Tomás Melendo: “La cultura que nos envuelve no favorece el desarrollo humano”

Cuando conocí a Tomás Melendo su mujer (Lourdes Millán) ya le había hablado de mí y de esta sección. Por lo que la propuesta de entrevista tuvo un sí inmediato y yo solo quería buscar el momento más oportuno. Por  eso, cuando Timmy Ropero se refirió a la familia durante la entrevista que le hice (y que puedes leer aquí) pensé inmediatamente que  Tomás Melendo se tenía que tomar #UnCaféConPorras lo antes posible. Ya me venía yo confirmando desde hace unos meses  que «el mejor momento es ahora». Y así ha sido.

Descubrí en Tomás Melendo una persona amable y apacible que no tiene pelos en la lengua y habla claro y fuerte de sus convicciones. De su vida. Una persona coherente y sorprendente. Un espíritu joven que está deseando llegar a la jubilación para entregarse por completo a los cursos y formaciones familiares que él mismo, junto a su mujer Lourdes, pusieron en marcha a finales del siglo XX.

Tomás Melendo se toma un CaféconPorrasDoctor en Educación y filosofía por la Universidad de Navarra, el Profesor Tomás Melendo Granados, Catedrático de Filosofía en la Universidad de Málaga, busca que la sociedad piense pero sobre todo, que ame.

Lleva más de 20 años ayudando a familias de todos los rincones del mundo. Fundador y Presidente de la Asociación Edufamilia; la cual propone  cursos y talleres para profundizar en la tarea de vivir y amar, y de los que tienes más información en este enlace. Ha publicado más de 80 libros en solitario y ha colaborado en más de 140 publicaciones y artículos de investigación.

Me resulta imposible resumir a una persona como él. Pero sí os traigo una entrevista hecha con mucho mimo y cariño. Este es mi regalo de Reyes y que espero os guste. ¡Ah! Y atentos al video, pues tenemos al primer espontáneo que os lo muestro sin filtros. Ya sabéis que esta primera parte de la entrevista, como dice Alejandro Sanz de la música, no se toca.

Tomás Melendo: La Filosofía

P.- Toda una vida dedicada a la filosofía. ¿Ha observado evolución en la percepción que se tiene en la sociedad de esta disciplina?
– Antes pensábamos más. Yo recuerdo que en mi juventud nos reuníamos una vez a la semana, primero amigos, y ya después amigos y amigas; que nos planteábamos cuestiones de fondo que nos ayudaran en nuestras vidas. Era una reunión temática y esto nos unía mucho. Hoy lo que ocurre es que no se para uno a pensar. Hay un exceso de información, una enorme velocidad de la imagen y los chicos no piensan. 

P.- ¿Y usted les hace consciente de esto, de que no piensan?
– Por supuesto. Los alumnos cada vez saben menos, lo cual para mí es muy beneficioso; porque están más abiertos. Y les hago saber que no piensan para que aprendan a hacerlo. Al no haber pensado nunca, se repite lo que se oye más veces creyendo que es un planteamiento propio. Por eso precisamente ahora vamos a empezar a pensar; y lo hago a través de un paradigma: “Nunca hables de lo que no vives y todo lo que estudies intenta llevártelo a la vida”.

P.- ¿Empieza su asignatura siempre de la misma manera?
– Sí, el primer día después de contarle quién soy, que quiero mucho a Lourdes y que tengo 7 hijos; les digo que no tengo ningún interés en que piensen como yo. Tengo mucho interés en que piensen, a secas, y muchísimo más en que conozcan. Son términos diferentes. Yo no quiero autómatas, quiero personas que sean capaces de ver lo que hay en el entorno y llevarlo a su vida. Les pido que se alejen de la verdad apropiada y que sepan encontrar su propia verdad. Tu vida refleja tu filosofía, la verdadera no la que se te da en la universidad.

P. – ¿A qué se refiere?
– Los profesores de filosofía hoy dan las clases en un mundo y las cobran en otro. Lo que dicen no tiene nada que ver con lo que ellos viven. Por eso yo intento siempre enseñar a que piensen. Mi vida es la filosofía y la filosofía es mi vida. Yo profeso un modo de vivir filosófico en el que pongo en juego todo mi ser para intentar entender lo que es mejor; y eso llevarlo a mi vida, a mi familia y amigos, y por supuesto a los alumnos, y así es como llega a la sociedad.

