Ángela Callejón: “Dar las gracias permite al otro ser consciente de que facilita la vida”

Angela Callejón es Presidente del Foro Internacional Mujer y Sociedad Málaga. Una entidad que pone en valor y en el centro a la mujer como hacedora de sociedad bien entendida. Una actividad que compagina con su profesión: lleva 26 años siendo profesora de la Universidad de Málaga. Un trabajo que jamás habría imaginado elegir tan bien: “Es precioso y muy enriquecedor estar rodeada de gente joven en tu día a día”. Siguió el consejo de una buena amiga y siempre trata de usted a sus alumnos para que se sientan respetados y en su sitio. No desdobla el lenguaje al hablar y por ello se disculpa con todas el primer día de clase.

Divertida y risueña, Ángela destaca que su única hermana, Mª del Mar, lo es mucho más que ella. Ángela Callejón dice ser una ciudadana del mundo gracias al trabajo de su padre. Recuerda con especial cariño Nerja, lugar al que suele volver para hablar a sus 4 hijos de su infancia.

Ángela Callejón: Hay muchos más motivos para ser feliz que para no serlo

P. ¿Eres malagueña?
R.- Así es, como  mi familia.  Hemos vivido en distintos sitios hasta que nos instalamos definitivamente aquí cuando yo tenía 10 años. Salvo las estancias de investigación en Dublín, he pasado toda mi vida en Málaga. Es cierto que Nerja ocupa un lugar en mi corazón no solo porque hice allí mi Primera Comunión, sino porque fue donde aglutiné más recuerdos y vivencias. Cuando se ha vivido una infancia feliz, todo se recuerda como maravilloso.

P.- Eras feliz de niña. ¿Y ahora, eres feliz?
R.- Yo creo que sí, desde luego procuro ver lo bueno de la vida y de las personas. Cada uno encerramos una riqueza enorme. Hay veces que cuesta verlo, pero eso tiene que estar. Todos nacemos con un potencial para ser feliz, una luz especial. A veces pasa que lo que nos sucede y la experiencia puede atenuar ese brillo interior, por eso es importante intentar descubrir lo bueno del otro. Dar las gracias.

P. – ¿Por qué es tan importante dar las gracias?
R.- La gente agradecida ve lo que otros no ven. El dar las gracias permite al otro ser consciente de que facilita la vida a los demás. Se puede hacer muy feliz a una persona con una simple mirada.

P.- Levantar la mirada.
R.- Claro. Si solo miramos al suelo no vemos la maravilla de lo que nos rodea. Nos perdemos el sentido de trascendencia. Somos seres sociales, económicos y espirituales, y este aspecto también hay que cuidarlo. 

P.- ¿Qué nos ha traído la pandemia?
R.- Esta crisis sanitaria ha generado mucho sufrimiento. No solo por lo sanitario, también por lo económico y esto genera mucho dolor psicológico. El número de familias en riesgo de exclusión social o pobreza se ha disparado, ya representan el 28 por ciento del total de hogares españoles. Las familias cuidadoras de personas dependientes necesitan más apoyo de las administraciones. En este contexto, aceptar nuestra vulnerabilidad es bueno porque nos hace más fuertes y solidarios.

P.- Profesora titular de finanzas y contabilidad la universidad de Málaga. ¿Qué se esconde tras la cifra?
R.- No se debe medir todo con cifras. Lo cualitativo es importante.  Leí una vez que 100 muertes es una estadística; 10, una tragedia; y una muerte con nombre y apellidos un dolor insuperable. Lo viví en la pandemia hasta que la persona que aumentó la cifra fue mi amiga Conchita. Si fuésemos capaces de humanizar la sociedad y las organizaciones y pusiéramos a la persona en el lugar que corresponde, las cosas serían muy distintas.

P.- ¿De quién depende?
R.- Esto es tarea de cada uno, no de los gobiernos. Esto está en el modo en que tratamos a las personas cercanas, en el respeto, en la justicia, en la caridad…

Ángela Callejón: Los hijos ven todo, mucho más de lo que uno cree

P.- Ahora codiriges la Cátedra de Economía y Finanzas sostenible. ¿Cómo trabajáis y para qué?
R.- Siempre en equipo. La humanización de las organizaciones es la mejor contribución a la sostenibilidad. Desde esta Cátedra, en colaboración con la Humanistic Managment Association orientamos la investigación hacia esto precisamente, que la persona sea el centro.

