Blog Personal

Ángela Callejón: «Dar las gracias permite al otro ser consciente de que facilita la vida»

Angela Callejón lleva 26 años siendo profesora de la Universidad de Málaga. Un trabajo que jamás habría imaginado elegir tan bien: “Es precioso y muy enriquecedor estar rodeada de gente joven en tu día a día”. Siguió el consejo de una buena amiga y siempre trata de usted a sus alumnos para que se sientan respetados y en su sitio. No desdobla el lenguaje y por ello se disculpa con todas el primer día de clase. Divertida y risueña, Ángela destaca que su única hermana, Mª del Mar, lo es mucho más que ella. Ángela Callejón dice ser una ciudadana del mundo gracias al trabajo de su padre. Recuerda con especial cariño Nerja, lugar al que suele volver para hablar a sus 4 hijos de su infancia.

Ángela Callejón: Hay muchos más motivos para ser feliz que para no serlo

P. ¿Eres malagueña?
R.- Así es, como  mi familia.  Hemos vivido en distintos sitios hasta que nos instalamos definitivamente aquí cuando yo tenía 10 años. Salvo las estancias de investigación en Dublín, he pasado toda mi vida en Málaga. Es cierto que Nerja ocupa un lugar en mi corazón no solo porque hice allí mi Primera Comunión, sino porque fue donde aglutiné más recuerdos y vivencias. Cuando se ha vivido una infancia feliz, todo se recuerda como maravilloso.

P.- Eras feliz de niña. ¿Y ahora, eres feliz?
R.- Yo creo que sí, desde luego procuro ver lo bueno de la vida y de las personas. Cada uno encerramos una riqueza enorme en sí misma. Hay veces que cuesta verlo, pero eso tiene que estar. Todos nacemos con un potencial para ser feliz, una luz especial. A veces pasa que lo que nos sucede y la experiencia puede atenuar ese brillo interior, por eso es importante intentar descubrir lo bueno del otro. Dar las gracias.

P. – ¿Por qué es tan importante dar las gracias?
R.- La gente agradecida ve lo que otros no ven. El dar las gracias permite al otro ser consciente de que facilita la vida a los demás. Se puede hacer muy feliz a una persona con una simple mirada.

P.- Levantar la mirada.
R.- Claro. Si solo miramos al suelo no vemos la maravilla de lo que nos rodea. Nos perdemos el sentido de trascendencia. Somos seres sociales, económicos y espirituales, y este aspecto también hay que cuidarlo. 

P.- ¿Qué nos ha traído la pandemia?
R.- Esta crisis sanitaria ha generado mucho sufrimiento. No solo por lo sanitario, también por lo económico y esto genera mucho dolor psicológico. El número de familias en riesgo de exclusión social o pobreza se ha disparado, ya representan el 28 por ciento del total de hogares españoles. Las familias cuidadoras de personas dependientes necesitan más apoyo de las administraciones. En este contexto, aceptar nuestra vulnerabilidad es bueno porque nos hace más fuertes y solidarios.

P.- Profesora titular de finanzas y contabilidad la universidad de Málaga. ¿Qué se esconde tras la cifra?
R.- No se debe medir todo con cifras. Lo cualitativo es importante.  Leí una vez que 100 muertes es una estadística; 10, una tragedia; y una muerte con nombre y apellidos un dolor insuperable. Lo viví en la pandemia hasta que la persona que aumentó la cifra fue mi amiga Conchita. Si fuésemos capaces de humanizar la sociedad y las organizaciones y pusiéramos a la persona en el lugar que corresponde, las cosas serían muy distintas.

P.- ¿De quién depende?
R.- Esto es tarea de cada uno, no de los gobiernos. Esto está en el modo en que tratamos a las personas cercanas, en el respeto, en la justicia, en la caridad…

Ángela Callejón: Los hijos ven todo, mucho más de lo que uno cree

P.- Ahora lideras la Cátedra de Economía y Finanzas sostenible. ¿Cómo trabajáis y para qué?
R.- Siempre en equipo. La humanización de las organizaciones es la mejor contribución a la sostenibilidad. Desde esta Cátedra, en colaboración con la Humanistic Managment Association orientamos la investigación hacia esto precisamente, que la persona sea el centro.

P.- ¿Cómo se diría en términos empresariales?
R.- El principal stakeholder de la empresa no es sólo su personal, sino también su familia. El desarrollo sostenible es aquel capaz de satisfacer las necesidades presentes sin poner en riesgo las satisfacciones futuras. Ahora el riesgo es la viabilidad de la familia, la base de la sociedad. 

P.- También muy en la línea del Foro Internacional Mujer y Sociedad Málaga.
R.-  Efectivamente; el Foro nace con vocación de servicio a la sociedad, ofreciendo a las mujeres la formación necesaria para desarrollar su talento desde una visión humanista enriquecida por una perspectiva femenina. Es mucho lo que la mujer puede aportar a la sociedad desde su familia y su trabajo profesional.

P.- Sin embargo la conciliación brilla por su ausencia.
R.- La realidad familiar ha cambiado y su logística ha de adaptarse. Hay que hacer malabares para sacar adelante la familia en el contexto actual. Pero más que hablar de conciliación yo prefiero hablar de integración, porque de lo que se trata es de dar unidad al proyecto profesional y personal de vida, equilibrarlos. Si los enfrentamos, perdemos.

P.- ¿Por qué?
R.- Familia y trabajo son dimensiones esenciales de la persona que deben procurar enriquecerse mutuamente. Son los dos ámbitos naturales donde la persona crece. La familia aporta a la persona una estabilidad emocional que revierte positivamente en el trabajo profesional. Muchas empresas en Estados unidos prefieren directivas mujeres madres de familia porque gestionan muy bien el tiempo, los conflictos, las personas, los recursos económicos, … lo que viven en su casa.

Ángela Callejon: El gusto por las cosas bien hechas

P.- El barómetro 2021 publicado por la Fundación Family Watch coloca a la familia en el cuarto lugar como prioridad en los menores de 45 años por detrás de viajar, formarse o progresar en su trabajo, pero sin embargo los mismos encuestados reconocen que la familia es la institución más importante. ¿Por qué?
R.- La sociedad actual vive rápido y tiende al individualismo. Todos soñamos con un proyecto profesional, y al llegar la familia parece entorpecer el logro de nuestro sueño. La familia es sin duda, la mejor inversión. ¿Requiere esfuerzo y entrega? Sí, pero en la vida todo lo que vale cuesta y lo que más vale más cuesta. Hay que educar en este sentido y también en el sentido positivo de que sufrir no es terrible, lo terrible es no saber sufrir.

P.- ¿Cómo se sufre bien?
R.- Se sufre bien cuando en la vida tienes un “para qué”, un motivo superior por el que hacer algo. ¿Qué mueve el corazón de una madre? El amor a su hijo. Su dedicación, su cuidado, su entrega, su educación… todo para que su hijo sea feliz. Por eso no le pesa. Se da y punto; y es feliz, porque nada nos hace más felices que ver felices a quienes queremos.

Ángela Callejon: La felicidad va intrínseca al ser humano

P.- ¿Da miedo el compromiso?
R.- Sí, mucho. No queremos comprometernos con nada y eso es generalmente por inseguridad. Amar con condiciones no es amar. ¿Hasta cuándo amamos? Hasta que llegue otro que está mejor que tú, hasta que llegue una ruina? Hay que procurar que te brillen los ojos en el día a día y para eso hay que poner mucho de nuestra parte. Por eso es importante ser amable, facilitar que nos quieran. Que nuestros gestos y nuestra actitud facilite y no sea impedimento. Cuidemos el amor. Leí en una ocasión que para que un matrimonio funcione, uno de los dos tiene que ser tonto, y para que un matrimonio sea feliz, los dos tienen que ser muy tontos. 

P.- ¿Cuál es el principal problema al que se enfrenta la familia hoy?
R.-  Creo que el principal problema es el afectivo; hay mucho dolor detrás de cada ruptura familiar. El drama de estos niños es que ellos se cuestionan si son culpables e incluso si son queridos. Lo que más agradecen los niños es la estabilidad familiar, que sus padres se quieran. Los asuntos económicos también generan muchos problemas. Una buena educación financiera a todos los niveles sociales ayudaría al equilibrio económico de las familias y evitaría muchos problemas.

P.- ¿Hasta qué punto es importante el apoyo externo en la familia?
R.- No se puede dejar a la familia a su amor porque es la base de la sociedad. Rota la familia, rota la sociedad. Y desde este reconocimiento debe recibir el apoyo institucional necesario para garantizar su viabilidad. Son cada vez más las familias monoparentales con uno o más hijos a su cargo, y de entre ellas, más del 80% están a cargo de mujeres. Si solo un progenitor ha de sacar la familia adelante y además trabajar fuera para tener ingresos, es necesario contar con ayudas sociales.

P.- Me hablas de cultura financiera como base de la familia, y por tanto de la sociedad.
R.- ¡Claro! Como no hay cultura financiera la gente sin saber dice, y sin saber cree. Hay que dar espacio al espíritu crítico. Yo les digo a mis alumnos “No creáis una palabra de los que os diga”. Hay que educar en libertad y no adoctrinar. Pero el cómo emplee otro su libertad nos da miedo y a veces los educadores no queremos asumir esa responsabilidad. ¿Qué hace un buen profesor?

P.- Cogerte manía.
R.- (risas) ¡Y a la inversa! Vamos con demasiados prejuicios por la vida. Qué injusto es cuando yo entro por primera vez en clase, y pienso: “Mis alumnos saben cómo soy”. Cuánto nos habremos equivocado por lo que nos dicen de alguien que después no resulta ser así. Nos precipitamos en el juicio y no siempre para bien.

P.- ¿Qué hace un buen profesor?, dímelo tú.
R.- Quizás deberíamos replantearnos muchos contenidos. Ofrecemos una formación más dirigida a las finanzas y a la dirección de empresas, pero dejamos poco espacio para la reflexión intelectual y el cultivo del espíritu crítico. Un profesional de la economía debe estar bien formado para ofrecer soluciones a los problemas del entorno y trabajar en servicio del progreso económico y social. Y cuando no se conoce la realidad, no se sabe hacia dónde remar y terminamos trabajando para nuestro interés particular. Es mejor aportar que juzgar.

