Vanessa Jiménez: «No hay mejor forma de llegar a las personas que siendo tú, siendo humilde.”

Hace más de un año empecé a conocer de oídas a una mujer a quien quería mirar a los ojos y comprobar que, efectivamente, tenía una gran historia que contar. Cuando la conocí las expectativas se superaron y es un orgullo para mí haber hablado sin prisa y sin pausa con una gitana como ella. Serena y franca, con una enorme verdad y muchísimos valores que espero haber podido transmitir en esta entrevista. Gracias, Vanessa Jiménez. Por muchas cosas, pero sobre todo, por luchar con tanto amor por Dosta y por hacer de nuestra Málaga una ciudad mejor. Prometo cada año alzar mis ojos por ti al menos dos veces: el 3 de junio y el 12 de julio. Sastipen Talí.

Vanessa Jiménez: La necesidad de decir ‘Dosta’

P.- ¿Cómo surge decir ‘Basta’?
– El nombre de la Asociación surge de esa necesidad real de tantísimas niñas y mujeres no tan niñas que no llegan a cursar ni a terminar ningún estudio superior ni tan si quiera obligatorio. Y ahí buscábamos un nombre gitano, que es Dosta, precisamente para eso, para concienciar a niñas de que ya basta.

P.- ¿Por qué dejáis de estudiar a los 12 años las niñas gitanas?
– Ayer precisamente estuve escuchando un debate que dieron varias plataformas gitanas que hay aquí en España compuesto por científicos e investigadores de la comunidad gitana. Son tres factores fundamentalmente: el bajo nivel educativo de los padres, los centros escolares y el entorno social. 

P.- ¿En qué medida influye el nivel educativo de los padres?
– El bajo nivel educativo de los padres afecta bastante. Cuando llegamos a la ESO los temarios se complican muchísimo. Tú llegas a casa y si no tienes dinero para acudir a centros extraescolares que puedan guiarte en esas materias en las que vas mal, dependes de tus padres que te puedan echar una mano o de tu entorno social que te pueda ayudar. El factor ese de que los padres apenas tienen ese mínimo nivel de estudios hace que los niños también se desmotiven porque lo ven todo mucho más difícil.

P. – ¿Y los centros escolares?
– Me refiero sobre todo a esos centros escolares a los que la mayoría de los colectivos gitanos pueden acudir, los colegios guetos que tienen un nivel más inferior que otros públicos o concertados.

 P. – Y el entorno social, ¿cómo afecta?
– Cuando se casa tu prima más cercana, y la otra también y la otra, pues una misma se ve como la diferente y piensa «yo no quiero ser la diferente». Todo eso son un cúmulo de situaciones y de factores que afectan y que hacen que los niños en esa edad abandonen sus estudios, no solo la edad es más complicada, también las materias más difíciles.

P.- ¿Los padres confían en que sirve de algo estudiar?
– Cada vez más. Nosotros de hecho una de las cosas buenas que nos ha traído la Covid19 ha sido darnos cuenta de lo importante que es una buena educación, unos estudios superiores que te den una salida laboral mejor. Durante todo este tiempo de confinamiento quien lo ha pasado peor es todas esas personas que dependen de trabajos precarios; y el porcentaje más alto lo vemos en la comunidad gitana.

P.- ¿Cómo se ha vivido la teleformación en el colectivo gitano?
– En este tiempo de confinamiento nos hemos encontrado con una enorme analfabetización digital en el pueblo gitano. Los que tienen herramientas necesaria no son suficientes. La mayoría de familias gitanas tenemos bastantes hijos, si yo tengo 4 pequeños en casa y solo un ordenador, yo puedo cubrir la necesidad básica pero no la suficiente para todos los miembros de la familia y si todos a las 10 de la mañana tienen clase online, cómo conecto a los niños a un ordenador. 

