Zapatos y Abuelas

Cuando releo textos que escribía hace años siempre aparecen zapatos en ellos. Creo que me recuerdan a mamá. En nuestro pasillo de casa había un zapatero larguísimo en el que mi madre guardaba parte de sus joyas hechas calzado. En el extremo mi madre. En la virtud mis hermanas y al otro lado mi padre, quien compartía mueble conmigo. Él usaba las dos baldas superiores y yo el resto. Y siempre me fijaba en lo bien puesto que él lo tenía todo. A mí me costaba; rara vez me parecía adecuada la forma en la que yo decidía organizar mis zapatos. Porque siempre todo se puede mejorar.
¡Ay, los pies! Ya podrías ser el más bello del lugar que si los zapatos estaban sucios o descuidados; estás fuera de juego. He usado una foto de una empresa de zapatos MadeinSpain que me tiene fascinada: FigaraShoes. Ese stiletto Klein… Fue el lanzamiento de la marca en 2016 y creo recordar el contraste que hacían en una escalera de piedra. Los zapatos, siempre lo primero. Me gustan los zapatos.
Me viene a la mente esa frase que tanto decía mi abuela: “Lo primero y más importante que debes cuidar para salir o entrar: tus pies, tus manos y tu cabeza”. ¿Qué chorrada?, podríamos pensar. Pues no. Fijémonos porque tiene bastante sentido. No es tanto lo estético de la recomendación.

Frases de abuelas

Presta atención en primer lugar al paso que vivirás hoy tu vida. No importa que sea el día 19 de confinamiento. El camino se demuestra andando y si te vistes por los pies recuerda que tus pisadas sean firmes y sinceras allá donde te dirijas. Con cada paso elegimos qué y cómo hacerlo. La forma en la que decidimos iniciar una senda nos marcará para siempre. Decía Sara Pérez Tomé que su abuela tenía una frase que se le grabó a fuego: «Cada uno tiene lo que merece». Suena fuerte. Si analizas, adquiere el sentido. No desde el revanchismo ni la venganza, sino desde el punto de vista de la coherencia y responsabilidad con nuestros actos para con los demás y nosotros mismos.

Tus manos, aquellas que acarician o golpean. Capaces de crear paz o guerra. Hay manos talentosas que cantan a través de los instrumentos, las delicadas capaces de transmitir el más puro de los sentimientos; las firmes que deciden que el camino se hace obrando, trabajando y acompañando.
Y la cabeza. Una mente amueblada y limpia capaz de dejar pasar lo diferente para empaparse de sabiduría. Para crecer con lo distinto sin olvidar nunca uno de dónde viene. Reafirmarse sin renunciarse, solo cambiando a cada instante tras los valores aprehendidos.
En este viernes de Dolores fíjate en tus pies, tus manos y tu cabeza y siéntete orgulloso de ello.

No perdamos la esperanza

Segundo de abril.  Día 18. De nuevo se agolpan en mi cabeza frases e ideas motivadoras, alegres. Estamos siendo testigos de una oleada tras otra de solidaridad y amor en todas sus facetas. La versión de Resistiré a favor de Cáritas. La campaña #ObjetivoMálaga de la Fundación del Dr. César Ramírez y en la que participar me llena el alma. Es un alivio. Un respiro para mí que llevo sin dormir en mi habitación 11 días, tirando de sofá y mantas.

Voy dando tumbos por la casa donde no me hallo. Atendiendo a unos y a otros. Según sea, doy pie con bola o no. A veces peinada, otras con un moño caído de la noche anterior. Me siento triste, eufórica, sola o demasiado acompañada. Es raro. Me duele el corazón por todo y por nada.

«Todo saldrá bien», ¿cómo?

España está siendo azotada. La salud y la economía de las familias están muriendo. Veo resurgir aquellos que quieren hacer leña del árbol caído. Otros que piden cabezas. Y el resto, los importantes, los de verdad solo quieren respeto y consuelo ante tanto dolor.

