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400 días

Se cumplen hoy 400 días desde que se anunciara aquel primer Estado de alarma. Y durante todo este tiempo nos ha tocado despedirnos muchas veces y no solo de personas. En todo este tiempo han sido apartadas otras muchas enfermedades mucho más letales que la infección que nos ha cerrado el negocio y la boca, pero no los ojos.

Hoy quiero abrirlos con esperanza y reflexión pausada. Hay enfermedades que hemos tardado años en llamarla por su nombre. Cáncer. Se llama y dice cáncer, no una larga enfermedad como hemos leído y oído miles de veces. El cáncer nos ha tocado y nos toca a todos de cerca. Sin importar la edad: desde los dos años hasta los más de 70. Llega de forma fulminante y si no hay detección precoz ni tratamiento adecuado, la losa que se nos cae encima es demasiado pesada.

No me gusta llegar al café de media mañana con la cantidad de positivos y fallecidos por Covid que se nos dan a diario. Sin embargo, se agradece que solo lo hagan con una sola patología. Si el listado fuese de diagnósticos de cáncer, depresión y suicidios, ya nos habríamos tirado todos por la Peña de los Enamorados.

Tras cada una de las cifras se esconde una persona con miedo a sufrir, al dolor de su familia, a la incertidumbre de cuánto más. Pero aquí solo nos entendemos con números y son abrumadores:  en 2020 murieron 8 millones de personas por cáncer en todo el mundo.  De covid19 desde que empezó la pandemia (más de un año) tres millones de personas.  Todos estamos cansados del Covid19 y lo poco que sabemos y se vuelve a hablar del cáncer. Una enfermedad que según los últimos estudios padecerán una de cada 3 personas. Ahí es nada.

Decía Santa Teresa que la imaginación es la loca de la casa. Quizá termine un poco así porque no paro de imaginar a cada una de esos sufrientes y su familia.

La sobreinformación nos anestesia el cerebro. Fusila impulsos inocentes de libertad como salir a ver a tus padres y abrazarles; porque hoy los tienes contigo, mañana quien sabe. Por eso, vive, reza, abraza y besa a quien quieres cuanto puedas. Porque lo que es seguro es que el amor es lo único que nos hace libres.