P.- ¿Ha sido un cuarto factor para dejar los estudios?
– Sí. Ahí hemos pegado un bajón enorme. Porque a esto le añadimos padres y madres que no entienden de informática y no saben usar zoom o skype o las diferentes formas de dar clase. Y muchísimas familias gitanas que no tienen ni tan siquiera internet, todo ello ha supuesto una brecha educativa enorme.

Vanessa Jiménez: Valores gitanos

P.- ¿Los gitanos vais siempre con gitanos?
– Hay gitanos por todas partes y aunque no nos conocemos todos, sí que somos muy unidos. A mí me gustaría destacar esto tan necesario para que la sociedad mayoritaria lo vea, esa unión, prestar ayuda. De hecho, lo que peor hemos llevado durante este tiempo ha sido precisamente eso, no poder ayudar a nuestras familias. Saber que a tu prima o a tu tía le hacía falta una bolsa de comida y no poder llevársela tú porque teníamos que estar confinados. Con Dosta hemos estado ayudando y hemos visto cómo había familias que ni si quiera sabían sacar dinero de un cajero. Todos esos problemitas que hemos ido viendo durante el confinamiento ha supuesto un dolor inmenso. Esa unión y ayuda mutua que tenemos, no ha podido estar tan presente por estas circunstancias que hemos vivido.

P.- Hablas de los valores de los gitanos de los cuales los payos debemos aprender mucho, yo te quiero destacar el valor que se le da no solo a la familia, sino a los padres. Ese respeto a los padres sobre todas las cosas. ¿Cómo mantenéis ese respeto aunque el entorno muestre lo contrario?
– Yo creo que lo llevamos en nuestro genes. Si leemos un poco atrás la historia del pueblo gitano, nosotros llevamos 500 años de sufrimiento, de ese intento de exterminio en España en la llamada Gran Redada de 1749 cuando intentaron fulminar a todos los gitanos. Y pudimos salir adelante. Y lo hicimos precisamente por todos esos valores: unión, respeto, familia, de cómo los chiquitos se resguardaban en los grandes para poder salir de aquel exterminio.

P.- ¿Has pensado en ello estos meses encerrados?
– Sí. De todo este tiempo de confinamiento yo me quedo con una frase del pueblo gitano: Sastipen Talí (Salud y Libertad). Los gitanos viejos cuando se despiden, lo dicen por haber intentado borrarnos del mapa. Nosotros no hacemos nada, no hemos hecho nada a nadie, simplemente somos gitanos. Dábamos esos valores: salud y libertad. Y creo que ahora más que nunca son tan necesarios.

P.- ¿De dónde puede venir esa creencia de que los gitanos no sabéis acatar normas, cuando esto se ve que no es así?
– Viene de esa historia que te cuento de querer acabar con nuestro pueblo. Cuando nos decían ‘Venid por aquí’ y nosotros íbamos, era para atacarnos. El gitano se ha sentido muy atacado, pero hoy ya no. Yo no me siento atacada, yo no sé lo que es el racismo. Crecí en un pueblo pequeñito, en Carcabuey, (Córdoba) con muchísimos amigos payos y payas; y he tenido la gran suerte de no sufrir ese racismo. 

P.- Pero sí sabes de gente que lo padece.
– Sí, que lo ha sufrido y que lo sufre. Personas a las que por el simple hecho de ser gitana la tachan y le dicen cosas como ‘No vas a llegar a ser nada en tu vida, por la forma de vestir te van a mirar cuando entres en un sitio te van a mirar porque seguro que vas a robar’ Eso lo he visto cómo se lo hacen a otras personas gitanas; y me duele, porque aunque yo no sufra el racismo, soy gitana.

P.- El poder de las palabras. Cómo las palabras provocan pensamientos y los pensamientos, realidades.
– Sí, totalmente. Y esos prejuicios son dolorosos. Tú eres gitana y ya sabemos donde vas a acabar. Esto también pasa en el colegio, el efecto pigmalión, con esos profesores que piensan que el alumno gitano, por el hecho de serlo, ya no va a llegar lejos en los estudios e inconscientemente le presta menos atención de la que se debiera y se le ofrece menos herramientas de las que disponemos. Eso sigue pasando en niños y en grandes.