P.- ¿Cómo se evita el prejuicio?
R.- Estudiando más –para conocer la verdad- y hablando menos –evitando el juicio negativo de nadie-.  Nunca hablemos mal de la gente. Siempre hay que hablar en positivo. Si nos cuesta admitir a otras personas, es porque hemos puesto empeño en no hacerlo. Hay que saber disculpar y comprender. Esa es la caridad. De la misma manera, a las personas hay que decirles sus cosas buenas, y también que las queremos. Con regularidad y naturalidad.

Ángela Callejón: Las nuevas tecnologías alejan a los que están cerca

P.- ¿Le quitamos felicidad a los hijos  con ese que “mi hijo tenga lo que yo no tuve”?
R.- Si te refieres a lo material, sí. Tenemos principalmente inteligencia y voluntad, ambas están dañadas porque no somos perfectos, pero la voluntad está mucho mas dañada que la inteligencia: esta nos permite diferenciar entre el bien y el mal. El problema surge cuando sabiendo lo que está bien no lo hacemos por el esfuerzo que nos supone o por la razón que sea.

Hay un estudio de la Universidad de Valencia que pone esto de manifiesto que el afán de los padres en conseguir todo lo material que ellos mismos no pudieron tener es una forma de callar la conciencia cuando lo que quieren los hijos es a ellos mismos, a los padres.

P.- La conciencia pesa.
R.- Con el paso de los años uno se va dando cuenta de que lo que de verdad pesa y cuenta en la vida es la familia. Por eso debe ir de la mano lo personal y lo profesional. Hay que llenar esos dos espacios de la vida. Así es como se enriquece. Los hijos nos ayudan a crecer en valores, nos ayudan a descubrir la grandeza de las personas por el simple hecho de serlo.  Eso lo hace el amor. Lo sabemos, pero nos cuesta vivirlo.

P.- El amor sin descanso no es amor.
R.- Descansar es una obra de caridad con los demás. Ahí las mujeres tenemos una asignatura pendiente. Dormir es importante y necesario, es un misterio; pero descansar  es cambiar de actividad y hay que aprender a hacerlo en familia, en pareja, con amigos.  A mí no me preocupan las parejas que discuten, ¡me preocupan las que se aburren!

Ángela Callejón: Nadie da lo que no tiene

P.- El aburrimiento trae mucho malo.
R.- Cuando unos amigos salen tienen que reírse y divertirse juntos. Tú tienes que llegar a tu casa oxigenada. Porque para salir de casa y hablar de cómo está el covid, el Gobierno, la crisis y el paro, eso te irrita muchísimo y encima te has gastado un dinero en cenar… Así que llegas a casa con más problemas de los que saliste (risas) hay que aprender a divertirse. El sentido del humor es fundamental. Pocas cosas hay serias de verdad.

P.- ¿Cual es la clave del éxito?
R.- Una buena organización. Priorizar y delegar. Hay tareas que sí lo son pero el rol de padre o madre, de esposo o esposa, ese es indelegable. Si no estás tú ese espacio no se puede llenar. Cuando uno se plantea una propuesta vital, dentro de cada etapa de tu vida las prioridades y las necesidades cambian. Cuando tus hijos son pequeños suele coincidir con el momento de crecimiento profesional y podemos caer en la tentación de elegir, pero hay que integrar. Se está en la edad de todo.

P.- Tú integraste Dublín. ¿Cómo fue?
R.- Muy duro, para mí lo fue verdaderamente. Mis 4 hijos tenían entre 5 y 13 años. Fuimos de junio a diciembre para que ellos no perdieran el curso y recuerdo que el último mes nos cayó una nevada historíca. Se cancelaron todos los vuelos y estábamos incomunicados. Abrieron el tráfico aéreo unas pocas horas y fue en uno de esos 3 aviones que salieron aquel 22 de diciembre en el que regresamos a casa. 

P.- Una huida en toda regla.
R.- Tal cual; por eso volvimos. Yo tenía que superar aquello (risas). A pesar de todo, regresamos otros 6 meses. Yo lo sigo recordando como un tiempo muy sacrificado, pero mereció la pena. Mis hijos así lo guardan en su memoria, deseando volver a vivir la experiencia. 

P.- ¿Por qué la mujer se siente mal cuando está en la edad de todo?
R.- Porque aun buscando el equilibrio familiar y profesional, la mujer generalmente antepone su familia, mientras que el hombre prioriza el trabajo. La mujer tiene un don especial para el cuidado de las personas y para dar unidad a la familia, tiene esa  doble capacidad de estar en el trabajo y a la vez pensando que se ha dejado al niño con fiebre en casa, y eso nos genera mucho estrés.

P.- No es fácil.
R.- En absoluto. Hay que responder de las decisiones. En la vida no hay premio ni castigo sino consecuencias. Y pasa que nos gusta decidir pero no tanto, asumir las consecuencias.

P.- Yo no renuncio.
R.- Hay que ser realista. Si tu sueño es trabajar en la NASA y quieres vivir en Málaga tienes que renunciar a una de las dos cosas. Elegir es la clave de la vida. No podemos estar con la mano en el yugo y mirando para atrás porque vamos a ser unos desgraciados siempre. A veces buscamos el éxito exterior, pero donde está la felicidad es en el interior.

P.- ¿Cómo lo identificamos?
R.- Cuando empiezas a pensar en los demás es cuando de verdad te llega la felicidad. Mira la Madre Teresa de Calcuta. Las madres son felices con sus hijos porque dejan de mirarse a ellas mismas para mirar a sus hijos. Hay que saber poner las cosas en su sitio. Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a UNO mismo. Estar bien yo para estar y disfrutarme y darme bien con los demás. Un Carpe Diem bien entendido. El orden es ese, tenemos que estar muy llenas porque de lo que rebosa el corazón, habla la boca.

P.- ¿Cómo se toma el café Ángela Callejón?
R.- Me encanta el café. Si es bueno me gusta tomarlo solo, pero en el día a día, con leche, un mitad. 

image_pdfimage_print

400 días

Se cumplen hoy 400 días desde que se anunciara aquel primer Estado de alarma. Y durante todo este tiempo nos ha tocado despedirnos muchas veces y no solo de personas. En todo este tiempo han sido apartadas otras muchas enfermedades mucho más letales que la infección que nos ha cerrado el negocio y la boca, pero no los ojos.

Hoy quiero abrirlos con esperanza y reflexión pausada. Hay enfermedades que hemos tardado años en llamarla por su nombre. Cáncer. Se llama y dice cáncer, no una larga enfermedad como hemos leído y oído miles de veces. El cáncer nos ha tocado y nos toca a todos de cerca. Sin importar la edad: desde los dos años hasta los más de 70. Llega de forma fulminante y si no hay detección precoz ni tratamiento adecuado, la losa que se nos cae encima es demasiado pesada.

No me gusta llegar al café de media mañana con la cantidad de positivos y fallecidos por Covid que se nos dan a diario. Sin embargo, se agradece que solo lo hagan con una sola patología. Si el listado fuese de diagnósticos de cáncer, depresión y suicidios, ya nos habríamos tirado todos por la Peña de los Enamorados.

Tras cada una de las cifras se esconde una persona con miedo a sufrir, al dolor de su familia, a la incertidumbre de cuánto más. Pero aquí solo nos entendemos con números y son abrumadores:  en 2020 murieron 8 millones de personas por cáncer en todo el mundo.  De covid19 desde que empezó la pandemia (más de un año) tres millones de personas.  Todos estamos cansados del Covid19 y lo poco que sabemos y se vuelve a hablar del cáncer. Una enfermedad que según los últimos estudios padecerán una de cada 3 personas. Ahí es nada.

Decía Santa Teresa que la imaginación es la loca de la casa. Quizá termine un poco así porque no paro de imaginar a cada una de esos sufrientes y su familia.

La sobreinformación nos anestesia el cerebro. Fusila impulsos inocentes de libertad como salir a ver a tus padres y abrazarles; porque hoy los tienes contigo, mañana quien sabe. Por eso, vive, reza, abraza y besa a quien quieres cuanto puedas. Porque lo que es seguro es que el amor es lo único que nos hace libres.

image_pdfimage_print

Sin miedo

Que levante la mano quien no haya tenido una mala noche desde que comenzó la pandemia del Covid-19. Si ya en 2018 casi un 50 por ciento de la población española tenía trastornos del sueño, la pandemia ha disparado el número de casos, así como el de otras patologías nerviosas. Los TOC (trastornos obsesivo compulsivo) copan las consultas de psicólogos y psiquiatras desde marzo de 2020 y la estabilidad y salud mental de los ciudadanos está sufriendo una grave alteración que no se está cuidando ni teniendo en cuenta.

A quienes vivimos cerca del mar nos gusta buscar un rato de (des-)conexión respirando brisa marina. El ruido de las olas nos recuerda que somos viento que sopla y capaz de transformar cuanto nos rodea. El mar también nos alerta de que es fácil hundirse, pero es nuestro deber y derecho salir a flote.

A pesar del contexto, de la salud o la falta de ella. A pesar de las personas y de su tormenta de acciones y emociones que más veces de las que quisieran nos lastiman y nos hieren casi de muerte. Y solo entonces recordamos que vinimos para irnos. Ese abrazo que da la vida esperando la muerte que también es vida te grita que solo de ti depende el surco que hayas dejado. Recorreremos un camino con muchas piedras que nadie debe quitarlas de ahí, sino aprender a ver cómo a su alrededor crecen pequeñas flores. Porque también hay alegría, belleza y esperanza en la adversidad y el dolor.

La muerte es inevitable. Por eso vive como si fueras a recibir esta inoportuna visita en cualquier momento. Sal al encuentro de la vida. Busca ese atardecer que te llena el alma, oler a pinos o biznagas. Disfruta de esa sonrisa, esa mirada, esa mano que te acaricia.

Despierta con la certeza de la gracia con la que has nacido y multiplica tus dones. Repasa tus días de forma que brille más tu luz que tus tinieblas. Ama y solo así, vive. Sin miedo, como niños. Haciendo de tu mar, un cielo.

image_pdfimage_print

La vida sale

Si antes hablaba de las palomitas y el bochornoso espectáculo de nuestros políticos, antes se suceden una serie de acontecimientos que son más propios de un mal guión de tv movie que de mi querida España. Pero viendo que el pueblo solo quiere pan y circo, pues eso. A seguir capturando nuevos gladiadores a los que lanzar a los leones. Esa es la mejor manera de  olvidarse que quien de verdad se muere de hambre es aquel que grita desde la grada.

