Amor, amar

Recuerdo siendo pre-adolescente que si el 14 de febrero caía entre semana y aún seguíamos con el uniforme verde, allá que nos plantábamos en el cole con algo rojo. El pañuelo de Levi’s era lo más socorrido: discreto, útil y muy de moda. Lo cumplía todo.

Daba igual si habías encontrado o no al amor de tu vida porque ya se encargaba la SuperPop, la Bravo, la Vale o el You de conquistar tu intelecto a base de fotones de estudio con los artistas de la época.

Aunque yo me sienta muy guatequera; a las de mi generación se nos distingue la edad exacta según la BoysBand de la que eras fan: ¿Take That, BSB o NSYNC? Y sí, las boysband están muy bien: temas con mucho ritmo y coreos muy trabajadas, y además hizo a mis coetáneas querer hablar inglés. Porque era un idioma necesario para declararle el amor platónico al guapo del grupo, que gracias a Dios y para evitar peleas, tenía un previo consenso para que no fuese coincidente.

La máxima de cualquier adolescente siempre ha sido “mi amiga por encima de cualquier chico”. Un planteamiento que con el paso del tiempo y su perspectiva, entiendes que no es absoluto ni excluyente. La vida te enseña que colocar a tu amiga por encima de lo que sea no tiene sentido.  Porque lo que realmente lo cubre todo, incluso a tu amiga de toda la vida, es el AMOR. Sí, con mayúsculas y sin gritar.

El amor de verdad todo lo perdona, todo lo entiende y nada juzga. Promueve la confianza, la lealtad y reconoce en el otro la bondad de sus intenciones aunque el resultado haga daño y ofenda. Para eso esta el intelecto y la caridad. Entender y enseñar con benevolencia.

El amor reconoce en los actos erróneos de los otros el dolor o el sufrimiento que ha padecido. Su ignorancia o incapacidad de acertar las palabras o los hechos. No busca la soledad, ni hacer daño, ni difundir medias verdades para que te lleves la razón a toda costa.

El amor es capaz de saber ver en otro las ganas de levantarse aunque no le pueda la fuerza, aunque esté triste y falto de esperanza. La mayoría de las personas quieren hacer el bien, buscar lo mejor. Y en ese camino hay caídas, errores y faltas. Pero cada día tenemos la oportunidad de volver a empezar.

Amar con paciencia y serenidad; sin esperar nada a cambio. Hacerlo sin corazones, brindis ni regalos. Amar tanto que seamos capaces incluso de hablar bien y con cariño de aquellos a quienes no soportamos. A esos que nos han traicionado y herido en nuestra alma. Incluso a los que nos gobiernan, les hayamos votado o no. Eso sí que es desear un Feliz San Valentín.

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