P.- ¿Le suelen preguntar sus alumnos sobre cuestiones que le inquietan?
– Sí, mucho. En ellos y su entorno veo la temperatura, los valores y las inquietudes de la juventud.

P.- ¿Recuerda alguna en concreto?
– Hace unos días al terminar la clase, un alumno me preguntó y expuso sobre cuestiones que había hablado con su padre: por qué ahora los jóvenes tienden a ir más al psiquiatra y al psicólogo, por qué la infancia se acorta y se adultiza a los jóvenes; por qué al entrar en la vida social nos enfrentamos a una carga para la que no se está preparado… 

P.- ¿Qué le transmitió con esta pregunta?
– Me demostró una inquietud que yo considero fundamental para el desarrollo de la persona; y es que efectivamente, la infancia no se vive hoy. Basta ver la televisión, pobres niñas de 9 años haciendo de actrices y otros en situaciones de adulto. Y la niñez es un momento central porque te da la confianza en la vida. También la adolescencia se alarga mucho, una época en la que la persona debe aprender a resolver los problemas de la vida y esta parte los padres han tenido mucho que ver intentando resolverle los problemas a los hijos.

P.- ¿Por qué no se ve como algo normal que alguien decida hacer la carrera de filosofía?
– Estudiar filosofía no se entendía antes como tampoco se entiende ahora. Mis padres no se opusieron pero ellos lo veían como algo muy extraño. Se ve como una carrera sin oportunidades profesionales; y eso no es así.

P.- En una ocasión recuerdo que le dije a un buen amigo “Filosofar no es lo tuyo”. ¿Es esto cierto? ¿Tenemos todos la capacidad de filosofar?
– Naturalmente sí, todos tenemos la capacidad y la necesidad. La filosofía espontánea surge para todo el ser humano, sobre todo cuando afecta a las emociones: al dolor, al amor; y es ahí cuando nos planteamos los grandes interrogantes ¿quién soy, hacia dónde voy, para qué estoy aquí? Esto es común a todos los seres. Lo que sí es cierto es que esta reflexión que se hace viene favorecido por el entorno; y el entorno actual no lo favorece.

Tomás Melendo P.- ¿Entonces ya no hay filósofos espontáneos?
– Los hay y los más asombrosos que he conocido son esas personas que trabajan en el campo, que han pasado la mayor parte de su vida en contacto con la naturaleza y que no han salido de su pueblo. Esas personas que han trabajado para sus hijos, para sus familias… Ellos tienen una filosofía natural muy profunda y te quedas maravillado de cómo dan en el clavo sobre  muchos aspectos. Y esto ilustra en gran medida que la cultura que nos envuelve no favorece el desarrollo humano. Si hoy piensas vas contracorriente.

Tomás Melendo: Educación y Familia

P.- ¿Hay pautas para poder reflexionar e incluso inculcarlo a los más pequeños?
– En materia de educación yo siempre digo que los hijos tienen un único derecho: a la persona de sus padres. Un derecho inalienable que se traduce en tiempo y en intimidad. Creo que la clave de la vida humana es que hayas tenido unos padres que hayan estado a tu lado, que te hayan dedicado tiempo, que se hayan puesto a tu altura, que hayan sabido escucharte y hacerte ver que confían en ti porque te han contado cosas. Esa relación interpersonal es la clave. Por eso cuando no le damos la persona lo sustituimos por regalos y concesiones y le permitimos cosas.

P.- ¿Qué supone la familia para la sociedad?
– No soy partidario de hablar de la familia como célula de la sociedad, aunque se le pueda sacar mucho partido, sino a la inversa. Lo importante es cada familia, en todos los sentidos. Nos hacemos y nos rehacemos en la familia. El lugar en el que aprendemos a lidiar en un entorno a veces difícil como es el trabajo, la calle; el lugar de, como dice el sociólogo Pierpaolo Donati, civilizar que es hacer familiar lo no familiar.

P.- Hace referencia a muchos pensadores. ¿Quién le ha marcado más?
– La expresión que más me ha guiado el pensamiento desde que me dedico a ello es de San Juan Pablo II: Como es la familia, así es la humanidad porque así es el hombre. 