Esta semana se ha celebrado la muerte, que dicho así, choca. Pero como es digna, ya sí se permite la algarabía. Y pasa que los que tenemos la mala, pero necesaria, costumbre de pensar, nos formulamos preguntas de todo tipo. Si una persona que no decide morir ante el padecimiento y el dolor, ¿muere de forma indigna? ¿Vive de forma indigna también? Y si se aliviara el dolor o el sufrimiento de aquel que busca la muerte, ¿querría morir? ¿Querría si no sintiera que es una carga para su familia? ¿Y si no estuviera solo, querría morir?

Me consta que ver sufrir a quien quieres te destroza. Es muy duro. Nadie quiere sufrir y el dolor y la muerte da miedo. Pero sobre todo a lo que tenemos miedo es a la soledad. Otro drama contemporáneo. En Japón y Alemania se han creado ministerios expresamente para tratar este problema que aquí lo tenemos encima de la mesa. Una situación que se da más de lo que vemos y no solo en los mayores. En España, el 31 por ciento de los jóvenes menores de 30 años se sienten solos, según un informe de la Universidad de Comillas.

¿No te ha pasado ver en un bar a dos o tres personas en la misma mesa mirando su móvil? Rodeados de familia o amigos y tan solos. Cada uno en su mundo irreal a través de una pantalla. ¿Desde cuándo dejamos de mirarnos a los ojos? En la era más hiperconectada vivimos más aislados que nunca. Con las conexiones emocionales rotas y alteradas.

Ante la falta de recursos y en una sociedad como la nuestra tan independiente, relativa e individualizada, el sacrificio por los demás está demodé. Gran parte de nuestro tiempo lo empleamos en activos que den una rentabilidad física o económica. Para estar más guapa, más musculoso, con más pelo, con menos vello, más rico, con esa casa tan bonita… Lo demás es una perdida de tiempo.

Así lo han entendido los que mueven los hilos. No merece la pena que se destinen recursos a cuidarnos ni acompañarnos. En estos momentos precisamente aprueban la ley de eutanasia que la sociedad está sufriendo mucho. ¿No hubiera sido más urgente buscar aliviar el dolor? ¿Acompañar y cuidar al que padece? Sobre todo en medio de una pandemia con tanto sufrimiento, mala salud mental y mucha soledad no deseada.

Ahora deberíamos hacer como aquel que canta José Merce en La vida sale. Cuando nos pidan transitar calles oscuras que suponen un peligro auténtico para nuestra integridad física, mental o moral, deberíamos decir con arte que no. Que ya lo intentamos con buena voluntad pero ahí se quede usted en su tiniebla.

image_pdfimage_print

Ironías de la vida

Casi sin darnos cuenta hemos vivido un año siendo consciente de que la muerte acechaba tras cualquier esquina. Lejos de nuestra familia y amigos. Asistiendo incrédulos a un espectáculo diario de toque de queda, mascarilla fija en calles solitarias y jugada maestra de no te lo quedes tú que ya me lo quedo yo.

Y mientras tanto, debajo de ese ruido de movimiento de sillones, de sueldos públicos que se mantienen a base de cuota de autónomos que crece sin pudor, ayudas fantasmas, entre otros, y también impuestos del azúcar y del combustible que bajo ningún concepto lo asumen las rentas más bajas. Porque ya se sabe que los que menos ganan tienen prohibido usar el coche y beber CocaCola, no vaya a ser que por exceso de velocidad o de cubatas nos pongamos malos y tengamos que dejar de trabajar y mantener el paraíso de unos pocos que dicen estar a nuestro servicio. Sin dejar a nadie atrás.

Ironía en su más alto grado de expresión. Los sanitarios encantados de haberse conocido, por estar cuidados y mimados desde una Administración, mejor dicho, 17; que va cada una recorriendo el camino como puede o como le dejan. La salud mental descarrilada, cuesta abajo y sin frenos. Y el cuidado de los enfermos y terminales pendiente de una ley aprobada por el senado que tendrá su ratificación en menos de lo que se celebran elecciones.

Ante todo esto entran ganas de sentarse con un buen bol de palomitas a ver quién es el siguiente payaso que va a actuar; pero no somos espectadores. Nosotros interpretamos al protagonista, al pueblo sufriente y pagante. Porque ironías de la vida, la vidorra de unos pocos nos toca pagarla a todos, bueno, a todos todos, no.

Me preguntó hace dos semanas la del CIS en esa encuesta, en absoluto tendenciosa, que de qué clase social me consideraba. Y yo pensé que qué clase de pregunta era esa. Soy de la clase de gente que pringa. Que trabaja y paga escrupulosamente sus impuestos obedeciendo lo que mandan. A Dios lo que es Dios y al César lo que es del César.
Esa es la clase social a la que pertenezco. Esa que, parafraseando a la Faraona, repite como un mantra: “Ay, cómo me las maravillaría yo. Ay, yo cómo me las maravillaría”. Pero en esta ocasión se añade un para llegar a fin de mes o no tirar la chancla a la tele cuando sale el político de turno.

image_pdfimage_print

Carolina Navarro: “A veces pasa que la realidad te da un guantazo en el mejor momento de tu carrera y de tu vida”

Cuando entré en su casa de nuevo después  de tanto tiempo,  tenía muy claro que iba a hablar con una gran persona de enormes valores, generosa, amable y dispuesta a ayudar. Lo que no sabía es que de aquella charla sin prisa ni pausa surgiera la oportunidad de compartir vivencias tan personales como las que me hizo. Gracias Carolina Navarro por abrirme no solo las puertas de tu casa, también las de tu corazón.

Carolina Navarro: Capacidad y Esfuerzo

P.- Vamos a empezar por el principio. ¿Cómo se inició todo?
R.- Mis padres me metieron en el Candado para que hiciera deporte, a mí y a mis hermanos. Y de la escuela de fin de semana fui pasando y aumentando las clases, en vez de un día o dos empecé a ir 3 días a la semana, de ahí pasé a Escuela de Competición. Del Candado pasé al Cerrado, entrenando incluso 5 y 6 horas al día.

P.- Palabras mayores.
R.- Sí, entonces empecé a jugar campeonatos de Andalucía, campeonatos de España y de ahí ya pasé a un WITA (torneos internacionales profesionales). Fue en este momento que tenía 17-18 años cuando tuve que decidir si me dedicaba exclusivamente a competir y dejar los estudios, porque era inviable hacer las dos cosas.

P.- ¿Cómo se te daba estudiar?
R.- No sacaba notazas pero, bueno, iba aprobando. A mí me costaba mucho memorizar, y entre eso y que no tenía tiempo para estudiar, demasiado bien salía. Iba al colegio de 9 a 2 y entrenaba de 3 a 9.

P.- Sin duda, tenías capacidad.
R.- Era cuestión de organizarse y aprovechar el tiempo. Cuando tocaba estudiar estudiaba, porque el poco tiempo que tenía debía emplearlo muy bien en lo que estaba haciendo en ese momento. Yo tenía muy claro que quería entrenar pero también que los estudios eran lo primero. Es mejor centrarte en una única cosa que estar haciendo 7 cosas a la vez sin provecho.

P.- ¿Siempre quisiste ser deportista profesional?
R.- Se fue dando. Yo crecí haciendo deporte y al final sabía que mi futuro iba a estar ligado a ello. No sabía de qué manera, pero lo tenía claro.

P.- ¿Eras muy competitiva ya de niña?
R.- Me encantaba, competía hasta con las canicas, a todo, hasta a ver quién era el más rápido cogiendo un vaso; lo que fuera.

P.- ¿Tenías buen perder de niña?
R.- Sí, hoy ves a los niños cuando pierden y muchos se frustran por cualquier cosa. Hay que asumir que en ese momento el otro es mejor que tú y no pasa nada, te hace más fuerte porque al analizar la situación descubres en qué puedes mejorar, pero es más importante saber ganar que perder.

Carolina Navarro: Con los pies en el suelo

P.- ¿Por qué?
R.- Porque se trata de tener los pies en la tierra. Hay una frase que de tanto decirla me creo que es mía pero no lo es y me encanta: “No eres tan bueno cuando ganas, ni tan malo cuando pierdes”. Hay que tener un equilibrio, ni eres el mejor ni el peor. En una temporada tienes 20 torneos y hay que tener la cabeza bien fría para que las derrotas no te duelan y las victorias no te cieguen. Esa es la HUMILDAD, en mayúsculas.

P.- ¿Te lleva alguien las redes sociales?
R.- Las gestiono personalmente. Muchos se sorprenden cuando me escriben, “¿de verdad eres tú?”, (risas). Me gusta estar cerca de la gente e intento contestar a todos, quizá alguno se me haya quedado sin responder, pero espero que no. 

P.- ¿No te has planteado cederlo a una empresa?
R.- No, si acaso lo hiciera sería solo para los sorteos. Me gusta ser yo quien está pendiente y cerca de las personas que me siguen y me apoyan, es muy característico mío, de esas cosas de ser como soy. 

P.-  ¿Qué tienen las redes para ti?
R.- Recibo un apoyo increíble. Ha habido momentos así más bajos y lees esos ánimos y no te queda otra que venirte arriba. También es cierto que cuando hay algún comentario negativo, me marca mucho.

P.- Pero hay que quedarse con lo bueno.
R.- Sí fíjate que lo hago, y que me digo a mí misma “Venga, Carol, céntrate en los positivos”. Porque esa es la realidad, que hay más gente que suma y ‘haters’ hay muchos; pero debemos centrarnos en quien nos quiere. Lo hago también los partidos: pienso en mi entrenador, en Ceci, en la familia y lo demás no importa. Solo gente que suma. Eso a mí psicológicamente me ayuda mucho.

P.- El deporte que más se vende en España es el fútbol. ¿Caemos en el error de por hacer de ello un espectáculo se ocultan sus valores?
R.- Precisamente el fútbol es el deporte que menos valores aporta. No me gusta un jugador que finge que se tira; o que se queja de que le han hecho daño y no le han tocado, o que se pelea con otro jugador e incluso con el árbitro.