P.- ¿Cómo se diría en términos empresariales?
R.- El principal stakeholder de la empresa no es solo su personal, sino también su familia. El desarrollo sostenible es aquel capaz de satisfacer las necesidades presentes sin poner en riesgo las satisfacciones futuras. Ahora el riesgo es la viabilidad de la familia, la base de la sociedad. 

P.- También muy en la línea del Foro Internacional Mujer y Sociedad Málaga.
R.-  Efectivamente; el Foro nace con vocación de servicio a la sociedad, ofreciendo a las mujeres la formación necesaria para desarrollar su talento desde una visión humanista enriquecida por una perspectiva femenina. Es mucho lo que la mujer puede aportar a la sociedad desde su familia y su trabajo profesional.

P.- Sin embargo la conciliación brilla por su ausencia.
R.- La realidad familiar ha cambiado y su logística ha de adaptarse. Hay que hacer malabares para sacar adelante la familia en el contexto actual. Pero más que hablar de conciliación yo prefiero hablar de integración, porque de lo que se trata es de dar unidad al proyecto profesional y personal de vida, equilibrarlos. Si los enfrentamos, perdemos.

P.- ¿Por qué?
R.- Familia y trabajo son dimensiones esenciales de la persona que deben procurar enriquecerse mutuamente. Son los dos ámbitos naturales donde la persona crece. La familia aporta a la persona una estabilidad emocional que revierte positivamente en el trabajo profesional. Muchas empresas en Estados Unidos prefieren directivas mujeres y madres de familia porque gestionan muy bien el tiempo, los conflictos, las personas, los recursos económico…, tal cual es lo que viven en su casa.

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P.- El barómetro 2021 publicado por la Fundación Family Watch coloca a la familia en el cuarto lugar como prioridad en los menores de 45 años por detrás de viajar, formarse o progresar en su trabajo, pero sin embargo los mismos encuestados reconocen que la familia es la institución más importante. ¿Por qué?
R.- La sociedad actual vive rápido y tiende al individualismo. Todos soñamos con un proyecto profesional, y al llegar la familia parece entorpecer el logro de nuestro sueño. La familia es sin duda, la mejor inversión. ¿Requiere esfuerzo y entrega? Sí, pero en la vida todo lo que vale cuesta y lo que más vale más cuesta. Hay que educar en este sentido y también en el sentido positivo de que sufrir no es terrible, lo terrible es no saber sufrir.

P.- ¿Cómo se sufre bien?
R.- Se sufre bien cuando en la vida tienes un “para qué”, un motivo superior por el que hacer algo. ¿Qué mueve el corazón de una madre? El amor a su hijo. Su dedicación, su cuidado, su entrega, su educación… todo para que su hijo sea feliz. Por eso no le pesa. Se da y punto; y es feliz, porque nada nos hace más felices que ver felices a quienes queremos.

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P.- ¿Da miedo el compromiso?
R.- Sí, mucho. No queremos comprometernos con nada y eso es generalmente por inseguridad. Amar con condiciones no es amar. ¿Hasta cuándo amamos? Hasta que llegue otro que está mejor que tú, hasta que llegue una ruina? Hay que procurar que te brillen los ojos en el día a día y para eso hay que poner mucho de nuestra parte. Por eso es importante ser amable, facilitar que nos quieran. Que nuestros gestos y nuestra actitud facilite y no sea impedimento. Cuidemos el amor. Leí en una ocasión que para que un matrimonio funcione, uno de los dos tiene que ser tonto, y para que un matrimonio sea feliz, los dos tienen que ser muy tontos. 