P.- ¿Os habéis tenido que imponer para que no se os pisotee?
– Exactamente. Ha sido ese movimiento y ese cambio lo que ha propiciado mucho de lo que somos.

P.- Desde que naces y hasta ahora, ¿cómo has visto evolucionar el papel de la mujer gitana?
– Muchísimo. Cuando era pequeña recuerdo a mi hermano que era el que estudiaba, y recuerdo también cómo mi hermana mayor tuvo que abandonar los estudios para poder encargarse de nosotras. Él sí pudo estudiar, independizarse y venirse aquí a Málaga a cursar su carrera de ingeniero. Mi hermana dejó los estudios como muchas mujeres gitanas que tienen ahora 40 años y de ahí para arriba. Ahora miramos y vemos cómo son muchísimas las mujeres gitanas que sí han conseguido un cambio. Y si no lo pueden conseguir con 18 años, mírame a mí; lo hice con 30. Vemos que hay salida.

P.- ¿Por qué os mudasteis a Mallorca?
– Por trabajo. Mis padres eran vendedores ambulantes, después él se dedicó a la construcción en Mallorca y mi madre limpiando platos en un restaurante chino. Fuimos allí sobre todo para costear la carrera de mi hermano. Mis padres tenían muy claro que su hijo estudiara. Y ellos buscaban cómo conseguir ese dinero para que él no dejara la carrera. Nos mudamos a Mallorca y a raíz de ahí abandoné los estudios.

P.- Esto suele ser habitual en los gitanos, ¿no?
– Sí, eso es otra cosa que también les pasa a gran parte de la infancia gitana. Si los padres dependen de un trabajo tienen que ir para un lado o para otro. Yo ayudaba a mis padres con el mercadillo, desde pequeñita ya estaba trabajando. Teníamos una finca de aceitunas y también les echaba una mano. Cuando fui más grande mis padres me ayudaron y montamos una zapatería en la Avenida La Luz. Me casé muy jovencita, y fui madre. A los 25 otra vez madre, y a los 30 vino mi tercer hijo, año en el que decidí darle un cambio a mi vida y empecé a estudiar.

Vanessa Jiménez: El cáncer como trampolín

P.- Dices que un evento traumático a tus 30 años te dio el empuje necesario para cambiar. ¿Qué fue?
– Fue una etapa mala. Me detectaron un cáncer de colon y ahí pensé que eso no podía haber llegado a mi vida para dejarme en el mismo sitio. Lo usé como un trampolín. Tuve la suerte de que gracias a Dios me operaron y no tuvieron que darme tratamiento. Fue un trago amargo, porque todos sabemos un cáncer los problemas psicológicos que pueden acarrear, y también físicos pero tuve la suerte de que no me dieran quimio ni radioterapia y lo usé para lanzarme a aquellas metas que desde pequeñita me quise marcar pero que por circunstancias no había podido llevar a cabo.

P.- Una mujer joven y sana que no pertenece a población de riesgo de cáncer de colón. ¿Cómo te das cuenta que tienes cáncer?
– Yo estaba embarazada del pequeño cuando empecé a sentirme mal. Pero me decían durante el embarazo que era cólico nefrítico. No fue hasta que di a luz cuando empecé a perder bastante peso y sentirme peor. Acudí a urgencias pero como bien has dicho, yo no era población de riesgo, yo soy ese uno por ciento de los casos. No me prestaron la atención que deberían haberme dado.

P.- ¿Y qué hiciste?
– Nos fuimos al privado y ya allí me hicieron las pruebas. Se lo comunicaron a mi madre y a mi marido, pero a mí no me dijeron nada. Mi madre siempre me decía que si por ella hubiera sido, yo salgo de la operación sin enterarme de que tengo cáncer, “de esa palabrita” como dice ella. 

P.- ¿Lloraste?
– Lloré un día. Al segundo, me levanté. 