P.- ¿Qué deporte es para ti el que más valores transmite?
R.- Sin duda el rugby. Ahí donde los ves, a los jugadores tan grandes y ellos no fingen ni se pelean, y mira que se dan bien; al arbitro le habla solo uno, el capitán, y hace eso: hablar y con respeto. Y después del partido hayan perdido o ganado, se van juntos a comer. Es la máxima expresión de los valores. Me encanta.

Carolina Navarro: Extraordinarios y capaces

P.- Gestionas pistas de padel, jugadora profesional y desde 2017 presidiendo un proyecto precioso de pádel adaptado, la Fundación Palas Para Todos. ¿Cómo surge tu querencia con este colectivo?
R.- En mi familia no tenemos a nadie con ninguna discapacidad ni síndrome down, pero todo surge en Castellón. Mi mejor amiga allí tenía un hijo con parálisis cerebral, se llamaba Bibis. Ahí entendí bien la fuerza que tiene que tener una madre para llevar eso adelante y sobre todo la que tenía ese chico, era increíble.

P.- Enseñan mucho.
R.- Muchísimo. Claro, tu ves a un chico que comía por la barriga, y uno puede creer que en ese estado no se entera de nada, pero en absoluto: se enteraba de todo. Le decías cualquier cosa y se empezaba a reír. 

P.- ¿Qué supuso Bibis en tu vida?
R.- Conocer y vivir su situación tan de cerca, hizo que me apasionara por las personas que tienen algún tipo de necesidad. Estando en Castellón, en 2002, organizamos un torneo para recaudar dinero para chicos con parálisis cerebral.

P.- Esto fue 10 años antes de qué naciera Palas para Todos. 
R.- Sí. Lo de Castellón no tenía nada que ver, pero desde entonces me empecé a interesar; estuve yendo a varias asociaciones a colaborar. Coincidió que después mi hermana Elsa y Nini Conejo hicieron un curso de monitores de pádel adaptado y empezaron a dar clase. Y cuando venía a Málaga también iba con ellos.

P.- ¿Qué sentías?
R.- Recuerdo que venían los padres a dar las gracias. Pero era yo la agradecida. La experiencia y la energía que me dan esos chicos cuando estoy con ellos era impagable. Me iba con un chute de positividad. Gracias por permitirme estar con ellos. Y a raíz de aquello pensamos de qué manera podíamos ayudar más y así nació la Asociación Palas para Todos.

P.- Hablamos de 2012.
R.- Sí. Así ya pudimos empezar a solicitar subvenciones, becar a los chicos, también conseguimos que mi marca Starvie les consiguieran equipaciones. Los pudimos llevar a la pista central de World Padel Tour. Y bueno, no sabes qué caras y qué emocionante, es impresionante. Gracias a WPT que visibiliza estas acciones 

P.- ¿Se conocen las consecuencias del pádel adaptado?
R.- Hay gente que no sabe que un chico con autismo, síndrome down o Asperger y parálisis   puede entrar en una pista de pádel y los beneficios que tiene, tanto física, mental como sociales. Tenemos incluso a un chico con síndrome down que es monitor en la escuela. Es brutal lo que se consigue.

P.- ¿Qué es lo que más te ha marcado?
R.- En los Campus de Verano del Club Mediterráneo se hizo una inclusión con 4 chicos en 2019. Había dos hermanos con autismo, uno de ellos con un grado mayor y la madre se dio cuenta que escribiendo se podía comunicar con él. Un día le pregunto qué es lo que más le gustaba del Campus, y el niño escribió: “Que me siento en el mundo de los vivos”.

P.- (Silencio)
R.- Te está diciendo que le ignoran constantemente. Se me siguen poniendo los pelos de punta al ser consciente de ello. Eso es lo que me llena, no los títulos. Seguiré ayudando todo lo que pueda.

P.- Me cuentas esto y es inevitable pensar en la facilidad con la que se propone abortar cuando viene un niño con un cromosoma más. 
R.- A mí me causa mucho rechazo. Veo a tantos chicos con síndrome down que son inmensamente felices; y lo son con la forma que les ha tocado vivir. Me daría mucha pena no haber tenido la oportunidad de conocer a cada uno de esos chicos.

P.- A mí me da por pensar que la verdadera discapacidad la tenemos los demás.
R.- Totalmente de acuerdo. Fíjate, los padres de estos chicos no tienen palabras para agradecernos lo que hacemos por ellos; pero es que no es necesario, al contrario. La agradecida soy yo. Es como tú dices, si te paras a pensar y ves ese cariño y esa empatía como la que tienen Elsa y Nini que son las que están día a día… Pues sí, eso no lo tiene todo el mundo, por desgracia.

Nini Conejo y Elsa Navarro con parte del equipo Palas para Todos

P.- ¿Tan deprisa vivimos que no valoramos la vida? 
R.- Estamos todo el día pegado a la pantalla, yo la primera. Es verdad, vamos a mil revoluciones. Hay que pararse y valorar otras cosas, yo la primera. 

Carolina Navarro: El Olimpo del Pádel

P.- ¿Será el pádel olímpico?
R.- Están tan lejos que no sé si lo voy a vivir. Y digo vivir de verlo en vida. Para que sea Olímpico tiene que haber 70 países con práctica masculina y 40 femenina, en 3 continentes. Hay locura en muchos países, sobre todo Brasil y Suecia pero te sales de ahí y no se llega a la cifra, siento quitarte la ilusión (risas).

P.- Hablando de países, ¿a cuántos has ido?
R.- España, Egipto, Emiratos, Suecia, Noruega, Italia… Creo que en total en una docena de países.

P.- ¿Qué te has traído de ellos? 
R.- De Italia, arena, (risas). De Suecia más que traerme es que mi familia procede de ahí y me he traído su cariño, su esencia, poder disfrutarlos. Mi madre sueca y mi padre español. También recuerdo la suerte de haber hecho una exposición en las Pirámides de Gizah, y de allí me traje una energía muy especial.  También Argentina es genial, que es de donde es Ceci. De cada país me he traído lo mejor y buena energía.

P.- ¿Nos gusta quedarnos con lo regular?
R.- Intento quedarme con lo bueno de las personas y trato con tener a mi alrededor personas con buena energía. No es que tenga muchísima gente, pero mi círculo más cercano siempre los quiero positivos y con buena energía. Eso es lo que te hace a ti estar feliz y con buena energía.

P.- Personas vitaminas como dice Marián Rojas Estapé.
R.- Buena gente, gente transparente, y que sean positivas. Para que te pasen cosas buenas, que por cierto, tengo pendiente leerme su libro, que me recomendaste. 

P.- Oye cuéntame que está pasando en tu otro país, en Suecia.
R.- Locura auténtica, y yo feliz. La primera pista del país la inauguré en 2008 y estaba encima de una bolera. Las paredes eran de madera en vez de cristal, y había un montón de líneas en el suelo porque allí también se jugaba al hockey y otros juegos. Era muy divertido porque yo iba todos los años y jugaba y se quedaban mirando la pala con esa cara de “¿esto qué es?” (risas).

P.- Entonces fuiste la precursora del Padel en Suecia.
R.- Sí, hicimos una demostración varias jugadoras, jugamos a torneos y empecé a meterlo y mi madre también fue hablando con los medios y poco ha ido proliferando hasta llegar ahora que han nacido muchísimos club y están automatizado las pistas. Llegas con tu app se abre la puerta, se encienden las luces y en muchos de ellos se juega las 24 horas. 

Carolina Navarro: La vida y la muerte

P.- ¿Cuál es tu comida favorita de allí?
R.- Lo que mas me gusta es el kottbullar, las albóndigas suecas, qué ricas las hacía mi abuela y qué bien olían. Era la primera comida que había cuando llegábamos a ver a la familia. Por supuesto el salmón, eso es superior y cómo no, el chocolate bien caliente con nata extra hasta arriba, muy light (risas) no debe faltar. 

P.- La cocina de la abuela. Cómo marcan las abuelas, ¿verdad?
R.- Muchísimo, a mí me marcaron mucho las dos. Mi abuela sueca que se llamaba Lilly, murió hace poco. Y mi abuela española, Encarna, murió hace ya 30 años pero no hay día que no piense en ella, es como si no lo hubiera superado. Quizá ella sea también una de las razones de las que te haya propuesto venir a mi casa para hacer la entrevista. Todos los domingos venía a comer a casa y mi padre hacía paella. Hemos vivido mucho esta casa.

P.- ¿Veías mucho a tu abuela sueca?
R.- A mormor (abuela en sueco) solo la veía una vez al año, pero tenía una conexión especial con ella. Tanto que me pasó una cosa muy bonita: yo estaba aquí en la terraza y se me posó en la mano una especie de mariposa que parece una libélula, era una mariposa muy extraña que no  había visto en mi vida y que no he vuelto a ver y yo sabía que eso era una señal. 

P.- ¿Qué tipo de señal?
R.- Ese día murió mi abuela Lilly, mi mormor. Cuando la mariposa se puso en mi mano tuve una sensación interior de paz y de sentir que todo está bien. Busqué el significado de las mariposas y decía que son seres que se han ido. Bueno, se puede creer o no, pero lo que yo sentí ahí está. 

P.- ¿Por qué dices que no has superado la muerte de tu abuela Encarna?
R.- Cuando ella falleció yo estaba haciendo selectividad. Entonces mis padres decidieron no decirme nada hasta que yo terminara los exámenes, que los hacía en Madrid; y cuando termino y vuelvo a Málaga me lo dicen. Yo no había podido ir al entierro. De haber sabido que mi abuela murió habría dejado la selectividad para cuando fuera. Se me quedó muy dentro no haberla podido despedir. 

P.- Ese querer proteger a los hijos, que sin querer se hace daño.
R.- De verdad. Mi abuela obviamente sabrá porqué no estuve. Pero desde entonces les digo siempre a mis padres que me tienen que decir todo. Fue algo que no llevé muy bien. Si estoy de torneo, mi madre no me quiere contar los problemas; pero yo le pido por favor que me diga; que ya tengo 45 años. 

Carolina Navarro: Igualdad y Feminismo

P.- ¿Está bien representado el papel de la mujer?
R.- Yo creo en la mujer, el papel que tiene en la sociedad y también que tendría que haber igualdad real. 

