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Qué güeno que estoy

El mundo se divide no en guapos o feos, sino en los que se lo creen y los que no. Y ahí está la famosa actitud de la que hablan los vendehumos que hoy se llenan los bolsillos a costa de mindfullness, couching y otros dibujos mentales de realidad para sacar tu propia energía. Vamos, ni que uno fuera la famosa pila del conejito.

El discurso es común en todos: cuando tú te lo crees, lo que sea, tú lo puedes conseguir; porque nada es imposible. Pues amigue, como se dice hoy, no funciona así la vida. Hay cosas imposibles. Y esto hay que asumirlo urgentemente. Si Gardner hablaba de 12 inteligencias no es para que estos gurús de la valía te digan que sí, que tú transfórmate de adentro pa’fuera que podrás desarrollarlas cómo y las que quieras.

El núcleo de este tú puedes ser lo que quieras ser está trayendo más problemas que soluciones. Pero como en esta ansia viva de buscar la felicidad y la verdad uno pone todos los medios económicos de los que pueda disponer, nadie con capacidad de decisión en los gobiernos y otras entidades supranacionales van a llevar la contraria. Tú quieres menos barriga, más pelo, ponerte tetas, quitarte cola, lo que quieras. Págalo y adelante. No puedes permitírtelo, tranquilo, ya lo hará alguien por ti. La caja sigue sonando.

Y mucho, con todo ese capital que manejan las industrias farmacéuticas y sanitarias usando a la mujer como moneda de cambio. Qué ilusa, piensa que lo hacen por su libertad e independencia.

Me viene a la mente cuando durante la adolescencia se recomiendan pastillas anticonceptivas para el acné. Hombre, ¿cómo se va a comparar tener granos con los posibles efectos secundarios tales como  coágulos, derrame o cáncer de mama u ovario? Está claro que las secuelas de este medicamento no dejaría dudas. Pues la mujer prefiere eliminar el acné y lo compra.

La historia continúa con los tratamientos de fertilidad, la congelación de óvulos, las pastillas anticonceptivas y abortivas, el aborto en sí. Pero no se habla de la cantidad de millones y millones de euros que llegan al bolsillo de unos pocos y lo justifican en una política basada en el derecho de la libertad y la igualdad de la mujer. Sin pensar en los efectos secundarios a largo plazo. Efectos físicos, psíquicos y sociales.

Me río. Me parto y me vuelvo a reír. Y entonces me acuerdo del tráiler de «Las Cuatro Estaciones» y exploto porque me imagino a nuestro solicito presidente cantando Qué güeno que estoy (un temazo de los Mojinos Escozíos) y proponiendo con sorna que podría sonar en la radio del coche en alguna toma. Me quedo con la frase de Iceta dejando claro que él aparecerá «como soy», que para papelón el tuyo (pensará). En fin, güeno no sé pero los que sí estamos escozíos somos los que de vez en cuando nos paramos a pensar.