P. ¿Quién te operó?
– El Dr. Santiago Mera Velasco. Un hombre encantador, me llevo muy bien con él y con su sobrina, Alejandra, que es mi amiga. ¿Qué te puedo decir de él si es lo mejor?

P.- Sería como volver a nacer, y además con tu hijo tan pequeño…
– Yo fui a operarme y me dejé a mi hijo en casa con un añito. Solo le pedía a Dios volver a mi casa. Volver por ellos, porque cuando eres madre de tres hijos y te ves en esa situación lo único que quieres es tener salud por ellos.

P.- ¿Hasta qué punto es importante la Fe para ti?
– Muchísimo. Yo siempre que hablo de mi enfermedad siempre digo que primero le agradezco a Dios y después a Santiago (risas), él ya sabe que yo digo esto. Sinceramente lo digo. Sin Dios yo no estaría donde estoy hoy. Me ha dado bastantes señales de lo grande que es y de lo que me quiere. Yo digo que Dios me quiere porque fue todo muy deprisa para bien.

P.- ¿Cómo de rápido?
– Un mes, siempre digo que para mí mayo es un mes malísimo. Me diagnostican un 2 de mayo y el 16 de ese mes empezamos con las pruebas. El Dr. Franquelo, quien me estaba viendo, me dice que el cáncer en cuestión de pocos meses podía haber hecho metástasis. A la semana siguiente conozco al Dr. Santiago Mera Velasco y el 3 de junio me operan.

P.- Acabas de cumplir 4 años desde que te operaste.
– Sí, y gracias a Dios está todo perfecto. No me han tenido que hacer ni si quiera un TAC. Ya a esperar al año que viene que se cumplen 5 años y comprobar si estoy limpia del todo. Hacer borrón y cuenta nueva pero sin olvidar nunca. 

P.- ¿Cómo era tu vida hasta que te diagnostican el cáncer de colon, tenías mucho estrés?
– Mi vida era una vida normal y sana. Nunca he sido de comer grasas y practicaba deporte. Y estrés, no mucho; el que te puede causar ser madre de tres hijos. Yo trabajaba en el mercadillo hasta un año antes de quedarme embarazada; y mi marido, que es ingeniero, trabajaba en el PTA. La alimentación y el estrés influyen, claro; pero existen casos que se salen de esa línea y que también hay que mirar. Si tu vas al hospital mal, aunque no seas población de riesgo, esas pruebas te las tienen que hacer.

P.- Me hablas de educación y sanidad, pilares de cualquier estado del bienestar. ¿Dónde crees que estaría la clave para fortalecerlas?
– En la detección temprana y la prevención. Por ejemplo, en sanidad el cribado en el cáncer de colon es a partir de los 50 años. Yo iba sangrando, con muchos dolores y perdida de peso; pero me descartaron sin pruebas. Y en Educación nos queda mucho por hacer. Lo más importante es que no recorten más; y desmontar los prejuicios de la sociedad con el colectivo gitano.

Vanessa Jiménez: Racismo

P.- Recuerdo un tiempo en el que se cambió el discurso y se hablaba de los gitanos destacando sus logros, su integración. ¿Crees que sigue siendo así?
– Nosotros empezamos a tener referentes gitanos desde hace relativamente poco tiempo, 50 ó 60 años, 80 años como mucho, no más. Como el primer eurodiputado gitano, Juan de Dios Ramírez. Sin embargo a raíz de esta crisis del coronavirus si se está percibiendo que se está destacando un sentimiento hacia los gitanos que como hace años que no veíamos: el racismo.

P.- A este respecto vi en tus redes que destacaste un hecho hace no mucho.
– Sí, salió en el programa de Ana Rosa Quintana a raíz de un comentario que se hizo por la muerte de un gitano. ¿Qué hubiera pasado si el supuesto fuera otro? ¿Y si hubiera dicho ‘Pobrecito este hombre que ha violado a esta mujer’? ¿Cómo se tomaría? Pues esto mismo se dijo del asesino y no del que murió: pobrecito el hombre que ha matado que se ha buscado la ruina; pero no pobrecito ese hombre que han enterrado que ha dejado 4 niños y una viuda.