P.- De hecho a San Juan Pablo II se le conoce como el Papa de la Familia. ¿Qué fue lo que aportó?
– Al igual que el diamante solo se pule con diamante, la persona solo crece con el contacto personal. Y esto se da en la familia. Son palabras de San Juan Pablo II reinterpretadas por mí. Por eso la clave de toda la humanidad está en la familia, en cada matrimonio. Y con los hijos, el amor de ambos; eso lo tienes que hacer crecer. Para un hijo lo más importante es que los padres se quieran entre sí. Y aún hay más: es necesario destinar un tiempo en exclusiva a cada hijo.

P.- Usted tiene 7 hijos. ¿Cómo lo ha ido haciendo?
– Yo tenía una tarde al mes para cada uno de mis hijos. Y en ese tiempo yo les contaba lo que me ocupaba y preocupaba, adaptado siempre a la edad de cada uno. Le pedía consejo y no le decía nunca “ahora cuéntame tú”. Le dejaba esa libertad de si quería me contaba y si no quería, no me contaba. Esa relación de ponerte tú en juego como persona para sacar lo mejor de sí mismo me parece que es la clave de una vida propiamente humana.

P.- La familia siempre es la clave. Pero, ¿por qué cree que resulta tan difícil la conciliación?
– Esa idea de conciliar familia y trabajo me pareció desde el principio mal planteada. Tiene que haber más bien una sinergia entre familia y trabajo. En la familia es donde se desarrolla una serie de habilidades y virtudes que luego se van a verter en la sociedad. Por eso la familia y el trabajo tienen que confluir.

Tomás Melendo: La Familia y el Amor

P.- Dice usted que la familia lo es todo. Hoy vemos muchos tipos de familia cuya columna vertebral es el amor. ¿Se le da importancia y valor hoy a la familia y al amor?
– No. Es cierto que familia y amor son nucleares; al menos para mí lo son. Y hoy lamentablemente nos encontramos con un problema operativo ante lo que es el amor. En el día a día. Porque no se sabe lo que es el amor ni se sabe amar. Hoy vemos un círculo vicioso y no virtuoso.

P.- Explíquese, por favor.
– Los padres que no saben amar no enseñan a sus hijos lo que es el amor. Esos hijos crecen sin saber amar. Y cuando llegan al matrimonio no se casan realmente porque dicen te amaré toda la vida pero esa palabra no tiene contenido. La tendencia hoy es estar más pendiente de sí mismo que del otro.

P.- ¿Cómo debe enseñarse el amor, el de verdad?
– Enseñarles desde pequeño a estar más pendiente del hermano;  del otro. Pero claro, esto es muy difícil cuando no tienen hermanos. Esta forma de entrega es clave también cuando llega el descubrimiento de la sexualidad. Si primero pensamos en nosotros, en satisfacernos a nosotros mismos.

P.- ¿Y esto es irreversible?
– Para nada. Todo esto es sanable. Pero debemos tener claro que cuando acostumbramos a un niño a estar pendiente de sí mismo, a ser el centro lo convertimos en un niño tirano. Cuando este niño llega a la pubertad y a la adolescencia lo vuelve a acaparar todo para sí. Por eso cuando llega al matrimonio; junto con la otra persona, deben encontrar ese proyecto personal y de vida basado en el amor.

P.- Estos son los conocidos como Curso de Orientación Familiar y Proyectos de Vida.
– Sí. Lourdes y yo llevamos muchos años ayudando a matrimonios y familias y nos ha pasado muchos veces que en la primera entrevista cuando hablamos con matrimonios “recientes” lo pensamos: Vosotros no os habéis casado porque seguís cada uno con mi yo y mi proyecto; y el otro te impide que tú realices tu proyecto. Es un egocentrismo a dos. Hay que dejar de decir yo y hablar de nosotros.

Tomás Melendo familia y amorP.- Al final la clave la tiene esa chirigota de los Carnavales de Cádiz “Lo que diga mi mujer”.
– Eso es tan real que he venido hoy porque me lo ha dicho Lourdes (risas). Pero es verdad. Es así como funciona un matrimonio en las dos direcciones. A mí no me gusta hablar de ceder. Ceder es una  palabra roñosa. Yo diría que es aprovechar la oportunidad que te da la otra persona de hacer algo que sabes que le gusta. Siempre que no sea algo malo en sí mismo. El motivo que tengo más grande para hacer algo es que a Lourdes le guste. Lo digo con toda sinceridad. Y a veces me encanta y a veces me cuesta. Pero es ella quien me mueve. Mi proyecto vital es ayudar a Lourdes a ser feliz.