Hoy se supera la barrera de los diez mil fallecidos en España. Es tremendo. Horrible porque aunque muchos tengamos fe todos ellos han muerto solos, sin poder ser velados ni acompañados los últimos momentos de su vida en este mundo. Nadie se salva solo, cierto; pero incluso el Señor en la Cruz se sintió solo y abandonado «Padre, ¿por qué me has abandonado?». Me imagino el dolor de aquellos que no ven vida más allá de la muerte. Me imagino el dolor de querer decir algo a alguien antes de iniciar su vida, su viaje, su presencia eterna.

Por eso en momentos de debilidad en los que me pueden las emociones, los nervios, la ignorancia, el querer hacer y no poder, el ver el enfrentamiento entre iguales a pesar de esta tragedia solo me sale dar gracias y seguir pidiendo para que en ese» Todo saldrá bien», las cosas vengan como deban venir y que seamos capaces de hacer de nosotros la sociedad que somos.

¿Qué como es el pueblo español? Generoso, amigo, compañero, entregado, luchador, soñador, responsable, solidario, amable. En esta cascada de lágrimas, los memes y videos cómicos dejan de tener tanta gracia. La realidad comienza a superar la ficción y las noticias dejan poco espacio para la esperanza. Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde. De eso no me cabe ninguna duda.

Nadie se salva solo

En la quietud de la noche es más fácil encontrarse con uno mismo. Sin notificaciones ni alarmas. Solos el silencio y tú. Si cierras los ojos y te guías por tus pensamientos sucede que eres capaz de encontrarte.

Familiares y amigos me pedían reflexiones diarias sobre esta situación o propuestas motivadoras para llevar lo mejor posible este encierro solidario y preventivo. Y aquí empiezo el primero rindiendo homenaje a todas las personas que se sienten o están solas.

La soledad de forma involuntaria quizá sea la más dolorosa de todas. Imaginad por un momento el sonido de un segundero que parece atrancado y no avanza. Una casa con muebles antiguos y puertas oscuras que dejan pasar la luz a través de un cristal amarillo. Allí, en el alféizar de la ventana del salón reposan unas manos cansadas y arrugadas. Manos que desean ser estrechadas y acariciadas. Ladea su cabeza hacia atrás y los ojos se inclinan mirando el teléfono, pero no suena.

Nadie llama a la puerta, así que hace lo de todas las mañanas: mirar por la ventana ver la gente pasar con sus vidas, ver la vida pasar con sus gentes. Pero ya no. Hace días que la calle está desierta. ¿Dónde están los chiquillos, ya no juegan en la calle? ¿Y la vecina del bloque color albero? Siempre con prisas cruzando la calle de punta a punta cargada de vestidos y arreglos para la modista. Los coches ya no se aglutinan en hora punta en la rotonda de allá arriba para volver a casa. El silencio se ha adueñado de la ciudad. La vida parece haberse parado de nuevo. Ahora por completo.

En España casi 5 millones de personas viven solas; y el 25 por ciento de ellas tienen más de 65 años. Sin embargo, ha tenido que venir esta terrible pandemia para decirnos a todos que no estamos solos. Que nos tenemos unos a otros. Solo debemos pedir ayuda y querer darla.

Desde hace 15 días, muchas personas han vuelto a la vida. Valorando la familia y la amistad, obligados a parar el reloj excepto cuando dan las 8. Haciéndose voluntario para acompañar y atender a tantas personas solas y desatendidas. «La falta de salud nos iguala», dice siempre mi admirado Dr. César Ramírez. Ahora somos todos uno y volvemos a remar juntos en la misma dirección sin mirar escudos ni colores, solo la vida.

A estas horas vuelvo a oír en mi interior las palabras del Papa Francisco en la bendición Urbi et Orbe desde una insólita imagen de la plaza de San Pedro: «Nadie se salva solo».