P.- ¿Crees que puede volver con más fuerza el racismo hacia los gitanos?
– Mucho me temo que con todo este tema de ayudas sociales, y del Ingreso Mínimo Vital se vuelva la mirada hacia nuestra comunidad. Con lo mucho que han sufrido los gitanos, que la gran mayoría depende de un mercadillo y la falta de ingresos y de dinero que han tenido, muchos dependerán de ayudas sociales. Pero creo que deberían mirarnos no solo por la ayuda que podamos o no recibir, sino también por todo lo bueno que también aportamos y lo que estamos consiguiendo por esta transformación social, luchando por mejorar nuestro pueblo.

P.- Tú sueles decir que estás rodeada de ingenieros.
– Sí (risas), lo digo con todo el orgullo del mundo, y son todos gitanos.

Vanessa Jiménez: Asociación Dosta

P.- ¿Cómo se te ocurre fundar Dosta?
– Si te digo que yo no quería montar una asociación, no me crees (risas).  Yo quería estudiar mi carrera, conseguir un trabajo y ayudar de una forma más estable con la economía de mi casa. Y me vino una niña a preguntarme cómo lo había hecho y con dudas. ‘Si tú has podido, igual yo también’. Así que le dije que se viniera a mi casa y así le echaba una mano. Y luego viene otra, y después te llama otra. El boca a boca hace que yo no pueda atender toda esta demanda. En mi salón he tenido hasta 4 niñas a la vez, con dos profesores, y mis tres niños. Y ahí aparecen mis ingenieros, mi marido y mi hermano.

P.- ¿Ellos son los que te animan a que Dosta sea una realidad?
– Sí, ellos me decían que tenía que ayudar a toda esta gente y hacerlo bien.  Y yo no quería principalmente porque siempre he sido una persona muy tímida y hablar en público me provocaba rechazo. Pero al sentir que tenía la ayuda y el apoyo de ellos, me vi con el compromiso hecho y la fuerza suficiente. Echamos el papeleo, que no es nada fácil, y arrancamos los tres solitos.

P.- Y fue para arriba como la espuma.
– Sí, fíjate. Aún no estaba la Asociación montada cuando ya tuvimos nuestros dos primeros éxitos con el aprobado de dos niñas. Para el curso siguiente (este que acaba) teníamos un listado de 20 personas que querían empezar con nosotros.

P.- Y solo en el primer año.
– Sí, ahora en mayo acabamos de cumplir nuestro primer año.

P.- ¿Cuántas tienes para el año que viene?
– En nuestras bases de datos como usuarios de personas a las que estamos ayudando son unas 40 personas; y aún no hemos metido a las nuevas. Tenemos que esperar los resultados de las que se nos han presentado este año que son 8 que se han examinado de ESO y Grado Medio. Y en septiembre se nos presentan en total 15 niñas, de las que 4 son gitanas y también un niño. Esperamos que a pesar de la lata que nos ha dado el coronavirus, que los resultados también sean buenos.

P.- ¿Dosta se dirige solo a los gitanos?
– Para nada, sí que tiene el lema de ‘Asociación con Alma gitana’ porque surge de mis adentros, de esa realidad que yo veo en la calle. Hay quien viene y me dice que si por no ser gitana me tienen que pagar. ¡Y por supuesto que no! No les cobramos un duro a nadie. Me parece injusto cobrarle a quien no es gitana. No quiero que ninguna de esas niñas caigan en la trampa que a mí me hicieron caer alguna vez. Queremos ayudar con todo lo que tenemos y desde el corazón. Mientras ellas le pongan ganas, a mí me da igual dedicarles todo el tiempo del mundo.

