Santi Postigo: «En la barra de un bar se aprende la carrera de la vida»

Santi Postigo para mí es mucho más de lo que van a leer pues nos unen momentos grabados en nuestro corazón y nuestra memoria. Pero para todos los que no la conozcan ella es una sonrisa atenta tras una renovada barra de bar en el corazón del Valle del Guadalhorce. Una mujer fuerte a quien no se le caen los anillos por trabajar y echar las horas que haga falta para dar ejemplo a quien tiene cerca. Una persona de las que dejan huella; de esas a quien si la miras despacio y con detenimiento se le descubre un brillo especial cuando le hablas de los niños, la educación y la enseñanza. Porque Santi Postigo se imagina y se sueña como lo que es en las horas que roba a su descanso: maestra.

Un sueño que debió abandonar de golpe hace 6 años cuando su padre enfermó y ella decidió tomar las riendas del negocio familiar. Una entrega total por y para los suyos. Ahora que se cumplen 5 años desde que despidiera a su padre, no pasa un día en el que no mire al cielo y se diga «Por ti, mi rey». Esa fuerza la ha hecho capaz de transformar el antiguo Mesón Postigo en el Postigo’s Pizza para sustentar a su familia. Eso y mucho más.

El ahora Postigo’s Pizza de Pizarra abre de miércoles a lunes de 6:30 de la mañana a 5 de la tarde y de 19:30 hasta la hora en la que los clientes hayan terminado de cenar. Y ella abre y cierra el bar todos los días, excepto el martes que descansa el personal. Sin embargo, Santi Postigo dedica ese día a dar clases a niños de entre 6 y 11 años en un colegio de la Costa del Sol. Tan loable es lo que hace como el modo: con una sonrisa y mucha fe. Toda la que tienen en ella quienes la queremos. Santi Postigo Domínguez: gracias por ser y darnos tanto. Espero disfrutéis de este #UnCaféConPorras en el que podréis conocer a una pizarreña orgullosa de su tierra y de su gente.

Santi Postigo:  Maestra como tú

P.- ¿Cuándo supiste que querías ser maestra?
– Cuando conocí a tu tía, Loli del Pino. Yo tenía 9 años y quería ser como ella. Me fijaba en todo de ella: su perfume, las lazadas de sus pañuelos al cuello; cómo escribía, su firma… La recuerdo y me inspira. La he admirado y la admiro tanto que creo que me enseñó lo que era de verdad ser maestra. 

P.- Entonces fue una vocación temprana, ya desde muy niña.
– En parte sí y en parte no. Recuerdo aquella época y años posteriores tener como opción farmacia, dietética y nutrición; pero magisterio siempre aparecía ahí detrás. Y lo hacía con la figura de Loli del Pino, y también mi querida Mercedes Calleja, quien me enseñó otra parte de esta vocación.

P.- ¿Qué aprendiste de ellas?
– Mercedes Calleja me enseñó otra parte de la figura del maestro, adquirí una enorme complicidad y me acuerdo mucho de ella. Quien de verdad me marca y es mi referente diario es Loli del Pino. Había una unión muy fuerte entre mi madre, ella y yo. Ahí descubrí que el binomio familia y profesor es un puzzle que debe encajar a la perfección. Que en todo momento haya comunicación exacta para que casa y escuela se complemente y vayan en la misma línea; y eso tu tía Loli lo hacía mucho y muy bien.

P.- ¿En qué medida marca la etapa de primaria?
– Marca muchísimo. Todos los niños quieren ser como tú y están pendiente de qué haces y cómo lo haces. Incluso hay quien se lo lleva a casa para reforzar la educación de sus niños a través de ese famoso «se lo diré a tu seño o al profe».

P.- ¿Valoramos la figura del maestro?
– En la medida en la que se valore y se respete en la casa, así es como se hará fuera de ella.

P.- En tu casa se respetaba, claro.
– Iba más allá, fíjate. Mis padres se han sentido inferiores que el sitio en el que yo estaba; y eso me dolía mucho en el sentido del pudor y la vergüenza de que yo pudiera cometer alguna falta y mi madre no supiera desenvolverse. He querido y quiero tanto a mis padres que bajo ningún concepto podía permitir que a mi madre le llamaran la atención por mi comportamiento; y eso se traduce en respeto al maestro; sí.