P.- En el pádel, ¿ha mejorado?
R.- Sí, pero aún estamos cobrando 3 veces menos que los hombres. Hace unos 5 ó 6 años era casi 7 veces menos y teníamos muy poca visibilidad. Esto es histórico, viene de que el hombre siempre era más que la mujer en el deporte. Ahora con el World Padel Tour está cambiando mucho, tenemos incluso un torneo solo de mujeres. Es un escaparate para conseguir patrocinadores. Se están dando pasos y ha habido una evolución muy buena. 

P.- Entonces, ¿no se podía vivir solo del pádel?
R.- La mayoría tiene que hacer otras cosas. Las que teníamos suerte como yo, con buenos patrocinadores, sí daba para vivir, pero ese año; después había  que buscarse la vida. 

P.- Has sido muy valiente por posicionarte así en esta profesión.
R.- Hemos luchado mucho para conseguir esa igualdad real. Había una asociación femenina que incluso llegué a presidir. Hay muchas jugadoras que llevan tres o cuatro años y diciendo que hay que cambiar las cosas y tal, pero es que no tienen ni idea de dónde venimos.

P.- ¿De dónde?
R.- De jugar una final en una pista escondida que no se ven porque la central era de uso exclusivo masculino, y con cuantía de premios  7 veces inferior, de no tener fisio, de no tener agua, de no aparecer en las crónicas deportivas… Ahora es otra historia, sí hay igualdad, salimos en la tele como los chicos, tenemos fisio, agua, jugamos en pista central y nos pagan hasta los hoteles. Son cosas antes impensable y las que llegan ahora no lo valoran.

P. – ¿Te parecen válidas todas las reivindicaciones del feminismo?
R.- Hay muchas que me parecen absurdas y nos aleja de lo principal que es que un hombre y una mujer son perfectamente capaces y deben cobrar lo mismo; y yo veo que al menos en pádel estamos yendo por el buen camino y estamos consiguiéndolo. Ahora, eso de la cuota pues no sé; en las empresas hay que fijarse en la valía del aspirante y no en si es hombre o mujer. 

Carolina Navarro: Profeta en su tierra

P.- Dices lo de que la jugadora de pádel no sale en prensa pero eso en tu caso no se cumple.
R.- Bueno es que eso de ser malagueña y tener una madre representante es otra cosa (risas). Hay veces que me da hasta vergüenza, pero si no fuera por la insistencia de mi madre no hubiera sido posible. Con ella no puedes no enterarte. Ella fue la precursora de mí y de lo que hacía.

P.- Es para estar contenta.
R.- Lo estoy y mucho. La prensa me ha respetado muchísimo y ha estado siempre a mí lado. No creo que haya ninguna jugadora a la que la prensa le cuide tanto como a mí aquí y en toda España. Desde aquí doy las gracias.

P.- Y en tu tierra, como dice el refrán, pero hay excepciones.
R.- Nadie es profeta en su tierra. Me faltaba ganar un torneo aquí y lo conseguí en el Carpena. Dos semanas antes me había roto el gemelo. Me dijeron que si jugaba ese torneo se podía romper el todo, porque era una lesión tipo cremallera. Y yo le dije al fisio que hiciera lo que fuera, pero que yo tenía que jugar. Me hicieron un vendaje compresivo. 

P.- ¿Cómo lo recuerdas?
R.- El primer torneo jugando coja y Ceci corriendo de un lado a otro. Lo ganamos. Segundo torneo, de nuevo vendaje compresivo, tratándome todos los días. Y ese torneo ya era final teníamos 5 bolas de partido en contra y ya ahí tendimos el pundonor de que tenemos que ganar. El Carpena estaba que se caía y bueno, lo ganamos. Fue un momento de locos, íncreíble.

P.- Qué bonito ese momento.
R.- Sí, de verdad que sí. Soy una afortunada de hacer lo que hago y seguir aquí con 45 años. A ver cómo me tratan las lesiones. El año pasado ya sufrí mucho.

P.- El confinamiento fue terrible en muchos sentidos.
R.- Fue un destrozo porque tenía mi entrenamiento en dos por uno, y en parqué que te revienta las rodillas. Eso agravó mi problema con la lumbar y venía tocada. No había hecho pesas, pero bueno. Mentalmente fue difícil porque entrenabas sin tener objetivos, sin saber si ibas a competir o no.

P.- Claro, ¿para qué entrenas?
R.- Efectivamente. Todos lo sufrimos a nuestra manera. Y justo se abrió la fase 0 y nos dijeron: “En dos semanas a competir”. No estábamos preparadas, porque además en España el encierro fue radical.

P.- ¿Qué tiene el deporte?
R.- El deporte te da unos valores y al final es una forma de vivir para la vida. El deporte me está enseñando a gestionar mi vida. Ahora cuando me retire, los valores que he recibido del deporte me va a aportar lo que necesito para no perder el rumbo.

Carolina Navarro: Tras los focos hay mucho dolor

P.- ¿Planeas tu retirada?
R.- Yo veo mi retirada desde hace tiempo. Me va a costar porque es mi pasión. Pero es cierto que ya el año pasado ya no disfruté tanto porque tuve muchos problemas en la lumbar. Esta mañana lo hablaba en el gimnasio, la gente solo ve lo que hay debajo de los focos, pero lo que hay detrás de eso, el 99% de todo, es mucho dolor. 

P.- ¿Hasta qué punto?
R.- Convivo con el dolor, y pienso en ese precisamente en eso: hasta qué punto merece la pena pasarlo mal en el día a día. El año pasado fue muy malo, la cuarentena, ir mal entrenado, a eso se suma que Ceci se rompió y tuve que cambiar de compañera. Y quiero y espero creer que mi dolor lumbar venía del estrés y la tensión que sufrimos todos.

P.- ¿Entonces, es definitivo, esta es tú última temporada?
R.- Tú en la pista me ves genial, pero yo llevo enantyum antes de cada partido y cuando sales de ahí, más dolor. Lo he hablado con el psicólogo. Me ha dicho que no juegue pensando que es mi última temporada.Valoraré mi salud y el sufrimiento; pero ya veremos cuando acabe la temporada. Ahora juego y voy a por todas.

P.- ¿Cómo te gustaría que te recordaran?
R.- Yo quiero que la gente se quede con cómo soy yo, y no con los títulos que haya ganado. No soy mejor que nadie por ello. Cada uno tiene lo suyo y es de reconocer. Yo soy la misma Carolina Navarro que hace 45 años estaba en una cuna. No quiero cambiar, no tengo motivos para hacerlo.

P.- ¿Qué te gustaría hacer al retirarte?
R.-  Quizá entrenar alguna pareja del circuito, seguir en contacto con World Padel Tour; también van a venir grupos de suecos y entrenarlos; una escuela de menores…, tengo muchas ideas.  El pádel es mi vida. Lo que yo sé y domino es esto y así es como puedo ayudar y hacer crecer a gente y países.

P.- ¿Volverías a Málaga?
R.- A la larga, probablemente termine aquí. Pero ahora solo quiero pensar en esta temporada. Empezamos en menos de un mes y este año regresar a Madrid me va a costar porque he estado más en Málaga que nunca, porque ni si quiera hemos hecho la pre-temporada en Argentina como solemos a hacer. 

P.- Me hablas mucho de Argentina. ¿Qué te dice a ti?
R.- Cada vez que voy me tratan muy bien. Es un país bellísimo y que me encanta y que está poco explotado y aprovechado. Ceci también habla maravillas pero sabe bien y con pena esa inseguridad que aquí no tiene.

Carolina Navarro: Revés a la salud 

P.- ¿Alguna vez pensaste en hacer familia y tener hijos?
R.- Si eres deportista es complicado porque o te retiras pronto o no tienes. Nunca pensé en si quería o no tener hijos. Yo con mis sobrinos que los malcrío, ya iba bien servida (risas). La verdad es que trato a mis sobrinos como si fueran mis hijos, se vienen una temporada a vivir conmigo. Además, yo tuve una endometriosis me sacaron un ovario y estuvieron a punto de vaciarme entera en 2013.

P.- Cuéntame eso bien.
R.- Yo tenía dolores cada cierto tiempo en la zona abdominal inferior. Primero se pensaba que era colon irritable, me vieron en Argentina que fue donde me pilló y me recomendaron que mejor me revisara un ginecólogo. Y ya aquí en España fui, y además ese día iba sola. Me dijeron que podía tener cáncer y que lo mejor era vaciarme entera.

P.- ¿Así tal cual te lo dijeron?
R.- Tal cual y estando sola en la consulta. Salí de allí, y me fui a Santander a ver a un ginecólogo oncólogo. En los análisis los valores tumorales eran muy elevados. Recuerdo que este médico me hizo firmar autorización de si lo que encontraba requería el vaciado de útero total, lo pudiera hacer. 

P.- ¿Cuándo te operaron?
R.- Me operaron en febrero, me quitaron un ovario y los 4 meses siguientes seguía teniendo valores tumorales elevados. Se pensaba que había cáncer en otro órgano. Estuve a punto de hacerme otra prueba pero de pronto en junio los valores tumorales salieron bien. Recuerdo que estuve llorando dos días seguidos. 

P.- ¿Cómo estás ahora?
R.- Bien, todo bajo control. Estuve dos años muy vigilada pero los valores se mantuvieron bien. Me pusieron un tratamiento para que no volviera a aparecer la endometriosis porque soy propensa a ella. A veces pasa que la realidad te da un guantazo en el mejor momento de tu carrera y de tu vida. Aquello lo fue. 

P.- Acababas de ser campeona del mundo.
R.- Sí, en 2012 Ceci y yo lo ganamos todo, menos un torneo. Nos sentíamos invencibles y de pronto pasa esto. Y no, no éramos invencibles. A partir de ahí empezamos a perder partidos. Aquello nos hizo consciente de que éramos y somos vulnerables, perdimos esa confianza. Me hizo pensar mucho. 

P.- ¿Qué pensabas?
R.- Pensaba que me moría y eso afecta mucho. Pero no me podía morir ya, quería ver crecer a mis sobrinos. Mi familia. Esto solo lo sabían Ceci, Vane y mi familia, pero nadie más. Minó la confianza, hay cosas más importantes en la vida que el deporte. Como la pandemia. Todo lo que se estableció en aquel confinamiento deberían quedarse para siempre, la familia, la solidaridad. Eso que no se vaya nunca.