P.- Hoy a los amigos se le suele llamar como la familia que se elige. ¿Sabemos elegir esa familia?
– Hoy la amistad es diversión. No habláis entre vosotros. Y yo entiendo la amistad como ese sentido de reunión para hablar de cuestiones comunes, en donde abres tu alma. Esa amistad no se cultiva hoy y es la que no veo entre vosotros los jóvenes. Esa amistad que yo sí veía en mis padres era tiempo ganado.

P.- Cultivar las relaciones.
– Exacto. Y la que más hay que cuidar y destinarle tiempo es a tu pareja. ¿Cuánto tiempo tienes destinado a pasar en exclusiva con tu marido? ¿Cuánto tiempo hace que no sales a solas con él? Para disfrutar y disfrutaros. Esto hace que el amor sea más jugoso.

P.- ¿Y eso cómo se trabaja día a día, en las prisas cotidianas?
– Al principio puedes apuntarlo en un papel o en la agenda con alarma y marcarte un objetivo: ¿qué puedo hacer hoy que le haga feliz? Ya con el tiempo esto sale solo y espontáneo.

Tomás Melendo: Familia y Amor de Dios

P.- Antes hacía referencia a los hermanos como clave para cultivar el amor entre los más pequeños. Pero la inestabilidad laboral, el difícil acceso a la vivienda, etc, frena esa creación y crecimiento de la familia entre los jóvenes. Que tengan hijos podría no ser lo más recomendable, ¿no?
– Depende. Cada persona y cada familia tiene un caso muy particular. Mi experiencia es que yo he tenido números rojos hasta hace muy pocos años y no me ha importado nada, nada. El motivo más importante para tener un hijo es el hijo mismo. Todo lo demás se queda muy lejos. Es la posibilidad de colaborar con Dios para traer al mundo a alguien que está destinado a tener un diálogo de amor con Dios por toda la eternidad. Si lo piensas despacio… 

P.- Dicho así, abruma.
– Cuando lo pienso, yo tiemblo. Es así. Esto esta fuera de cualquier otra comparación o compensación. Soy consciente de que hoy al hijo se le ve como un problema o un adorno. Un problema para mis planes o qué hijo más bien vestido y qué mono. No se le respeta en su naturaleza de que es una persona que tiene un destino maravilloso y que yo tengo que desaparecer excepto en la medida de ayudar a cumplir su camino de no retorno hacia la felicidad eterna.

P.- El 29 de septiembre de 2009 el Papa Benedicto XVI le nombra a usted junto a su mujer Lourdes Millán miembro del Consejo Pontificio para la Familia. ¿Cómo sucedió aquello?
– Todo surge hace unos 20 años cuando cree en Málaga los Estudios Universitarios sobre la Familia. El primer año fue presencial, pero el segundo Lourdes y yo implementamos la formación online. Era una locura 775 horas online, pero Lourdes insistió y fue lo mejor. Y ahí está el inicio de la historia de formar parte del Consejo.

P.- Pero de 1999 a 2009 pasan 10 años, ¿cómo lo consiguieron?
– Esto era algo por y para las familias, así que puse a todas las monjas de clausura de España a rezar. Les pedía a través de cartas que rezaran porque saliera este proyecto adelante. Porque además de mucho trabajo y mucho esfuerzo necesitábamos esa ayuda que sin duda fue lo que hizo que este curso fuera un éxito. Y en esta comunicación que empezamos también lo hicimos con el responsable de Vida y Familia de la Conferencia Episcopal; él fue quien años después nos propuso a Lourdes y a mí ser miembros del Consejo.

P.- Una oferta que no podía rechazar.
– Claro que no. Pero cuando 2 años después de proponernos al Consejo Pontificio para la Familia me llaman y me dicen que el Papa Benedicto XVI nos ha designado, lo primero que hago es ir a internet (risas). Y al final esto supone un plus de responsabilidad pero sobre todo un aviso de Dios de que estamos en el camino correcto. Muy gratificante.

P.- ¿Cómo se toma el café Tomás Melendo Granados?
– Aunque no me gusta el café, solo lo tomo con Lourdes en la sobremesa. Un momento que a ella le encanta y yo la acompaño.