1

Felicidad

Todos queremos ser felices, pero ¿qué es la felicidad? Algunos se han quedado con la acepción etimológica del placer, obviando la alegría, la fecundidad y el dar frutos.

Cuando era pequeña solía preguntarme quién le ponía nombre a las cosas; me encantaba buscar el origen de las palabras. La etimología me parecía una ciencia maravillosa para viajar por el tiempo e imaginar la riqueza de un pueblo y su larga historia. Y solo a través de sus palabras.

Mi pasión por la comunicación social comenzó aquí: ¿Cómo se comunicarían los pueblos? Sin duda el silencio y el lenguaje no verbal harían de medio indispensable, sobre todo en un tiempo en el que leer y escribir era privilegio de unos pocos. El arte servía de escuela al pueblo y la influencia de los grandes pensadores era notoria en el progreso o no de las civilizaciones.

Hoy el arte no se entiende, o al menos yo no lo entiendo. Líneas y formas inconexas con los colores de moda de ese año: mucho negro, mucho amarillo, mucho gris; y ligero que con las paredes de pladur así no hay riesgo de desplome en el salón.  Las nuevas esculturas están formadas por objetos amontonados que en palabras de mi abuela formarían un «mamarracho». Y en cuanto a lo de pensar, eso pasó a la historia. Tú, a internet. Hoy, antes de que te salgan los premolares definitivos, ya no digo muela del juicio (que esa está en vías de extinción) te regalan un móvil. Porque claro, tienes que estar en contacto con papá o mamá en la excursión del cole porque tu «maestre» no tiene ni idea.

¿Cuándo permitimos que se cargaran la figura del maestro? Yo recuerdo la devoción que le tenía a mi profesor don Antonio, y nuestras queridas «seños» que nos hacían viajar, volar y pensar para no tener encefalograma plano. Y siempre conservando los rasgos más maravillosos de la niñez: la inocencia, el asombro, el amor por lo natural, descubrir en lo pequeño la grandeza de lo extraordinario.

Leí hace tiempo que felicidad comparte raíz con otras palabras que tomaron su acepción del término indoeuropeo «dhéi», que significa amamantar. Qué curioso que felicidad sea ese estado de dar sustento y alimentar, que aunque doloroso y sacrificado, sirve para que otro ser sobreviva y progrese.

Hoy con tanta pantalla, tanta prisa, tanto tener y tanto «que mi hijo elija» saturamos a un pequeño ser con decisiones que no le tocan. A veces me pregunto si los mayores paramos y pensamos lo suficiente en la consecuencia de nuestros actos. En si somos conscientes de que al animar la libertad individual de nuestros hijos les hacemos perder el sentido común de sentirse felices a pesar del dolor y el sacrificio.

Porque felicidad es placer, sí, pero es la alegría y gozo de ser fecundos en amor de madre, que todo lo entiende y todo lo perdona. Porque felicidad nace de donde venimos y hacia donde vamos.