P.- ¿Cómo se toma el café Carolina Navarro?
R.- Prefiero tomar mate, un té argentino que tiene muy buenas propiedades. Pero aunque el café no me gusta, su olor me encanta. 

image_pdfimage_print

Sentir duele

Llegamos a casa después de haber tomado algo con unos amigos en el bar más antiguo del pueblo para celebrar el día de Andalucía. Hacía dos meses que el trabajo nos había impedido regresar y ver a la familia. Como cada sábado por la noche, la televisión era una opción que poco tenía que ofrecerme. Cogí el teléfono móvil. Me acordaba de un chico que estaba muy malito. Jorge Ribera Sempere. A pesar de su enfermedad y su debilitamiento, insuflaba vida y amor.

Pero no había nada nuevo. Recé por él y empecé a bichear por internet después de haber reflexionado si yo, que gozaba de buena salud, tenía la misma alegría y esperanza que Jorge. ¿Cómo estaría yo en su situación? ¿Cómo estaríamos tras 10 años con leucemia?

Y así me vi navegando a través de blogs, cuentas y perfiles que suman hasta que llegué a una que me hizo cambiar el chip. Me vi leyendo con cierta preocupación el testimonio de una mujer española, madre de familia, en pleno corazón de la Lombardía. Y entoné el mea culpa. Confesé en voz alta que quizá estábamos ante algo gordo (una expresión muy amplia cuando no tienes ni idea de lo que tienes delante pero cuya gestión sabes que cambiará para siempre nuestras vidas. Y así ha sido).

Porque, ¿quién no despreció al Covid19 en febrero de 2020? Lo hizo el Gobierno de España en bloque y la mayoría de medios de comunicación. A pesar de Italia. Pero a mí, amante y defensora de los refranes como soy, no me cuadraba que se siguiera haciendo vida normal cuando  estaba muy claro que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.

Lo extraño de todo esto, es que un año después, más de 60.000 muertos, y cientos de miles de personas con trastornos mentales, ruinas económicas y sociales, se siga despreciando, no al virus, sino a las personas. ¿Qué hacemos? ¿Criterios políticos o sanitarios? ¿Cuestión económica? Después nos llevamos las manos a la cabeza con declaraciones como las de Victoria Abril, pero visto lo visto; lo de la gestión de esta pandemia en España es para volverse ‘majarón’, como se dice en mi tierra.

Ahora tampoco me interesa lo que pone la tele; por eso quiero volver a acudir a Jorge Ribera Sempere. Su sonrisa a pesar del dolor y de la enfermedad. El valor de la familia, de ayudarse. El sentido de saber que cada situación que vivimos importa y nos hace bien. No solo a mí, también a quien me rodea. Jorge murió el 29 de febrero de 2020. Puede que no entendamos en absoluto lo que nos pasa y que nos quedemos con ese amargo regusto de la impotencia de querer y no poder; pero si algo trasciende al ser humano es el poder del querer. Dejarse amar y ser amado. Sentir duele. Llorar es bueno. Estar triste nos recuerda que nos necesitamos unos a otros y que somos alma que siente y se emociona. Los abrazos no volverán porque realmente nunca se fueron.

image_pdfimage_print

Árbol Caído

Los Pablos se han llevado el protagonismo esta semana. Puedes pensar en cualquiera de esos tres que han copado los titulares. Da para escribir un libro; o tres: de miedo, de broma o de autoayuda. Serían un bestseller, ni a los mejores guionistas se les ocurriría tamaña trama.

¿Te imaginas que en el Gobierno de España y en casi todos los medios de comunicación estuviéramos pendiente de lo que dicen los usuarios de una empresa dentro de esa empresa? ¡Vaya chorrada! ¡Lo que nos faltaba! Pendientes de esa opinión dada en un sitio que sigue las reglas de juego de una corporación extranjera y que no conoce ni respeta mis derechos y obligaciones constitucionales. Y que por ello me hace caer en errores y faltas porque no me ampara ni me defiende a mí, sino a los propios fines de esa compañía: lucrarse y conseguir información y hábitos de consumo.

Pues deja de imaginar, porque tenemos día sí y día también en el menú esta sopa boba que a base de inmediatez, ruido y mucha soberbia está fomentando un clima tenso que mucho se aleja de aquellas bondades que vimos los románticos en estos foros.

Twitter apareció como un lugar accesible en el que encontrar a personas con las que poder compartir pareceres, ideas y acortar distancias imposibles. Una red social para crecer. Sin embargo, cada vez es más un lugar de confrontación. ¿Por qué quisimos olvidarnos de la ética? Necesitamos despertar de la embriaguez del consumo, la envidia y el miedo.

Si abres los ojos y solo miras lo que te quieren mostrar, solo verás el ruido de una minoría. Porque bien cierto que es mayor el estruendo de un árbol al caer que el sonido de todo un bosque creciendo. De nosotros depende no hacer leña del árbol caído. Porque sin duda, son muchas más las personas que trabajan por mejorar la vida de los demás.

Te invito a hacer una reflexión. Piensa en alguien que te haya cedido el paso, sonreído o preguntado tu nombre con amabilidad en los últimos días. Imagina que esa persona, como tú, tiene sus luchas internas, sus frustraciones, sus miedos, su dolor, su cansancio. ¿No es maravilloso que alguien con esas circunstancias haya sido capaz de abrazarte con la mirada? ¿De tratarte con amor?

Porque de eso se trata. De vivir intensamente con amor. Sin pensar demasiado en lo que tienes o dejas de tener. Por eso toma cada día con ilusión, pensando qué puedes hacer tú para mejorar tu mundo. Pensando en pequeño actuarás en grande. Sin miedo y con mucha fe. Trabaja tu salud física, mental y espiritual para, como a mí me gusta decir, traer a nosotros tu Reino. Feliz primer domingo de Cuaresma, y sí: este año volverá a haber Semana Santa.

image_pdfimage_print

Amor, amar

Recuerdo siendo pre-adolescente que si el 14 de febrero caía entre semana y aún seguíamos con el uniforme verde, allá que nos plantábamos en el cole con algo rojo. El pañuelo de Levi’s era lo más socorrido: discreto, útil y muy de moda. Lo cumplía todo.

Daba igual si habías encontrado o no al amor de tu vida porque ya se encargaba la SuperPop, la Bravo, la Vale o el You de conquistar tu intelecto a base de fotones de estudio con los artistas de la época.

Aunque yo me sienta muy guatequera; a las de mi generación se nos distingue la edad exacta según la BoysBand de la que eras fan: ¿Take That, BSB o NSYNC? Y sí, las boysband están muy bien: temas con mucho ritmo y coreos muy trabajadas, y además hizo a mis coetáneas querer hablar inglés. Porque era un idioma necesario para declararle el amor platónico al guapo del grupo, que gracias a Dios y para evitar peleas, tenía un previo consenso para que no fuese coincidente.

La máxima de cualquier adolescente siempre ha sido «mi amiga por encima de cualquier chico». Un planteamiento que con el paso del tiempo y su perspectiva, entiendes que no es absoluto ni excluyente. La vida te enseña que colocar a tu amiga por encima de lo que sea no tiene sentido.  Porque lo que realmente lo cubre todo, incluso a tu amiga de toda la vida, es el AMOR. Sí, con mayúsculas y sin gritar.

El amor de verdad todo lo perdona, todo lo entiende y nada juzga. Promueve la confianza, la lealtad y reconoce en el otro la bondad de sus intenciones aunque el resultado haga daño y ofenda. Para eso esta el intelecto y la caridad. Entender y enseñar con benevolencia.

El amor reconoce en los actos erróneos de los otros el dolor o el sufrimiento que ha padecido. Su ignorancia o incapacidad de acertar las palabras o los hechos. No busca la soledad, ni hacer daño, ni difundir medias verdades para que te lleves la razón a toda costa.

El amor es capaz de saber ver en otro las ganas de levantarse aunque no le pueda la fuerza, aunque esté triste y falto de esperanza. La mayoría de las personas quieren hacer el bien, buscar lo mejor. Y en ese camino hay caídas, errores y faltas. Pero cada día tenemos la oportunidad de volver a empezar.

Amar con paciencia y serenidad; sin esperar nada a cambio. Hacerlo sin corazones, brindis ni regalos. Amar tanto que seamos capaces incluso de hablar bien y con cariño de aquellos a quienes no soportamos. A esos que nos han traicionado y herido en nuestra alma. Incluso a los que nos gobiernan, les hayamos votado o no. Eso sí que es desear un Feliz San Valentín.

image_pdfimage_print

Pablo Dawid: «La familia es el pilar sobre el que se sustenta la historia de cada uno”

Desde siempre he admirado el talento con el trazo, la capacidad de adaptarse a las circunstancias y la riqueza cultural. A estos talentos se le une un genial sentido del humor, una sinceridad maravillosa y una generosidad manifiesta. Pablo Dawid, arquitecto y artista, una persona conciliadora, que suma y que está dispuesto a empezar cada día con ganas de aprender y dar lo mejor de sí para, con su ejemplo, construir una sociedad mejor.

Pablo Dawid se toma #UnCaféConPorras. Espero que disfrutes leyendo esta entrevista tanto como yo al hacerla.

P.- ¿Por qué decides estudiar arquitectura?
R.- Siempre he tenido una marcada tendencia artística. En tercero de E.S.O. me di cuenta que me gustaba porque aunaba arte, tecnología, matemática. Además a mí siempre me había gustado dibujar. Quizá por eso dudaba entre Bellas Artes y Arquitectura. Hablé con mi madre y me ayudó bastante. Ahora soy arquitecto y sigo desarrollando mi vertiente artística.

P.- Yo os recuerdo en Pamplona, con el frío que hacia, dibujando en la explanada de Comunicación a mano alzada…
R.- (Risas) Durante la carrera haces de todo; pero te ayuda a saberte definir para lo que viene después. La arquitectura es un arte al servicio de los ciudadanos y hay que usar bien la cabeza para que ese arte sea útil, que sea firme y perdure. Pero sobre todo, la arquitectura es un servicio.

P.- ¿Por qué contemplas la opción de ir al extranjero al acabar la carrera?
R.- Veníamos de un gran parón en la construcción que a los jóvenes arquitectos nos hizo salir fuera y buscar oportunidad en otros países. No obstante,  mi primera opción era realizar un Máster de Restauración en la Politécnica de Madrid; pero realmente la situación me hizo ver más allá. Y surge Kuala – Lumpur.