P.- ¿Hay educación en el sistema de educación?
– Hay que matizar. Hay que cambiar mucho el sistema y apostar por el aprendizaje cooperativo ya que en este contexto se valora más la educación puesto que promueve ciertos valores como la generosidad, el trabajo en equipo, la solidaridad, el respeto, guardar el turno de palabra… Se está cambiando porque la LOMCE va por ahí, pero aún queda mucho por recorrer.

P.- Primero la obligación que la devoción es uno de los muchos dichos de nuestro refranero español. ¿Crees que los refranes son la vida y que enseñan? 
– Sí, yo además soy mucho de refranes. Estos dichos son la vida; es la enseñanza del pobre que ha tenido que sudarlo. Muchos refranes salen del campo y de los pueblos; de personas que han sufrido y que saben de qué va la vida. Hoy no queremos obligaciones ni que se nos imponga nada, pero cuando tu quieres llegar a un disfrute o a hacer algo que te guste, primero te tienes que obligar, atender las prioridades y esforzarte.

Santi Postigo: Renuncias y Cambios

P.- ¿Cómo te enfrentas a ese momento en el que das el paso y abandonas tu sueño, tu vocación?
– Lo llevé con miedo e incertidumbre. Ten en cuenta que yo crecí con la idea externa de que era la niña de papá y mamá, que estudié en colegio de pago… Pero es verdad que en la barra de un bar se aprende la carrera de la vida. Es ver la realidad e interiorizarla; no es tanto aprender la teoría y llevarlo a la práctica sino al revés. En la universidad aprendí mi carrera y en la barra del bar, la vida.

P.- ¿Cómo recuerdas aquel inicio y qué queda de aquella Santi?
– Ese miedo se ha transformado en mucha fortaleza y capacidad, y muchísimo sacrificio. De aquella Santi queda el nombre (risas). Empecé con mucha inocencia; pero estar detrás de una barra y ser mujer no es algo fácil. Y a esto se añade que yo era «la hija de» porque allí en el pueblo esa era yo.

Santi Postigo: Igualdad y Mujer

P.- ¿Has sentido alguna vez que te trataban distinto por ser mujer?
– Sí. Te tratan distinto. Ese «niña, ven pa’cá» era continuo pero a base de mucha educación y de mucho «mire, caballero, yo tengo mi nombre» lo he conseguido revertir. En esto el carácter fuerte que tengo me ha servido para imponerme y señalar a los demás el sitio que tengo y ocupo.

P.- ¿Apuntabas maneras?
– Sí, a mi padre se lo decían siempre: «Vaya hija ‘saboría’ que tienes»; y mi padre más se lo decían, más orgulloso y ancho se ponía. Porque eso era señal de que yo siempre he sido de cada cosa donde y cuando correspondiera.

P.- ¿Crees en la igualdad?
– Se nos ha vendido una idea de igualdad que no es cierta. Las mujeres sabemos identificar ciertos aspectos que los hombres no son capaces; al igual que al hombre le nace de forma intrínseca la fuerza y la imposición de ciertas otras a las que nosotras no llegamos; y creo que por eso jugar en términos absolutos de igualdad nos cuesta tanto a todos. Mirando mi caso te digo que poco a poco se aprende y con mucho esfuerzo se consigue, y muy agradecida a mis padres porque desde pequeña me han inculcado el lugar que tengo y debía ocupar.

P.- Muchas mujeres ven en el emprendimiento una forma de conciliar vida personal y profesional. ¿Estás de acuerdo con este planteamiento? 
– Desde mi experiencia pierdes muchas cosas por el camino. Yo miro para atrás y me pregunto «¿Qué he hecho yo en estos 6 años?». Y sí, he avanzado en el negocio; y sí, avanzo como persona, pero no he avanzado como mujer.

P.- ¿A qué te refieres?
– He crecido, he aprendido. Pero no he avanzado en vida personal. A mí me hubiera gustado tener hijos, formar una familia. Yo antes con mi edad me veía de maestra, con mis niños y mi marido que me quisiera mucho; y mira tú (risas). No veo el tiempo. Por eso digo que una mujer emprendedora tiene que dejar cosas atrás.

