al llegar a otro país opta por ejercer el trabajo sexual para subsistir, pues no logra ser contratada para ejercer otro trabajo. Esta persona además no puede acceder a ningún servicio, pues no se reconoce su identidad de género. Y es ejerciendo el trabajo sexual donde muchas se infectan con el VIH. Sus clientes son, en mayoría, hombres heterosexuales, quienes hacen de vehículo del VIH. Este no es el caso de una trans, sino de muchas de ellas, de toda una comunidad. Y que tiene alguno parecidos, en cuanto a factores de exclusión, con otras poblaciones.
  • Y el tercer factor es la inequidad. Estamos en un mundo cada vez más desigual, en el que la mitad de la población más pobre solo tiene un 10% de la riqueza global. La marginalización, inseguridad, la inequidad de género… Cualquiera sea su forma, tiene un impacto importante sobre el VIH.

“Mientras exista la epidemia del estigma y la discriminación, será muy difícil frenar la epidemia del Sida”

¿Cómo debemos actuar para que se cumpla la expectativa de la ONU de que en 2030 se erradicará por completo el sida?

ONUSIDA, que es el programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH y Sida, está dando una guía a los países para erradicar el Sida en el año 2030. Y consiste en que los próximos cinco años se alcance el siguiente objetivo: el 90% de personas que viven con VIH sean diagnosticadas, 90% de las personas diagnosticadas sean puestas en tratamiento y 90% de las personas que reciben terapia alcancen supresión viral. Si esto se consigue, el fin del Sida será posible para el año 2030. Además, está proponiendo una mayor atención a la prevención combinada y llama a los países a lograr la meta de cero discriminación.

Para que esto sea posible es necesario una verdadera movilización política y poner el VIH en la agenda política de todos los gobiernos y fomentar la solidaridad internacional de forma que los gobiernos puedan invertir recursos para poner fin al sida. Con la firma de la agenda de desarrollo sostenible este mes de septiembre en Nueva York los estados miembros reconocen que el fin del Sida es posible; ahora solo queda ver cómo se traduce esta agenda política en acciones concretas.

REDLACTRANS en una marcha en Guatemala para demandar el final de la transfobia en américa Latina : Imagen Aldo Fernández REDLACTRANS

REDLACTRANS en una marcha en Guatemala para demandar el final de la transfobia en América Latina/ Imagen Aldo Fernández REDLACTRANS

¿Crees que las personas que padecen Aids ya son tratados como iguales, se les ha dejado de tener miedo por infección?

Creo que se han dado avances importantes pero aún hay mucha estigma hacia las personas que viven con VIH en distintos ámbitos. Por ejemplo, si en una junta de padres y madres de un colegio un profesor comenta abiertamente que vive con el VIH, ¿permanecerán los padres y madres indiferentes?

En muchos países existen leyes que discriminan a las personas que viven con el VIH: por ejemplo, a día de hoy existen 36 países que imponen algún tipo de restricción a la entrada de personas con VIH, o países que criminalizan la transmisión, se les deniega acceso o a seguros de vida o salud y con ello se les deniega el acceso a propiedades… Esto es una evidencia que aún existe discriminación. Mientras exista la epidemia del estigma y la discriminación, será muy difícil frenar la epidemia del Sida.

Su carrera ha estado y está muy vinculada a la cooperación al desarrollo, ¿cómo comenzó su lucha por el cambio?

Es difícil decir cuándo algo comienza. Pero yo diría que el acercamiento a las poblaciones marginalizadas y excluidas en América Latina ha sido uno de los acontecimientos que sin duda han guiado, y siguen guiando, mi camino personal y profesional. Aún siento que estoy comenzando. El mundo en el que vivimos cambia cada vez más rápido; se dan numerosos avances científicos y sociales, y los que tenemos alcance a ellos tenemos que hacer que éstos lleguen a todas las personas. Poner lo que esté en nuestras manos para que todos y todas tengan acceso a los servicios que necesitan es una misión preciosa y justa.

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