P.- Y allí que te plantas con 23 años. ¿Cómo llegas a Malasia?
R.- A través de la Universidad conseguí unas prácticas para 2 meses. Cuando acabó ese tiempo, y  viendo que allí había buenas expectativas y el panorama en España había cambiado poco y era muy duro, decidí quedarme allí un año. Recuerdo que en aquel estudio hacíamos estaciones de metro y edificios de oficinas, sobre todo.

Pablo Dawid: Elección de vida

P.- ¿Eras consciente de todo lo que dejabas atrás?
R.- Sí, porque precisamente dos meses antes de marcharme había conocido a una chica. Y sabía que era la mujer de mi vida, pero también sabía que era importante el trabajo y conseguir una estabilidad económica para llevar a cabo ese proyecto de vida juntos.

P.- Dicen que la distancia es el olvido, pero no siempre se cumple.
R.- En nuestro caso la distancia sirvió para reforzar ese sentimiento de que ella era la persona con la que quería estar. Fue muy emocionante. Tras dos años a distancia nos casamos y en Singapur nació nuestro hijo mayor.

P.- A vosotros os ha unido.
R.- Muchísimo. Y después una vez casados, estar lejos de nuestro entorno nos ha hecho vivir como matrimonio mucho más unidos. Hay que ser muy sincero contigo mismo y tener muy claro qué proyecto de vida quieres y ese defender querer formar y hacer familia. El matrimonio tiene sus luces, y también alguna sombra, pero es un estado vital muy bonito y muy pleno. Tú te das a tu marido o a tu mujer y es una riqueza; no solo para ti; sino también de cara a la sociedad.

P.- ¿En qué sentido?
R.- Como familia lo que se puede aportar a la sociedad es muy bueno. El ejemplo de la alegría, del esfuerzo; y merece la pena. Dejar a un lado el yo y que aparezca no ya el nosotros, sino el tú. Hoy vemos en la sociedad precisamente lo contrario. Cómo intentar prorrogar al máximo el tiempo de vivir con alguien, o aceptar a la otra persona con sus limitaciones y diferencias. Y eso hay que verlo como una riqueza pues el ser humano está hecho para querer a los demás y ser alegres. Siempre con cabeza, esfuerzo diario en el trabajo y mucho amor.

P.- Cuando te marchaste, ¿renunciaste o elegiste?
R.- Se puede decir que elegí. Me vi que en muy poco tiempo gané una apertura total a lo internacional. Pasé de Pamplona, que es una ciudad pequeña, a un breve tiempo en Granada y después salto a Malasia. Valoré todo lo que había recibido y lo que venía a recibir. Una riqueza cultural increíble.

P.- ¿Por qué te vas de Malasia?
R.- Me salió una muy buena oportunidad en Singapur, la ciudad es muy puntera, compacta y muy pequeñita; y además tiene integrado todos los elementos vanguardistas de arquitectura. Aquí el crecimiento fue aún mayor porque es una sociedad muy cosmopolita: australianos, estadounidenses, europeos, tiene también una comunidad filipina importante y el 75 por ciento de la población es china.

P.- ¿Recuerdas alguna anécdota?
R.- Tengo muchas pero recuerdo con diversión que en Malasia los chinos querían sacar la máxima rentabilidad al terreno y era muy gracioso porque cada dos semanas cambiaban de idea y querían un proyecto distinto. Echaba un montón de horas dibujando proyectos que no servían, pero ahí eras un eslabón más en la cadena. Los jefes sí peleaban con ellos. En ese tipo de trabajos es arrimar el hombro, trabajar y callar.

P.- Menudo crecimiento personal y profesional.
R.- Esto te abre un campo internacional impresionante en tu forma de vivir y trabajar. Mi visión personal es que estar en el extranjero es muy enriquecedor. Si tienes la oportunidad de coger ese tren, hay que subirse a él sin pensarlo porque ganas mucho más de lo que pierdes.

P.- La cercanía de los tuyos.
R.- Eso es lo peor de vivir en el extranjero; que te pierdes muchos eventos importantes. Estando fuera fallecieron mis dos abuelos, mi tía abuela, también bautizos.

Pablo Dawid: Riqueza espiritual

P.- ¿Vivir en el extranjero y todas estas experiencias te ayudaron a acercarte a la fe?
R.- Totalmente. En Kuala Lumpur viví toda mi estancia en el barrio musulmán de Taman Keramat. Mi casero malayo era musulmán, nos hicimos muy amigos. Eso me hizo conocer más otras religiones, a respetarlas y a quererlas. Y te hace reflexionar mucho sobre la tuya propia.

P.- ¿En qué sentido?
R.- Cuando tú naces en un sitio es por algo. Dios te pone allá donde estás por una razón; y ver que hay hindúes que creen fielmente en su religión, y budistas… Y piensas que el mundo es muy abierto y si hubiera nacido musulmán hubiera recibido una formación muy diferente a la que he recibido aquí en Málaga. Pero no, he nacido malagueño y Dios me ha puesto aquí para acercar mi vida a la fe y a los demás de una manera determinada. Y esto realmente es un shock; porque te das cuenta que tu realidad de cristiano sale y sientes una lucha interna ante otras realidades de fe; y ves la tuya, y me doy cuenta que la elección que yo he hecho como católico me apasiona.

P.- Ha surgido ahora un debate sobre los intelectuales cristianos. Desde el punto de vista de la arquitectura, ¿cómo se vuelca ese pensamiento cristiano?
R.- Debe ser el motor de cada persona. Cada cual tiene una vocación al trabajo, y es a través de esta donde se debe volcar. Tanto en el trabajo en cosas manuales, como en la enseñanza. Pienso en la arquitectura, que es principalmente dibujo, pero también es poner en el espacio algo nuevo que va a determinar la vida de otra persona y eso es muy santificante.

P.- ¿En concreto?
R.- La arquitectura es un servicio a la sociedad y por eso hay que tener siempre en cuenta la repercusión de nuestros proyectos en la vida de las personas. Es importante que la gente pueda vivir bien, que tenga habitaciones espaciosas, luz, buena orientación. Pensar en eso a la hora de proyectar hace que se tenga una vida de mayor calidad.

P.- A veces me da la sensación de que no somos conscientes de la importancia del cristianismo en nuestra cultura.
R. – Si pensamos en el arte sacro ha sido vastísimo y los grandes proyectos han sido iglesias y edificios con mucha espiritualidad, además de los palacios y castillos.

P.- En las pasadas fiestas disfrutamos de unos Christmas preciosos tuyos.
R.- Gracias, yo creo que los Christmas no debieran perderse. Son una forma de felicitar la Navidad muy personal. Y en medio de esta pandemia cuando no es posible reunirte, ha adquirido un mayor sentido. Quien lo recibe puede quedarse contigo, algo físico en un mundo tan digital como el que vivimos.

P.- Después de tu experiencia en Singapur con ese vivir la fe tan profundamente, vuelves a España y ¿qué ves?
R.- Aquí hay más un ansia por trabajar fuerte. Hablo con distintas personas y veo que la gente está muy en tensión. Aquí el trabajo es muy importante y copa la mayor parte del tiempo de la vida de las personas. Y quizá deberíamos poner el freno y pensar que sí que trabajar es importante pero la familia también lo es. Vivir la familia y pasar tiempo con ellos.

Pablo Dawid: Nuestros cimientos

P.- Creíamos que con la pandemia salir de esa rapidez y estrés pero no ha sido así.
R.- Al final nos hemos visto forzados a parar el ritmo y obligados a hacer más familia de lo que hacíamos hasta ahora. En nuestro día a día pasar tiempo con la familia es lo último cuando debe ser lo primero pues ahí es donde se construye sociedad.

P.- Eres malagueño, pero ¿cuáles son tus orígenes?
R.- Mi bisabuelo era polaco y mi abuelo nació en Francia. Mi abuela paterna era inglesa. Los dos habían venido a España para conocer el idioma y en un viaje de enseñanza en Salamanca, se conocieron. 

P.- Qué casualidad que precisamente te hablé de esta ciudad y de que me dejó fascinada su arquitectura.
R.- Sí, y viene dada por su historia. Salamanca es una ciudad totalmente universitaria que tiene su auge en el siglo XVI, y que recordemos es coetánea de Oxford. Es preciosa y también porque ha tenido la suerte de tener esa tradición histórica que ha permitido que se conserve. Eso por ejemplo en Málaga sería impensable porque hace 500 años nuestra ciudad era un pueblecito por así decirlo. Otro ejemplo mas cercano de ciudad histórica y que se ve en su arquitectura es Sevilla.

P.- Sevilla es preciosa y además con todos aquellos edificios impresionantes de la Exposición Iberoamericana.
R.- Efectivamente. Y no olvidemos que Sevilla era entrada y salida hacia las Américas en los tiempos del Imperio Español. La fuerza de la historia se nota mucho en la evolución de las ciudades y su arquitectura.

Pablo Dawid: Artista

P.- ¿Cómo empiezas a pintar?
R.- En mi casa hemos sido muchos y la pintura para mí ha sido una forma de destacarme de los demás y también me ha servido para relajarme ante los problemas. Con el tiempo he ido evolucionando y la arquitectura me ha dado una expresión artística más geométrica.

P.- ¿El arte tiene fronteras?
R.- El arte tiene un lenguaje universal. La casa que pinta un niño en China es la misma que pinta uno de aquí de Málaga. Es el mismo concepto aunque no viva en una casa como la que ha dibujado; y lo mismo pasa con las figuras, el monigote que dibuja un niño es el mismo. 

P.- Esto nos indica que todos somos iguales.
R.- Efectivamente. Por eso muchos artistas han intentado en sus obras volver a la infancia. Es lo que le ocurrió a Picasso o Joan Miró. El impulso creativo se da en la infancia y después se coarta. Hay quien lo continúa y quien no. Yo lo seguí (risas).

P.- ¿Cuál sería el Picasso de la arquitectura?
R.- Sin duda, Le Corbusier. Fue un suizo que modificó el sistema de viviendas a través del uso del hormigón armado. Esto fue hace poco más de 100 años. Supuso un cambio radical porque las viviendas se empezaron a estandarizar y se empezó a hacer como si fueran cajas de zapatos.