Santi Postigo: Familia

P.- ¿Y crees que no lo consigues por tu implicación en el negocio o porque no has encontrado una persona que comparta tus valores, tu vida?
– Ambas cosas. No he encontrado esa persona que lleve o comparta esa andadura que yo he empezado. Es muy complicado porque yo soy muy responsable de mi negocio. Ni cualquiera lo quiero a mi lado, ni tampoco cualquiera es capaz de aguantar esto; porque al ser tan exigente y responsable es difícil bregar conmigo.

P.- Bueno eso lo dices tú, pero si tu madre pudo…
– Soy difícil. Mi madre es otro mundo. Por eso la admiro tanto: ella supo formar una familia con su hombre de toda la vida, como se decía antes, tirar para adelante con 3 niños y esta en el bar trabajando y sin ayuda de los abuelos. Que hoy los abuelos ayudan mucho. Y también los maridos. Los hombres de antes no son los hombres de ahora. Ellos trabajaban y la mujer en la casa con los niños y demás; pero mi madre no. Ella me ha inculcado que la mujer tiene que trabajar.

P.- ¿Qué es de lo que más orgullosa te sientes?
– De seguir con el legado de mis padres a pesar de todos los obstáculos que se me han puesto en el camino. Incluso teniendo que dejar durante 5 años mi vocación, que gracias a una llamada telefónica lo he vuelto a retomar; pero yo no podría destruir nunca lo que ellos han formado en toda una vida. Y estoy muy orgullosa.

P.- Tu padre también lo estaría.
– Seguro. Mi padre antes de irse me dijo: «Tú, con tu madre, las 5 juntas» (Santi se refiere también a sus dos sobrinas y su cuñada). Y eso lo tengo clavado en mi corazón. Yo no soy solo yo, yo soy con mi familia. Si pienso egoístamente en mí, pienso en ellas. Y esto es de lo que más orgullosa me siento.

Santi Postigo: De Mesón a Pizzas y Tapas

P.- ¿Como era el Mesón Postigo?
– Mi bar estaba destinado a ser un bar de pueblo y la clientela era y es buena. Ten en cuenta que era un bar de tratantes en donde se han cerrado muchos acuerdos con la palabra y un apretón de manos. Ya no hay estos acuerdos porque por desgracia nadie respeta la palabra y su valor se ha perdido.

P.-¿Por qué el Mesón Postigo pasa a ser Postigo’s Pizza?
– Yo quería cambiar la forma de estar en el bar, esas voces. Ya tampoco se dan esos tratos y esa cultura antigua. Pizarra es un pueblo de mucha juventud y yo hice un estudio de mercado y qué funcionaria más allí por el sitio que estoy. Ahora es también una Pizzería. Lo que son las cosas, teníamos alquilado al lado un local a unos pizzeros, y se fueron; y me dije: «¿Por qué no? »

P.- Y allá que fuiste.
– Soy atrevida en este sentido; porque los poquitos ahorros que tenía los gasté en hacer un curso de pizzería y que fuera lo que Dios quiera.

P.- Pero además de incorporar las pizzas, mantienes la cocina tradicional y consigues ser la Mejor Tapa de la Ruta de la Tapa de esta pasada edición.
– A los 13 años lo hemos conseguido. Yo aún no me lo creo. Es verdad que todos los años me he encargado yo de participar en esto porque mi padre no quería saber nada de bullicios, de la gente corriendo con una tapa, con un sello, eso a él no le entraba . Él con su ‘chorreillo» como el decía, de sus mañanas se conformaba.

P.- Y precisamente lo consigues en la edición 13, la de la mala suerte.
– De mala suerte nada. Yo veo este número y tengo muy buen sabor de boca, nunca mejor dicho.

P.- Mejor Tapa Profesional, Mejor Tapa Infantil y Mejor Tapa Popular Infantil de la XIII Ruta de la Tapa de Pizarra. ¿Cómo se fragua todo?
-Esta vez hablé con el Chef Sergio. Le pedí que me ayudara que quería llegar a un poco más que otros años, pero nunca pensé que llegaríamos a tanto (risas). He tocado el cielo porque son muchos años, mucho esfuerzo. Porque la ruta de la Tapa es una locura, mucha intensidad y mucho trabajo. Y volvemos a la idea de que después de mucho esfuerzo viene la recompensa.

