Sensación de Vivir

Seguro que recuerdas esta serie y el bombazo que supuso en los años 90. La pegadiza melodía de su cabecera te mostraba mientras sonaba a gente sonriente; aparentemente feliz. Si fuiste fan de este culebrón norteamericano aquello de felicidad, poco.

He recordado esta serie porque a veces me pregunto qué sensación tengo de vivir. En mi divagar también cuál tendrán los demás. Sobre todo pienso en aquellos que han perdido la esperanza. En esos que dejaron de confiar en que las cosas tienen arreglo. Por que las cosas siempre se arreglan, aunque duela, todo pasa. Por desgracia, no todos lo ven así.

Pienso en los que se sienten solos, abatidos y olvidados. Abandonados a su suerte sin saber cómo escapar de la espiral de dolor en la que se encuentran atrapados. Y es entonces cuando recuerdo todas aquellas llamadas a Emergencias antes del boletín informativo. Se me parte el alma.

El suicidio es ese tabú del que no se habla para evitar réplicas en aquellos que dudan dar el trágico paso; pero que a su vez, al no tratarlo se convierte en el eterno problema con el que convivimos. Confiando las familias en saber detectar a tiempo una conducta suicida. Imposible. Eso solo lo detecta un profesional.

Cada 10 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. La primera causa de muerte no natural de España. Y precisamente hoy, cuando se intenta luchar para prevenir esta lacra social, este terrible problema que deja destrozadas a miles de familias cada año; se lleva al Congreso la propuesta de ley para el suicidio asistido, la eutanasia.

En los últimos meses hemos cambiado la percepción de nuestro día a día, extremando nuestras sensaciones de vivir hacia aquello a lo que tendíamos. Hemos asumido restricciones de todo tipo para proteger la vida, sobre todo de los vulnerables.  Perseguimos alargar nuestra existencia aquí mediante distancias, sonrisas y lágrimas en los ojos y paños en los labios. Pero no podrán callar lo que debe decirse. Cuando falta tanta ayuda en cuidados y atención al enfermo es perverso promover el suicidio (asistido). Hacerlo el día en el que todo el mundo trata de prevenirlo no tiene calificativo ninguno.

El pueblo necesita una ley para proteger a quien necesita ayuda, al que sufre y padece, a quien tiene miedo, al que está solo. Tenemos abandonada la salud mental. Y vienen a rellenar ese hueco inerte a base de eslóganes vacíos como «A por ello» o «Todo saldrá bien». Pues no. Cuando alguien decide quitarse la vida no todo sale bien. Es duro ver a una madre llorar la perdida de un hijo. A un hijo lamentar que su madre se matara. La culpa de los familiares dolientes sobrevuela durante años con miles de interrogantes que nunca encuentran respuesta.

Por ellos y por los que se han ido cuando no les tocaba. Mi recuerdo y mi abrazo. Siempre.

image_pdfimage_print

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.