P.- ¿Cuál fue tu primera exposición?
R.- La recuerdo con gran ilusión, fue en Singapur y me encargaron que plasmara para la fachada de la  Biblioteca Nacional 4 poemas en 4 idiomas (chino, Tamil, el inglés y el malayo) en dibujo. Fue muy emotivo, me enfrentaba a algo muy grande que nunca había hecho. 

P.- ¿Cómo surge?
R.- Yo estaba habituado a trabajar en diseño de interiores y esta iniciativa vino de parte de dos holandeses. Y recuerdo que les presenté a aquellos dos señores altísimos una propuesta completa en la fachada de la Biblioteca Nacional y se quedaron asombrados. Y a mí me dio mucha soltura en el diseño gráfico.

P.- Te vienes a Europa, ¿y qué ocurre?
R.- Lo de Londres fue increíble. Yo tengo un amigo sevillano que es grafitero, él llama a su estilo frutalismo (se basa en dibujar frutas grandes). A través de Art Street London conseguimos un mural en el que trabajamos Fifty Fifty. Koctel (el sobrenombre del grafitero) empezó con sus frutas por un lado y yo con mi ciudad por el otro, hasta que en el centro se fusionan nuestros dos estilos.

P.- ¿Por qué vuelves?
R.- Uno va buscando estar más cerca de la familia. Recuerdo el primer proyecto en Londres, teníamos que remodelar una villa victoriana de 1871. Para mí fue un shock ver un estilo tan antiguo con el nuevo aspecto moderno que se nos pidió. No siempre lo que se restaura se queda tan armonioso que lo que se hacía en la antiguedad.

P.- Que se lo digan al Ecce Homo de Borja.
R.- (Risas) Ah sí, ese cuadro, como si se hubieran inspirado en Mr. Bean La Película.

P.- Al hilo de esto, pienso en Málaga con lo bonita que es y veo unos pastiches arquitectónicos que me pregunto si eso no está penado.
R.-  Estoy de acuerdo contigo. Hay una falta de unidad visual muy potente en Málaga. Calle Victoria es un ejemplo, porque tienes una casa ahí de Strachan muy bonita con una fachada clásica y tienes al lado un hotel que no pega en absoluto con el estilo.

P.- Lo llamativo es que esta heterogeneidad la tenemos en pleno centro histórico.
R.- Hay mezcla y hay muchos callejones que te trasladan. También falta incorporar más verde en la ciudad. Yo soy muy defensor de respetar la naturaleza porque el verde hace que los barrios sean vivibles. 

P.- Ahora tienes un plano importante por dibujar.
R.- Se me ha abierto una etapa como docente que la tomo con mucha ilusión y sumo interés. Durante mis estudios en la Universidad de Navarra estuve en un departamento de análisis de formas y dibujo artístico y ahora en este proyecto trato de continuar esos estudios pero con chavales de secundaria y bachillerato a quien enseño, bien, pero de quienes también estoy aprendiendo muchísimo.

Pablo Dawid: Estilos que hacen historia

P.- ¿Falta integración arquitectónica e histórica en Málaga?
R.- En Málaga hay edificios BIC y están protegidos por su carácter en la historia de la ciudad, eso no se puede negar; pero tenemos otros casos recientes que han generado mucha tensión como pasó con «La Mundial». Este edificio cuenta y muy bien para la historia de Málaga y a lo mejor se podría haber integrado y adaptado con el entorno, pero bueno, el hotel de Moneo parece interesante.

P.- Aquí se cumple lo de renovarse o morir.
R.- Sí, es normal. No todo lo antiguo se puede mantener. Si las pirámides de Egipto quedaron es porque detrás había un significado muy fuerte, pero de las casas de aquella época no se sabe nada. Y lo mismo ocurre ahora. Se ha evolucionado gracias a ese dejar atrás construcciones que han formado parte de nuestra historia. Así pasó por ejemplo con los cambios de estilos del gótico, al barroco. Esa evolución impresiona y la mayoría de las veces se encuentra con la oposición de la sociedad.

P.- ¿Qué supone el cambio?
R.- El cambio es siempre para mejor, supone una nueva apertura a algo distinto. Del renacimiento al barroco se ve claramente el enorme impacto. Pues hoy pasa lo mismo con los edificios de Frank Gehry, pero cada cual construye con los materiales y los requerimientos que le son contemporáneos.

P.- Ya que hablas de estilos, a ver si me aclaras qué estilo tenemos ahora mismo porque yo veo mucho batiburrillo.
R.- Sí, hay mezcla. Tenemos el minimalismo que ha pegado fuerte, pero todo el tema sostenible se está introduciendo de manera importante. En este sentido vemos en Dinamarca el estudio BIG que hace solo edificios con cubiertas ajardinadas dando prioridad al soleamiento. Y también algunos arquitectos que han introducido conceptos y estructuras muy novedosas.

P.- ¿Se plasma nuestro estrés cotidiano en la arquitectura actual?
R.- Ahora vivimos muy deprisa y sí que vemos cambios muy rápidos. Una arquitectura que intenta buscar el cuidado de la naturaleza, la sostenibilidad es muy importante hoy en día, el tema de la eficiencia energética, integrar la naturaleza dentro de las obras; también son estilos minimalistas que se cruzan y que estamos en una etapa de mucho cambio.

P.- ¿Cuáles serían los arquitectos más influyentes de nuestra época? 
R.- Zaha Hadid, una arquitecta iraquí que falleció en 2016, implantó los diseños curvos con líneas caprichosas y ha cambiado la estética y los métodos tradicionales de construcción y se han hecho cosas muy sorprendentes. Y Rem Koolhas que en el edificio de la CCTV de Pekín propone esa parte superior levitando; y toda la parte estructural y las cosas nuevas que se van desarrollando.

P.- ¿A ti qué arquitecto te ha marcado?
R- Hay muchos arquitectos que han influido en mí, pero tengo en mente uno especialmente característico que es Gaudí. Es un personaje muy cercano a la naturaleza y a Dios. Él supo transmitir con su obra un estilo muy propio y muy único que ha dejado su huella en la historia. Y yo me identifico con él porque pienso que el verde es fundamental para sentirse bien con uno mismo, por eso hay que integrarlo en la ciudad. Somos seres naturales y venimos de la naturaleza. Si nuestra vida se vuelve hormigón, es muy triste.

P.- ¿Tenemos buenos planeamientos en Málaga para grandes proyectos arquitectónicos?
R.- Creo que en este sentido no se puede hablar de blanco o negro porque hay matices.  La intervención que se ha hecho en el entorno del Teatro Romano ha sido muy buena, por ejemplo, contar con ese espacio ahí hace 30 años era impensable. A nivel de viviendas se van viendo avances y hay mejor planificación, sobre todo en los barrios nuevos: Teatinos, el Cónsul Soliva, Parque Litoral… Pero el problema aquí es que se rige por la economía y los tiempos de ejecución.

P.- ¿Cómo surge exponer en los hoteles?
R.- Al principio te tienes que ir abriendo camino y autopromocionándote. El carácter aquí en España es muy distinto quizá por la luz. En nuestro país somos más abiertos y alegres y exponer ha sido otro camino. 

P.- ¿Lo habías intentado en el extranjero?
R.- En Londres, pero no es fácil acceder ya que las exposiciones son mayormente a través de Galerías. 

P.- Cuéntame cómo fue tu primera muestra.
R.- Recuerdo que paseando por el Thyssen encontré un hotel que tenía una exposición que se acababa; así que le pregunté al recepcionista si yo podía exponer allí. Entonces me propuso otra ciudad. La cadena Eurostars tenía un hotel muy chulo cerca de la Catedral de Granada. Y además fue en febrero, poco antes del primer confinamiento. 

P.- Entonces tu primera exposición ha sido en el año de la pandemia.
R.- Sí, en 2020. Me ha sorprendido que precisamente este año haya sido tan productivo en exposiciones.

Pablo Dawid: El pilar de la propia historia

P.- ¿Qué fue lo mejor que te pasó cuando volviste a Málaga? 
R.- La familia. Recomiendo irte al extranjero en una primera etapa de trabajo, pero cuando te quieras asentar, que estés cerca de los tuyos. La familia es el pilar sobre el que se sustenta la historia de cada uno.

Pablo Dawid con su familia y sus obras al fondo

P.-  ¿Conoces la tuya?
R.- Tuve suerte porque mi abuelo paterno escribió sus memorias y me gustó mucho y las guardé. Hablaba de su historia y también se refería a mi bisabuelo inglés, que pertenecía a la Royal Navy inglesa. Leer aquello y cómo se han ido desarrollando los sucesos de la historia te hace ser consciente de que es un milagro que yo esté hoy aquí (risas).

P.- Tu propia genealogía te dota de una apertura especial.
R.- Sí, es cierto que acojo por naturaleza. Hay una parte de mí que es extranjera y creo que la mezcla es una riqueza. Depende de dónde te muevas, acoger al diferente no es habitual. En España por ejemplo cuesta porque al extranjero no siempre se le recibe bien.

P.- ¿Se teme que se cumpla el refrán “De fuera vendrán y de tu casa te echarán”?
R.- Sí, pero hay matices porque no todo el mundo piensa igual y hay gente que sí acoge. Por ejemplo, aquí en Málaga. Se considera al malagueño una persona cercana, muy abierta. Además de llevarlo dentro, esto también es posible gracias al clima y a su ubicación. Es una ciudad con costa, y esto hace que sea una ciudad abierta a la que la gente viene y nosotros estamos encantados de recibirles.

P.- ¿Recomiendas estudiar arquitectura?
R.- En Málaga sigue habiendo construcción y mucha demanda de vivienda. De todas formas yo animo a la gente a que siga su vocación. En la vida es mejor preguntarte para qué crees que vales, y en aquello en lo que crees que es bueno y quieras hacer, ese sueño lo persigas y lo trabajes. Hay que lanzarse a por ello.

P.- Pero para eso hay que saber escucharse.
R.- Sí. Es cierto que hay un punto de influencia en la sociedad o en tu propia familia; pero cada uno en su conciencia sabe que le está diciendo hacia dónde  tirar. Por eso yo recomiendo estudiar arquitectura si sientes que es lo tuyo y que te va a gustar. Porque además en los estudios estás sometido a una presión potente porque tienes que trabajar rápido.

P.- ¿Cómo se toma el café Pablo Dawid?
R.- Un café americano, y a poder ser con el agua aparte para yo prepararlo.

image_pdfimage_print