1

Pax

Dice Rilke en «Violencia y Poder» que la gran mayoría de las personas violentas o que hacen daño no buscan hacerlo. Aquel artículo se me quedó grabado en la memoria sin mucho esfuerzo porque compartía con el autor la reflexión, y quizá también el conocimiento, que le había llevado a ello.

Tener conciencia de que quien daña no lo pretende puede marcar la diferencia ante cómo asumimos nuestra vida. Y lo  que es más importante y fundamental:  cómo decidimos reaccionar ante lo que los demás nos hacen, cómo nos comportamos nosotros.

El problema de hoy en día es que hemos normalizado la violencia hasta tal punto que muchos identifican la violencia con el guantazo o la agresión física. Pero no. La violencia comienza con un mirar a otro lado, con no tender la mano, con una mirada o un ceño fruncido. Se manifiesta con la palabra, el trato y la excesiva confianza. E incluso se percibe cuando no te conmueve el sufrimiento de otro y te burlas de su padecimiento.

Si yo te hablo con poca consideración es porque tú te lo mereces por cómo te comportas conmigo. Lo vemos a diario, en demasiados contextos. La televisión ha implantado este modelo de debate ordinario y faltoso. Y no solo me refiero a los herederos del tomate. Cualquier tertulia política o de análisis es una vergüenza para el espectador.

Cuando alguien hace algo que me ofende y me hace daño debiéramos plantearnos en silencio: ¿Quién soy yo para juzgarlo? ¿ Qué ganamos con enfrentarnos? El problema surge cuando la respuesta a esta última pregunta es popularidad, poder, posición social. ¡Ay, las medallas! Tanto nos pesan al cuello que nos convierten en prisioneros de las pasiones mundanas y oscuras.

Hoy muchos españoles sufrimos violencia y no sabemos cómo quejarnos. Se pierde el sentido del honor y la justicia. Nos hacen creer que si me provocas y yo reacciono, has de aguantarte: «Tú te lo has buscado». Este es el germen de toda guerra. Sentirse amenazado, con la libertad en peligro de muerte.

Por eso, en tu entorno libra tus batallas con amor, con generosidad. Si una amiga te deja tirada, no la critiques y saca provecho del tiempo. De la misma manera trata muy bien a quien te hable mal, porque el poso queda. Y si alguien con capacidad de decisión hace daño verbal o físico, pide por él para que encuentre paz. Así es como la encontraremos todos. Sin piedras, ni balas, ni puertas que se cierren al salir.