P.- ¿Volverás a participar el año que viene?
– Yo decía que este año ya iba a ser el último (risas) pero ya no me queda otra porque el año que viene mi tapa aparecerá en el cartel. Desde aquí aprovecho para invitar a todos a que disfruten de la Ruta de la Tapa de Pizarra que coincide con el Puente del Pilar, que les esperamos por allí.

P.- ¿Cual es tu plato favorito de Postigo’s Pizza?
– Las pizzas, por supuesto.

Santi Postigo: Los sueños se cumplen

P.- ¿Has abandonado tu sueño de ser maestra?
– Hay veces que me digo que hasta aquí que no más complicaciones y que me quedo solo con el negocio. Pero yo creo que mi vida va a estar siempre complicada. Sé que aporto a la educación un granito de arena ya solo por el empeño que pongo, las ganas con las que entro en clase y cuando veo esas caritas esperando por dónde va a salir la seño ese día; y eso no tiene precio.

P.- ¿Cómo eres capaz de compaginar todo?
– No lo sé. Con muchas ganas de que se me valore. Creo que me he sentido infravalorada en mi campo, y me he dado cuenta que cuando me valoran en algo, sale más fácil lo mejor de mí.

P.- ¿Tú te crees todo lo que tú vales, tú sabes lo que vales?
– (Risas) Valgo oro. No, ojalá. Yo valoro más a los demás. Mi madre discute mucho conmigo por ese tema. A mí me gusta ver a la gente feliz de la misma manera que me da mucha pena cuando me cuentan sus problemas. Yo no sé si esta enorme empatía que tengo hacia los demás es buena o mala, el caso es que me lo traigo a mí y me vengo a menos. No lo sé.

P.- ¿Cómo te ves de mayor?
Yo sueño con jubilarme de maestra en un colegio. Y sé que los sueños si los buscas, los consigues. Yo soñaba con cambiar y remodelar el bar y que estuviese a tope, con reservas. Eso en el Mesón Postigo, jamás; eso era a ver quién viene. Y hoy por hoy tengo reservas (respira y sonríe orgullosa). Los sueños se cumplen.

P.- ¿Qué te gustaría?
– Sería un sueño que algún niño quisiera ser maestro de mayor porque conoció a Santi Postigo. Yo así lo hice con Loli del Pino y ojalá eso se me cumpla: que un día por la calle me cruce con algún alumno y me diga que ha sido maestra por mí.

Santi Postigo: Sacrificio y Esfuerzo

P.- En todo lo que cuentas hay esfuerzo, sacrificio, renuncias. ¿Hemos olvidado estos valores?
– Mucho. Yo, por suerte o por desgracia los he vivido siempre en mi casa con el bar; porque se dice que un bar es como una cárcel con las puertas abiertas. Y es verdad. Pero saco una lanza en su favor, porque al igual que el bar me ha quitado mucho, me ha dado mucho. Porque en los momentos más complicados de mi vida, si yo no me encierro en el bar a trabajar, yo hoy por hoy estaría medicada, y muy mal. El trabajo me ha mantenido la salud.

P. – ¿Tú cómo veías estos valores en tu casa?
– Mis padres han estado muy sacrificados por el 
bar, por mantener a sus niños. En mi casa se ha vivido mucho en familia con mucha comunicación. Cuando ha habido un problema hemos ido todos a una. Mis padres me han enseñado el valor del esfuerzo, del sacrificio y el valor de la renuncia, este último no se considera y cuando tu aprendes a renunciar, consigues muchas cosas buenas.

P.- ¿Enseñamos bien esto a nuestros hijos?
– Hoy yo creo que hemos confundido los términos. Cuando el niño pide algo, y nosotros con tal de no escuchar sus gritos, se lo damos; estamos cambiando sin darnos cuenta el esfuerzo por capricho. Cuando ese niño sea mayor  y te pregunte porqué le dices tanto que esta vida requiere esfuerzo si tú no has sabido o podido enseñárselo… Hay que tener mucho cuidado. Cuando son pequeños y te pida algo, aunque se lo puedas dar y te duela no darle lo que pide o te molesten sus gritos; es mejor no ceder.

P.- ¿Cómo le gusta tomar el café a Santi Postigo?
– Con una ‘rebanaíta’ con aceite de El Molino de Álora que me encanta y con un poquito de jamón serrano al corte, y el café muy, muy caliente.

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