P.¿ Cómo llegan a vosotros?
– Las personas que llegan a nosotros lo hacen a través de las redes sociales. Tenemos dos niñas que no están en exclusión social; de hecho son dos niñas que están acomodadas pero que necesitaban que les echáramos una mano en los estudios. Una de ellas, Jenny, quiere ser taxista y para que le den la licencia necesita la ESO. Ella no es gitana, por ejemplo.

P.- ¿Cuál es el lema de Dosta?
– Que todo se puede conseguir, siempre y cuando le pongas empeño. Si lo crees, lo puedes conseguir; y para eso estamos nosotros aquí, para hacérselo creer. Les metemos un chute de motivación enorme.

P.- ¿Qué es lo más bonito que te han dicho?
– Una vez una madre me pidió por favor que ayudara a su niña que tenía graves problemas psicológicos. Esa niña no se presenta este, va el año que viene; pero recuerdo esa madre cuando me cogió y me dijo ‘No sabes lo contenta que estoy de que mi hija te haya conocido’. Con esa niña, que está ahora trabajando en los cines del Málaga Nostrum, recuerdo que perdíamos llorando una hora, de 10:30 de la mañana a 11:30. Yo hablaba mucho con ella, no era consejo sino mi punto de vista o lo que yo creo que haría.

P.- Es bonito ver que ayudas a tanta gente.
– Sí. Tengo muchos momentos bonitos. Como esa madre que vino ilusionada a decirme que estaba pudiendo ayudar a sus hijos a hacer sus tareas. Eso no se paga con dinero. Es lo que me llevo de mis alumnas además de todo el cariño que sé que me tienen.

P.- Y la palabra gratificante de una madre tiene mucho valor.
– Muchísimo. Es que la mayoría de niñas gitanas con las que trabajamos tienen problemas. Hay una muchacha que es muy competente y doy fe de que esa niña va a llegar muy lejos. Esa niña perdió a su madre hace tres años y me llamó diciéndome que necesitaba estudiar. Me vi reflejada en ella por ver en los estudios una vía de escape ‘Si no me meto aquí, pierdo la cabeza’. Esa niña es admirable ver cómo te habla, cómo quiere estar ahí contigo porque se siente cómoda, feliz; siente que puede crecer como persona a tu lado.

P.- Tú eres su referente.
– Pero yo les digo que no. Que yo soy una más, como ellas. Tengo otra niña en el Molinillo que se examina ahora. Su madre vino a verme para darme las gracias por haber hecho posible que su hija echara los papeles para examinarse. Solo eso ya es un logro. Y estamos trabajando con niñas de Álora y Pizarra consiguiendo que se sienten dos horas diariamente en un instituto con la intención de examinarse y superar la prueba. Estoy muy orgullosa.

P.- Veo que algunas de tus luces son la humildad y la constancia. ¿Nos sobra soberbia y falta de voluntad?
– Nos falta humildad. Yo tengo muy claro que si tú te diriges a un grupo de niñas como con las que yo trabajo, con tantos problemas, diciendo yo soy o o yo sé; no consigues ningún cambio social con ellas. No hay mejor forma de llegar a las personas que siendo tú, siendo humilde. Intentar provocar con las niñas ese tú a tú.

P.- Y ellas conectan muy bien contigo.
– Sí, porque yo he vivido los mismos caminos por los que ellas han pasado o están pasando. Yo sé lo que es estar en el mercadillo, tener que llegar a casa y bañar a mis hermanos, etc.  Sí lo sé. Intento estar siempre al mismo nivel que ellas. Yo no me considero por arriba de nadie, pero tampoco por abajo. 

P.- Cuando nos conocimos estuvimos hablando de Dorantes y del uso de Orobroy para vuestro video de presentación. ¿Cómo va la cosa?
– Con él personalmente no he hablado. Pero contacté con él a través de Messenger y me pasó con su equipo discográfico y ya hicimos la petición formal. Me dijeron que sí podía usarla con la condición de que mencionara la autoría. Así que estamos pendiente de recibir el video y lanzarlo para que todo el mundo lo vea.

