Dame paciencia

Señor, dame paciencia, pero dámela ya. Pero la paciencia es saber sufrir; y eso no se aprende de un día para otro. Eso se interioriza desde bien pequeño.

Hoy nos cuesta entender al otro cuando habla porque desconocemos el significado de las palabras. Interpretamos según nos apetece para justificar el comportamiento propio. Se ha implantado en nuestra sociedad hacer un examen de conciencia ajena, analizando al dedillo las faltas del otro y echando en ellos la carga de los sinsabores propios.

Lejos de abrir los ojos con serenidad y buscar lo que uno sí puede hacer; escogemos el camino fácil. Me enfado y no respiro. Y no decimos un “bota bota y en tu cara explota” porque es domingo y tampoco es plan de ponerse belicoso. Carecemos de saber estar y tratar a los demás en distintos ámbitos porque el “yocentrismo” se ha hecho un hueco a codazos en nuestra sociedad. Algo muy ilustrativo para reconocerlo son  aquellos eventos en los que desde un escenario se lanzaban gorras o camisetas. Guantazos. Había guantazos para conseguir una y poder decir: “Yo la cogí”. Y encima, se la pone. Ver para creer.

Es habitual escuchar esa frase que me hace tanta gracia: Señor, dame paciencia, pero dámela ya. Pero la paciencia es saber sufrir; y eso no se aprende de un día para otro. Eso se interioriza desde bien pequeño. Cuando quieres un juguete y tus padres te dicen que no. Cuando en la mesa tienes una comida que no te gusta y te dicen que no, que hagas un esfuerzo y te la comas. El problema es que hoy le preguntamos a nuestros hijos qué quieren comer, qué ropa se quieren poner. Y parecerá increíble, pero no lo es. Ni sabemos sufrir ni por tanto, enseñarlo.

Nos han intentado engañar sobre el valor del sacrificio y el dolor. Como si fuera malo, como si debiera evitarse a toda costa. Pero el dolor nos fortalece. Nos enseña y hace crecer. Pero no queremos. Ciudadanos del País de Nunca Jamás. Sin responsabilidad ni normas.

La norma es necesaria porque es el origen del orden. Y no hay orden más natural y bello que el de no hacer daño. Esta para mí es la primera regla de juego. La tengo grabada porque sé que aún sin quererlo ni pretenderlo he lastimado a otros. Y el primer herido es siempre uno mismo. De toda la vida se ha dicho que el que algo quiere, algo le cuesta. Y sin duda, lo que más esfuerzo y tiempo nos requiere es analizar los fallos propios y hacer propósito de enmienda. Cada día un poquito porque sin duda este el mayor sufrimiento: saberse errante (del acierto).  

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3 opiniones en “Dame paciencia”

  1. Encontrarse con uno mismo y toparse con las propias miserias es un dolor que tratamos de evitar siempre. Carolina qué atinadas y oportunas reflexiones! Humildad y Paciencia van siempre de la mano; y sin duda el Amor lo vence todo. Omnia vincit Amor. Muchas gracias!!

  2. Qué bonito Carolina una y 1000 veces gracias
    Y que verdad más grande :*la paciencia es aprender a sufrir , saber sufrir.*
    Y el sufrimiento forma parte del día día resistirnos es todavía más cruel y doloroso
    El equilibrio “el ten con ten” La medida justa entre Bueno y menos Bueno 😉 Es la medida de la felicidad
    Muchísimas gracias Un día más para hacernos meditar un rato

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