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Barry White y el Buen Amor

La música amansa las fieras. Esto es tan cierto como que el origen de todo momento de calma viene precedido de un suave susurro armonioso. O no. Depende del momento. Lo que sí es cierto es que las que lidiamos con niños pequeños sabemos que una bonita melodía les calma la ‘inrritación’, como decimos los muy propios de mi tierra.

No importa el estilo, he tenido momentos de paz gracias a Morricone, Pablo López, Enrique Iglesias o Juanito Valderrama. El arte (aunque los malabares del lenguaje digan que es morirte de frío) pasa por saber qué debe sonar en cada momento. El don de la oportunidad cada vez está más cotizado precisamente por eso, porque el inoportunismo predomina en nuestra sociedad. Ojos cerrados, corazón bloqueado.

Siendo honesta, cuando me da por una canción, me da. Y sé que esto me viene de saga. Tengo muchas ocasiones para recordarlo pero la más recurrente es aquella en la que sonaba  Barry White The Ultimate Collection a toda pastilla en la salita de estar. Los primeros acordes de The First, my Last My Everything se escuchaban casi desde el portal. Ya sabía quien estaba en casa. Se ve que una de mis hermanas había descubierto al genio del soul a las puertas de su muerte. De la del cantante, claro.

¿Quién no ha escuchado música a tope? Yo misma. Mis vecinos, también. Ahora que lo pienso, quizá cuando escuchamos música a altos decibelios será que necesitamos que no nos oigan y echar pa’fuera lo malo.  Después de un año terrible, explotamos. y lo hacemos sin música. En su lugar son gritos e improperios. Callar a voces el alma porque necesitamos ayuda y no sabemos pedirla; nos está hiriendo como sociedad unida y bien avenida.

¿Cómo si no se puede atacar a alguien por dar un abrazo? ¿Cómo negar ayuda a quien lo necesita? Los prejuicios, el color de la piel y los ceros en el banco. La lepra contemporánea.

De seguir así, lejos de obras de misericordia físicas y espirituales, nuestro fin está cada vez más cerca. Hoy debemos celebrar de verdad ese soplo de aire que tanto necesitamos para abrir los oídos y el corazón en silencio. Hoy quizá conviene recordar a Barry White y ese Lo primero, mi último, mi todo. El Buen amor como inicio y final.