P.- ¿Cuál es el principal problema al que se enfrenta la familia hoy?
R.-  Creo que el principal problema es el afectivo; hay mucho dolor detrás de cada ruptura familiar. El drama de estos niños es que ellos se cuestionan si son culpables e incluso si son queridos. Lo que más agradecen los niños es la estabilidad familiar, que sus padres se quieran. Los asuntos económicos también generan muchos problemas. Una buena educación financiera a todos los niveles sociales ayudaría al equilibrio económico de las familias y evitaría muchos problemas.

P.- ¿Hasta qué punto es importante el apoyo externo en la familia?
R.- No se puede dejar a la familia a su amor porque es la base de la sociedad. Rota la familia, rota la sociedad. Y desde este reconocimiento debe recibir el apoyo institucional necesario para garantizar su viabilidad. Son cada vez más las familias monoparentales con uno o más hijos a su cargo, y de entre ellas, más del 80% están a cargo de mujeres. Si solo un progenitor ha de sacar la familia adelante y además trabajar fuera para tener ingresos, es necesario contar con ayudas sociales.

P.- Me hablas de cultura financiera como base de la familia, y por tanto de la sociedad.
R.- ¡Claro! Como no hay cultura financiera la gente sin saber dice, y sin saber cree. Hay que dar espacio al espíritu crítico. Yo les digo a mis alumnos “No creáis una palabra de los que os diga”. Hay que educar en libertad y no adoctrinar. Pero el cómo emplee otro su libertad nos da miedo y a veces los educadores no queremos asumir esa responsabilidad. ¿Qué hace un buen profesor?

P.- Cogerte manía.
R.- (risas) ¡Y a la inversa! Vamos con demasiados prejuicios por la vida. Qué injusto es cuando yo entro por primera vez en clase, y pienso: “Mis alumnos saben cómo soy”. Cuánto nos habremos equivocado por lo que nos dicen de alguien que después no resulta ser así. Nos precipitamos en el juicio y no siempre para bien.

P.- ¿Qué hace un buen profesor?, dímelo tú.
R.- Quizás deberíamos replantearnos muchos contenidos. Ofrecemos una formación más dirigida a las finanzas y a la dirección de empresas, pero dejamos poco espacio para la reflexión intelectual y el cultivo del espíritu crítico. Un profesional de la economía debe estar bien formado para ofrecer soluciones a los problemas del entorno y trabajar en servicio del progreso económico y social. Y cuando no se conoce la realidad, no se sabe hacia dónde remar y terminamos trabajando para nuestro interés particular. Es mejor aportar que juzgar.

P.- ¿Cómo se evita el prejuicio?
R.- Estudiando más –para conocer la verdad- y hablando menos –evitando el juicio negativo de nadie-.  Nunca hablemos mal de la gente. Siempre hay que hablar en positivo. Si nos cuesta admitir a otras personas, es porque hemos puesto empeño en no hacerlo. Hay que saber disculpar y comprender. Esa es la caridad. De la misma manera, a las personas hay que decirles sus cosas buenas, y también que las queremos. Con regularidad y naturalidad.

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P.- ¿Le quitamos felicidad a los hijos  con ese que “mi hijo tenga lo que yo no tuve”?
R.- Si te refieres a lo material, sí. Tenemos principalmente inteligencia y voluntad, ambas están dañadas porque no somos perfectos, pero la voluntad está mucho mas dañada que la inteligencia: esta nos permite diferenciar entre el bien y el mal. El problema surge cuando sabiendo lo que está bien no lo hacemos por el esfuerzo que nos supone o por la razón que sea.

Hay un estudio de la Universidad de Valencia que pone esto de manifiesto que el afán de los padres en conseguir todo lo material que ellos mismos no pudieron tener es una forma de callar la conciencia cuando lo que quieren los hijos es a ellos mismos, a los padres.

P.- La conciencia pesa.
R.- Con el paso de los años uno se va dando cuenta de que lo que de verdad pesa y cuenta en la vida es la familia. Por eso debe ir de la mano lo personal y lo profesional. Hay que llenar esos dos espacios de la vida. Así es como se enriquece. Los hijos nos ayudan a crecer en valores, nos ayudan a descubrir la grandeza de las personas por el simple hecho de serlo.  Eso lo hace el amor. Lo sabemos, pero nos cuesta vivirlo.

