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Espero

A la vista de la desvergüenza que hay que pasar día sí y día también con los representantes políticos y los que pretende serlo, una se queda muerta. Me acuerdo enormemente de ese cocinero de Canal Extremadura que le espetó «pabernos matao, señora, su hija no se casa» a esa reportera que quiso rebozar la merluza echándole el huevo por encima. Después de tamaño despropósito una se ríe. Como hizo la reportera y como hizo la conductora del programa que estaba en el plató. Porque la vida hay que tomársela con humor. Y por supuesto con mucho amor. Hoy ese maestro de los fogones tendría que cuidarse mucho de lo que le dice a la reportera, que ya la mujer está empoderada y es nuestro momento.

Se nos tiene que respetar que digamos y hagamos lo que nos entre en gana. Por que sí. Se nos invita a no pensar en las consecuencias de nuestros actos. Se nos pide que nos dejemos llevar por las apetencias corporales y materiales. Y si algo nos ocurre, nunca será responsabilidad nuestra. Siempre el malo es el otro o la otra. El que es distinto a ti. Quien piensa contrario. Y si en algo el otro pudiera parecer bueno, hay que modificar las palabras o los hechos para que todos esos que no soy yo ni los míos, se perciban como los de la peor calaña.

Se nos vende una mentira como real. Pero cuidado. Cuando golpeas repetidamente un cristal, ten claro que terminará por romperse, y salvo que tengas suerte, los fragmentos te herirán. Mejor nos vendría un feminismo que descubra y potencie las habilidades y virtudes femeninas tan nuestras y maravillosas. Esas que unidas a las destrezas masculinas podrían hacer de este mundo un lugar mejor. Sin duda.

Primero quisieron masculinizar a la mujer. Ahora directamente la borran del espectro. Ya no habrá mujeres sino personas menstruantes. Ni madres sino progenitor gestante. ¿Qué puñetas es eso? Y ya para colmo tenemos la nueva ley de familias, que no de familia. Hasta 16 tipos de familias distintas.

Que digo yo que para ser justos y equitativos deberían preguntar en cada casa y llegar hasta los 18.754.800 familias (según el INE) que vivimos en España. Seguro que entre las prioridades de todas ellas no está que no se sientan respetados, sino a cuánto pagan el combustible, el gas, la luz y los alimentos frescos y de primera necesidad. De vergüenza.

Pero mejor hablemos de la ofensa, del fascismo y del machismo. Y ojo, que el machismo es una lacra enorme. Pero debemos saber diferenciar y acabar con él. Y aquí debe entrar en juego ese cierto refrán que «no ofende quien quiere sino quien puede». Tendríamos que plantearnos seriamente no dejar que nadie nos ofendiera con sus tontas palabras, preguntas o reacciones. Porque sí, a mí también me han hecho preguntas o comentarios fuera de lugar. Pero por un oído me entró y por otro me salió. Y que le vayan dando, caballero. Que como dijo ese pobre chico resacoso: «Contigo no, bicho».

Estamos creando una sociedad de ofendidos a cada paso en la que todo debe estar regulado por ley. ¿Dónde hemos dejado el pensamiento, la reflexión y el sentido común? A ver si algún día prohiben prohibir.

Porque toda esta corriente morada de mujeres que gritan por la igualdad me producen cierto estupor. No me imagino a la Duquesa De Alba, ni a Encarna Sánchez, ni a Concha Piquer, ni a Rocío Jurado o Sarita Montiel detrás de este movimiento en los que no entramos todas las mujeres. Y menciono a estas féminas porque hicieron lo que les dio la gana. ¿Con trabas? Muchísimas, por supuesto. Pero tenían la suficiente inteligencia y saber estar para no escupir al cielo, que después ya se sabe: toda esa mugre te cae encima.

Ahora que se cumplen 6 años desde que dejé de fumar y por alusiones a esta fenómeno y pedazo de artista, te traigo ese Fumando Espero de Sara Montiel. Porque sí, porque seguiré esperando esa sociedad llena de amor que se nos ha pedido traer a la tierra. Porque depende de cada uno de nosotros. Quizá es hora de despertar de ese aletargamiento en el que nos han metido a base de votos, ayudas y pancartas en la que no todas somos bien recibidas.