P.- Me alegro mucho. Siempre pasan cosas buenas, solo hay que atreverse.
– Yo no me lo podía creer cuando abrí la carta. No me puedo quejar. Me pasan muchas cosas buenas. 

P.- ¿Cómo te gustaría ver Dosta en 5 años?
– Con un sitio fijo para la Asociación. De que aprueben las niñas ya me encargo yo, así que en 5 años las veo a todas muy formadas. Muchas lo están; por eso hemos empezado a gestionar que algunas de ellas den charlas para que sean ejemplo para otras niñas. Que salgan esas voces que demuestren a esas niñas que se puede conseguir. Me conformo con conseguir lo antes posible un local donde poder atender a las niñas.

P. – ¿Cómo van esas gestiones?
– Al no tener aún 2 años de antigüedad no podemos optar a un local municipal. Gracias a Dios tenemos abiertas las puertas de la Universidad de Ciencias, y también dependemos ahora del Consejo Escolar, aunque nos caduca ahora la concesión. Diferentes colegios que nos ceden un espacio. Es muy complicado no tener un espacio propio, sobre todo para las que se presentan a la Universidad para dar ese empujón. Pero mientras les dure la motivación, hasta debajo de un árbol se aprende.

P.- ¿Qué fecha para ti es la más señalada para Dosta?
– El día que la inauguré en La Térmica, el 12 de julio. Fue un día redondo, la presentación fue muy bonita y también vino el alcalde, que me hizo una ilusión enorme. Y fue antesala del premio que recibimos una semana después. Pero sobre todo el 12 de julio fue importante porque horas antes del acto me enteré del aprobado de las niñas. Escucharlas reír y llorar de emoción, me puse a saltar en la Diputación cuando me llamaron para contármelo. Ellas me hicieron conscientes de ver que el esfuerzo había tenido sus frutos. Lo han conseguido ellas, el esfuerzo es suyo pero yo estoy ahí. Aunque tú sabes que para mí la fecha clave es el 3 de junio, que fue cuando empecé a vivir de nuevo.

Vanessa Jiménez: Que lo bueno pese

P- Dices que mayo para ti es un mes muy malo, pero por todo lo que me has contado veo que ha sido como tu regeneración.
– Sí, la verdad que sí. Pero es inevitable. Siempre dicen que lo malo pesa más que lo bueno. Es algo que tenemos que intentar cambiar, pero no lo puedo evitar. Cada vez que llega mayo pienso ‘Ay, este mes estaba malita’. Pero es lo que tú dices: en mayo también aprobé mi acceso a la Universidad, me dieron mi nota.

P.- ¿Por qué crees que cuesta tanto quitarse ese regusto amargo de las cosas malas que nos ocurren?
– El dolor de una madre, de ver a mis padres sufrir por mí…, es complicado no acordarme de esos momentos. Pero también tienes razón en lo que dices, que debería empezar a mirar mayo como un cambio radical para bien en mi vida.

P.- ¿Qué piensas cuando se dice que el colectivo gitano es machista?
– Dentro de la cultura gitana esa imagen de machismo no la vemos cierta. Somos uno. La gitana y el gitano van de la mano. Donde va uno, va el otro; lo que le duele a uno le duele al otro. Y la gran mayoría de los hogares gitanos somos así. Tenemos un valor y eso es así en todos los hogares y es el respeto. Nos respetamos mucho. La gitana respeta mucho al gitano y el gitano respeta mucho a la gitana, pero bueno, también hay de todo.

P.- A ti te ha ayudado mucho tu marido. Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, pero también detrás de una gran mujer hay un gran hombre.
– No está detrás, está a mi lado. Yo sin él estoy coja. Sé que decir esto es contrario a lo que defienden muchas feministas, pero digo la verdad. A mí me complementa igual que le complemento yo a él. Así es.

P.- ¿Cómo se toma el café Vanessa Jiménez?
– Con leche y dos cucharaditas de azúcar, que yo soy muy dulce (risas).