P.- El amor sin descanso no es amor.
R.- Descansar es una obra de caridad con los demás. Ahí las mujeres tenemos una asignatura pendiente. Dormir es importante y necesario, es un misterio; pero descansar  es cambiar de actividad y hay que aprender a hacerlo en familia, en pareja, con amigos.  A mí no me preocupan las parejas que discuten, ¡me preocupan las que se aburren!

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P.- El aburrimiento trae mucho malo.
R.- Cuando unos amigos salen tienen que reírse y divertirse juntos. Tú tienes que llegar a tu casa oxigenada. Porque para salir de casa y hablar de cómo está el covid, el Gobierno, la crisis y el paro, eso te irrita muchísimo y encima te has gastado un dinero en cenar… Así que llegas a casa con más problemas de los que saliste (risas) hay que aprender a divertirse. El sentido del humor es fundamental. Pocas cosas hay serias de verdad.

P.- ¿Cual es la clave del éxito?
R.- Una buena organización. Priorizar y delegar. Hay tareas que sí lo son pero el rol de padre o madre, de esposo o esposa, ese es indelegable. Si no estás tú ese espacio no se puede llenar. Cuando uno se plantea una propuesta vital, dentro de cada etapa de tu vida las prioridades y las necesidades cambian. Cuando tus hijos son pequeños suele coincidir con el momento de crecimiento profesional y podemos caer en la tentación de elegir, pero hay que integrar. Se está en la edad de todo.

P.- Tú integraste Dublín. ¿Cómo fue?
R.- Muy duro, para mí lo fue verdaderamente. Mis 4 hijos tenían entre 5 y 13 años. Fuimos de junio a diciembre para que ellos no perdieran el curso y recuerdo que el último mes nos cayó una nevada histórica. Se cancelaron todos los vuelos y estábamos incomunicados. Abrieron el tráfico aéreo unas pocas horas y fue en uno de esos 3 aviones que salieron aquel 22 de diciembre en el que regresamos a casa. 

P.- Una huida en toda regla.
R.- Tal cual; por eso volvimos. Yo tenía que superar aquello (risas). A pesar de todo, regresamos otros 6 meses. Yo lo sigo recordando como un tiempo muy sacrificado, pero mereció la pena. Mis hijos así lo guardan en su memoria, deseando volver a vivir la experiencia. 

P.- ¿Por qué la mujer se siente mal cuando está en la edad de todo?
R.- Porque aun buscando el equilibrio familiar y profesional, la mujer generalmente antepone su familia, mientras que el hombre prioriza el trabajo. La mujer tiene un don especial para el cuidado de las personas y para dar unidad a la familia, tiene esa  doble capacidad de estar en el trabajo y a la vez pensando que se ha dejado al niño con fiebre en casa, y eso nos genera mucho estrés.

P.- No es fácil.
R.- En absoluto. Hay que responder de las decisiones. En la vida no hay premio ni castigo sino consecuencias. Y pasa que nos gusta decidir pero no tanto, asumir las consecuencias.

P.- Yo no renuncio.
R.- Hay que ser realista. Si tu sueño es trabajar en la NASA y quieres vivir en Málaga tienes que renunciar a una de las dos cosas. Elegir es la clave de la vida. No podemos estar con la mano en el yugo y mirando para atrás porque vamos a ser unos desgraciados siempre. A veces buscamos el éxito exterior, pero donde está la felicidad es en el interior.

P.- ¿Cómo lo identificamos?
R.- Cuando empiezas a pensar en los demás es cuando de verdad te llega la felicidad. Mira la Madre Teresa de Calcuta. Las madres son felices con sus hijos porque dejan de mirarse a ellas mismas para mirar a sus hijos. Hay que saber poner las cosas en su sitio. Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a UNO mismo. Si yo estoy bien, sé disfrutar y descansar, me daré mucho mejor a los demás en este momento. Un Carpe Diem bien entendido. El orden es ese, tenemos que estar muy llenas porque de lo que rebosa el corazón, habla la boca.

P.- ¿Cómo se toma el café Ángela Callejón?
R.- Me encanta el café. Si es bueno me gusta tomarlo solo, pero en el día a día, con leche, un mitad.